"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




GABRIEL CACIORGNA

Publicado en Nuestra Letra. el 21 de Marzo, 2012, 16:20 por MScalona

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HILARIA y OTRO LLANTO DE LA EXCAVADORA  (*)

Después de dos horas de limpiar ininterrumpidamente, Hilaria Barrientos dobla la franela anaranjada y la apoya sobre una banqueta tapizada con arabescos. Se sienta en uno de los sillones blancos y observa la habitación. Varios anaqueles repletos de libros y cds, sillones y sillas de diferentes diseños, un par de mesitas y paredes ocupadas casi en su totalidad por láminas encuadradas. Suspira. Se incorpora, se acomoda la pollera y toma de la estantería más cercana, “Rayuela”, de Cortázar. Lo hojea y lo devuelve a su lugar. Es su primer día de trabajo en la casona de Laprida 563 – según me cuenta -. Un rato más tarde, mientras se viste para volver a su casa, oye el murmullo de una docena de personas que, en aquella sala, se aprestan a iniciar un nuevo encuentro del taller literario coordinado por Marcelo Scalona.

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El tirano ha ordenado demoler lo construido en el eximio terreno de Laprida 563 para levantar ahí una fortaleza con piscina, helipuerto y solarium con vista al río. Sin preguntas, negociaciones, ni trámites de ningún tipo. Y – como suele ser con la gente que lee poco – todo se pone en marcha velozmente y en cuestión de horas el escenario está montado para una dantesca demolición. Scalona apenas consigue escapar, segundos después del primer puñetazo de la bola de acero. Ni siquiera atina a resistir el despojo, pues comprende que es en vano. Pero un rato más tarde, junto con un grupo informe de pretensos escritores, devenidos en escuadrón de rescate, improvisa una cadena humana, que el brazo ejecutor de la ley disuelve como castillo de naipes. Deciden guardar sus almas para otras batallas y estampar sus gritos contra los muros malheridos.

Y en medio de una diáspora de ladrillos desgarrados, la retroexcavadora, asesta un golpe mortal sobre las viguetas del edificio, conmoviéndolo hasta sus cimientos. Pero la vieja casona decide, aunque sea simbólicamente, dar un último gesto de resistencia y escupe cientos de libros a sus agresores. En el último aliento, como un acto puro, deja caer un mueble colmado de manuscritos que el viento dispersa, sustrayéndolos de la destrucción y la locura.  Y luego cede, desaparecida al ras de la tierra.

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(*) El título hace un contrapunto con el poema de PIER PAOLO PASSOLINI “El llanto de la excavadora”

GABRIEL acaba de comenzar nuestro taller, estudia Derecho y tiene  31 años.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-