"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




21 de Abril, 2012


GABRIELA GERVASONI

Publicado en Nuestra Letra. el 21 de Abril, 2012, 12:54 por MScalona

Ya sé

 

 

Mi hermana y yo dormíamos en la cama grande, del lado de los pies, algo que hubiera estado prohibido en circunstancias normales. Papá entró, me desperté y al verlo, antes de que hablara, le dije “ya sé”. Lo hice para ahorrarle las palabras y para que se fuera, mi hermana seguía durmiendo y yo necesitaba llorar antes de que ella despertara. Con la luz apagada, sin otro recurso que la plegaria, me entregué a ese vacío que me subía desde los pies y me inundaba por completo. Esa noche, que es la más antigua para mí (y la más larga), lloré, dormí, recé. Creo que entre sueños aparecieron las primeras palabras: extrañar, cielo, encontrarnos. En una secuencia que me sigue asediando hasta ahora, primero aparecieron las sensaciones, después unos balbuceos interiores y más tarde la frase, el grito. Pasaban los días y la tristeza aumentaba a medida que el tiempo me alejaba de ella. Eso que parecía un ruego siguió interpelándome. Yo no sabía qué era ni como soltarlo. A escondidas, escribí unos versos llenos de faltas de ortografía. No los escribí para mí ni para nadie, vinieron para acompañarme y los dejé que me hicieran gritar. En el papel la tristeza no era tan honda, ni tan incurable, ni tan mía.

 

Gabi Gervasoni

MÒNICA M. GONZÀLEZ

Publicado en relatos el 21 de Abril, 2012, 1:56 por MScalona

Un día de lluvia

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Era un día de lluvia, no era el último día de clases pero yo lo recuerdo como si lo hubiera sido. Mi padre me fue a despertar a pesar de la lluvia, porque sino yo me enojaba, me gustaba mucho ir a la escuela en esos días. Siempre éramos muy pocos y todo era distinto. No formábamos en el patio entorno a la bandera, porque llovía. En el piso estaba el aserrín desparramado para no resbalarse y evitar una caída. Los recreos eran más largo y nadie te decía “no se pueden quedar en el salón, hay que salir al patio”, se podía revisar el armario donde estaba los mapas, se podía escribir en el pizarrón con las tizas de colores. En esos días también se podía entrar a la cocina porque en los brillantes  era un territorio vedado, en el que sólo se veía, desde el patio, una pequeña estela de humo y se olía mezclado con el aroma a café.

No recuerdo nada llamativo de ese día dentro de la escuela, más que los juegos en la galería, la amabilidad de las maestras, los intentos de resbalar entre el aserrín, el clima amistoso bien de esos días.

Lo que sí recuerdo es el regreso a casa bajo la lluvia. El viento me había dado vueltas varias veces el paraguas y entre el intento de acomodarlo mientras el agua me atravesaba y con la otra cubrir mi portafolio, me di cuenta. No sé si fue eso o el vendaval que golpeaba o esa sensación de desprotección que no permite pensar que podés meterte bajo el alero de cualquier casa o esa soledad que no podés compartir con nadie por más que se lo cuentes a otro, la lluvia corría por mi rostro húmedo y  también brotaba desde  interior de mi cuerpo y salía por mis ojos. Igual seguí caminando lentamente, no eran muchas cuadras. En casa luego de abandonar las ropas mojadas y sentir la tibieza de lo seco observé mi portafolio, estaba todo mojado ya no debía preocuparme por lo que llevaba dentro. Me esperaba otro lugar, casi al pasar  tome una birome y una hoja de borrador y comencé a despedirme de él.

Empecé a subir escalón tras escalón y todo comenzó a temblar como cuando se produce un sismo o tal vez fue eso, un sismo. Parecía que se caía todo, las paredes, el techo, la escalera que iba para la terraza  se iba transformando abandonando su vieja solidez por apenas una hilera fina de ladrillos apenas sostenido por  las antiguas vigas y columnas que se habían movido pero seguían firmes como diciéndome “ahora no te puedes bajar”, ahora es más peligroso bajar que subir. Y desde allá arriba muerta de miedo contemplaba la tormenta, la casa estaba en ruinas,  los árboles se movían con una pasión desenfrenada, yo estaba cerca de sus copas sentada sobre la demolición esperando que la calma apareciera.

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Mónica Mercedes Gonzàlez

CECILIA MOHNI

Publicado en relatos el 21 de Abril, 2012, 1:56 por MScalona

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Souvenir

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El campo de mi abuela es mi museo subjetivo; uno de mis sourvenires. Cada vez que vengo, me voy con una escena nueva en mi película eterna.

Llego acá y siempre hago lo mismo, recorro este rancho con una ansiedad y curiosidad avasallante, como si fuera un sitio que no conozco. Como el perro, que olfatea cada centímetro de cualquier sitio nuevo o animal nuevo. Pero en realidad, no es tan así…porque en este acto de recorrer, mirar y tocar una y otra vez las cosas que ya conozco, logro reactivar y recolectar otras imágenes que agrego a una película en blanco y negro que no existe más que en mi cabeza. Me imagino y re-versiono posibles situaciones pluscuamperfectas; esta vez a mi abuelo, que no conocí más que por fotos, jugando con mi mamá y mis tíos en el patio de enfrente al lado de la leña; a mi abuela en la huerta con su sombrero de paja y con 65 años menos, o entrando en bicicleta por el camino de la entrada de 50 metros.

Atravieso la habitación de mi abuela, dejo atrás ese cuadro de foto pintada con el rostro de mi abuelo y mi abuela y otra vez me paro frente a este aparador celeste con vitrina. Acá mi abuela tiene las fotos de sus nietos y bisnietos, tarjetitas, cartitas y sourvenires…todo en perfecto estado, sin polvo ni telarañas. Este debe ser -su- museo subjetivo.

En la parte de arriba, sobre carpetas de crochet hay dos jarras de cerámica, una es celeste también con flores pintadas y otra verde musgo, lisa. En el medio hoy puso un florero de vidrio marrón transparente, como las botellas de porrón, con dos yerberas, una rosa blanca y algunas ramitas de helechos. Atrás de todo esto se bambolea la cortina azul turquesa que da al Este, al patio trasero, donde transcurren los encuentros familiares. De a ratos, con la ayuda del viento: luz/sombra/luz/luz/luz/sombra y entreveo la situación. Salí de ahí tratando de pensar en cúal sería mi vitrina.

“souvenir: del francés “souvenir” y éste del latín “sub” (bajo) y “venire” (venir), venir abajo, con la idea de venir en ayuda de la memoria. Se refiere a esos pequeños objetos que uno trae para recordar su viaje.”

Me fui al patio delantero, al Oeste del rancho y me senté abajo del árbol de paraíso, entre las leñas, el hacha, los troncos y Negritu, el perro de mi abuela. Tratando de adivinar cuál sería mi mueble vitrina, se me vinieron a la cabeza, como moscas verdes que van a la osamenta, todos los rostros de aquellas personas que conocí y jamás volví a ver porque sólo pasaron para enseñarme algo. Esa es mi vitrina, llena de sourvenires subjetivos.

NICOLÀS AIMETTI

Publicado en relatos el 21 de Abril, 2012, 1:49 por MScalona

Otras vicisitudes

 

 

 

La primera vez que se me reveló, sin siquiera sospecharlo, que esa noche iba a hacer el amor con una mujer las cosas no fueron bien. Cuando digo que no fueron bien quiero decir que no se me paró. Buscar motivos es querer buscar excusas. Puedo decir que estaba nervioso porque la chica era muy linda, mayor que yo, y la había conocido esa noche. Puedo decir que había tomado bastante. Puedo decir que no tenía forros, y en estas épocas eso es más que motivo para ponerse nervioso. También puedo decir que iba a ser mi primera vez. Creo que ese motivo vale más que todos los otros. Esa mañana fue una de las más grises de toda mi vida. Volví a mi casa como quien vuelve de un velorio.

Siempre tuve buena suerte, el hecho de que aún no sea virgen es la mejor de las pruebas. Quedamos en vernos al otro día, o quizás a los dos días. Ella vivía con una amiga que se volvía los fines de semana a su pueblo. Fue una tarde, a la hora de la siesta más bien. Sinceramente he olvidado los detalles. Seguramente yo hice todo mal y ella hizo todo bien. De eso estoy seguro.  De alguna forma los astros se las ingeniaron para que esa tarde todo estuviera alineado. Con la práctica, parece cosa fácil, pero aún recuerdo la zozobra de no encontrar bien el lugar en donde meterla. Hablando de libros, se suele decir que existen dos placeres. El de leer, y el de haber leído. El placer de leer lo fui descubriendo con el tiempo. El primer placer que recuerdo fue el de haber leído, o, para dejar de lado los eufemismos, el de haber cogido. La inmensa felicidad de creer que uno ya era un hombre.

Esa tarde volví a mi casa y el mundo me parecía el mejor de todos los mundos. Una rato antes había estado jugando argentina; había ganado un partido importante. Algo mi viejo me debe haber visto en la cara, porque a mí nunca me gustó mucho el futbol, pero ni bien llegué me preguntó si no quería que fuésemos a festejar. Sin dudarlo un segundo asentí. Subimos al auto y partimos hacía el monumento. Toda la ciudad, el país entero, se juntó a festejar con nosotros.

 

Nicolás

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-