"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




3 de Abril, 2012


GONZALO RUZAFA, 1º Premio Nivel 3

Publicado en Cuentos el 3 de Abril, 2012, 13:52 por MScalona

Commentatio

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El final es predecible pero no carece de cierta poesía.

R.Bolaño

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De Z

Una tarde sin demasiadas cosas en que ocupar el tiempo, Z recuerda, por alguna razón, la pelea que mantuvo algún tiempo atrás con su amigo M. Z no soporta una ligera manía propia que mantiene sin ninguna raíz aparente, Z se aferra al pasado, lo hace desde que G lo dejara después de cinco intentos fallidos y amenazas de suicidio (no concretadas, es cierto) que dejaron su ánimo contaminado con una ligera sospecha a todo y a todos. Su situación es incierta, Z es contador público. No es que lo lleve la vocación de la mano, es un hombre de acotada ambición, las ciencias económicas lo tienen sin cuidado pero disimula el hecho con asistencia perfecta a un estudio contable del microcentro. Gana poco, el trabajo es insulso, exacto, simétrico, no le presenta ningún tipo de desafío, Z detesta lo que hace, lo comenta en una reunión familiar, tiene pocos, ningún amigo desde su pelea con M. Su hermana lo convence (Z tiene una hermana más joven) de que hay posibilidades de ser otro, puede ir ese mismo fin de semana, sus compañeras organizan  una fiesta de disfraces.

Z maquina, Z el de poca interacción, Z no popular.


Bonifante en Ciudad Capital.

Tengo un vecino llamado Bonifante, yo sé que no es un nombre común, corriente, real, lo cierto es que no es su verdadero nombre, tengo un vecino (creo hacer bien al limitar el calificativo a vecino) que se hace llamar Bonifante. Suele decir, Z no espero consejos sabios de usted, lo considero un tipo del todo innecesario en lo social y también en lo que pueda aportar como crítico literario. Sé leer lo que me tiran, aun lo que viene de Bonifante. Es un escritor mediocre y olvidado, sé que en alguna época hubo gente que inflamó en sus entrañas algún tipo de esperanza o ambición de éxito editorial, no lo tuvo ni lo ha de tener. Tomamos whisky sólo para pasar el rato, no tengo ningún interés en lo que tiene para decir, a él no pueden importarle menos mis comentarios livianos de contador nacional y público, suelo soltar consejos estúpidos, no puedo inspirarle el odio que quisiera y lamento ese imposible. Una vez que ya está del todo borracho larga insultos breves, direccionados e hirientes hacia mi persona. Es cierto que más tarde Bonifante me ofrece sus sinceras disculpas. Desde que lo conozco concibo el arrepentimiento sólo como un atenuante del hecho, tal vez una salida romántica y artificial. Bonifante vuelve a la carga, evoca a mis familiares directos, a mi padre que en paz descanse, a las tardes de Florida, al mar en los Balcanes. Ya es tarde y le sugiero que tome sus pastillas, que vuelva a su casa. Bonifante vive en el cuarto piso, me limito a acompañarlo mientras golpea la base de su bastón y arrastra sus pantuflas mientras recorre el pasillo, los veinte pasos hasta mi redención, salida de emergencia, válvula de escape, eyección, puerta de ascensor.

Lara en Ciudad Capital

Sos Lara vos una chica bien, te conocí en la rambla, sería bueno no lo hubiera hecho nunca. Me gustan tus planteos de nena bien, de piba tonta, de novia bolchevique o de ingenua y sugerente. Entiendo que pronto nos vamos a dejar, o te voy a dejar, o me vas a abandonar una noche de lluvia y voy a ser el último en darme cuenta (puede que ya nos hayamos dejado). Te busco más de lo que te quiero, lo sabés, y venís a mí con tu rutina estúpida de compañera triste. Hay tan poco en el mundo que valga la pena, ni vos ni yo la valemos. Quiero que sepas cosas que yo desconozco, no me gustan tu sonrisa insulsa ni tu forma de caminar, algo de vos, sin embargo, me recuerda a una invasión de golondrinas. Eso me basta para saberte indispensable en mi existencia liviana, Lara soy un gusano triste. Soy Z, el tipo que habla del clima y hubiera querido nacer intrépido o escritor de cuentos. No tengo impulso, ambición. Soy Z o lo que pienses que soy, sos ingenua Lara, un verso torcido te confunde como la niebla, soy una versión del Z que podría ser o un ejemplo de la rutina en los cuerpos.

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Fragmento que lo involucra a Z. Digresión

Parece mentira, pero yo he muerto más de trescientas veces. Mi nombre es desconocido como el de algunos moluscos en alta mar, animales tranquilos que duermen bajos las rocas del vacío y del recuerdo, nunca sentí la calma. El llamado, aunque no venga acompañado de esa guía sucia que es el nombre, llega de cualquier manera, a mis oídos, a los de cualquiera, el grito es universal, esporádico, existe. Siempre vivo. Caminé entre los cuerpos vacíos de alma, conocí a Z mucho después. Z coincide con el llamado aunque no lo sea. Dije algo que es falso, no estoy muerto, los muertos no cuentan historias, los muertos no hablan de contadores, los muertos no matan gente.

Me han pagado miles, soy malo para cualquier otra cosa, lo he gastado todo, soy pobre como las ratas, quiero encontrar alguna salvación, no puedo encontrar el Evangelio, la salida de emergencia, el alivio. Lo hecho así está. Z maneja las cuentas de gente importante, tipos que se mezclan con otras manos firmes, gente que toma decisiones.  Hombres, mujeres, animales, conozco el rojo oscuro de la sangre caliente. Z sabe cosas y entonces se yergue y mientras pierde su mirada en la transparencia de una ventana, de un estudio, lo observo desde el auto, entre el zigzag del humo me agazapo en el asiento y pienso que va a ser otro más, un número, una línea. ¿Qué secreto se lleva el que desaparece? No hay salvataje para mí, voy al calor y las profundidades, al negro refugio del no perdón. Todo comienza con los ojos de Z. Los ojos de Z son el llamado, son el grito. Alenté otra falsedad, tengo un nombre aunque nadie lo sepa, uno es lo que ve en sí mismo, quizás soy hipócrita, es mejor ser sincero a estas alturas. Quisiera (es una mejor forma de decirlo) llamarme Abelardo, quizás porque antes del disparo uno dijo, no, Abelardo, no, y deseé con las tripas que esto no fuera un decir incoherente y desesperado de un sentenciado sino la verdad, mi nombre. Z es el llamado, lo son sus ojos. Pensaba que no, ahora sé que lo es. Este asunto tiene algo de irreal, de inexacto. Z es el sismo, el batir de alas. Averiguo, lo sigo. Es un tipo promedio, su vida estándar me sacude por dentro, me lleve a mucha gente estándar, no es todo. Averiguo, lo sigo. Camina de la mano con una pendeja, conduce hasta el puerto de Ciudad Capital, llora sin consuelo en su soledad mortuoria (su dolor es distinto, a la vez el mío, somos palabras del mismo verso), se baja del coche entre la lluvia que golpea, juntos contemplamos el agua que lo cala hasta las penas, lloramos, Z grita al océano, Z es el sismo, yo he muerto. Lo he dicho, más de trescientas veces, la mirada última del hombre hiere de maneras irreversibles.

Tal vez: el infeliz del contador coincide con una búsqueda pasiva que no carece de delicadeza, es retórica, y luego se desata, se desencadena, un movimiento a primera vista simple, irrelevante, cinética de cuerpos y conclusiones, el sicario es uno más en el ritmo ondulatorio y emocional, ¿Entonces es este un buen momento para marcharse? Z abre la boca en algún lugar del microcentro, no emite sonido, se pregunta, el tiempo desde la última vez que vio una buena película en el cine.

Bonifante antes de Ciudad Capital

Bonifante está enamorado de Z, la vida, como dicen los diarios de baja tirada, sigue a pesar de todo y de todos. Z no tiene mayor poder de deducción, o lo tiene pero no sirve de nada para la nula aproximación romántica del escritor olvidado (a su vez tiene otros gustos), no reconoce su ligero chistar, el repique de los molares, una duda en un momento (es un instante). Bonifante nació en un pueblo del sur, la primera vez que supo con certeza absoluta que tendría una existencia triste, efímera y frágil tenía poco más de veinte años. Al principio, de eso no hay dudas, Bonifante sufre. Son los años sesenta, el sur es un zumbido lejano. Bonifante sufre como un condenado porque es distinto al resto; por la noche sueña que viaja en un tren plagado de asientos, de todos los tipos, hay de los redondos y oscuros, hay sillas antiguas, bordadas, respaldares de categoría. Todo es algo confuso, lo cierto es que ninguno de ellos está vacío, el joven Bonifante recorre los vagones y no puede encontrar donde sentarse, detiene al hombre que corta los boletos, plantea la situación, la respuesta es simple: nunca estuvo previsto que usted subiera a este tren. Entonces despierta, una, tres, más noches, me voy a Ciudad Capital. El principio es difícil, predecible, no vale la pena la descripción del hecho obvio, joven mozo aspirante a escritor, aspirante a mozo prototipo de escriba, proyección, aspiración, inyección, infección, afección, decepción. Los años pasan, Bonifante pasa, revista literiaria El Zahir, poesía a dúo en fronda La receta, nouvelle, concurso, cuento, jurado corrupto, edad, fracaso, pensión del gobierno español o francés, a quien le hace diferencia. Final abrupto, accidente de tránsito o doméstico (algo por el estilo) bastón, salida de emergencia, Z.

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Hola Lara, chica light, quiero verte de nuevo, chica linda, camino sin vuelta, que me tires un mensaje porque sí, que me des algún tipo de esperanza oscura, de reflejo y noche aunque no soy nada y lo sabes desde el principio. Chica torpe, medida. Ya no te reconozco.  Escuchemos a Knofler aunque no te atrape, miremos a Klee aunque no lo entiendas (ni yo), tracemos en tinta nuestro recorrido por el mundo, es una curva suave que desaparece si la miramos seguido, con quiebre, cambios de montaña rusa, de loma, de lomo, deses-perar.

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Ireneo Sabulsky Bagun, padre de Lara Sabulsky, en un banco de Plaza Roma, Ciudad Capital, Enero 2012

-         Por ese entonces ya había comenzado a invertir en los bienes raíces, era exitoso con sólo veinticuatro años en una época en la que llevaba algo más hacerse de una fortuna y sabía con certeza, qué paso era el siguiente. Había otros parecidos a mí, a diferencia de ellos, yo tenía la paciencia de un maestro Zen. Mientras se lanzaban hacia inversiones de alto riesgo, me mantenía en la tendencia histórica de los Sabulsky. Soy rico, ya usted lo sabe. Habíamos tomado nota de las estupideces de los otros y partíamos de supuestos que eran obvios pero nuestros. Nadia siempre comprendió su lugar, no me reclamaba en la casa, tuve jornadas de trabajo largas durante la infancia de Lara, demasiadas temo. A eso viene todo esto, mi convocatoria, quizás lo aburra conocer mi historia, he pasado una noche terrible pensando en la tarde de hoy, aguante el aliento, no me interesa, actúe desinteresado, me tiene sin cuidado. No va a llegar a comprender a Lara. Le voy a pedir que sea cauto, considere el alejamiento como una alternativa real y abarcadora. Pretendía  contarle una anécdota, algo simple y revelador, me da la impresión de que es una persona inteligente, Lara lo dijo quizás, cambié de opinión, voy a plantearle un antiguo acertijo que solía hacerme mi abuelo: Un hombre espera en medio de un lago, en una casa, lo que sea, el lago es grande, no hay puentes, botes que circulen, medio de comunicación alguno con el exterior, el tipo no sabe nadar, no tiene bote ni materiales para hacerlo. Esperó, un  tiempo por ayuda hasta que se dio cuenta de que esta nunca iba a llegar, de ninguna manera, aun así, luego de un tiempo considerable, y sin ninguna asistencia pudo escapar por sus propios medios. Ese es el fin, allí termina todo, mi abuelo solía observarme con mirada severa mientras yo recorría los pliegues en su rostro con expresión perdida. Tardé años en encontrar la respuesta al acertijo, pero la solución no es lo importante, no es la causa de nuestra charla. Me detengo en lo significativo, la verdadera clave se encuentra en el enunciado, en el final. El hombre pudo resolverlo solo y quiero que comprenda (dijimos es inteligente) la raíz, la esencia, los problemas están hechos para ser resueltos de manera definitiva, concreta e individual, ese principio ha regido mi vida. Por último, claro, no menos relevante, quiero explicarle que su situación no es la del pensador que intenta resolver un acertijo, sino más bien la del hombre en el medio del lago, mi recomendación (y esto espero suene lógico, obvio) sería que escape.

Hay una cosa que no te dije la noche en que nos conocimos, soy una enfermedad que avanza entre las calles oscuras de Ciudad Capital. Me gustaría aclararte algunas cosas, si comprendieras el todo de mi complejidad estarías lejos, quizás cerca en una actitud desafiante hacia mi humanidad difícil pero aun así inofensiva. Hay alerta meteorológica.

Pelea argumentativa/esquemática de Z con M

Z/M – Encuentro casual en zona bancaria de micro centro Ciudad Capital

Z – Abrazo a M, comentario ofensivo en tono amistoso (referencia al avance de la calvicie)

M – Contraataque con alusión a crecimiento abdominal de Z

Z – Risas

M – Risas

Z/M – Abrazo

Z – Propuesta de café

M – Aceptación de propuesta con entusiasmo

Z/M – Café

Z/M – Charla liviana, resumen anecdotario

Z – Planteo de nueva idea de negocios

M – Cuestionamiento de idea de negocios de Z

Z – Disertación de bondades, oportunidades de la idea de negocios

M – Duda, leve aceptación introspectiva

Z – A la carga con nuevos argumentos, ligera sugerencia de hábito conservador de M

M – Comienzo de posición defensiva

Z – Dura arremetida hacia posición conservadora/anti-riesgo de M disfrazada en parábola o ejemplo mediante personajes similares en ese aspecto de psiquis/personalidad, Bartlevy, Riabóvich, el mismo Z en el pasado.

M – Cuestionamiento a postura, argumento: proyección de conflicto interno de Z en M, temor de Z proyectado, salida fácil. Proyección

Z – …

M – …

Z – Intento de cambio de tema

M – …

Z – La cuenta

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Z, Z, es así entonces, me saco las medias, las pantuflas, el pantalón, me arrimo un vestido, me baño, me tiendo en el piso, no pasa más de una hora, y  ya estoy sumergida en la noche en que nos conocimos, vos tan contador asustado, tan Z en tu disfraz de rabino improvisado. Usualmente no tomo la iniciativa, fue tu mirada de animal herido, de minero bajo maderas y la montaña, tu atención fija en algo que bien se podría parecer al milagro de una revelación, tal vez al principio de una severa descompostura. Te soy fiel desde antes, no voy a tener recuerdos de vos cuando este lejos y sola, ya no voy a disfrazarme de enfermera para hacerte un comentario o una sugerencia, y que tu cuerpo bajo y atacado por el síndrome burgués se incline en una aproximación de duda (y te acerques entre la fiesta y  los remolinos de una peluca blanca). Si de repente ya no soy Lara, la pendeja soberbia de Lara Sabulsky (así de ingenua no tan en el fondo), la careta, la reventada, la linda de Lara Sabulsky, es un milagro que no se haya hecho las tetas, y cambio a un personaje distinto, más sencillo o sincero. ¿Me podrías reconocer a pesar de todo? ¿Pueden cambiarnos las cosas que hacemos? Te quiero bien, y eso es cuadras más de lo que te merecés.

Z camino a Clemente Onelli, Departamento 25 de Mayo, Provincia de Rio Negro, Marzo 2012

  • Dirigirse al sur es como ir a cualquier lado pero en dirección contraria.
  • Un Renault 12 puede alcanzar (y lo hace de a tramos) los ciento treinta kilómetros por hora
  • Los sobrinos de Bonifante ofrecieron la antigua casa de los peones en Onelli, tengo que estar agradecido por esta clase de cosas.

Dos personas armadas se alejan por la ruta nacional 23 al Sur-

  • El ciprés es un árbol, algo parecido a un gran cono

Hace algunos años me resultaba inverosímil que dos personas de lugares distintos, con mentes diversas, con costumbres germinadas en espacios por completo desconocidos pudieran conectarse, acercarse, involucrarse durante un periodo asimilable al para siempre. Lo cierto es que sigue pareciéndome inverosímil. Tengo que decirlo, pero eso no significa que yo vaya a lograr vivir en mis razones ni que lo cierto vaya a seguir siéndolo por los siglos. Hablan de pavimentar las calles, de nuevos tendidos eléctricos y una escuela de oficios y talleres copiada en formato desde Ciudad Capital. Quisiera poder leer un pentagrama, saber pulir un zapato con betún, el resto, como suele decirse, es cotidianeidad y no hay nada malo con eso. Sólo que de tanto en tanto me ataca una sensación de dicha, es un temblor vacío y sin origen del que alguna vez habló G o tal vez lo haya hecho Lara, y esa noche o la siguiente, sueño que soy un cuervo en medio de un lago o un bosque oscuro, una espiga de trigo sacudida por los vientos. Entonces el agua se congela y  yo camino hacia los árboles, de vuelta a casa o simplemente me despierto sin gritos, es cierto, y me repito en voz baja que las cosas son tanto mejor así.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-