"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




IGNACIO BARALES: Saluzzi

Publicado en relatos el 14 de Abril, 2012, 14:20 por MScalona

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“Tuve una prima solterona que cuando hacía un postre le mostraba a todos, con una sonrisa melancólica y pueril que le había quedado prendida en los labios desde la época en que hacía méritos frente al novio motociclista que después se mató en una de nuestras tantas Curvas de la Muerte. Ella vestía correctamente, en un todo de acuerdo con sus cincuenta y tres; en eso y lo demás era discreta, equilibrada, pero aquella sonrisa reclamaba, en cambio, un acompañamiento de labios frescos, de piel rozagante, de piernas torneadas, de veinte años. Era un gesto patético, sólo eso, un gesto que no llegaba nunca a parecer ridículo, porque en aquel rostro había, además, bondad. Cuántas palabras, sólo para decir que no quiero parecer patético.”  

 

                                                             Mario Benedetti. La tregua

“si no entiendo,

si vuelvo sin entender,

habré sabido qué cosa es

no entender”                                 A modo de tregua, de Alejandra Pizarnik.

 

 

 

 

 

 

 

-Acaso, ¿será que el imperativo en cuanto tal es a su vez llave y no uno sino varios candados de la mayoría de las mutaciones que podría tener mi espíritu? Esto ya me ocurre desde pequeño, che. Y te digo que es bastante tortuoso a decir verdad; por lo menos para mí que comenzó a pesarme desde mi púber adolecer. Recuerdo que en la escuela nos obligaban a rezar y a hacer las tareas, ¿te acordás? (creo que eso era más o menos lo mismo en aquel lugar y tiempo), y mi cabeza ya estaba completamente en cualquiera. Yo solo quería besar la gloria de ella que se extendía con su boca, algo así como una especie de traslación a lo real, del salón hacia mi hoja rayada (siempre en blanco, claro), llena, llenísima de negros garabatos. Así, con su boca, creía que poseía un clon metafísico que iba y venía del más allá al acá. Tan complejo parece cómo te lo explico, hermano, pero para esa boca era un simple juego. Mientras yo me hallaba en el más allá creyéndome más acá, completamente ingenuo de su rapidez. La pintaba de tales formas que, cuando la tenía  en colores, ella desteñía mi paso con la suavidad de su plumaje cuadrille; siendo, al fin y al rato, un mero borrador que unía todas esas engañosas y estúpidas fantasías.-

 

-No sé si te enteraste, pero ya que nombraste al colegio: se me vino a la mente la muerte del cura que manejaba no sólo a nosotros, a la escuela y a la iglesia, sino a todo el barrio con sus sermones de la eternidad, con su infinito discurso fundamentalista. Falleció el otro día. La mayoría no dio cuenta del azar y ya quieren catalogarlo como Santo porque murió en Semana Santa, nada más ni nada menos. ¡Cómo nos cagábamos de risa a costa de ese viejo! ¿Cómo se llamaba? ¿Tedio, no?-

 

- Sí. Así se lo bautizaba por lo menos. Además, ¡cómo olvidar ese n[h]ombre!

 

 -Pero no sé, ahora que está muerto me da un poco de lástima, viste cómo es eso de la culpa, la muerte y la fama;  sobre todo por los alumnos actuales de la escuela.  Me contaron (sabés que en este barrio el “dicen” ya es un dictum de la verdad) que el que está ahora al mando es casi tan conservador o aún peor que el muerto. Ya anduvo diciendo que ahora, que nuestro barrio cuenta con un mega-templo con shopping ultra climatizado, spa para los “que se sienten demasiado culpables” y  para sus altos creyentes de la alta discreción, no hace falta ir en verano con pantalón corto o pollera, tanto para los hombres y las mujeres, respectivamente.-

 

- Ni se te ocurra las inversiones que encierra el término “respectivamente”.-

-¡Por eso! No quisiera imaginarme a vos disfrazándote de mina adrede y con los pelos al aire en la misa, sólo para generar escándalo. Como siempre, nada más que por tus ocurrencias siempre “justificables” según tu humor en el día. Dicen, me siento tan idiota usando el “dicen”, es una dicha tal que no me enorgullece en lo más mínimo. Por eso, te pido disculpas si me desvío de la conversación con esas banalidades que vos tan poco toleras. En serio, dicen que el tipo nuevo que comanda la Fe es igual a Domingo Cavallo. Creo que se referían en lo que concierne a su aspecto físico, ¿no?-

-Es siniestro ya lo que me estás relatando, va más allá de mis capacidades de imaginación. Domingo Cavallo, Domingos convertibles en misa. Completamente bizarro, che. Además, yo saqué el tema de la escuela como algo contextual, para ubicarte un poco a lo que me quería referir. Sabés muy bien que en nuestra época escolar lo que menos nos importaba era “lo escolar”, en sentido cerrado del término, y salís hablarme del cura Tedio que, como ahora se murió, te da lástima porque “al fin y al cabo, los muertos son todos buenos o los buenos están todos muertos”, y que el homenaje que le hicieron en vida es esa Mega-Iglesia con una virgen empotrada en un cristal, importada de Europa, con seguridad privada y armada por las noches, y un cura ortodoxo, en distintas materias, igual a Cavallo.- Reprochó muy sarcásticamente.

 -Siempre tan pedante vos. A ver, con respecto a lo otro que decías, con el cumplimiento de ciertos rasgos solamente y, más aún, si eres meticuloso en el uso de los multi-sentidos de cada “stock gramatical”, tal vez puedas darle (quizás un poco) de saber a ese sabor latente que vos me contás sobre ella. Pasaron tantos años que decís “ella”, como si yo tendría que dar por sentado a quién te referís. Verdaderamente, no entiendo un carajo lo que querés decir.-

-Pero también puede ser que a medida que pasan los años le esté perdiendo sabor a bellísimas cosas: [des]espero que las palabras no se vayan de mí porque si no, y esto sí que te lo digo muy en serio, perderé completamente (si es que existe imaginariamente la “completud”) la ilación entre mi ser y las cosas.-

-Pero ¿qué te pasa, te sentís tan cosificado ya? Veo (y escucho) que me hablás; me asustaría si no fuera así. Sin embargo, no parás de decir idioteces lúdicas. Dejá un poco eso de una buena vez-

-Las palabras no me abandonarán (sí tal vez el sentido cotidiano de estas malditas), me andarán resquebrajando, eso sí, constantemente, eso es seguro; así que no temas en preocuparte por mí, che. Sos muy amable. Como te decía, me rondarán deshilachando para sentirme una y otra vez cada vez más alejado, o si prefieres: enajenado de todo engaño y de abrupta desazón por-venir.

Aquella que en algún tiempo creí que poseía, no fue a parar más que a poesía. Sólo eso y solo yo con escrituras-cartas y noches dirigidas a nadie más que a mi propia comprensión. Mirá, por ejemplo este dibujo- Abrió un cajón llenó de fibras negras. Parecían gastadas, al igual que las hojas por su tono amarillento. Comenzó a hablar sobre círculos y triángulos indecibles a la vista, casi indefinibles. – Éste lo habré hecho a los 14 más o menos.- Y pronunció melancólicamente:

- Esa boca inevitable y tentadora

ha perdido conmigo

¿o yo he inhibido?

todo tipo de saber al encontrarla.

Prosiguió con una explicación, mientras señalaba con sus dedos los dibujos que tenía guardado en el cajón, para que su compañero aprehenda de alguna manera los garabatos hechos papel.

-¿Ves? Los colores son todos iguales, no se bifurcan entre sí: como un collage de pinturas. Pero sí: la música es solo una; la puedes sentir, yo también. Ni hablar del resto en sus semejanzas.- Puso un disco “virgen” sin título alguno que se pueda pesquisar. – Como una partitura yo dibujo en entre líneas cada nota en armonía: tu mano se extiende llegando al sol. Así las flores se abren radiantes por el liso espejo de tus pupilas que tienen dos flores más importantes y más bellas, que conforman (expandiéndose) cada parte de tu cuerpo. A su vez, yo me encuentro conformado de otras maneras: algo así como células con núcleos variables en su centro, de un color negro, y en sus bordes también con tonos oscuros y tenues. Nos encontramos en un abrazo y allí cada parte de esa cantidad; qué cuerpos hacen el amor hasta cansarse y luego vuelven a hacerlo, pero ahora con otras palabras (como esta explicación en vano) que manchan la relación de más pasión, y enfurecidos esos cuerpos se chocan una vez más, y se rozan y gritan, gritan sin parar en gemidos al unísono de las variables orgánicas. Así es que nos encontramos nuevas veces y reitaradamente en los abrazos que anuncian la llegada de pequeñas muertes que, a su mismo tiempo, rechazan cualquier atisbo de abandono, y yo me alejo (sin un yo inclusivo) estando en ti y tú de mí, mientras suena ese tono musical tipo réquiem con una voz primitiva de coro anunciando: “Concédeles el descanso eterno, Señor, y que brille para ellos la luz perpetua.” Y te miras cada vez más sola. Entretanto mi alma se encuentra tan acompañada por lo mismo que nos separa y nos distingue. Eso nos une entre los círculos triangulares. -

De pronto se escuchaban desde lo bajo el choque de sonoridad de un bandoneón contra la materia silenciosa de la música de esos dos ser/es-en-el-mundo. Quedaron un largo rato sin hablar, contemplando el tema con ojos brillosos, absolutamente espejados.

-¿Quién es este zarpado?  Me hace recordar mucho a un francés que toca el acordeón. Te va a encantar a vos, estoy seguro. El franchute se llama Daniel Mille.-

-Bueno, por lo que estuve viendo éste no es ningún francés ni alemán ni nada europeo. Además, no es acordeonista sino que destroza al bandoneón. Y sobre todo: ¡es argentino, che! Nació en la provincia de Salta, y para no morirse de hambre se fue a encontrar suerte por el viejo continente. El azar dio con la discográfica ECM. Los argentinos no lo escuchamos porque toca música popular argentina, y los europeos lo consumen por lo mismo, porque es original y toca un tanto raro.-

- Se me vino a la mente Raúl Barboza. ¡Qué genio!-

-Sí. Pero también toca el acordeón ése. Es un monstruo. Y hay un disco con Juanjo Dominguez que es inevitable no escucharlo. A Saluzzi lo escuché una vez que llevé el auto a arreglar, a través del bandoneón que salía de un parlante que estaba en el taller mecánico; nos pusimos hablar con el tipo sobre la música que hace Saluzzi, su impotencia de haberse rajado del país, y me regaló este CD. Fue hacia el porta-discos y sacó uno con manchas de aceite de auto y grasa. Lo único es que el disco contiene un solo tema, y no tengo idea ni a qué nombre de disco corresponde ni cómo se llama el tema.-

-Dale, ponélo de una vez, querido. –

-Ahí va, cabrón.- Colocó el CD y comenzó a girar. El comienzo del tema trae una voz indecible y lejana. Remite a algo imposible para los sentidos acústicos. -Vas a ver que la música da con alguna escena de película. Es para una banda sonora, o me vas a decir que no.-

[Silencio musical]

-Leyendo varias entrevistas de Saluzzi, entre las tan poco numerosas que he encontrado, pensé que este tema remitía a su añorada Salta, al locro preparado por la madre, y su ida de la argentina con ganas incontenibles de volver y dar revancha para/con el público. Entonces se me ocurrió ponerle un título que se relacione con algo de eso. Además, es inevitable no escuchar un bandoneón sin cierta añoranza, sin un poco de nostalgia. Se me ocurrió entonces llamarlo “la vieja y el viaje”. Esto de ponerle títulos y palabras a la música me remite tanto a un juego que hacíamos con Alejandra. Y me acuerdo la última vez que lo jugamos, ella estaba internada y no paraba de jugar más que consigo misma, con el pizarrón, y el crepúsculo de sus ideas y días. Una vez, ya cansada me dijo:

“No, la verdad ya no es música

yo, triste espera de una palabra

que nombre lo que busco

¿y qué busco?

No el nombre de la deidad

no el nombre de los nombres

sino los nombres precisos y preciosos

de mis deseos ocultos”-

 

Cerró el recuerdo con un silencio, junto al tema que arrancaba nuevamente por segunda vez. Al escucharlo, su compañero se levantó bruscamente pero con sigilosos pasos hacia la compactera. Como con miedo de hacer algo malo frente a esa escena de necesario mutismo de su compañero de toda la vida.

 

-¿Tenés otro de él que te hayas “bajado”?. Algo más de Saluzzi para mostrarme…- Mientras buscaba como un archivador entre los discos y el otro tirado con las dos muñecas a la altura de los oídos, absolutamente retraído.-  Qué tal éste: Ci- té d- la musiké? A vergg si está lindóu – En un francéspañol  forzado y cómico. Para romper con la tensa angustia del ambiente, finalmente anunció con esperanza –Entonces Saluzzi, Dino[s] qué tienes para contemplarnos.-

 

 

Nacho b.

 

 

 

 

 

 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-