"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




28 de Abril, 2012


ALEJANDRA PIZARNIK

Publicado en De Otros. el 28 de Abril, 2012, 13:53 por MScalona

PALABRAS

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        Se espera que la lluvia pase. Se espera que los vientos lleguen. Se espera. Se dice. Por amor al silencio se dicen miserables palabras. Un decir forzoso, forzado, un decir sin salida posible, por amor al silencio, por amor al lenguaje de los cuerpos. Yo hablaba. En mí el lenguaje es siempre un pretexto para el silencio. Es mi manera de expresar mi fatiga inexpresable.

        Debiera invertirse este orden maligno. Por primera vez emplear palabras para seducir a quien se quisiera gracias a la mediación del silencio más puro. Siempre he sido yo la silenciosa. Las palabras intercesoras, las he oído tanto, ahora las repito. ¿Quién elogió a los amantes en detrimento de los amados? Mi orientación más profunda: la orilla del silencio. Palabras intercesoras, señuelo de vocales. Ésta es ahora mi vida: mesurarme, temblar ante cada voz, temblar las palabras apelando a todo lo que de nefasto y de maldito he oído y leído en materia de formas de seducción.

        El hecho es que yo contaba, yo analizaba, yo relacionaba ejemplos proporcionados por los amigos comunes y la literatura. Le demostraba que la razón estaba de mi parte, la razón de amor. Le prometía que amándome iba a serle accesible un lugar de justicia perfecta. Esto le decía sin estar yo misma enamorada, habiendo sólo en mí la voluntad de ser amada por él y no por otro. Es tan difícil hablar de esto. Cuando vi su rostro por primera vez, deseé que fuera de amor al volverse hacia mi rostro. Quise sus ojos despeñándose en los míos. De esto quiero hablar. De un amor imposible porque no hay amor. Historia de amor sin amor. Me apresuro. Hay amor. Hay amor de la misma manera en que recién salí a la noche y dije: hay viento. No es una historia sin amor. Más bien habrá que hablar de los sustitutos.

        Hay gestos que me dan en el sexo. Así: temor y temblor en el sexo. Ver su rostro demorándose una fracción de segundo, su rostro de detuvo en un tiempo incontable, su rostro, un detenerse tan decisivo, como quien mueve la voz y dice no. Aquel poema de Dylan Thomas sobre la mano que firma en el papel. Un rostro que dure lo que una mano escribiendo un nombre en una hoja de papel. Me dio en el sexo. Levitación; me izan; vuelo. Un no, a causa de ese no todo se desencadena. He de contar en orden este desorden. Contar desordenadamente este extraño orden de cosas. A medida que no vaya sucediendo.

        Hablo de un poema que se acerca. Se va acercando mientras a mí me tiene lejos. Sin descanso la fatiga; infatigablemente la fatiga a medida que la noche –no el poema- se acerca y yo estoy a su lado y nada, nada sucede. Sólo una voz lejanísima, una creencia mágica, una absurda, antigua espera de cosas mejores.

        Recién le dijo no. Escándalo. Transgresión. Dije no, cuando desde hace meses agonizo de espera y cuando inicio el gesto, cuando lo iniciaba… Trémulo temblor, hacerme mal, herirme, sed de desmesura (pensar alguna vez en la importancia de la sílaba no).

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1964

Prosa Completa, Ed. Lumen

CINTIA SARTORIO

Publicado en relatos el 28 de Abril, 2012, 13:48 por MScalona

La delgadez del hilo

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El almanaque que veo tiene los números grandes. Tiene una tira transparente que se corre y sobre ella, un pequeño recuadro móvil de color rojo que encuadra el día. Con ellos siempre sabés donde estás. Que día es. Hay colgado uno similar tras la puerta de la cocina. 22 de setiembre, mi cumpleaños. Creo que ese día vinieron todos pero sólo se quedaron un rato. Nunca me estorbó la gente. Pero esa vez alguien decidió por mí que sí me molestaban y como si se hubieran organizado, venían de a uno. Máximo, de a dos.

Siempre la sobreprotegió. Le dijo que ella era la que se iba pero que ella, era la que se quedaba. No tenés comprado el destino. ¿Y si yo no te sobrevivo? ¿Te lo preguntaste? Yo sí, varias veces.

Nando no es de muchas palabras. Tiene pocas que le salen pero muchas por dentro. Siempre me apoya la mano. En la frente, en el pecho, en mi brazo. Es independiente y más que adulto. Este hombre no es de este planeta. Lo siento cuando me apoya la mano en la cara. No me acaricia. Me pasa energía y eso acá es mucho decir. Nos llevamos bien porque nos vemos a la mañana y a la tarde. El trabaja y yo también pero ahora es como que estoy de vacaciones. A veces siento que no conozco a la gente. Si bien están todos los días es como si no los registrara. Como si ellos vivieran una vida que no se cruza con la mía. Pero estamos acá compartiendo espacios y ellos me hablan como si supieran quien soy o que necesito. Asumen que necesito. Suelen acertar algunas veces. Otras no.

Le dijo que si se iba se moriría, o se volvería loca. Creo que no te animaste a decir “moriría” pero yo lo escuché igual. Siempre luchan tu posesión y mi independencia. ¿No lo ves?

-          Hola nena, ¿cómo estás? ¡qué pregunta imbécil! Sabés que estas cosas me dan temor. No estoy acostumbrado.

Ya lo sé Teo. Esa parte siempre me tocó a mí, desde chica. Me cuenta que está cocinando, aprendiendo a cocinar. Que tiene visto un nuevo trabajo. Que Laura está un poco mejor de la operación y aprovecha el reposo para estudiar. Nando le había dado algo de dinero del que yo guardaba en el baúl del auto y él sacó cuando lo llevó al mecánico.

-         Después, cuando estés más tranquila, arreglamos.

Mi hermano Teo siempre viene por la mañana. Por la tarde me dice que está en el trabajo pero los demás comentan que se va a los “burros”. Yo le creo a él pero sé que hago mal. A él no le sirve, no lo ayuda.

-          ¿Cuánto querés apostar?, sentí que le decía a Nando un día. Te apuesto que consigo el trabajo y antes estamos en ruedo de nuevo.

Me parece que en la radio dijeron que era quince de octubre. Desde que no hago más las facturas por los honorarios me pierdo con las fechas. Cuando viene Liliana me cuenta que de eso se están encargando ellos y que no me preocupe. Que yo me encargue sólo de lo mío y que cuando apenas tengamos un sábado libre nos vamos a ir a la peluquería y al spa. Los días que viene Mary y coincide con Liliana las dos se enroscan en planes de descanso y relajación. Afirman que cuando vayamos, vamos las tres. De lo contrario, no vamos. ¿Te imaginás? Las tres en el spa y con la tarjeta. Di-na-mi-ta. Intento sonreírme con ellas y Mary con su manía de coquetería siempre me quiere retocar el cabello. Y lo hace.

Hace un par de semanas fue el cumpleaños de Nando. Él nunca se muestra emotivo, pero ese día lo hizo cuando estábamos a solas. Yo lo he visto emocionado algunas veces y creo que soy la única que cuento con tal privilegio. El día de su cumpleaños lloró en silencio con la frente apoyada en mi mano. Yo tengo la mano fría y las lágrimas de él me la calentaban. Me contó que no quiere tener hijos, le da miedo por la locura de hoy en día. Yo sí, ese es el tema. Lo escuché en silencio. No me salían las palabras. Descargá amor. Soltá la espita para que salga el vapor de adentro.

-         ¿Qué es la espita?, le preguntó una vez.

-         La espita es como una válvula que tiene un autoclave. Es un aparato que se utiliza para esterilizar cosas.

-         ¿Cómo una olla a presión?

-         Justo eso. Cuando el vapor se calienta dentro sube la presión y ¡zas…!

-         ¿Zas? ¿Te libera?

-         ¡Te libera! Ya lo creo que te libera.

Hoy me siento como un tul. Como que floto. Que me elevo. Prefiero sentirme así y no como el otro día. Me sentí ahogada. Muy ahogada, como de humedad. No hay tanta humedad en noviembre. Hace algo de calor pero no en exceso para que me impida respirar. Hasta llegué a sentir que el corazón se me paraba de tanto calor. El calor vuelve loca a la gente. Ese día cuando sentí tal sofoco yo andaba por ahí y unos tres o cuatro tipos se me vinieron encima y me golpearon el pecho varias veces como para robarme. Pero no me robaron. Sólo lo hicieron para molestar. Sentí tanta bronca que me dio como una corriente que perturbó todo mi cuerpo desde el pecho y también me dio un escalofrío. Gente grande. ¿Podés creer que la bronca, el susto, te hagan sentir todo esto? Pero eso no importa. Hoy me siento liviana. No floja, liviana. Liliana me trajo el otro día una crema para el cuerpo. Para la piel seca. Mary me hizo la pedicuría. No les tenés que pedir permiso para arreglarme los pies. Sabés que a mi me encanta. Tanto hacerlo a los otros como a mí misma. Nadie, excepto vos, me lo hacen a mí. Hoy por mí, mañana por ti. Poneme la crema que me trajo Liliana. Está por ahí, en la mesita con los algodones. Cuando te cortan las uñas de los pies te sentís liviana. Como si flotaras. Como si no tuvieras zapatos.

En vez de haber sido azafata deberías haber sido pedicura, le decía su mami siempre. Por dos cosas: yo temo a los aviones y … Sí, ya sé, un box de pedicura se puede instalar en el living de casa… No, le replicaba diciendo con cara de carcajada- No es por lo del box en casa. Tenés buenas manos para los pies. Cuando me cortás las uñas me quedo como dormida. Nunca siento dolor.

La última vez que vino Laura estaba bien. Fueron varios días los que estuvo ausente después que se operó. Se le estará yendo de a poco lo pálido. Me contó Teo que perdió plata y que discutieron con el nene por culpa de Teo y que Teo no quiere contratar a alguien que limpie y que para ella sigue jugando. Que la contuvo cuando estuvo en reposo y que tenemos que reunirnos para cenar y que Teo está jugando un poco menos pero que está un poco más nervioso y que… No me siento tan bien amiga. Hablás mucho (en eso Teo tiene razón) pero yo te quiero igual. Viste que acá es como que la voz retumba y por más bajito que hables nunca es suficiente. Ahí viene Teo. Cambio de tema.

-          Andá Laura que se te hace tarde. Nando te lleva en el auto. Me quedo un rato con esta piba y te apuesto que se le pasan todos los males. Nando te va a dar un sobre. LLevalo a casa por favor.

Ya sé Ma…, ya sé. Yo siempre soy la más fuerte.  Pero el hilo se corta por lo más delgado. El día que me sentí volando recuerdo que nos vimos y nos pedimos perdón. Te pregunté si me estabas esperando. Sí, me dijiste, pero no todavía.

Me despertó un picazón en el cuello. Quise rascarme y cuando me toqué con la mano sentí algo finito y duro. Debo haber dormido mil años. Me cuesta mover lo ojos. Los tengo como pegados con lagañas pero haciendo un esfuerzo los puedo abrir. Me da pereza porque aún cerrados traslucen una luz fuerte desde afuera. Nando otra vez no cerró la persiana. No importa la luz. Quiero ver que es la cosa dura que me estoy tocando. La sigo con los ojos y hago un esfuerzo para mirarla. Serpentea brillante y translúcida como el camino que dejan las babosas por la noche. Es como un hilo, también delgado que se une arriba a un sachet lleno del fluido de las babosas. Debe ser el que me sostuvo para que no me fuera.

-         ¡Nando!- grito.

 Uno de esos hombres aparecen desde la puerta vaivén donde cuelga el almanaque.

-         Tranquila- me dice. Bienvenida. No te toques. Es una vía central que te pasa medicamentos. ¿Cómo te sentís? ¿Tenés dolor…?

Dejé de escucharlo y me dediqué sólo a pensar que día sería.

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Cintia Sartorio

GABRIELA GERVASONI

Publicado en relatos el 28 de Abril, 2012, 13:45 por MScalona

88 a 95

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Verónica entró al Banco apurada, sacó un número y se sentó en la cuarta fila de asientos. Abrió la agenda. PAGAR ESCUELA MARTÍN-AGUA-CRÉDITO-REGALO AURORA (¿La escuela de Ignacio la pagué? ¿Por qué número van?) 85. Primero vibró en el bolsillo y después se empezó a escuchar El bombón asesino. Éste fue Martín, pensó mientras miraba la pantalla del celular. “Alto tema, doña”, le dijo un muchacho que estaba al lado de ella. Paracolmousa polléracortita, resonaba en todo el banco. Verónica empezó a explicarle que el ringtone se lo había cambiado su hijo, que siempre lo hacía, pero se dio cuenta que al chico la canción le gustaba de verdad, al que no le gustaba era al policía que venía hacia ella. Señora, no se puede usar el celular. Sí, ya sé, por eso lo dejé sonar, pensé que si lo apago lo estoy usando y que eso es lo que no se puede hacer  (¿Es él? Puede ser, no sé). El tiempo pasa y destiñe un poco a las personas, pensó. Si, está bien, lo que está prohibido es hablar, siga así, no hable. No lo puedo creer, es Verónica. 88, me faltan 7. Élla-seá-gita-porlasnoches-muevelá-cinturíta. Verónica miró la pantalla del  teléfono y salió a la vereda para hablar y que no siguiera sonando. ¿Má? Dale, Nacho, ¿qué pasa? Se me rompieron las zapatillas, má. ¿Las Nike? Si. Puta. Ve… ¿Verónica?. Te dije que no eran para jugar a la pelota, Ignacio. ¿Qué hago?, tengo gimnasia. No vayas. ¿Verónica? Te dejo que me quedo sin crédito. Má, tengo prueba, no puedo faltar. Faltá Nacho, después papá te consigue un certificado (Ay, se dio cuenta que soy yo, está cada vez más lindo este tipo, y yo hecha un asco). ¿Te acordás de mi?, soy Gustavo. Sí, como no me voy acordar (qué tarada, me puse colorada. Tendría que haberle dicho si no más, o haber dudado, qué tarada, qué tarada)  Si, claro, dice él mirando para abajo (Qué boludo, ¿de qué ríe?) ¿Cómo estás, qué es de tu vida?, no sé, ¿qué haces? A través del vidrio Verónica controlaba el monitor (iban por el 92) y de reojo miraba la hora. 13.07. Te preguntaba si te casaste si tenés hijos. Ella respondió que sí a todo; si me casé y sí tengo hijos, dos nenes, bah, 14 y 15… no son ningunos nenes. ¿Vos? Yo ya me separé –contestó él. Yo todavía no –contestó ella. Ah. Es un chiste, Gustavo, como dijiste yo ya… Ahhh. (Nunca me entendió los chistes, a lo mejor por eso lo dejé, ¿o me dejó él?). Verónica intentaba recordar algo sobre Gustavo y descubrió que el tiempo también destiñe los recuerdos. ¿Y qué más? ¿Qué mas qué?, preguntó ella. Trabajás, te recibiste de algo, no sé, qué hacés. Ah, no, me casé no más. 94, qué suerte. Gustavo te dejo que tengo el 95. ¿Tenés Facebook, mail, algo? (sí que tengo pero ni loca te lo doy). Ah, qué lástima, dijo él, si no nos escribíamos (Si, y de paso me mirás las fotos, te enterás dónde vivo y ves los rollos que tengo cuando me pongo bikini). Verónica sintió el aviso de un mensaje de texto entrante VENIS PARA CASA? COMPRA PBT. Bueno, te dejo, Gustavo. Sí, si, andá; yo estoy siempre acá, de 10 a 15. Esas horas adicionales eran para pagar la cuota del auto, le venían bárbaro, por la plata y además, porque era un trabajo que le permitía conocer gente. Ah buenísimo, le dijo ella (qué suerte que me lo dijiste, así no vengo nunca más) Hola, te deposito este cheque, pago la boleta de agua e imprimime el saldo, si podés. ¿Doscientos pesos, quedan? La cajera sonríe y mueve los hombros como diciendo que no tiene la culpa y entonces Verónica se da cuenta que dijo una estupidez, también sonríe y mueve los hombros como diciendo que no tiene la culpa (de nada tengo la culpa nena, de nada). Tiene pegado un papelito en el monitor LO IMPOSIBLE SOLO TARDA UN POCO MÁS (debe ser una mina sufrida, la cajera) Gustavo la mira desde un costado, está atrás de una publicidad (MÁS QUE UN BANCO, UN SOCIO. BANCO DE LA MERCED, UN BANCO PARA TODOS). Está buena todavía –piensa- ¿Se habrá puesto colorada por que le gusto? Ella sale mirando la boleta de depósito y el saldo para no tener que saludarlo. El muchacho que estaba al lado de ella la deja pasar por la puerta giratoria y al mirarle los pies dice “alta llanta, doña”. (Hoy me borro del Facebook, le pregunto a Nacho como se hace y me borro, me llega a encontrar Gustavo y me muero). Y pensó en el chiste que había leído a la noche, en el muro de Martín: la chica dice “SIAMO COME ROMEO E GIULIETTA”, “¿MORTI?” pregunta el chico. Si, morti, morti, siamo tutti morti. Lo único vivo que nos queda es el ringtone del celular.

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Gabi Gervasoni

ARIEL ZAPPA

Publicado en relatos el 28 de Abril, 2012, 13:40 por MScalona

TE ESCRIBO

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Te escribo porque no puedo viajar. Porque para viajar hay que salir. Y, yo, salir no puedo… ¿Y quién se lo prohíbe, me preguntó el médico de la obra social? No sé…si no  lo sabe usted, le dije…Te quería contar que la casa está linda. Con tu hermana, plantamos malvones. Que son plantas del montón, se quejaba tu hermana. Y, sí, del montón. ¿Cuál es el problema? Del montón… ¿y de dónde somos nosotros?

La plantamos en el fondo, sobre la medianera.

Tu hermana me llevó una bolsa de cal hasta la galería porque yo, no sé si te conté, que estoy un poco angustiado y no puedo salir de casa. Por eso no puedo viajar y te escribo, ¿te acordás que te lo conté al principio? Tu hermana me alcanzó el tacho y le preparé la pintura a la cal y allá salió la Martita a pintar. En una tarde la terminó. Los días de sol, de sólo mirar la pared, se te cierran los ojos de tanto reflejo. ¡Vení, vení a ver!, me gritaba tu hermana. ¿No sabés que yo no puedo salir? No puedo salir y por eso te escribo. Y la otra me quería hacer salir. ¡Que tipa terca! ¡Y los limones! ¡Mama mía, como vinieron este año los limones! Desde la ventana conté veintitrés. Veintitrés limones en una sola planta, la que está pegada a la bomba de agua. Fue solo decirle a tu hermana que el limonero había dado veintitrés limones que me contestó: ¡cuarenta y cuatro limones dio este año! ¡Contados por mí! Lo que pasa es que como vos nunca salís… Pero si será camorrera, ¿qué tiene que ver que yo no salga? Yo cuento veintitrés desde la ventana porque me tapa el tapial. Además, si fuesen menos, ahí estaría el problema. Pero si ella los contó y son más, ¿qué necesidad tiene de gritarme de esa forma?

No quiero quitarte tiempo con todo el trabajo que debes tener allá, en el sur. Ayer estuve viendo lo de la huelga. Con la plata que sacan con el petróleo y, encima, les niegan el aumento…manga de atorrantes. No sabés las ganas que me dan de estar allá, pero viste…

En la próxima encomienda te mando un queso y un salame. Quería mandártelo en ésta pero el vago de Rogelio no pasó. Lo llamé por teléfono y me dijo que se había olvidado porque tenía la mujer en cama. Que si quería, pasara por la casa que me los tenía preparado. ¡Pero no, le dije, si vos sabes que no puedo salir, Rogelio! Le dije que eran para vos, que me habías hablado por teléfono y me contaste que extrañabas de lo lindo comer un poco de queso y salame, que allá estaban carísimos. Pero ni así pasó el hijoeputa.

Bueno, te mando un abrazo grande. Y cuidate, mirá que la mano se está poniendo pesada. Vos no discutás que después te marcan y cagaste. Que se rompa el traste el delegado que para eso le pagan. Ojalá que para tu cumpleaños se me pase y pueda viajar. Si no, te escribo otra carta y te la mando certificada, así te llega seguro, con el salamín y el queso. Un abrazo. Papá.

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Ariel  Z

CRIOS GÀNDARA

Publicado en relatos el 28 de Abril, 2012, 13:35 por MScalona

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-Hola ! Susy ?, fijate en Página 12 la nota Niño en muletas.


- hey!! Estoy leyendo. La foto la acercó alguien de quien no tenemos ninguna referencia .  La redacción quiso hacerla pública, porque  el fútbol siempre es como una fiesta,, no importa si el lugar es un estadio, una cancha ,o simplemente un potrero de barrio.,lo interesante es ver que  funciona como espejo de la sociedad, es decir, la camadería ,esa amistad como puede vislumbrarse en esta fotografía. No importa el color de la camiseta , sino que refleja una visión del mundo,Un productor de realidades sociales. Queremos cerrar esta nota con palabras del antropólogo Chistian Bromberger “…una de las lecciones , que el fútbol nos da para el mundo es que como requisitos para tener éxito, además del mérito, hace falta solidaridad, tener suerte,  y contar con una justicia favorable ”

-¡Por Dios!, aún recuerdo el día, ¿te acordás? Metió el gol con las muletas , se armó un lío !

-Es verdad, quién habrá llevado la foto ?

-Pasaron tantos años

-Será una venganza ?

-De quién…?,  no creo que Miguelito aún tenga bronca por ese patadón que le dieron.

-Bueno, le fracturó la tibia

-Fue un accidente

-Quizás esté resentido 

-Hum… no sÉ

-Bueno, después te llamo, llegó mi marido . 

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El llavero daba vueltas en uno de sus dedos, como al descuido apartó de su camino al pobre de Hefesto (su perro), que quedó tirado en la alfombra de la entrada.Tiró sobre la mesa su celular y también el diario. Ni siquiera se percató que ella estaba allí observando,.sin comprender demasiado la situación , se dirigió a la cocina y comenzó a lavar las verduras.

-¿Con quién hablabas ?

-Con Susy, no sabes lo que pasó

-Sï, ya lo sé .

-¿Quién habrá sacado esa foto ?

-Y …seguro que fue el gordo

-¿Y lo hizo por venganza, decÍs?

-No solo hizo eso por vengarse…

-¿Qué queres decir ?

-No entendes nada, lo unico que quiero es que no me reconozcan.

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El celular comenzó a sonar, miraba de reojo , revisaba los mensajes, e inmediatamente arrojaba el aparato sobre cualquier mueble que encontraba a su paso. 

-Que está pasando?

-No lo puedo creer, despues de tantos años…

-¿QuÉ?

-Ya todos se dieron cuenta, que soy yo.

-Por favor… todos saben que no fue adrede, le pudo pasar a cualquiera.

-Vos no entendés nada, estoy hablando de la camiseta

-¿Qué carajo decìs ?

-Estoy diciendo que ese día, el CRETINO de tu hermanito, me obligó a ponerme la camiseta canaya para dejarme un rato a solas con vos y poder darte un beso, nuestro primer beso, ¿entendés ahora ? Yo… LEPROSOOOOO …

                                                                      -

                                        Cris Gándara

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-