"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Marzo del 2012


CONCURSO TALLER 2012: Fallo

Publicado en General el 30 de Marzo, 2012, 21:04 por MScalona

ACTA FALLO CONCURSO DE CUENTOS

TALLER Marce Nomalumbre edición 2012

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Nivel 1

1° Premio………NADIE SE ARREPIENTE DE UN WHISKY Seud. Carmina Camina (ES) JULIA MARIANA SÁNCHEZ

2° Premio ..LA PIPA DE PAPÁ

seud. Azul Profundo(ES) NICOLÁS FOPPIANI.

3° Premio...EL HERMANO DE JAVIER seud.

Gabita Can (ES) MARISOL BALTARE

Mención. UN ADIOS VIOLENTO seud.

Acero Cali (ES) MATÍAS SETTIMO.

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JURADO, B. Vignoli A. Ocampo M. Scalona

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Nivel 2

1° Premio EL RUIDO DE LA CARCOMA

Seud Emma Roualt (ES) NATALIA MASSEI.-

2° Premio TERAPIA INTENSIVA seud

La Chancha Cozzoni (ES) ARIEL ZAPPA.-

3° Premio YOGA seud. Laura Catena Zapata

(ES) NICOLÁS AIMETTI.-

Mención: RESURRECCIÓN, seud. Héctor A. R

Sarmiento (ES) PABLO MENGASCINI

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JURADO B. Vignoli A. Ocampo M. Scalona

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Nivel 3

1° Premio……COMENTATIO seud. Cela y Umbral

(ES) GONZALO RUZAFA

2° Premio DESPUÉS DEL ALMUERZO, seud.

Alejandro (ES) DAMIÁN FORNASO

3° Premio ISLA EN LAS DOS ORILLAS, seud Alejo

el Chafalote (ES) SANDRA FABI

MenciónMALA SUERTE, seud Tatoo

(ES)…….. SILVIA TOMBOLINI.

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JURADO   B. Vignoli A. Ocampo M. Scalona

nivel /2º año 2011/

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1- El hermano de Javier                 Gabita Can                     Marisol Baltare

2-Ni paloma ni gallina                   Catalina Xirgu               Mayra Medina

3-Dividida Mente                         IgMa                              Alicia G. Curutchet

4-Contrapunto                             Selenio                          Julieta Tonello

5-Esto que nos pasó                       Ale Mandeb                    Matías Magliano

6-Nadie se arrepiente de un whisky   Carina Camina              Julia Mariana Sánchez

7-La Félix y el vino de fin de año           Nenin D`Vitrio           Lu Andreozzi

8-Un adiós violento                         Acero Cali                         Matías Settimo

9-El Sr. Olivares                          Raskolnikov                        Andrea Parnisari

10-Alejandra                                  Luca                                      Josefina Antoni

11-Josela                                      Popeye                                 Roberto Sánchez

12-La Pipa de Papá                     Azul Profundo                     Nicolás Foppiani

13-Mandatos                                Sui                                         Alina Taborda

14-Pharmakos                            Hadrianus                             Alfredo Cherara

15-La Noche ausente                    Juan Sevil                            Maxi Rendo

16-Fábrica de Mujeres                Crisóstomo Gómez,                 Juan Rodríguez

                                                                                     Marqués de Salsipuedes

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17-El camino de los lobos               Yura                                 Iván Limanovsky

18-Strawberry Fields                  Eleanor Rigby               María Belén Irusta

19-El Sr. Roberto                          Teresa                                Osvaldo Farías

20-El Regreso                         Renata Valentini                         Elida Rivoira

21-Juego de niños                         Cleychu                                 Lautaro Cossia

2° Nivel 2° año 2011

1.- Brindis por la familia Arco II SOLEDAD PLASENZOTTI

2.- Maldita El Holandés errante MÓNICA M. GONZÁLEZ

3- El ruido de la carcoma Emma Roualt NATALIA MASSEI

4.-Yoga Laura Catena Zapata NICOLÁS AIMETTI

5.- Terapia Intensiva La Chancha Cozzoni ARIEL ZAPPA

6.- Hablar o callar Nicolasita Pertusato MARCELA GONZÁLEZ GARCIA

7.- Labios rojos Carla D CLAUDIA MALKOVIC

8.- La Valija Marina Viviani CINTIA SARTORIO

9.- Resurrección Héctor Aquiles Rosa Sarmiento PABLO MENGASCINI

10.- El Asistente Miss Dalloway SILVINA POTENZA

3° Nivel 3° y 4° año 2011-2010

1.- Comentatio Cela y Umbral GONZALO RUZAFA

2.- Ta Te Ti Herminia Brumana CECILIA RIVAROLA

3.- Reunión Familiar Clarice CELINA RUSSO

4.- Después del almuerzo Alejandro DAMIÁN FORNASO

5.- Mala suerte Tatoo SILVIA TOMBOLINI

6.- Isla en las dos orillas Alejo el Chafalote SANDRA FABI

MANUEL RIVAS

Publicado en Aguafuerte el 29 de Marzo, 2012, 19:09 por MScalona

Plan Eternidad

La Iglesia católica es, en la práctica, una gran empresa privada asegurada

por la financiación pública y con privilegios fiscales.

Acostumbrados como estábamos a un Apocalipsis por día en la época en que en España gobernaba el Ángel Malo, y sembraba el terror su temible ministra de Igualdad, es de celebrar el nuevo espíritu jovial y emprendedor de la Iglesia católica. Cuando la Iglesia española se destensa, cuando monseñor Rouco no está eternamente enojado, cuando repica con alegría la sintonía de la Cope, hasta la cartografía se relaja y España parece el auténtico e increíble escenario de Españoles por el mundo. Más importante que cualquier medida del Gobierno, es que la principal empresa espiritual de España lance un plan de empleo hacia la eternidad: "No te prometo un gran sueldo; te prometo un trabajo fijo". En mi bar preferido, por vez primera la peña ha escuchado con cierta devoción al portavoz episcopal. En el concordato de 1953, el Estado español ya reconocía a la Iglesia la condición de "sociedad perfecta". Y Franco firmaba con esta declaración a Pío XII: "Postrado ante Su Santidad, besa humildemente vuestra sandalia el más sumiso de vuestros hijos". Todo el mundo tiene su momento de humor. El caso es que la Iglesia no es una sociedad más, y no sólo por su naturaleza religiosa. Es la más antigua y experimentada empresa. La que fue "gran señora feudal" continúa a ser la mayor propietaria de patrimonio catastral. En la actual depresión, hay paganos, incluso cristianos, que critican la exención tributaria de la Iglesia, al tiempo que recibe miles de millones (10.000, el pasado año) en transferencias del Estado. ¿Cómo definir este estatus? En la práctica, es una gran empresa privada asegurada por la financiación pública y con privilegios fiscales. La bicha de la Iglesia fue el liberalismo. Ahora ha conseguido colocarse, como quien dice, encima del pastel. ¿Para qué cambiar esa "sociedad perfecta"? Lo expresó con respetuosa ironía un paisano peregrino maravillado por las pompas del Vaticano: "¡Y pensar que empezamos con un pesebre!".

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Manuel Rivas   www.elpais.com        17-03-2012

PABLO M. DALMASSO

Publicado en General el 28 de Marzo, 2012, 23:54 por MScalona
 

Nunca Olvido

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Amanda sabe que este día veinticuatro de marzo del año dos mil trescientos setenta y seis, será  distinto a todos los demás días de su vida. Durante la semana percibió el peligro inminente filtrándose bajo su piel. Sin embargo, cree que ya es tarde: no existe siquiera la posibilidad de limitar los daños.

Acaba de escuchar el discurso y de silenciar el proyector de la pared oeste, nunca prestó demasiada atención a las noticias, pero todos los canales tienen la misma imagen y los mismos sonidos imposibles de evitar. Sin saber bien qué hacer, se acerca a la ventana y observa las luces de las pantallas dispuestas sobre las calles; el mensaje en las mismas sigue repitiéndose una y otra vez, como si se hubiese roto el archivo, o como la harta reiteración de las pautas ocultas en las películas infantiles.

Todas las cámaras están activas, girando a trescientos sesenta grados, aunque a esta hora deberían funcionar fijas, para el control mínimo de seguridad. La mayoría de los ciudadanos están paralizados detrás de las puertas, nadie se anima a quebrar la norma. Y muchos están orgullosos de ver llegar  la era del rígido control que tanto reclamaban.

 Amanda ya no tiene  hambre, guarda los cubos nutritivos en la heladera y comienza a preparase un té con sabor a selva negra,  necesita quitar de su lengua el sabor del peligro. Se contiene de llamar a alguno de sus compañeros del instituto, podría ser peligroso. No vale la pena telecoferenciar a su familia, que aunque debe estar preocupada,  no debe entender nada.

El humilde cubículo inmobiliario consta, como la mayoría de los demás alojamientos, de una heladera solar, una cocinera eléctrica, una camera reversible, una almacenera para la ropa y los concentrados nutritivos. Los baños químicos comunitarios están ubicados en la terraza del edificio, junto a las lavaderas y secaderas eólicas.

En la pantalla de teleconferencias, de la pared este del cuarto se reflejan varías llamadas, la mayoría de sus alumnos, seguramente están sintiendo su mismo desconcierto. Pero ella no sabe qué decirles, la situación presente denota el irrefutable hecho de que en algo les ha fallado y le da vergüenza reconocérselo a ellos también.

Amanda recoge sus cabellos celestes en un tenso rodete y observa la pantalla del computador que ocupa por completo la pared sur de la habitación, se sienta en canastillas y suspira abatida.  Sabe que en algún lugar escuchó las palabras con las que el gran general tituló su discurso, pero no logra encontrar el recuerdo informativo. Intenta abrir la página buscadora, pero la red por primera vez, no funciona. Era de suponerse, a partir de ahora todo será restricción y repetición.

Alguien golpea a su puerta, se incorpora y cuando observa la pantalla sobre la abertura, no hay nadie. Abre la portezuela y se encuentra con un objeto extraño a sus pies, mira a ambos lados del pasillo y estando segura de que está sola, toma el artículo de forma cuadrada y cierra la puerta suavemente.  Luego de depositarse en el centro del cuarto, inspira profundamente y retira la funda que cubre al objeto. Intenta tomarlo por el borde superior pero el cuadrado se abre como una flor, dejando al descubierto cientos de hojas unidas desde el borde izquierdo. Sin lograr salir del asombro recorre el papel y se detiene en lo que parece un capítulo. Allí están las palabras, subrayadas y en negrita, las mismas palabras escritas sobre el zócalo del discurso del Gran General. Comienza a leer vorazmente la información, algunas partes del texto están ilegibles por  manchas verduzcas:

Proceso de Reorganización Nacional es el nombre con el que se autodenominó la dictadura cívico-militar que gobernó la Argentina entre 1976 y 1983 a partir de un golpe de estado que derrocó al gobierno constitucional de (…)  instaló en su lugar una junta militar encabezada por los comandantes de las tres Fuerzas Armadas. Esta etapa, a la que suele referirse simplemente como "el Proceso", es considerada la dictadura más sangrienta de la historia argentina. Se caracterizó por el terrorismo de estado, la constante violación de los derechos humanos, la desaparición y muerte de miles de personas, el robo sistemático de recién nacidos y otros crímenes de lesa humanidad. Un largo derrotero judicial y político ha permitido condenar a parte de los responsables en juicios que (…)

La violencia política, que se venía incrementando significativamente desde fines de los años sesenta, fue la principal justificación utilizada por los golpistas para derrocar al gobierno constitucional, aunque la mayoría de los analistas coinciden en que dicha justificación encubría la voluntad de imponer en el país un régimen económico neoliberal, a tono con los requerimientos y exigencias que planteaban en esos momentos el Fondo Monetario Internacional y los Estados Unidos a los países latinoamericanos.

La Junta Militar llevó a cabo una acción represiva en la línea del terrorismo de Estado conocida mundialmente como la Guerra Sucia, coordinada con otras dictaduras instaladas en los países sudamericanos mediante el Plan Cóndor, que contó con el apoyo de los principales medios de comunicación privados e influyentes grupos de poder civil, la protección inicial del gobierno de los Estados Unidos y la pasividad de la comunidad internacional (…)

El gobierno secuestró, torturó y ejecutó clandestinamente a miles de personas, que luego serían denominados «los desaparecidos», (…)  fueron ejecutados y enterrados en fosas comunes o arrojados al mar desde aviones militares (…)*

Amanda cierra asustada el objeto, no puede leer más, lo arroja compulsivamente hacia un rincón de su cuarto; no debe ser cierto, piensa. En ninguno de los textos del centro de datos de "La Educación Nacional Domiciliaria" figuran esos sucesos. Tampoco aparecen en los "Archivos Históricos Reciclados de la Guía de estudio Universitaria". Medita también acerca de lo absurdo del comportamiento humano, que arrebata vidas por cuestiones económicas de poder y también sobre la falta de creatividad de aquellos que creen que matando a personas, podrán acallar las ideas. Matan arbitrariamente por carecer de verdaderas armas, piensa. Pero por sobre todo se asombra de su ignorancia, que ha resultado ser el instrumento más beneficioso de ellos, que ni siquiera necesitan renombrar la masacre que vendrá y que, irónicamente, pocos tal vez vieron venir.

Lo que está proyectado fijamente en el papel es tan similar a lo que está aconteciendo: varias son las diferencias. Las tensiones actuales son debidas a los recursos hídricos y el golpe proviene desde otros sectores, pero entre las similitudes, está la Iglesia, siempre presente, y los grandes monopolios tecno-informativos.

Amanda se siente una estúpida, pero sabe que ya es tarde, no hay tiempo para pensar en las culpas sociales, tendría que haber escuchado a sus amigos. Nunca quiso participar de las agrupaciones emergentes, la política siempre le había parecido un arte oscuro, pero ingenuamente ha obviado la triste realidad de que alguien tome provecho de su pasividad y alienación.

Con la intención de hacer algo práctico se acerca a la jaula de los pájaros y  observa los dos canarios que la miran fijamente. Abre la puertecilla:  Hugin y Munin se acercan cabizbajos hacia la abertura, Amanda abre la ventana y la brisa que ingresa al cuarto los alienta a marcharse, sin cantar, iluminados por la luz de la luna, que cuelga sobre el horizonte.

Apaga las pantallas, todas las luces, y se acomoda en la penumbra,  huérfana de esperanzas.  Observa por la ventana abierta que miles de hojas descienden por los aires, pero los árboles todavía continúan vestidos, el otoño del país ha comenzado, aunque a la primavera de la naturaleza le quedan varias semanas. La historia que no tiene permitido retroceder, se repite.

A lo lejos, a varias cuadras del departamento de Amanda, una mujer siente la  corriente eléctrica emanar de la picana, descargando la dolorosa energía sobre sus ya maltrechos dientes. Caen de su boca un hilo de sangre tibia, saliva espesa  y un nombre, que emerge como un alarido y retumba en el salón.

En ese mismo instante la piel de Amanda se hiela y sus ojos comienzan a esfumarse, el cabello se desprende de su cabeza hasta desintegrarse por los aires, sus brazos se desarticulan y desprenden, fundiéndose en las baldosas azules de la pieza. Las prendas de vestir caen al perder el sostén y el cuarto queda entonces humanamente vacío, Amanda, como muchos otros, ha desaparecido.

*http://es.wikipedia.org/wiki/Proceso_de_Reorganizaci%C3%B3n_Nacional

Pablo Miguel Dalmasso

DIANA MOLINILLO

Publicado en relatos el 28 de Marzo, 2012, 23:54 por MScalona

Vacío y libre

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Conté nuevamente y me dio 13 la puta que los parió, no es que yo sea un pelotudo supersticioso, pero en realidad, me tranquilicé cuando llegó el líder aparentemente descansado y con su camisa a cuadritos, que parece siempre la misma te tranquiliza no es que yo tenga miedo, pero me levanté a las cinco y hace poco que salí de la obra y me vine aquí sin poderme bañar, con el calor que hace, creo que 42 grados a la sombra y la sala en la que estamos todos amontonados no es el lugar ideal para un día como hoy el doctor es el nombre que le dicen habla sobre el Operativo qué mierda quiere decir operativo? yo estoy contento porque esta vez me van a dar un arma y voy a poder ajustar cuentas y ahora, además del calor, siento la pierna de la Mercedes, esa que es hija de un juez, creo y que el otro día después de hablar y hablar, Negro, me decía, esto y aquello y después, cuando todos se fueron, me dijo me querés coger? y ahí nomás se desvistió y le dimos fuerte qué puta la mina! ni las de la villa le hacen sombra. Y ahora, dale, me refriega la pierna y me mira y yo sé lo que está pensando, porque pienso lo mismo, pero me importa más el arma, esa que me van a dar hoy y ya me parece ver la cara del milico de mierda ese que le pegó el tiro al curita que venía a la villa todos los días y lo ayudó al Miguel cuando le pasó aquello con el pegamento, y que el día que el viejo le pegó una patada en la panza a la vieja borracho como siempre y la vieja que estaba preñada empezó a sangrar y sangrar y parecía que nunca paraba y el curita vino con el doctorcito ese y la levantaron y la llevaron con la carrindanga que tiene y que parece que se le va a deshacer en cualquier momento y la llevaron al hospital y después, mucho después, cuando la pude ver, a la vieja se le empezaron a caer unos lagrimones grandes y estaban calientes y yo creí que era por el pendejo que se le había muerto, y le dije, mama, somos muchos y ella me dijo, no, Negro, me vaciaron toda y lloro porque soy libre, por fin, libre, y me dí cuenta de lo que decía porque el viejo, que había venido un ratito, ya sabía y decía que ya no tenía mujer, que ahora se iba a tener que ir a buscar a la puta de enfrente porque la vieja era machorra. Y en la sala, el calor era cada vez más fuerte y yo oía revolución, justicia social y otras cosas que nunca entiendo para que las dicen los pelotudos esos, compañeros de la Mercedes, que vienen de la Facu y que hablan y hablan y yo me duermo con el calor que hace, pero casi siento las lágrimas de la vieja y cuando me despierto con el ruido y los gritos y veo de refilón una bota y un Fal, , siento que me corre por la cara algo caliente y lo saboreo y tiene un gusto casi salado, como las lágrimas de la vieja y me siento flotar, como ella, vacío y libre.

JAVIER CHIABRANDO: la sinécdoque CAPARRÓS

Publicado en Aguafuerte el 27 de Marzo, 2012, 10:05 por MScalona

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CONTRATAPA

Paradojas de la sinécdoque

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Por Javier Chiabrando

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Ya se sabe, los argentinos inventamos y exportamos vender buzones, gato por liebre, la rabona y el choripán. Y si bien no inventamos la sinécdoque, creo que la estamos llevando a la cúspide de sus posibilidades si de confundir se trata. Según la Real Academia Española (gallegos que la saben lunga), sinécdoque es la forma de "designar un todo con el nombre de una de sus partes". Traduciendo: "Es la parte por el todo". La sinécdoque es parte de nuestra vida cotidiana. Cuando usted dice "este fin de semana me hice un flor de asado", está usando una sinécdoque, porque la parte (asado), designó el todo (chorizos, morcilla, ensalada, etc.).

La televisión se nutre minuto a minuto de sinécdoque. Matan a un quiosquero en Berazategui y todos los argentinos estamos en peligro. No importa que yo viva en medio del campo y no sepa dónde queda Berazategui (de hecho no lo sé), lo que importa es que yo sienta el mismo miedo que el vecino del quiosquero. Por las dudas, los periodistas del caos hablarán del crimen en Berazategui (la parte) pero de la inseguridad en Argentina (el todo). Y si dos chicos se pelean a la salida de un boliche, todos los chicos se pelean; si uno se emborracha, hay una crisis de alcoholismo juvenil. Hasta Don Pepe usa la sinécdoque como el mejor cuando se para en la vereda de su casa con las manos a la cintura y dice: "Cómo va funcionar este país si el gobernador no es capaz de arreglar el bache de la esquina". O sea, el bache de la esquina (la parte), pasó a ser, gracias a las peripecias del discurso de don Pepe, el fracaso de un país (el todo). En lugar del bache puede ser el semáforo o la cloaca, el resultado es el mismo.

La forma de Don Pepe de argumentar es más o menos la misma que utiliza buena parte de los críticos del gobierno. Y hacen bien, porque tiene dos ventajas: 1) no hay que pensar el discurso completo; 2) y, sobre todo, no hay que proponer soluciones integrales. Hace poco, diecisiete intelectuales del carajo se juntaron para emitir un documento sobre Malvinas de ¡una página! donde sugirieron escuchar a los kelpers (¿o eran los gurkas?, siempre me confundo); luego el vacío, ninguna idea integral (que difícilmente se puede concentrar en una página). ¿Por qué voy a pensar un país completo si puedo criticar a mis enemigos con una breve sinécdoque, con una paginita, con un slogan?

En igual sentido se puede leer el documento de Plataforma 2012. Cincuenta intelectuales escriben un documento de ¡dos páginas! (en ambos casos estuve tentado a dividir las palabras por la cantidad de firmantes pero me pareció una crueldad), que es una ensalada de fragmentos sobre asuntos más o menos calientes (minería, indígenas) donde no hay una sola idea que pueda considerarse una posible solución a ninguno de esos asuntos.

El caso más notable es el de Caparrós escribiendo sobre el tarado que salió borracho a la ruta y causó la muerte de un joven, mientras un hombre llamaba insistentemente (y al divino botón) al 911. Caparrós, sinecdoqueador internacional, refugiado en las dulces aguas del diario El País de España, tan preocupado por Argentina que tiene un blogero estable para que desasne a los gallegos sobre nosotros, escribió una nota con el título "El fracaso de todos" (sinécdoque pura; un salame causa una tragedia y todos somos culpables). La nota decía: "La demostración de que el Estado argentino fracasó (...) un Estado que recauda millones y millones so pretexto de ofrecer a cambio salud, educación, orden, seguridad, no es capaz de detener a un energúmeno lanzado a cien por hora por una ruta nacional".

Lo que este sinecdoqueador no dice, porque si lo dijera la sinécdoque se desarticularía, y la miseria de su pensamiento quedaría expuesto en primer plano, es que el destinatario final de su nota no es el Estado sino el gobierno y más aún la presidenta. Este sinecdoqueador utiliza su inteligencia, que la tiene ?-sino los gallegos no lo habrían elegido para que les enseñe sobre Argentina?-, para confundirnos y para darle letra a los que piensan más o menos como él, porque estos planteos, que parecen más bien nacidos del resentimiento que del pensamiento, anulan el verdadero pensamiento del disenso. ¿Por qué? Porque son caramelos gratis y espejitos de colores, lo suficientemente fáciles de recoger y de diseminar como para que cualquier entusiasta lo repita (como suele suceder en estos casos, transformándolo en un mail masivo) sin necesidad de entenderlo del todo. ¿Si Caparrós, que escribe en El País de España, no llega más lejos y más profundo, por qué Don Pepe no va a descreer de todo un país si en la esquina de su casa tiene un bache?

La sinécdoque puede ser: a) una forma inteligente de argumentación o de exposición; b) una forma torpe y grosera. Don Pepe es ignorante de que el que tiene que arreglarle el bache es el intendente y no el gobernador (parece exagerado, pero hay gente que culpa a la presidenta de toda crisis docente e ignora que los sistemas educativos son provinciales o municipales). Caparrós y otros lo hacen desde la inteligencia, o si prefiere, desde la picardía. Sea como sea, provenga de donde provenga, a la sinécdoque como argumentación siempre hay que desarticularla con inteligencia. Y somos nosotros, los destinatarios, los lectores, los oyentes, los que nos vemos obligados a desarticular los argumentos de Don Pepe y de Don Martín apelando a la alta inteligencia, única forma posible. Es más fácil putearlos o ignorarlos, créame.

Creo que era Umberto Eco el que solía contar en sus cursos una especie de fábula: "Una mujer toma un taxi que debe llevarla al aeropuerto en plena noche, el taxi se descompone y la mujer debe cruzar un bosque oscuro a pie donde es asesinada". Cuando Eco preguntaba quién tenía la culpa de la muerte, la mayoría decía al que no iluminó el bosque, al que programó los vuelos de noche, al taxista; y pocos elegían al asesino. Tal vez es una tendencia natural del hombre de esta época buscar siempre responsabilidades en el sistema o en la sociedad, como si la vida fuera una canción de Pastoral. Tal vez es una de las enseñanzas que nos dejó un siglo de luchas sociales, que siempre la culpa es del que organiza o digita o controla o manda, y pocas veces del que esgrime el arma o el que hace la boludez. A gente que piensa así, es fácil venderle gato por liebre o una buena sinécdoque. En definitiva, la argumentación de Caparrós se parece mucho al festejado chiste italiano de "¿piove?, governo ladro", simpático pero chiste al fin.

Pero vea qué paradoja. Si la sinécdoque sirve para desacreditar el todo por una de sus partes, como hacen Don Pepe y Don Martín, también sirve para elogiar el todo por cada una de sus partes. Supongamos que me ofrecen a mí escribir un blog en el diario El País de España. Supongamos que me llama el mismísimo rey para pedirme que acepte porque el país (en este caso España) me necesita. Supongamos que mi blog sale al mismo tiempo que el de Caparrós. Y que yo escribo sobre los éxitos del gobierno (o del Estado) al mismo tiempo que él alerta sobre el fracaso de todo un país (presidenta incluida) por las peripecias de un borracho. ¿Usted aceptaría que yo le dijera que Argentina es un gran país porque durante un mes los aviones de Aerolíneas salieron a horario? ¿Usted compraría ese buzón? ¿Entonces por qué hay tanta gente que compra el otro, que es tan burdo como éste?

Qué diría usted, que lee mis contratapas con deleite, y a veces con la boca abierta de fascinación, si yo escribiera: "En Mendoza un policía socorrió a una mujer a punto de parir; el bebé nació sano y tanto él como la madre se encuentran bien; el Estado ha cumplido una vez más y ha demostrado que atiende cada una de las necesidades de sus ciudadanos". ¿Usted me creería? La verdad es que suena abominable y muy parecido a las propagandas de la vieja Rusia, cuando te mostraban un barrio de casas grises construido en dos días (casas vacías, que a veces ni caños tenían) y te lo vendían como otro éxito del Estado. Poco importaba que el déficit habitacional del país fuera de ocho cifras.

Hay que desconfiar tanto de ese tipo de chupamedias como de esos críticos que a la hora de pensar caen en lo que podríamos llamar el efecto Twitter: poco por acá, poco por allá, y luego silencio, sobre todo silencio de ideas. O mejor dicho: muchas chicanas, pocas ideas. Por último: si a usted esta contratapa le pareciera estúpida eso no significa que todo el diario lo sea. Si la contratapa le parece brillante, es probable que el diario lo sea. Paradojas de la sinécdoque.

SOSTIENE TABUCCHI - 2º parte

Publicado en De Otros. el 25 de Marzo, 2012, 20:44 por MScalona

LOS  TRES ÚLTIMOS DÍAS DE

FERNANDO PESSOA

 

 

 

28 de noviembre de 1935

 

 

1

 

 

Antes tengo que afeitarme, dijo él, no quiero ir al hospital con esta barba, se lo ruego, vaya a llamar al barbero, vive en la esquina, es el señor Manacés.

Pero es que no hay tiempo, señor Pessoa, replicó la portera, el taxi está ya en la puerta, sus amigos han llegado y ya están esperándolo en el recibidor.

No importa, respondió, todavía queda tiempo.

Se arrellanó en la pequeña butaca donde el señor Manacés acostumbraba a afeitarlo y se puso a leer las poesías de Sá-Carneiro.

 

El señor Manacés entró y le dio las buenas noches. Señor Pessoa, dijo, me han dicho que se encuentra bien, espero que no trate de nada grave.

Le colocó una toalla alrededor del cuello y empezó a enjabonarlo. Cuénteme algo, dio Pessoa, usted, señor Manacés, conoce muchas anécdotas interesantes y ve a mucha gente en su establecimiento, cuénteme algo.

 

Pessoa se puso un traje oscuro que se había hecho confeccionar hacía poco, se anudó la pajarita, se colocó las gafas. No hacía frío, pero fuera estaba lloviendo. Por eso se puso su gabardina amarilla, cogió una pluma y una libreta y empezó a bajar las escaleras.

En mitad de las escaleras se encontró con sus amigos Francisco Gouveia y Armando Teixeira Rebelo. Tenían una expresión preocupada y sostenían en las manos sus paraguas goteantes. Vamos contigo, dijeron al unísono. Pessoa esbozó una sonrisa distraída. Sentía un agudo dolor en el costado derecho que le impedía ser cordial. Los dos amigos le ofrecieron el brazo para ayudarlo bajar, pero él no lo aceptó y se sujetó a la baranda. En el vestíbulo vio al señor Moitinho de Almeida, su jefe, que estaba cuchicheando con el taxista. Yo también voy, señor Pessoa, dijo con premura el señor Moitinho de Almeida, prefiero ir yo también, no puedo dejarlo marchar así.

No se moleste, señor Moitinho de Almeida, respondió Pessoa con un susurro, ya tengo dos amigos que me acompañan, no se moleste.

Pero el señor Moitinho de Almeida parecía estar decidido, le abrió la puerta delantera, Pessoa entró junto al taxista y sus tres acompañantes se acomodaron en el asiento de atrás.

 

Mientras iba en el coche, miró despaciosamente por la ventanilla la cúpula de la basílica de la Estrela. Era hermosa, aquella basílica, con su inmensa cúpula barroca y la fachada ornamentada. Era allí, delante mismo, en el jardín, donde muchos años antes se citaba con Ophélia Queiroz, su único gran amor. En el banco del jardín de la Estrela se  intercambiaban tímidos  besos y solemnes promesas de amarse para siempre.

Pero mi vida ha sido más fuerte que yo y que mi amor, musitó Pessoa, perdóname, Ophélia, pero yo debía escribir, debía sólo escribir, no podía hacer otra cosa, y ahora todo ha concluido.  

El taxi pasó delante del Parlamento y después enfiló la Calçada do Combro. En aquella zona había vivido un tiempo, muchos años antes, en una habitación de alquiler. La propietaria era doña Maria das Virtudes, se acordaba perfectamente, era una señora de sesenta años, de pecho abundante y pelo teñido de rubio, que por las noches lo invitaba a beber su licor de cerezas y a participar en sus sesiones de espiritismo. Se ponía en contacto con su difunto marido, el brigada Pereira, y mantenía largas conversaciones con él sobre las guerras de África y sobre el precio de los pimientos. Después bebían un vasito de ginjinha, comían una guinda y Pessoa se despedía diciendo: Buenas noches, doña Maria das Virtudes, y que tenga felices sueños. Se retiraba a su alcoba. En aquellas noches estaba en contacto con Bernardo Soares y escribía en su lugar El libro del desasosiego. Se despertaba al amanecer para ver las gradaciones de las luces que cambiaban sobre Lisboa y las anotaba en un pequeño cuaderno forrado en piel que le había mandado su madre desde Sudáfrica.

 

Cuando llegaron a Rua Luz Soriano los hizo para un policía. No se puede pasar, dijo el policía, la calle se encuentra ocupada por un acto nacionalista, hay una banda y todas esas cosas, hoy la ciudad está de fiesta.

El señor Moitinho de Almeida se asomó por la ventanilla. Soy el señor Moitinho de Almeida, dijo con autoridad, tenemos que llegar hasta la clínica de Sao Luís dos Franceses, llevamos a un enfermo.

El policía se quitó la gorra y se rascó la cabeza. Mire, señor, dijo, les permito que hagan un pequeño desvío, es dirección prohibida, pero dadas las circunstancias pueden hacerlo, giren aquí por la derecha, después cojan a la izquierda y se encontrarán en el Barrio Alto. Pessoa sonrió porque lo había reconocido. Era Coelho Pacheco, un raro heterónimo suyo, uno que había escrito poesía en una sola ocasión, creando un poema oscuro y visionario, de estilo neogótico. ¿Qué hacía Coelho Pacheco disfrazado de policía? Quizá lo hubiera mandado el Maestro para que le preparara el buen camino. Pessoa levantó una mano y le hizo una señal esotérica. También Coelho Pacheco le hizo una señal esotérica, y el taxi cogió la primera calle a la derecha.

 

En la recepción del hospital había una enfermera que cabeceaba. El señor Moitinho de Almeida le habló, preguntó por el médico de guardia, dijo que se trataba de un caso urgente.

Pessoa se sentó en un sillón y empezó a soñar. Veía retazos de su infancia y oía la voz de su abuela Dionísia que había muerto en un manicomio. Fernando, le decía su abuela, tú serás como yo, de tal palo tal astilla, y durante toda tu vida me tendrás como compañía, porque la vida es una locura y tú sabrás cómo vivir la locura.

Acompáñeme, dijo el médico, y lo cogió del brazo sosteniéndolo. Lo condujo hasta una salita donde había una camilla y un fuerte olor a desinfectante. Desnúdese, ordenó el médico. Pessoa se desnudó. Túmbese, ordenó el médico. Pessoa se tumbó. El médico empezó la revisión, palpándole el cuerpo. Cuando llegó a la altura del hígado, Pessoa emitió un gemido.  ¿Desde cuándo se encuentra mal?, preguntó el médico. Desde esta tarde, respondió Pessoa. ¿Y qué síntomas ha notado?, preguntó el médico. Fuertes dolores, respondió Pessoa, y un vómito verde.

El médico llamó a la enfermera y le dijo que acomodara al paciente en la habitación número cuatro. Después cogió la hoja de registro y escribió en el parte clínico: “Cirrosis hepática.”

Pessoa saludó a sus amigos. El señor Moitinho de Almeida quería quedarse, pero Pessoa lo despidió con amabilidad. A los otros dos les dio un rápido abrazo. Dejadme, queridos amigos, dijo, es posible que esta noche y mañana reciba alguna visita, nos veremos pasado mañana.

 

La habitación era una estancia modesta, con una cama de hierro, un armario blanco y una pequeña mesa. Pessoa se metió en la cama, encendió la luz de la mesilla de noche, reclinó la cabeza sobre la almohada y se pasó una mano por el costado derecho. Por fortuna, ahora los dolores se habían atenuado, la enfermera le llevó un vaso de agua y unas gasas, después dijo: Perdóneme, pero debo ponerle una eyección, se la ha recetado el médico.

Pessoa pidió una dosis de láudano, que era un somnífero que acostumbraba tomar cuando, como Bernardo Soares, no conseguía dormirse. La enfermera se lo llevó y Pessoa se lo bebió. Me llamo Catarina, dijo la enfermera, cuando necesite algo toque el timbre y acudiré inmediatamente.

 

 

2

 

 

¿Qué hora es?, preguntó Pessoa.

Es casi medianoche, respondió Alvaro de Campos, la mejor hora para encontrarse contigo, es la hora de los fantasmas.

¿Por qué has venido?, preguntó Pessoa.

Porque si vas a marcharte hay algunas cosas de las que tenemos que hablar, respondió Alvaro de Campos, yo no sobreviré a tu muerte, partiré contigo, antes de sumergirnos en la oscuridad tenemos que hablar de algunas cosas.

Pessoa se incorporó sobre las almohadas, bebió un trago de agua y preguntó: ¿Qué estas tramando?

Querido mío, respondió Alvaro de Campos, noto con placer que no me llamas ingeniero ni me tratas de usted, que te diriges a mí con familiaridad.

Claro, respondió Pessoa, tú has entrado en mi vida, me has sustituido a mí, eres tú quien hizo que acabara mi relación con Ophélia.

Lo hice por tu bien, replicó Alvaro de Campos, aquella muchachita emancipada no le convenía a un hombre de tu edad, ese matrimonio habría sido un error. Y además, mira, todas aquellas cartas de amor son ridículas, creo que todas las cartas de amor son ridículas, en fin, te protegí del ridículo, espero que me estés agradecido.

Yo la amaba, susurró Pessoa.

Con un amor ridículo, replicó Alvaro de Campos.

Sí, claro, es posible, respondió Pessoa, pero ¿y tú?

¿Yo?, dijo Campos. Yo, bueno, a mí me queda la ironía, he escrito un soneto que nunca te he mostrado, habla de un amor que te incomodará, porque está dedicado a un jovencito, un jovencito al que amé y que me amó en Inglaterra, resumiendo, a partir de este soneto nacerá la leyenda de tus amores reprimidos, y algunos críticos se frotarán las manos. 

¿Has amado de verdad a alguien?, susurró Pessoa.  

He amado de verdad a alguien, respondió en voz baja Campos.

Entonces yo te absuelvo, dijo Pessoa, te absuelvo, creía que en tu vida sólo habías amado la teoría.

No, dijo Campos acercándose a la cama, también he amado la vida, y si en mis odas futuristas y furibundas nada me he tomado en serio, si en mis poesías nihilistas todo lo he destruido, hasta a mí mismo, has de saber que en mi vida yo también he amado, con consciente dolor.

Pessoa levantó una mano e hizo una señal esotérica. Dijo: Te absuelvo, Alvaro, ve con los dioses sempiternos, si has tenido amores, si has tenido solo un amor, estás absuelto, porque eres un ser humano, es tu humanidad la que te absuelve.

            ¿Puedo fumar?, preguntó Campos.

            Pessoa hizo un gesto afirmativo con la cabeza. Campos sacó del bolsillo una pitillera de plata y cogió un cigarrillo, lo colocó en una larga boquilla de marfil y lo encendió. Sabes, Fernando, dijo, siento nostalgia de cuando era un poeta decadente, de la época en que hice aquel viaje en trasatlántico por los mares de Oriente, ah, entonces habría sido capaz de escribir versos a la luna, y, te lo aseguro, por la noche, en la cubierta, cuando había bailes a bordo, la luna era tan plenamente escenográfica, tan plenamente mía. Pero en aquel tiempo yo era un estúpido, ironizaba sobre la vida, no sabía gozar de la vida que me había sido concedida, y así perdí la oportunidad, y mi vida se ha disipado.

            ¿Y después?, preguntó Pessoa.

            Después empecé a querer descifrar la realidad, como si la realidad fuera descifrable, y llegó la desazón. Y con la desazón, el nihilismo, después ya no he creído en nada, ni siquiera en mí mismo. Y hoy estoy aquí, en la cabecera de tu cama, como un trapo inútil, he hecho las maletas para ir a ninguna parte, y mi corazón es un recipiente vacío. Campos fue hacia la mesa y aplastó la colilla en un platito de porcelana. Bien, querido Fernando, dijo, necesitaba decirte estas cosas ahora que quizás estemos a punto de separarnos, tengo que irme, vendrán también los otros a verte, lo sé, y a ti ya no te queda demasiado tiempo, adiós.

            Campos se puso la capa sobre los hombros, se ajustó el monóculo en el ojo derecho, hizo un rápido gesto de despedida con la mano, abrió la puerta, se paró un instante y repitió: Adiós, Fernando. Y después susurró: Tal vez no todas las cartas de amor sean ridículas. Y cerró la puerta.

 

 

3

 

 

            ¿Qué hora era? Pessoa no lo sabía. ¿Era de noche? ¿Había llegado ya el día? Vino la enfermera y le puso otra inyección. Pessoa ya no notaba el dolor en el costado derecho. Ahora se encontraba en un estado de extraña paz, como si una niebla hubiera descendido sobre él.

            Los otros, pensó, ahora vendrían los otros. Naturalmente, quería saludarlos a todos antes de marcharse. Pero un encuentro le tenía preocupado, el encuentro con el Maestro Caeiro: porque Caeiro venía desde el Ribatejo y tenía una salud precaria. ¿Cómo vendría a Lisboa, tal vez en una calesa? Es verdad que Caeiro ya estaba muerto, pero todavía estaba vivo, permanecería eternamente vivo en aquella casa encalada del Ribatejo desde donde contemplaba con ojo implacable el transcurrir de las estaciones, la lluvia invernal y la canícula del verano.

            Oyó que llamaban a la puerta y dijo: Adelante.

            Alberto Caeiro llevaba una chaqueta de pana con el cuello de piel. Era un hombre del campo y se veía en su ropa.

            Ave, Maestro, dijo Pessoa, morituri te salutant. Caeiro se acercó al pie de la cama y se cruzó de brazos. Mi querido Pessoa, dijo, he venido para decir una cosa, ¿me permite que le haga una confesión?

            Se lo permito, replicó Pessoa.

            Pues bien, dijo Caeiro, cuando a usted le despertaba durante las noches un Maestro desconocido que le dictaba sus versos, que le hablaba del alma, pues bien, ha de saber que ese maestro era yo, era yo quien se ponía en contacto con usted del Más Allá.

            Lo suponía, mi amado Maestro, dijo Pessoa, suponía que se trataba de usted.

            Sin embargo, tengo que pedirle disculpas por haberle provocado tantos insomnios, dijo Caeiro, noches y noches en que usted no ha dormido y ha permanecido escribiendo como si estuviera en trance, siento remordimientos por haberle causado tantas molestias, por haber ocupado su alma.  

Usted ha contribuido a mi obra, respondió Pessoa, usted ha guiado mi mano, me ha provocado insomnios, es verdad, pero para mí han sido noches fecundas, porque ha sido durante la noche cuando ha nacido mi obra literaria, la mía es una obra nocturna.

Caeiro se quitó la chaqueta y la colgó en la cabecera de la cama. Pero no es ésta la única cosa que quería decirle, susurró, hay un secreto que quisiera confesarle, antes de que las distancias interestelares nos separen, pero no sé cómo decírselo.

Pues dígamelo con toda normalidad, dijo Pessoa, como me diría cualquier otra cosa.

Verá, respondió Caeiro, yo soy tu padre. Hizo una pausa, se alisó sus escasos cabellos rubios y continuó: Yo he desempeñado el papel de su padre, de su verdadero padre, Joaquim de Seabra Pessoa, que murió de tisis cuando usted era un niño. Pues bien, yo he ocupado su lugar.

Pessoa sonrió. Lo sabía, dijo, siempre le he considerado mi padre, incluso en mis sueños ha sido usted siempre mi padre, no tiene nada que reprocharse, Maestro, créame, para mí usted ha sido un padre, aquel me ha dado la vida interior.

Y sin embargo yo siempre he llevado una existencia sencilla, replicó Caeiro, he vivido brevemente en una casa de campo en compañía de una tía abuela, he hablado sólo del tiempo que pasa, de las estaciones, de los rebaños.

Sí, confirmó Pessoa, pero para mí usted ha sido un ojo y una voz, un ojo que describe, una voz que enseña a los discípulos, como Milarepa o Sócrates.

Yo soy un hombre casi sin instrucción, dijo Caeiro, mi vida ha sido muy sencilla, se lo repito, en cambio usted ha tenido una vida intensa, ha asumido las vanguardias europeas, ha inventado el Sensacionismo y el Interseccionismo, ha sido asiduo de los cafés literarios de la capital, mientras que yo pasaba mis veladas haciendo solitarios con las caretas a la luz de una lámpara de petróleo, ¿cómo es posible que me haya convertido en su padre y su Maestro?

La vida es indescifrable, respondió Pessoa, nunca hay que preguntar, nunca hay que creer, todo está oculto.

Sí, continuó Caeiro, pero insisto, ¿cómo es posible que me haya convertido en su padre y su Maestro?

Pessoa se incorporó sobre las almohadas. Respiraba con dificultad y la habitación ondulaba ante sus ojos.

Verá, querido Caeiro, respondió, el hecho es que yo necesitaba un guía y un coagulante, no sé si me explico, de otro modo mi vida se hubiera hecho mil pedazos, gracias a usted he encontrado una cohesión, en realidad soy yo quien lo eligió a usted como padre y Maestro.

Entonces le voy a dar un regalo que le he traído, dijo Caeiro, son unos pocos versos escritos en prosa, que jamás publicaré, ahora que usted me abandona se los diré de viva voz, son el testimonio de mi afecto por usted. Caeiro sacó una hoja del bolsillo, acercó el papel a sus ojos, porque era miope, y leyó: En estos largos años siempre he contemplado la luna, pero con la mirada nítida he seguido a mi hijo y discípulo, para que mi mirada pudiera ser su mirada, para que la colina que traza mi horizonte pudiera ser su horizonte modesto y magnífico.

Es un poema bellísimo, dijo Pessoa, se lo agradezco, Maestro Caeiro, me lo llevaré conmigo al Más Allá.

Usted ha escrito tantas poesías por mí, continuó Alberto Caeiro, yo también quería despedirlo con el homenaje de una persona que siempre lo ha admirado.

Pessoa cerró los ojos un instante. Cuando volvió a abrirlos la habitación estaba desierta. Tocó el timbre para llamar a la enfermera. ¿Qué día es hoy?, preguntó.

Es la noche del veintiocho de noviembre de mil novecientos treinta y cinco, respondió la enfermera. ¿Necesita alguna cosa?

No, gracias, respondió Pessoa, sólo necesito descansar.

 

 

 

 

Antonio  Tabucchi

p.  1-7

Ed Alianza Bolsillo

 

 

VUELVE un Clásico: CICLOTIMIA

Publicado en Sugerencias. el 25 de Marzo, 2012, 20:38 por MScalona
Este martes 27 de marzo arrrancamos con todo el otoño, en el mes de la poesía vuelve el ciclo más pichipipurri de Rosario, preparate porque este año tenemos novedades asombrosas para seguir comulgando y reuniendo a los amantes de toda expresión artística…

En poesía nos

deleitarán:
- el músico, entomólogo, poeta y maestro de poetas TOMAS BOASSO (El Hit del Verano, Verguenza, La del Medio y otros hits de los 60)
- el líricodebutante LEONARDO SINGER GUISKIN, quien nos sorprenderá con sus textos inéditos y malditos (él no, sus textos)
En música, toda la energía de MAXIMILIANO MENESES LUPIS y la dulzura de NAB PRADO, músicos ciclotímicos de aquellos…

Cine Corto: la bella Aristides nos invitará a un viaje hilarante en una producción del viejo mudo.

IMPORTANTE: no se sortearán entradas para ver a Rojer Guaters, tal vez sí uno o dos porrones

————————– ————————– ————-
PRODUCE Y ORGANIZA: TRES CABEZAS PRODUCCIONES [ Fabricio Simeoni: poesia -- Erika Aristides: Teatro -- Pablo Castro L.: música ]

Entrada libre y gratuitaVer más

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Mitre 343 (esq Pasaje Zavala), 2000 Rosario, Argentina

SOSTIENE TABUCCHI

Publicado en homenaje el 25 de Marzo, 2012, 19:44 por MScalona

Fallece el escritor italiano Antonio Tabucchi

a los 68 años en Lisboa

El autor de ‘Sostiene Pereira’, ‘Nocturno hindú’ o ‘Réquiem’

padecía cáncer desde hace tiempo

El escritor italiano Antonio Tabucchi, fallecido hoy en Lisboa, en una imagen de 2010. / TEJEDERAS

Él lo confesó en alguna entrevista: muy frecuentemente soñaba en portugués. Antonio Tabucchi, el novelista italiano enamorado de Pessoa, de Lisboa, de Portugal y de la lengua portuguesa, murió la mañana de hoy domingo, a los 68 años, de un cáncer en el hospital de la Cruz Roja de la capital lusa, donde será enterrado el jueves, dando tiempo, según explicaba su viuda, a que se acerquen a Lisboa todos sus amigos franceses, italianos y españoles. Los telediarios portugueses, los boletines de radio, las ediciones digitales de los periódicos abrieron durante todo el día con la muerte de un escritor al que consideran suyo. Y su voz, en su perfecto portugués lastrado por su sonoro acento italiano, se colaba en muchas entrevistas que le recordaban y en las que, entre otras cosas, aseguraba que una gran parte de sí mismo era portuguesa. "Tengo una casa en Lisboa, mi mujer es portuguesa, mi familia es medio italiana y medio portuguesa", añadía, como explicación.

Su mitad italiana también se ha emocionado con la noticia de su muerte. No en vano Tabucchi, fue para muchos jóvenes italianos su primera relación sentimental con la literatura. Nació en Pisa en plena guerra mundial y conservó siempre la misma casa de infancia de la Toscana: "Nací el 24 de septiembre de 1943. Aquella noche los americanos empezaron a bombardear Pisa para liberarla de los nazis. Mi padre, subido en una bici, nos trajo a mi madre y a mí hasta aquí, donde vivían los abuelos".

Traducido a 40 idiomas, era el escritor italiano más conocido en el extranjero, el orgullo de una Italia de la que no estaba orgulloso en gran parte por culpa de Silvio Berlusconi. Porque Tabucchi, además de autor de obras inolvidables –Sostiene Pereira, Dama de Porto Pim, Nocturno hindú o Réquiem—, fue muchas cosas más. En Italia, por ejemplo, era notoria su actividad como apasionado de la política y brillante polemista. En los últimos años, su bestia negra –y la de Italia—era Silvio Berlusconi. Su útlimo artículos publicado, que apareció en EL PAÍS coincidiendo con la caída del anterior primer ministro, se titulaba precisamente Desberlusconizar a Italia, que empezaba así: "Los mercados europeos han 'despedido' a Silvio Berlusconi. Es un alivio saber a un monstruo semejante apartado de la vida pública. Pero no será tan fácil desberlusconizar Italia ni erradicar el microbio que ha difundido por toda Europa".

En 2004 obtuvo la nacionalidad de un país al que pertenecía, de hecho, desde hacía muchos años

Siempre supo dónde estaba. En un encuentro en Florencia en 1998, le confió al también escritor Manuel Rivas, que le preguntó, si no se sentía fuera de juego por su desencuentro con la tecnología: "Bueno, ¿sabe usted?, el fuera de juego es una posición que me conviene. En el fondo, todos los escritores están un poco fuera de juego, y sobre todo están fuera de juego los que creen que ocupan el centro del campo…".

Traductor de Pessoa

Tabucchi estudió y tradujo al mayor escritor portugués de todos los tiempos, Fernando Pessoa (1885-1935), al que también convirtió en héroe de ficción en algunos de sus escritos. Pero además se implicó a fondo, como en Italia, en la vida pública portuguesa. El secretario de Estado de Cultura, el escritor y editor Francisco José Viegas, resumió así el sentir de muchos: "Tabucchi no era solo el amigo íntimo de Lisboa, el amigo íntimo de nuestra literatura, el gran divulgador de Pessoa, era el más portugués de todos los italianos". Su novela más conocida, Sostiene Pereira, cuenta la historia de un periodista tristón, solitario y adicto a las omelettes a las finas hierbas de los cafés lisboetas que decide jugársela un día contra la dictadura de Salazar. Tabucchi no limitó su compromiso a la literatura: apoyó explícitamente a Mário Soares en su candidatura a la Presidencia de la República y, posteriormente, se presentó como candidato del Bloco de Esquerda para el Parlamento Europeo. En 2004 obtuvo la nacionalidad de un país al que pertenecía, de hecho, desde hacía muchos años antes, tal vez desde que en su juventud descubriera con asombro la obra de Pessoa y decidiera aprender portugués para poder leer sus libros en su lengua original.

Zita Seabra, responsable de la editorial Quetzal, donde Tabucchi publicó muchas de sus novelas en portugués, ha recordado a la agencia Lusa su conocimiento profundo del alma portuguesa, su rigor a la hora de aprobar las traducciones que se hacían de sus obras en portugués y su "mal genio" cuando la llamaba por teléfono porque el butano se le había acabado o el aspirador había dejado de funcionar.

La Casa de Pessoa de Lisboa le rendirá un homenaje particular: el 2 de abril organizará la lectura del único libro que Tabucchi escribió directamente en portugués, Réquiem. Antes, el jueves, será enterrado en el cementerio dos Prazeres, al norte de Lisboa, donde, en 1935, también fue enterrado Fernando Pessoa.

SILVIA MOYA

Publicado en Nuestra Letra. el 24 de Marzo, 2012, 14:54 por MScalona
  Vivimos todos lejanos y anónimos, y disfrazados, desconocidos sufrimos. Para algunos esta distancia entre un ser y ellos mismos, jamás se revela; para otros resulta de cuando en cuando iluminada, con horror o dolor, por un relámpago; para algunos ésta es la penosa constancia y cotidianeidad de la vida, que todo lo que sentimos o pensamos es una traducción , como algo que no nos atañe"

 

                                                                 Fernando Pessoa

 

 

 

A Marcos le gustaba viajar a Mendoza.  Al menos eso cree recordar.

Disfrutaba de esas reuniones multitudinarias en las que nunca terminaba de comprender los lazos de parentesco que lo ligaban a esos chicos con los que corría esquivando las mesas y el bosque de piernas de los adultos conversando, hasta quedar exhaustos, con los pelos alborotados y húmedos sobre la frente. A todos los englobaba en la categoría primos, excepto Julia. Sabía bien que Julia era su tía pese a tener 15 o 16 años. Solía estar siempre con la pollera a cuadros del uniforme de la escuela, era la encargada de organizar inagotables variantes del juego de la mancha,  rondas y  escondidas, a veces compartía esta tarea con alguna de sus amigas, compañeras de colegio o del grupo. Su padre se refería a ella como su hermanita, en realidad , en aquel entonces, ya que desde que vivían en México la tarea de recordar le era absolutamente propia, exclusiva y solitaria. El empecinamiento de Marcos por recordar era casi tan sistemático y equiparable al que su padre manifestaba en callar.

Cuando se mudaron Marcos tenía 5 años y hasta ese momento siempre habían vivido en Buenos Aires pero curiosamente de esa ciudad sólo recordaba las nauseas que le provocaba el subte y la sensación de encierro en el ascensor del departamento que, le habían dicho, quedaba en Belgrano... El resto era Mendoza.

Tenía imágenes precisas del viaje. Sentía el aire  fresco que entraba por las ventanillas del auto y le rosaba la cara, veía la luz rosada sobre la precordillera, olía la nafta y el café con leche de las estaciones de servicio de la ruta donde paraban a desayunar, veía la ciudad con las veredas lustradas, la casa, el jardín al frente, los pinos y la bisabuela sentada en la puerta en su mesedora.

Era divertido sentarse en la falda de de la bisa, ella le prestaba el bastón y él jugaba a conducir una nave imaginaria mientras se hamacaban juntos en el sillón. Recordaba con nitidez el volumen del abdomen y los senos aplastados en los que se le hundía la espalda.

- Dale un beso a la nonita- le había dicho su padre cuando se subían al auto para volver a Buenos Aires.

- No quiero- dijo Marcos decidido y terminante. No le gustaba dar besos y además lo ponía de muy mal humor que su padre le dijera lo que debía hacer, sin mediar más palabras ni explicaciones que la mera orden.

-Dejalo- dijo la abuela con una sonrisa pícara, casi cómplice.

Antes que el auto arrancara se besó la mano y sopló para impulsar el beso hasta él; pero Marcos estaba tan fastidiado con su padre que no tuvo ánimo de corresponder al gesto de ternura de la anciana.

El siguiente viaje fue el último y diferente a todos los anteriores. Su padre hablaba con la hermana mayor de la venta de la casa, de dinero, revisaban papeles...

No hubo reuniones, ni juegos de escondidas.

No pudo, no supo, o no quiso preguntar por Julia ni por los primos.

-¿Y la nonita?

La tía Irene se agachó hasta su estatura para responder:

- Se fue al cielo porque estaba viejita.

- Ah... sí- dijo Marcos, serio y convencido - YO la maté.

 

                                                                                                                   -

                                                                     Silvia Moya

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SILVIA también es modelo 2012, pero se nota mucho rodaje escrito.

Asombra la precisión formal y la fina elusión, tanteo, ambigüedad, con que

avanza lo fáctico.

ALEJANDRA RODENAS

Publicado en Nuestra Letra. el 24 de Marzo, 2012, 14:36 por MScalona

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Me estoy escribiendo hace tiempo.

No se si hablo sola, nadie me lo dijo todavía, pero tampoco es un soliloquio vespertino, romántico o aliviador.

Le estoy escribiendo a la higuera sudorosa de la casa de la infancia en Córdoba y al gajo que planté en mi casa de ahora, que apenas supo darme unos higos a destiempo. Aguachentos.

Quién puede endulzar una boca que me espera hace tiempo con un elixir inconsistente, de esos que se derraman cuando ya no hay más nada para ofrecer, ni saliva, ni piel, ni olvido.

He decidido empezar por la operación de mi cuello, por la muerte cercana, por el dolor de la cicatriz, por el cansancio de mi madre, por su belleza irredenta y fugaz.

La pintura de la escalera que me lleva al salón del taller es al aceite, o algo así, parecida a la textura de las paredes de la casa de mi abuela materna.

Vivía a cinco cuadras de aquí, no era buena, pero tenia una biblioteca enorme, cerrada con llave. Una biblioteca con un vitreaux rosa y violeta, verde y azul.

 Mis primos bendijeron su arterioesclerosis y encontraron las llaves envueltas en un saquito de angora y un rosario perfumado. Algunos celebraron a la otra llave, la de la alacena, la de los licores, las conservas en grapa.

María y yo nos sumergimos en los libros; ella, en la Biblia de papel de seda y yo, en las Obras completas de García Lorca.

Hablás como Bernarda Alba, me dijo mi hermana en la clase de declamación del colegio. Y vos me tenés harta con las cinco de la tarde y Sanchez Mejía; porque le gusta a papá te lo aprendiste, nada más que por eso.

Lengua como daga, y la cicatriz.

Todo quedaba cerca de aquí.

La casa de la abuela mala, la biblioteca violada, sus ensoñaciones escleróticas, el colegio, Aricana, el taller de Beatriz, los desconsuelos de mi madre, tus manos, el aliento entrecortado de la subida de Laprida, la espalda de la ciudad, el otoño, los labios paspados, el ruedo descocido, el chambergo olvidado y mis ganas de irme para siempre.

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Laura:

El taller está en la calle que subíamos pero no siempre podíamos bajar y no era precisamente porque nos doliesen las rodillas… Laprida 563: la subida de Metro, La Sal, el barrio chino nena… la calle donde dejé el Renault 12 mal estacionado y Pablo tuvo que ir a buscarlo al día siguiente porque yo no encontraba la llave, ¿te acordás?

¿Qué te paso en España, te lavaron el cerebro?

Avisale a Mecha, por ahí se engancha.

Fijate en los horarios, están bien. Yo me anote los jueves a las 20 hs.

Los podés combinar con la salida de los chicos de natación. Los dejas con Pedro y yo te paso a buscar. O no, mejor andá por tu cuenta, porque sino me vas a hacer llegar tarde, como siempre.

Las lecturas me gustaron, lo que leímos y lo que no. Y sobre lo que leímos, un orden, un orden… parafraseando a Juan "…construyan el edificio y después bombardeen…pero constrúyanlo …"

¿Cuánto hace que nos lo dijo?

Veinte años?

No te voy a esperar abajo. Tocás el timbre y te bajan a abrir, o hay gente ahí esperando subir.

Casa antigua, un pedazo de París en Rosario para que te estimule y te dejés de joder con ese look de exiliada de nada.

Tené cuidado con la escalera, es estrecha, empinada o al menos eso me pareció el primer día.

La gente que va y conozco, me gusta, y la que no, no sé. Si me preguntás tanto, lo mejor va a ser que sigas en tu agujero quejándote de que acá no hay nada para hacer.

Al profe lo conocés, no iba a la estatal, pero era de esos de la católica a los que le teníamos simpatía. Al fin de cuentas ellos estudiaron Tomismo en serio y a nosotros nos contamino la cabeza el jodido que ya sabés. No militaba, al menos yo no recuerdo haberlo visto en las marchas de entonces. Que se yo, al tipo se le habrá volado para otro lado, o no, tal vez para el mismo lado que a nosotras, pero en una calle paralela.

Te estoy pasando la info por mail, además, tiene un blog piola, sube lo que sus alumnos escriben, lleva años en esto… ¡Qué más querés que te cuente!

Se me ocurre metódico, manda los textos con tiempo, exige producción, está bueno.

No es una reunión de amigos, ni un grupo terapéutico, Lau. Propone laburar en serio. La casa te va a gustar, tapizada de libros, como la de calle Moreno, pero más buhardilla. Si querés que te lo diga, lo digo: parece la callecita parisina donde vivía tu barbudo, pero si te doy más detalles, te ponés melanco con eso y empezamos de nuevo.

Probá, dale… después nos vamos a tomar unos tragos a Pasaporte, ahí siempre hay lugar para estacionar. Ya no estoy para dejar autos tirados por ahí y volver al día siguiente a buscarlos.

 Ya no.

                                                             ALE   RODENAS

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NOTA de Marce:   Alejandra también comienza ahora el taller pero no la escritura por lo que se lee.  Nótese qué diferencia de estilos en los dos textos sobre el mismo tema. Qué diferencia de recursos y de significación. Notable el paso de un texto clásico a una figura barthiana (el 2º txt),  fragmentario, polisémico, dialógico, donde "la trivialidad" (categoría positiva en la literatura actual, recurso básico para neutralizar los paradigmas viejos) funciona como un aliviador eficaz a la vez que se defiende la misma tradición.  ¡EXCELENTE! 

LUCAS ALMADA

Publicado en Nuestra Letra. el 24 de Marzo, 2012, 14:32 por MScalona

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Cuántos recovecos existen en el laberinto de la urbe. Sí, pienso en el espacio del taller literario como un recoveco de la ciudad que tiene las características de esos lugares infantiles que a la vez que ocultan permiten la construcción de un mundo propio lleno de misterios. Puede pasar aquí cuanto imaginemos con sólo pronunciar una palabra o realizar un gesto ritual. A medida que uno se va acercando, se aleja. Como detrás de un biombo, en una ciudad de llanura, se ingresa a una calle en declive; al asomarse luego a la bocacalle curvilínea y asimétrica, no sólo vemos señales de una antigua ciudad portuaria, sino que intuimos, además, los secretos que esconden esos restos de historia urbana. El paisaje se completa con una mezcla sincrética de construcciones a la vera de una corriente ordenada y mansa de adoquines que transmiten, todavía, el calor artesanal de las manos que los colocaron uno por uno. En este horario no transita casi gente y la penumbra de la luz amarillenta del mercurio le agrega un clima propio de un set de rodaje cinematográfico. El número asignado por catastro me ubicó frente a una puerta, de dimensiones similares a la de Alí Baba y prometía, por lo menos, un circuito de catacumbas. Busqué algunas de las palabras mágicas para que se abriera y supuse que “escuela” no era, me incliné entonces por otra que refería a una “scala”. Con esa contraseña entré. La luz pálida y una escalera cerrada acusaban el cansancio de un edificio con muchas batallas perdidas. La estancia no con menos recovecos y repleto de palabras e imágenes componían una estética barroca muy original. Hoy descubrí un lugar de la ciudad que apenas se divisa en medio de los escombros del vértigo tecnológico.

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Los sábados, en doble jornada, me dedico a recorrer la librería de usados. Una peregrinación, casi religiosa, en busca de aquellos libros que, por alguna razón u otra, ya no aparecen en las librerías corrientes, pero que algún intertexto cómplice lo convirtió en una utopía. Desde hace aproximadamente un año no doy un batacazo, fue cuando conseguí perdido un una larga mesa Las culturas condenadas de Roa Bastos. ¡Ah! ¡Qué placer! Fue como salvarnos mutuamente, hacía cinco años que lo tenía en mi lista de los sábados. En estos momentos, luego de la búsqueda regular, comencé a seguir Crítica y ficción de Piglia, y no hay caso, está agotado y el que lo tiene parece que lo entregará último de todos. Mi interés, no abarca directamente el fetichismo de los libros, sino el de la lectura y es el mismo que me llevó a la búsqueda de un taller literario. Luego de esquivar de manera elegante un sin fin de prejuicios, me decidí a iniciar uno, no sin antes buscar señales milagrosas que confirmen mi decisión. Llegó el día del inicio de los encuentros y la señal no había llegado. Entré al estudio con la expectativa de lo desconocido y comencé el escaneo de todo el lugar, sobre todo de las muebles y anaqueles cargados de libros y autores que acompañaban la velada. Fueron entrando en una coctelera de manera desordenada, Roth, Salón de Billares, Auster, Thomas Wolfe, Seix Barral… Podía ver todos sin mirar ninguno. Ya con la mirada suelta, sin ningún tipo de intensión, clavé la mirada casi en el vacío, mientras pensaba en esa relación entre los animales, el lenguaje y el ser humano. El mundo de objetos que me circundaba desapareció y ví, con toda claridad el lomo de un solo libro en el extremo inferior izquierdo del mueble que tenía frente a mí. Tapa negra con el clásico diseño de Anagrama, era Crítica y ficción de Ricardo Piglia. Fue una buena señal, pensé, y aunque ahora no sé si fue un espejismo el próximo jueves lo voy a confirmar.

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                                                                               LUCAS  ALMADA

Lucas también es nuevo aquí, pero no en la literatura, por lo que se lee...

NICOLÁS MARCUCCI

Publicado en Nuestra Letra. el 24 de Marzo, 2012, 14:22 por MScalona

Nunca supe lo que había tras esa puerta, me llamaba poderosamente la atención pues siempre que pasaba cerca escuchaba una de mis canciones preferidas sonando o alguien recitando los versos más hermosos que alguna vez oí. A veces eran palabras de angustia, otras  palabras de alegría. Mi día no era el mismo luego de ese encuentro.

Una tarde de lluvia, con ese rico olor a humedad que siempre esta presente, decidí tomarle una foto al frente de la casa. Creo que hasta mi propia cámara quedo sorprendida después de retratar ese espacio.

Entrar en ese edificio se había convertido en uno de mis grandes sueños, esperaba algún día tener el coraje suficiente para golpear esa puerta.

La verdad es que soy algo temeroso en cuanto a lo nuevo y esta vez no era la excepción.

Quizás estaba buscando entrar ahí para buscar un refugio o simplemente necesitaba vencer mis miedos con esta aventura.

Luego de un verano caluroso lleno de idas y vueltas que disfruté, tome la decisión de entrar. Recuerdo que era martes y en mi cara estaba dibujada una sonrisa jamás vista en mí.

Busqué en mi cabeza la manera de entrar, me llené de dudas pero finalmente decidí tocar el timbre, el primero de todos. El nombre estaba borrado por la lluvia y no alcanzaba a leerlo. Nadie me contestó pero eso no consiguió detenerme. Observé lentamente la puerta y por una de esas casualidades que no tienen respuesta, estaba abierta. Sin pensarlo dos veces la empujé y con un poco de timidez di mis primeros pasos. Para mi sorpresa no sentía miedo, subí la escalera con un piano sonando de fondo que parecía seguir cada uno de mis movimientos.

Al llegar a la parte superior del edificio, que tenia ese toque antiguo europeo, me quedé paralizado, no por temor ni por ninguna sensación de incomodidad sino porque detrás de la puerta con la placa de bronce, estaban todas las respuestas que había estado buscando luego de tantos años y el miedo partió junto a todas mis dudas. No voy a decir lo que encontré ahí adentro. Solo mencionar que fue maravilloso y que romper todas mis trabas fue lo más certero que hice en mi vida.

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                                       NICOLÁS  MARCUCCI

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Nicolás tiene 19 años, es estudiante y acaba de comenzar el taller.

AGOTA KRISTOF

Publicado en De Otros. el 23 de Marzo, 2012, 16:08 por MScalona

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“No me interesa la literatura”

En 1986, treinta años después de huir a Suiza con su marido y su hija recién nacida, la narradora húngara escribió en francés El gran cuaderno, primera entrega de una trilogía que la consagró como novelista. En una entrevista en su casa, en Neuchâtel, afirma que ha dejado de escribir y habla de su vida: la infancia en la guerra, el exilio, el trabajo en una fábrica y el éxito.

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS -24 FEB 2007
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Con este tiempo, pensé que no vendría”. Cuando abre la puerta de su casa, Agota Kristof se sorprende de que alguien haya atravesado media Europa para hablar con ella. “Pensé que vivía usted en Ginebra, no que vendría desde España”, dice mientras se dirige lentamente hacia el sofá. La escritora húngara, que no aparenta los 71 años que tiene, vive sola en el centro histórico de Neuchâtel, en la Suiza francófona, en un escueto apartamento que uno asociaría más con una estudiante que con una escritora que es un mito en Francia, que ha sido traducida a más de 30 lenguas y cuyo nombre ha estado algún año en las quinielas del Premio Nobel. “Puedo vivir en un tercero por el ascensor”, comenta. “No me dan las piernas. He tenido dos hernias discales y de la segunda no me pueden operar. Sólo salgo un rato por la mañana para hacer la compra. Ya no viajo. No puedo arrastrar una maleta”.

“Más habría valido que mi marido hubiera estado dos años en la cárcel que yo cinco en una fábrica”

“Peor que la guerra fue la posguerra. Hungría se convirtió en una colonia de la URSS”

“Mi forma de escribir viene del teatro. Diálogo puro. Lo justo, sin relleno, sin grasa”

más información

La huida y el éxito

Kristof llegó a Neuchâtel arrastrada por la política. Era 1956 y su marido había participado en Hungría en la revolución contra el régimen prosoviético. Cuando la revuelta fue sofocada, el matrimonio atravesó a pie la frontera con su hija recién nacida. Primero Austria, luego Suiza. “Mi marido se empeñó en que nos fuéramos”, recuerda ahora la escritora. “Muchas veces he pensado que más habría valido que él hubiera estado dos años en la cárcel que yo cinco en una fábrica. Suiza me parecía el desierto. Lo pasé mal”. Lo dice sin énfasis. En el fondo, habla como escribe: yendo al grano, sin circunloquios, sin subrayados.

Cumpliendo con el tópico, la fábrica era de relojes. Ella se levantaba de madrugada y se pasaba las horas repitiendo el mismo gesto en una máquina. Mecánicamente. No sabía francés -”fue mi marido el que estudió. Yo no pude”, aclara-, y en una factoría en la que nadie hablaba era difícil aprender una lengua: “Tenía sus ventajas. La monotonía me permitía escribir poemas mentalmente. Los transcribía al llegar a casa después de acostar a la niña. En húngaro”. Con los años, quiso traducir aquellos poemas al francés que había ido aprendiendo con su hija, precisamente. Siempre había querido ser escritora. Desde los doce años. Su padre era maestro y en su casa no era raro que alguien escribiera. De hecho, su hermano pequeño ha publicado varios libros en Budapest: “Él escribe más que yo”, afirma Kristof con una sonrisa. “Y lo han traducido. Al checo”.

En 1986, treinta años después de salir de Hungría, su suerte cambió completamente. Tras haber escrito en francés una serie de obritas de teatro que pasaron de estrenarse en cafés a retransmitirse por la radio, Agota Kristof pasó dos años redactando El gran cuaderno, la historia de dos hermanos gemelos a los que su madre deja durante la guerra en casa de una abuela que no los quiere y a la que no quieren. Inocentemente despiadados, la crueldad de los muchachos no tiene más límite que su propia supervivencia. La escritora hizo tres copias de aquella infancia descarnada y las envió a París: “Yo pensaba intentarlo en una editorial de por aquí, pero un amigo me convenció y envié la novela a Gallimard, a Grasset y a Seuil”. A las dos primeras editoriales les pareció que una novela tan dura no encontraría lectores. La tercera la publicó. El éxito fue fulminante. Las ediciones y los premios se sucedieron, el libro fue traducido a 33 idiomas y Agota Kristof se convirtió en una referencia para miles de lectores en Francia. A El gran cuaderno le siguieron La prueba y La tercera mentira, las otras dos entregas de una trilogía en la que cada título es una vuelta de tuerca al anterior, dando versiones distintas, y hasta enfrentadas, de los mismos hechos.

En España cada título se publi

có por separado y con suerte dispar. Ahora El Aleph ha titulado el conjunto con el nombre de sus protagonistas: Claus y Lucas. “Nunca pensé en hacer una trilogía”, matiza la escritora, “pero durante mucho tiempo no podía pensar en otra cosa. Tenía que continuar”. Y así continuó aquel drama de guerra y aislamiento que la escritora sacó de su propia memoria. Aunque sus recuerdos de la guerra mundial no son malos -”no había colegio”- comparados con los de la posguerra: “Hacía un frío terrible y no había comida. Además, llegaron los rusos y se llevaron lo poco que había. Hungría se convirtió en una colonia de la URSS. Tuvimos que aprender ruso, geografía rusa, historia rusa. ¿Que si hablo ruso? Qué va. Nadie aprendía nada. Si ni los profesores sabían. ¿Cómo va a aprender alguien que no quiere aprender de alguien que no quiere enseñar?”.

Cine contra literatura

El gran cuaderno ha conocido multitud de versiones teatrales en Alemania y Japón, desde donde reclaman continuamente a la escritora. Por supuesto, en Suiza. Y en España. En el Festival de Otoño de Madrid en 1999 pudo verse la versión que la compañía chilena La Troppa puso en escena bajo el título de Gemelos. Además, sigue pendiente su adaptación cinematográfica: “Un productor estadounidense compró los derechos y contrató a Thomas Vintenberg, el director danés, pero al final pensó que no era el más adecuado. Es curioso, yo pensaba que sí lo era. Posiblemente el más adecuado”, comenta Kristof del director de Celebración, aquella salvaje historia familiar en clave Dogma. Con todo, no sería la primera vez que una novela suya pasa a la pantalla grande. En 2002 el italiano Silvio Soldini -autor de Pan y tulipanes- adaptó Ayer (publicada en España por Edhasa), la cuarta y hasta el momento última novela de la escritora húngara. “Se la cargó″, dice ella. “Le cambió el final porque decía que la gente no podía salir desanimada del cine”. Agota Kristof reconoce que aquella suicida historia de amor entre extranjeros en una fábrica es su novela más autobiográfica.

Con todo, Un relato autobiográfico es el subtítulo de La analfabeta, el libro que hace dos años apareció en Suiza y que la editorial Obelisco acaba de publicar en España. Allí la escritora cuenta sin adornos su propia historia en ochenta páginas, pero el resultado no le convence. “Me equivoqué al publicar esos textos. Es una recopilación de narraciones que, hace años, mandaba a una revista en alemán de Zúrich. No tienen ningún valor. Son redacciones escolares. ¿Por qué las publiqué? Entonces porque necesitaba el dinero. Ahora porque se empeñó el editor suizo. Estaban en el archivo del Estado, en Berna. Allí mandé todos mis papeles. A mí me daba igual. De todos modos, no hay quien entienda nada. Mi editor francés no lo quiso y en Alemania le dieron el premio de los críticos. Diez mil euros. No fui a recogerlos”.

Desde que se le atragantó la historia de una muchacha enamorada de un hombre mayor, “un amigo de mi padre”, Agota Kristof ya no escribe: “No lo necesito. Para mí la escritura es demasiado importante como para hacer algo que no me guste. Y no creo que me salga ya nada mejor de lo que escribí. ¿Para qué empeñarse? Tuve tres hijos y estuve casada dos veces. Nada de eso me impidió escribir. Quizás la fábrica… Ahora tengo todo el tiempo del mundo y no lo hago”. ¿Y qué hace? “Como no puedo salir, veo la tele y me levanto tarde. Me encanta dormir, en parte porque sé que voy a soñar. ¿Pesadillas? También: que estoy en la escuela, que estoy casada otra vez…”. ¿Y leer? “Leer sí leo, aunque menos que antes. Sobre todo, novelas policiacas, aunque luego no me acuerdo del nombre de sus autores. Últimamente también he leído a Pessoa”. Además, en La analfabeta habla de Thomas Bernhard. “El problema es que ya he leído todo lo suyo. Me hacía reír mucho. Ya sé que es despiadado, pero por eso me hace reír, porque cuenta las cosas como son. Ahora estoy leyendo a otro escritor que no adorna las cosas, un húngaro, Imre Kertész. Cuando le dieron el Premio Nobel, los titulares de la prensa húngara fueron: ‘Un judío gana el Nobel’. Pesaba más eso que el hecho de que fuera húngaro. Lo conocí una vez. Tuvo muchas dificultades para publicar en Hungría. Por suerte, lo tradujeron al alemán. Si no hubiera sido por eso no creo que le hubieran dado el Nobel”.

Aunque sostiene que Suiza no acaba de gustarle, Agota Kristof nunca pensó en regresar a Hungría: “Volví en 1968. Durante el viaje nos cruzamos con los soldados que los rusos mandaban a invadir Checoslovaquia. Habían pasado doce años. En la estación no reconocí a mi hermano pequeño. Nunca he pensado en volver definitivamente. Mis hijos crecieron aquí y yo allí ahora sería una extranjera”. El gran cuaderno, que contiene una visión nada complaciente de los totalitarismos, no se tradujo al húngaro hasta la caída del muro de Berlín: “Antes no había allí tantas diferencias entre ricos y pobres. Todo está muy dividido. Uno de mis hermanos, que es conservador, está encantado. El otro, que es de izquierdas, está horrorizado. ¿Yo? El problema del comunismo es que estaba lleno de mentiras: que éramos libres, que Stalin era nuestro padre. Era de risa”.

En La analfabeta, la propia Kristof se pregunta cómo habría sido su vida si hubiera vuelto a Hungría: “A menudo pienso en eso. Creo que allí habría sido más feliz. La gente es más cordial. Tal vez habría escrito más. Aquí pasé doce años sin poder escribir. En francés no podía y el húngaro se me iba perdiendo. Y la fábrica… Aunque peor que la fábrica fue luego trabajar en la consulta de un dentista. En un sitio no se podía hablar. En el otro, la gente no paraba”.

Sin poesía

Un editor italiano se ha propuesto publicar toda la obra de Agota Kristof, empezando por los poemas en húngaro. Ella se niega. ¿Cuando escribía en húngaro también era tan cruda, o la crudeza de su estilo viene del hecho de que el francés no sea su lengua materna? “No, no. En húngaro era muy poética. Demasiado. Por eso no me gustan aquellos poemas. Creo que si hubiera seguido escribiendo en húngaro habría ido quitando y quitando, diciendo sólo lo estrictamente necesario. Seguramente mi forma de escribir viene del teatro. Diálogo puro. Lo justo, sin relleno, sin grasa. ¿Para qué dar vueltas? ¿Para hacer literatura? No me interesa la literatura”.

Al final, es imposible pasar por la crueldad de los protagonistas de sus libros sin pensar si sus hijos los han leído: “Sí. Y les gustan. A mis nietos les hace gracia que a su abuela la lean en las escuelas. ¿Qué es duro? También lo es la vida”. En las novelas de Kristof no hay mucho espacio para la esperanza. Sus personajes no creen en los sentimientos. ¿Y ella? ¿Cree en los sentimientos? Cuando escucha la pregunta levanta las cejas, guarda un largo silencio y, con la misma cordialidad con que abrió la puerta, responde: “No”.

la literatura del MAL

Publicado en Sugerencias. el 23 de Marzo, 2012, 13:31 por MScalona
MAÑANA SÁBADO en conmemoración
del 36º Aniversario del "Proceso".
Para NO OLVIDAR NUNCA MÁS,
que la dictadura terminó pero EL PROCESO continúa...

CONCURSO DE CUENTOS RAROS

Publicado en Sugerencias. el 22 de Marzo, 2012, 12:47 por MScalona
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Concurso Outsider de Cuento Raro

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Ediciones Outsider convoca a participar del concurso de cuentos raros o deformes, es decir, aquellos cuentos que propongan una estructura, tono, trama o uso del lenguaje poco frecuentes, originales y/o bizarros.

Bases del concurso:

•  Podrán participar en este concurso todos los escritores nacidos o residentes en Argentina.

• El cuento deberá encontrarse inédito y no estar premiado o pendiente de resolución en otro concurso. El escritor, por el hecho de presentar el relato a concurso, afirma que la obra es original y de su propiedad y, en consecuencia, se hace responsable respecto a su propiedad intelectual y patrimonial por cualquier acción o reclamación que al respecto pudiera sobrevenir. El autor podrá o no tener obras editadas anteriormente, en cualquier formato.

• Se recibirán los trabajos vía e-mail a la dirección ediciones.outsider@gmail.com. El asunto deberá decir “Concurso Outsider de Cuento Raro” y en el cuerpo del mail deberán indicar sus datos personales (nombre y apellido, DNI, teléfono, email –si fuera diferente de la dirección desde la que se envía el cuento). Sólo  se recibirá una obra por participante.

• Los trabajos deberán ser entregados en formato Word página A4, fuente Times New Roman 12, interlineado doble con una extensión mínima de 10 carillas y máxima de 20.

• Al final del cuento se deberán agregar unas líneas de biodata (no más de 5) y repetir los datos personales (nombre y apellido, DNI, teléfono, email)

• La recepción de los trabajos se extenderá desde el lunes 19 de marzo hasta el viernes 11 de mayo de 2012.

• Los tres títulos seleccionados se darán a conocer vía mail y página web de la editorial el jueves 31 de mayo de 2012.

• El premio podrá ser declarado desierto si, a juicio del Jurado, las obras presentadas no reuniesen méritos suficientes o no se ajustasen a las condiciones establecidas en las bases.

• Los títulos seleccionados serán editados en la próxima Antología de Ediciones Outsider sin costo alguno para los mismos, previa firma de contrato editorial.

• Una vez editadas, las obras se presentarán en el marco de las lecturas de Outsider y contarán con todo el apoyo publicitario y de difusión a cargo de la editorial.

• Los libros editados estarán distribuidos y disponibles en librerías de cadena y especializadas en literatura.

• El hecho de participar del concurso implica la aceptación de las presentes bases y el incumplimiento de las mismas o alguna de sus partes, dará lugar a la exclusión del concurso. Así como de la interpretación que de ellas haga el Jurado que está facultado para resolver cualquier cuestión no prevista en ellas y cuyo fallo será inapelable.

JURADO DE LA CONVOCATORIA :

Patricio Zunini

Patricia Kolesnicov

Patricia Suárez

ARIEL ZAPPA

Publicado en Poemitas. el 21 de Marzo, 2012, 17:58 por MScalona

BICHO FEO

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Bicho feo en la mañana ayuna mi mala sangre

Bicho  de laboratorio el descubrimiento

Piel de glaciación todo es nuevo

Bicho feo la presunción

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Bicho feo ser de bicho

Bicho arruga cual oruga se enhebra en hilo aguja

Lánguido ser como un hueso

Raído en exceso es también

Esqueleto de manguera y cuerpo de tirabuzón

Que dale y dale funciona de sirena

O despertador del sueño del gobernante

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Bicho castrense castrador en tu sublevación

Sos bicho de muy mal olor

Se estrella que no se estrella

Contra la suela de mi zapato color marrón

Ese bicho se marca jadea que te jadea

De baldosa en mosaico va buscando

Su ubicación de mala suerte su hora

Mascota sin ton ni son

Es este amuleto en la sombra que yace

Bajo la alfombra o el piso de mi cocina

Visita el pobrecito un juego de cacerolas

De mi batería sin metralla

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Este resorte viscoso se convirtió en anfitrión

De mis recreos forzados

Imperio de pegajosos tiempos son éstos

Batalla a los cuatro vientos

Contra abdómenes reptando:

Campos de consternación

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Es el último intento que cabe en el contraluz

Inundado de ácaros porfiados ser un bicho

Bicho hermano: la desolación

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En el último de los intentos

Como cuando se entierra un dios

Se despide un amor o se rasga una esperanza

Venga bicho bicho hermano

En este arrabal desnudo lo único que nos salva

Es el instinto de bicherización.

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UNA LUNA Y OTRA LUNA

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En algunas noches de milagros comunes

Cuelga una luna en mi ventana

Nunca pregunta nada

Se acerca pasa y se acomoda

Fuma mis cigarrillos me usa la almohada

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¿Cómo decirle algo a mi luna regalada

Que pasa sin rozar palabra

Ni mencionar sonido

Muy cómoda en mi nido

De amores bienvenidos destierros y chatarras?

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Y cuando esa luna como mía

Que se queda acurrucada

Me mira como si nada

Yo apago la vía láctea

Oxigeno mis cajones

Disuelvo la hora exacta

Aprovecho a dibujarla

A rozarle la carita

A recorrerle la espalda

Con besitos de agujita

Que penetran hasta el alma

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Ella sabe que he gastado

Mil vidas en alcanzarla

Eternidades pensando:

¿Será como yo soñaba?

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Y como todas las veces

Se va sin decirme nada

Yo hago como si no la viera

Ella se desliza descalza

Y entre mentiras y gestos

Hacemos que no nos vimos

Que aquí no ha pasado nada

Entre esa luna y yo

Entre mi boca y su espalda.  

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                                            ARIEL  ZAPPA

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Del libro  1500 fuegos y una madrugada en llamas

Ed de los Cuatro Vientos

GABRIEL CACIORGNA

Publicado en Nuestra Letra. el 21 de Marzo, 2012, 16:20 por MScalona

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HILARIA y OTRO LLANTO DE LA EXCAVADORA  (*)

Después de dos horas de limpiar ininterrumpidamente, Hilaria Barrientos dobla la franela anaranjada y la apoya sobre una banqueta tapizada con arabescos. Se sienta en uno de los sillones blancos y observa la habitación. Varios anaqueles repletos de libros y cds, sillones y sillas de diferentes diseños, un par de mesitas y paredes ocupadas casi en su totalidad por láminas encuadradas. Suspira. Se incorpora, se acomoda la pollera y toma de la estantería más cercana, “Rayuela”, de Cortázar. Lo hojea y lo devuelve a su lugar. Es su primer día de trabajo en la casona de Laprida 563 – según me cuenta -. Un rato más tarde, mientras se viste para volver a su casa, oye el murmullo de una docena de personas que, en aquella sala, se aprestan a iniciar un nuevo encuentro del taller literario coordinado por Marcelo Scalona.

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El tirano ha ordenado demoler lo construido en el eximio terreno de Laprida 563 para levantar ahí una fortaleza con piscina, helipuerto y solarium con vista al río. Sin preguntas, negociaciones, ni trámites de ningún tipo. Y – como suele ser con la gente que lee poco – todo se pone en marcha velozmente y en cuestión de horas el escenario está montado para una dantesca demolición. Scalona apenas consigue escapar, segundos después del primer puñetazo de la bola de acero. Ni siquiera atina a resistir el despojo, pues comprende que es en vano. Pero un rato más tarde, junto con un grupo informe de pretensos escritores, devenidos en escuadrón de rescate, improvisa una cadena humana, que el brazo ejecutor de la ley disuelve como castillo de naipes. Deciden guardar sus almas para otras batallas y estampar sus gritos contra los muros malheridos.

Y en medio de una diáspora de ladrillos desgarrados, la retroexcavadora, asesta un golpe mortal sobre las viguetas del edificio, conmoviéndolo hasta sus cimientos. Pero la vieja casona decide, aunque sea simbólicamente, dar un último gesto de resistencia y escupe cientos de libros a sus agresores. En el último aliento, como un acto puro, deja caer un mueble colmado de manuscritos que el viento dispersa, sustrayéndolos de la destrucción y la locura.  Y luego cede, desaparecida al ras de la tierra.

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(*) El título hace un contrapunto con el poema de PIER PAOLO PASSOLINI “El llanto de la excavadora”

GABRIEL acaba de comenzar nuestro taller, estudia Derecho y tiene  31 años.

AILÉN GAGLIANO

Publicado en General el 21 de Marzo, 2012, 1:48 por MScalona

De repente uno se encuentra en un espacio infinito en el que se alza un ejército minuciosamente formado, miles y miles de francotiradores que apuntan simultáneamente a los pensamientos de quien encuentren vulnerable, pero más que ejército, es un cuerpo de baile, y más que guerra es una danza. Son palabras que entre grand jettes, ron de Jambes y alguna que otra improvisada pirueta, se disipan en el aire y se multiplican en una explosión dirigida hacia trece pares de ojos que las observan, trece pares de oídos que las escuchan, trece bocas que las degustan; hacia cada cuerpo desprevenido que sin esperarlo se estremece. Y cada tanto, se cuela alguna palabra que se dispara al alma y descoloca. Y de repente nos vemos atacados por la prueba de que Dios existe, por el Amor, por el Cielo y de vez en cuando por el Infierno. Escuchamos, sentimos, algo sencillamente complejo y la palabra apunta directo a lo más profundo. Ahí es donde todo pierde el sentido mas una cosa es cierta. Estamos ahí porque entendemos que lo cotidiano es poesía.

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AILÉN también acaba de comenzar el taller y tiene 17 años.

PAULA MAFFEI

Publicado en relatos el 21 de Marzo, 2012, 0:06 por MScalona

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Llegué nerviosa a la puerta verde de calle Laprida. Pensé que ese era el barrio más lindo de la ciudad, sin dudas, es el más lindo. Antes de tocar timbre, desandé veinte pasos, solo para volver a ver, una vez más, el comienzo de calle Urquiza. Una calle revolucionaria en esta ciudad condenada a la ortogonalidad, a la rectitud… Pero Urquiza no. Urquiza es una grieta que se abre zigzagueante en la retícula. Miro esa grieta que conozco de memoria y no sé si estoy en Rosario o en Paris…

Regreso a la puerta verde y entro, ahora sin dudarlo; llena de energía, de un optimismo infundado, desmedido, y me deslizo por los recovecos que dejan los muebles encimados de la casa y me siento, al fin, junto al grupo.

De pronto, en medio del silencio y la penumbra de la sala, un libro cae sobre mi cabeza. Era un libro gordo: “Relatos Unidos – Hebe Uhart”, leí. Sentí cómo la sangre corría por mi cuero cabelludo y me encontré, repentinamente, aturdida.

Desde ese punto de la noche en adelante no recuerdo bien qué sucedió. Solo sé que salí de allí mirando las baldosas grises y repetitivas de la vereda y, al volver a pasar por aquella calle mágica que me obnubila, ni siquiera levante la vista.

Supongo que después de todo, que un libro te golpeé en la cabeza la primera clase de un taller literario es algo que a uno, cuanto menos, lo destantea.  

                                                          Paula Elena

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* Paula acaba de empezar nuestro taller.

MATÍAS SETTIMO

Publicado en relatos el 20 de Marzo, 2012, 23:57 por MScalona

Encontraron mariposas en el pelo, en sus ropas, y en el sexo. Trozos de mariposas rodeándola, rindiendo testimonio. Pero Luli se había ido de ahí un tiempo atrás. Esa carne era carne, no era ella. Nadie imaginó cuanto podría llegar a multiplicarse el horror. Luli tenía una expresión de calma en la cara, y eso golpeó sus estómagos como un gong, un gong infinito que retumbó en el cuerpo de la niña.
La mujer que hablaba con acento nasal leyó dos páginas y media de su novela. Le resultó insufrible, leerla en voz alta era lo peor que le podían hacer, como si la mataran despacito con cada sílaba.
Hablaron los disertantes; ella escuchó callada, mirando el rostro de aburrimiento del público, imaginando qué los había llevado hasta ahí, ¿por qué fueron?, ¿serían sus lectores?, ¿había en el mundo una categoría de gente con ese rótulo: lectores, sus lectores, lectores suyos? Creía que no.
Ese es el truco de la gran literatura, dijo la mujer que la leyó. Ese es el truco de la gran literatura, y ella sintió un escozor que le recorría la espalda, que le nacía desde ombligo, el truco de la gran literatura, ¿cuál era el truco?, y si existía tal truco por qué lo había descubierto esa mujer y no ella. La gran literatura, y sonriendo pensó en la cara que ponía Esteban cuando le mordía los pezones. Literatura, ésa es la gran literatura.
Otra mujer, una del público que hablaba moviendo el cuello con la agilidad de un cisne, pero sin su gracia, hizo con cierta torpeza una pregunta llena de fuego y de espinas, una pregunta que se movía en el aire como una serpiente inquieta, y que tenía por objeto arrasar.
Ella la miró fijo. No dijo nada, dejó que la agresión cumpliera su rol solapada por el interés y la curiosidad.
Tras suspirar, contestó: cómo se me ocurrió escribir eso… Y dio una respuesta inventada, pero que era muy azul, que contenía toda la calma (o que en realidad ocultaba todo lo que la calma contenía) y sonrío; la experiencia le había enseñado que esa era la mejor manera de mentir: sonreír y mirar a los ojos.

Artículos anteriores en Marzo del 2012

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-