"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




18 de Abril, 2012


MARÍA BELÉN IRUSTA

Publicado en Nuestra Letra. el 18 de Abril, 2012, 19:50 por MScalona

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Otros

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Me despertó  el sonido lejano y constante de la crecida. Apareciste con el libro azul de letras doradas y en silencio, temiendo despertarme, te recostaste conmigo pero de frente en la hamaca que atravesaba la galería. Abrí los ojos recién cuando comenzaste a leer en voz alta para los dos y vi al cielo despejarse, dos o tres nubes bajas, tu perfil a contraluz, la hilera negra de hormigas subir por la pared.

Como en otros días de lluvia, tu mirada había virado al verde. No dejaba de asombrarme, pero no te lo decía.

-        “Comprendí que para un muchacho que no había cumplido veinte años; un hombre de más de setenta era casi un muerto.”

Tus dedos iban y volvían, siempre volvían a mis piernas, como un mantra.

-        “Le contesté: Suele parecerse al olvido, pero todavía encuentra lo que le encargan.”

En el punto y aparte nos reímos.

Ahora pienso que incluso en esas horas lo sabíamos. Suspendidos en el aire traslúcido, le habíamos ganado al tiempo.

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                                                                                              Belén

NICOLÀS FOPPIANI

Publicado en Nuestra Letra. el 18 de Abril, 2012, 19:46 por MScalona

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“Le acercaron una silla y se refugió bajo el mantel. Ya se le pasó el susto, es un poco de sueño nomás. Recostado con la cabeza sobre la falda lo arrulla el reverbero de su voz y el campanilleo leve de sus pulseras en la sobremesa de verano.

Su voz le llega desde adentro, por los huesos, como cuando todavía estaba dentro suyo.

Aún no sabe que hay más allá de la medianoche, ni le interesa. Hay tiempo para descubrirlo, hay tiempo para descubrirlo todo, mañana, nunca. Ahora siente las yemas de sus dedos acariciarle el pelo detrás de la nuca y se aferra con fuerza a sus piernas, su almohada calentita. Mamá, ¿vamos a casa?”

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NICO F

ANDREA PARNISARI

Publicado en Poemitas. el 18 de Abril, 2012, 19:42 por MScalona

Era domingo.

La luz empezaba a colarse por las ranuras de las persianas.

Dormías.

 Hacías un leve ruido al respirar.

De a poco se iban recortando los muebles, surgidos de las sombras.

Una de las copas tenía todavía el vino de la noche.

Te abracé.

 Te moviste un poco.

Después me di vuelta, vos ahuecaste un poco tu cuerpo para que entrara el mío y

dijiste algo sobre la eternidad.

Me quedé quieta, mirando un lado de la habitación.

Alcancé la cómoda, me detuve en el pequeño cajón. Imaginé mis bombachas adentro.

La ocurrencia tocó el aire y dio paso al origen.

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ANDREA P.

ARIEL ZAPPA, 2° Premio Nivel Dos

Publicado en Cuentos el 18 de Abril, 2012, 12:10 por MScalona

TERAPIA (INTENSIVA)

 

“¿Quién entonces inventó el tormento? El amor.

Amor es el nombre desacostumbrado

 tras las manos que tejieron la intolerable camisa de llamas

que el poder humano no puede quitarse.”

Cuatro cuartetos.  

T. S. ELLIOT.

 

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            Digamos que aprecia ese lugar. Para ser precisos, el verbo apreciar, quizás no sea el apropiado para significar lo que ese consultorio representa para Martín Nieto. Claro que busqué “apreciar” en el diccionario de la Real Academia Española. La acepción que me pareció cercana es la que afirma: “Reconocer y estimar el mérito de alguien o de algo”.

Y es así, porque ese reducto aséptico y monocorde, arreglado con gusto minimalista, es al cual acude desde hace doce años, todos los miércoles de 17:35 a 18:20; religiosamente, para analizarse. (Aunque es lícito también aclarar que en otras etapas de su vida; después de su segundo divorcio, fue dos y hasta tres veces por semana).

Ya lejos quedaron los tiempos en que entraba y necesitaba consumir los primeros diez minutos en examinar el ambiente. Ahora, a Martín Nieto, le alcanza con posar su cara sobre el diván, y si siente que ese cubrecama, lienzo o tela importada del Altiplano aún está caliente, es señal de que el paciente anterior ha llorado. Y si está arrugado, es prueba de que se ha movido mucho y no ha podido concentrarse en lo que decía. Quién sabe, quizás venía de dos o tres sesiones anteriores en que se había pegado una biaba bárbara y necesitaba un tiempo libre de sentidos y asociaciones libres.

 

Para Martín Nieto no era una sesión más: huellas del último naufragio salieron a la superficie y ya no pudo nadar entre trastos viejos, pedazos de madera e inciertos rincones del tiempo que supieron ser suyos y hoy, ya no vienen ni siquiera a visitarlo. Trató de olvidar todo lo que pudo. Que no fue poco. Las cosas que quedaron allá, en la casa. Las que quedaron acá: en su cabeza. Nunca fue valiente. Tampoco esos tipos que esconden la cabeza todo el tiempo. Sucede que a nadie le da el cuero, suele decir Martín Nieto, para ser blanco móvil de alguien toda su vida.

Con Antonia, su segunda esposa, estaba pasando por un momento pleno. Buena cama. Dos o tres lugares donde podían divertirse juntos. Pero adentro, muy adentro suyo, sabe -siempre supo -que la mujer que reemplaza a la anterior cumple a rajatabla la siguiente  regla: es más buena y menos inteligente. No sabe explicarlo, pero apuesta doble contra sencillo a que siempre es, y será así.

Y se lo dijo.

Ella lo escuchó atenta y guardó silencio. Respetuoso silencio. Y lo mandó a la puta madre que lo re mil parió. Desde ese momento, no supo qué hacer. Todas sus parejas le pedían que fuese más comunicativo. Le pedían más diálogo. Hablar, hablar. De lo contrario caemos en el sobre entendido, le reprochaban…

 

-…y sufrí, doctora. La pasé mal. Porque cuando creí que había madurado, que podía compartir con una mujer cualquier tema, Antonia me salió con esto. Ella no entendía cómo yo podía decir eso. Le pedí perdón mil veces. Pero yo soy así. Un tipo transparente. De una sola pieza. A mí me tomás o me dejás. Está bien, probablemente cometí un sincericidio, como me puso por Facebook, Lorena, mi primera esposa, la madre de Celeste, mi hija mayor ¿se acuerda? Y, Antonia, se puso peor cuando lo vio. Pero yo no sabía que ellas eran amigas en facebook.

-Yo no ando de amiga con tus ex-parejas, machista de mierda -me gritó.

-Lo que te quiero explicar es que en Facebook, si hacés contacto con otras personas, aparece: Martín Nieto y fulano de tal ahora son amigos… 

-Eso ya lo sé, pelotudo, a ver si te tengo que esperar a vos para saber cómo se maneja Facebook…

 

-…y siempre así, doctora. Usando ese tipo de palabras. Adelante de los chicos. No le importa nada…y yo me siento mal…con la estima por el piso, porque no me considero un tipo tan hijo de puta como para que me trate de esa forma. Con usted ya lo charlamos más de una vez. Pero esta mina me hizo dudar. Dígame, doctora, sin ningún tipo de reserva: ¿usted creé que yo soy un tipo jodido? ¿Me merezco esos insultos? Yo creo que no. Desde el fondo de mi corazón, creo que no. Tengo una relación adulta con las tres. Porque son todas buenas minas. Y si se hicieran amigas, yo no tendría ningún tipo de inconvenientes. O…sí, pensándolo bien, sí. Me preocuparía. Porque las mujeres tienen una forma de compartir las cosas que es muy de ida y vuelta. No hay filtro. Y estoy convencido que, en ese ida y vuelta, salgo perdiendo. En el trabajo, la semana pasada, me pasó algo similar. Cuando fundamenté porqué creo que en una pareja, cuando la mina es mucho menor que el tipo y no tuvo familia, los beneficios de esa pasión se pagan con un hijo, casi me matan. Pero como estoy tranquilo con mi conciencia, no tengo problemas en discutir con quien sea. La ecuación sería la siguiente: una piel joven se paga con una piel nueva. No tengo problemas en discutir pero estoy convencido de que es así. Y de amplio que soy, me toca pagar las consecuencias. Las familias integradas funcionan de ese modo. Yo no tendría problemas en compartir una cena con las tres. O pasar una navidad todos juntos, y si quieren traer a sus parejas que los traigan. ¿Cuál es el inconveniente? Me considero un tipo moderno, con ideas del siglo XXI. Yo apoyo el aborto, el matrimonio igualitario. A veces siento que nací en una época equivocada, que mi cabeza avanza rápido y las situaciones que me rodean se quedaron en el tiempo. No le digo un avant garde pero…

 

Y escuchó un ruidito. Martín Nieto no acostumbraba a darse vuelta para mirar a su analista. Ella preguntaba y la respuesta volvía. Esta vez miró y quedó pasmado. Ella, su analista desde hacía doce años, lloraba. Era un llanto subterráneo, como sumergido en una pena atávica. Macerada por el tiempo. Se tapaba la cara con las manos y, afanosamente, buscaba pañuelos. Tenía dos cajas de  pañuelos pero los nervios le impedían alcanzarlos.

Y, Martín, la miraba. Sin preguntar nada.

No por respeto sino por pánico.  

 

Nunca supiste el porqué. Pero vos, Martín, ligas escenas con cuadros. Y aunque sepas poco y nada de pintura, ésta vez te remitiste a Hieronymus Bosch o El Bosco. De él, se dice que busca personajes que, recurrentemente, transmiten un pasaje ligado al fin: “la protagonista de sus cuadros es la humanidad que incurre en el pecado y es condenada al infierno”[1]. La primera vez que viste una de sus pinturas fue en la tapa del libro “Cuentos crueles” de Abelardo Castillo: “El jardín de las delicias” (detalle), que data del año 1505 y se halla en el Museo del Prado. Es parte de un tríptico que se completa con “El jardín del Edén” y “El Infierno”. Son imágenes con fuerte pregnancia moralista (fin de la edad Media) donde se figuran paisajes apocalípticos. Sin embargo, esos personajes condenados al fuego eterno no destilan pavura sino resignación; y sus penurias, se disuelven en ese óleo como gotas de rocío cuando sale el sol. Una condena irremediable asignada fundamentalmente, a la consecuencia de la locura humana.[2]

 

Sonó el timbre del consultorio. Ella salió disparada de su sillón para atender por el portero, preguntó quién es con una voz atravesada por el llanto y apretó la campanilla que habilita el paso. Volvió a soplarse la nariz dándole la espalda, sin moverse un milímetro de la puerta. Cuando escuchó que el ascensor se detuvo y chirrió la puerta de hierro, quitó las trabas, tomó la llave, y abrió. Aún recostado sobre el diván, la vio abalanzarse sobre una mujer mayor, elegante, de pelo rubio, con pollera, luciendo una pashmina en degradé con colores rojo, bermellón y terracota. Podría decirse que el tono se diseminaba sobre el lienzo de manera sobria. Ninguna fibra sobresalía ni escaseaba. La señora, cada tanto, tomaba una de las puntas de la prenda y se la echaba al hombro con sutileza de geisha. El ademán no culminaba allí sino en su pelo. Eran sus dedos los que definían el gesto con el último mechón sin que nada quedara fuera de lugar.

Al cabo de un tiempo, la señora levantó su cabeza y me vio. No vaciló en saludarme con una gracia solemne pero no por eso, menos cálida. Fue mi analista la que habló.

-Mi mamá –dijo mirándome. Martín Nieto, mi paciente –culminó.

-Mucho gusto –dije, llevando mi mano hacia ella, que se disculpó al no poder retribuírmela porque la tenía mojada.

-Hiciste bien en llamarme, corazón. Cuando una está angustiada no tiene sentido aguantar. ¿Para qué? Y que no te de culpa. El señor va a entender –dijo, haciéndome cómplice de su aseveración.

Y me sentí el hombre más idiota del planeta.

 

La imagen de La Piedad de Miguel Ángel: Amanda con la vista baja, quizás buscando razones o, simplemente, resignándose a los hechos. Tu analista, con sus brazos colgando sin otro sostén que el porte materno. El mármol blanco, imperturbable. Las heridas del tiempo, las arrugas del lienzo, la piel ajada del Cristo. La virgen María y su cara bordeada con un velo, como un útero portátil, soportando lo irreparable. Enarbolando ese recurso terapéutico infalible: el abrazo. Y, en esa escena, sobre el cuadrante derecho inferior, casi siempre con la cabeza cortada estás vos. Uno de esos turistas que se quedan con la boca abierta y ojos de búho, tratando de asimilar semejante obra con una cámara colgando de su cuello (para mi gusto, la ideal sería una Canon EOS 500D/Rebel T1i: tiene 15.1 megapíxeles con un objetivo 18-55mm y captura vídeo en Full HD con una pantalla LCD de tres pulgadas), que nunca vas a poder comprarte.

 

-Tráele un vaso de agua, por favor –me ordenó su madre.

Y, esta vez, sentí que mi idiotez trascendía mi humanidad hasta cubrir el sistema solar.

 

-¿A ver si entiendo, Martín? ¿Me estás pidiendo que pase a buscarte por el consultorio de tu analista porque se puso a llorar y llamó a su mamá?

-Sí, Beatriz.

-¿Y vos seguís ahí?

-En la cocina. Vine a buscarle un vaso de agua. Con un ataque de pánico, Bety.

-¿Tenés ataques de pánico, Martín?

-Sí.

-¿Desde cuándo?

-Hace un tiempo. No sé si son ataques de pánico. Transpiro y se me acelera el pulso…

-¡El agua! –exclamó la mamá.

-¿Quién gritó? –preguntó Beatriz.

-La mamá de mi analista. Tengo que dejarte…

-Voy para allá.

 

Fue la madre quien atendió. No era Beatriz. Ella nunca llega a tiempo.

-¿Qué necesita? –preguntó fisgoneando por la mirilla.

-¡Soy Ramón, el portero!

-Pase en otro momento.

-Me llamaron. Ábrame, por favor. Dígale a Belén que está Ramón…

-Belén no está bien, tuvo una indisposición y…

-¿Cómo que se indispuso?  

-Pase dentro de un rato, por favor –y se alejó de la puerta.

 

A Beatriz le abrí yo. Cual scanner, repasó todo el consultorio. Luego me miró. Puso sus manos en jarra y disparó sin saludar.

-¿Vos te atendés con una psicóloga que tiene el consultorio lleno de peluches?

-No tiene tantos…

-Dos, tres, seis…buenas tardes –interrumpió cuando su vista atravesó a mi analista y su madre –tres más sobre el escritorio son nueve, Martín.

-¿La señora es…? –preguntó la madre.

-Mi esposa: Beatriz. Ella es…

-Amanda. Amanda Berestuarrena. La madre de Belén Narostito.

 

Tras la confesión del portero, la madre de su analista se prendió fuego. Como en el final de una película donde los créditos caen dando cuenta del trabajo, enumeró la cantidad de éxitos de Belén, fruto del sacrificio al que ella tuvo que someterse.

-¡Vos que fuiste investigadora del Conicet, embajadora de la Cámara Junior, egresada de Aricana, mejor promedio del Misericordia, cursos y cursos en el Lacanoamericano!... ¿para qué, decime para qué?

-¡Espero un hijo y el padre es Ramón…! –gritó apuntándolo con el índice derecho. Y, Ramón, lloraba cual niño que mira Bambi, refregándose los ojos con la manga de la camisa Ombú -¿o no eras vos la que me perforó la cabeza desde pendeja diciendo que la única forma en que se proyecta una mujer es teniendo hijos…?

 

Beatriz lloraba. No hizo falta explicar que la declaración de principios invocada por la analista le calzaba al dedillo. Ese era su norte. Su sino. Un hijo. De ambos. De quien sea. Y, Martín Nieto, vagaba por el mundo de los sueños abroquelándose en cuanta grieta fantástica encontrara en la vereda del sol. Sonó el ring tone de la película Psicosis y Martín Nieto supo quién lo llamaba.

-¿Podemos hablar en otro momento, Lorena?

-¿Cuál es el momento para hablar con vos, Martín?

-Estoy en terapia…

-¿Vos contestas el teléfono en medio de la terapia, Martín?

-…después te cuento. En el centro cultural que está a dos cuadras de casa enseñan violín con el método Suzuki. Es gratis. Por Celeste, te digo…

-Pero es grupal.

-¿Qué tiene de malo?

-¿Cómo qué tiene de malo? un profesor para veinte alumnos. El tipo es municipal. O sea, un vago. Va una hora, da la lección y listo.

-Bueno, Lorena, está bien. Lo charlamos después.

-…con tal de amarretear un mango sos capaz de cagarle la carrera a Celeste…

-¡Cómo decís eso!

-Sos un egoísta, Martín. Le dije a Celeste: tu padre dejó de mirarte cuando pasaste la altura de su ombligo. Una vez que creciste por arriba de su ombligo, chau, no te miró más.

 

Le escucharon gritar bajezas propias de un neardental: que si quería plata fuera al casino. Que ni pensara en prostituirse porque se iba a cagar de hambre. Que siempre había dudado de su salud mental y hoy tenía la certeza. Y que se arrepentía de la cantidad de veces que se la cogió y tuvo orgasmos amargos como el Fernet…

Y, ella, le contó que había conectado la función altavoz del celular y Celeste estaba escuchando.

Y, Martín Nieto, lejos de callarse…

Ramón abrazaba a la analista y, junto a ellos, Amanda le asestaba una mirada torva cual si fuera un halcón en caída libre presto a extirparle los ojos. Buscó el saco. Tomó el dinero de la sesión y se lo acercó a Belén. Ella se negó respetuosamente. Al irse, oyó decirle que se comunicaría pronto.

 

Beatriz tardó una semana en contestarle el teléfono. Le dijo que pasara por el departamento a buscar sus cosas. Que no tenía mucho tiempo porque había rescindido el contrato de alquiler y ya tenían un inquilino. Que se quedara tranquilo porque estaba todo pago.

El amigo que lo recibió en su departamento era un tipo informal, poco adepto a las convenciones sociales que aconsejan bañarse, lavarse los dientes o no dejar comida vencida en la heladera. Una mañana, se percató que le faltaba dinero y se lo hizo saber:

-Che, Ernesto, falta plata en mi billetera.

-En la mía, también –reflexionó su amigo mientras armaba un fasito.

Terminó en la casa de sus viejos: cuatro días fueron suficientes. Cuando peleaban eran insoportables y cuando se llevaban bien, peor.

 

El día martes 29 de abril de 2011 publicó en Mercadolibre.com, Mundoanuncio.com y Rubro7:

  1. Guitarra Takamine. Origen: Corea, con EQ y clavijas Schaller Locking Tuners: $1500.
  2. Arco de flecha compuesto (poleas y mira telescópica) y seis flechas de carbono: $ 2400.
  3. La colección completa en CDs de King Crimson y Tom Waits: $1800.
  4. Reloj Orient Chronograph Suisse 10Bar: $4000.
  5. Muñequitos de los chocolatines Jack (colección completa de Hijitus, Titanes en el Ring y Meteoro (29 piezas): $2000.

En total, sacó $9780, de los cuales, $7300 fueron para las cuotas alimentarias y el resto para la seña y depósito para el alquiler de un monoambiente en barrio Las Delicias.

 

-Biiip…te comunicaste con Diego Quintana, en éste momento no estoy en casa pero no cuelgues sin dejar tu mensaje.

-Hola, Diego, soy Beatriz. Quería saber si estabas porque…bueno…escribí algo y tengo ganas de que me lo leas para saber qué te parece. Tantas veces me hinchaste para que escriba. Esta noche estoy en casa. Salgo del trabajo a las siete. Llamame. Ah, cambié de celular, mi número es…

 

Celeste le dijo que nunca le perdonaría lo que le dijo a su madre. A escondidas, va al Promúsica cuando dan recitales con entrada libre y gratuita. Se sienta en la última fila y se retira antes del final. Jura que nunca volverá a verla de ese modo. Como espiándola.

 

Amanda sirvió las copas de licor y en el equipo de música Frank Sinatra cantaba Fly me to the moon let me play among the stars…

-¿Se lo vas a decir a Lucas, Belén? –y se desplomó en la poltrona.

-No, mamá, ¡cómo se te ocurre!

-¿Y qué pensás hacer con el bebé?

-No lo sé, Ramón es un buen tipo…

-No pensarás…

-No lo sé, mamá. Todavía hay tiempo –y se limpió la nariz con la mano.

-¡Ay, menos mal! Si me dabas una respuesta, te mataba. En enero quiero viajar a Europa, ¿me acompañás?

-Falta mucho para enero…

-Dale… desde que fuimos a Cartagena que no hacemos un viaje juntas…

 

Ariel  Zappa

 

 

 

 

 

 

 

 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-