"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




CLARICE LISPECTOR

Publicado en De Otros. el 9 de Febrero, 2012, 17:31 por MScalona

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AGUA  VIVA

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Clarice Lispector

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Ed El cuenco de plata,  p. 20-25

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¿Mi tema es el instante?, mi tema de vida. Busco estar a la par a de él, me divido  millares de veces en tantas veces como instantes que ocurren, fragmentaria que soy y precarios los momentos- sólo me comprometo con vida que nazca con el tiempo y que con él crezca: sólo en el tiempo hay espacio para mí.

 

 

Te escribo toda entera y siento un sabor en ser y el sabor a ti es abstracto como el instante. Es también con todo el cuerpo que pinto mis cuadros y en la tela fijo lo incorpóreo, yo cuerpo a cuerpo conmigo misma. No se comprende la música: se la oye. Óyeme entonces con tu cuerpo entero. Cuando vengas a leerme me preguntarás por que no me restrinjo a la pintura y a mis exposiciones, ya que escribo tosco y sin orden. Es que ahora siento necesidad de palabras- y es nuevo para mí lo que escribo porque mi verdadera palabra ha sido hasta ahora intocada. La palabra es mi cuarta dimensión.

 

Hoy terminé la tela de que te hablé: líneas redondas que se entrelazan en trazos finos y negros, y tú, que tienes el hábito de querer saber por qué- porque no me interesa, la causa es materia del pasado- preguntarás ¿Por qué trazos finos y negros? Es a causa del mismo secreto que me hace escribir ahora como si fuera a ti; escribo redondo, ovillado, y tibio, pero a veces frígido como los constantes frescos, agua del arroyo que tiembla siempre por si misma. ¿Lo que pinté en esa tela es pasible de ser fraseado en palabras? Tanto como la palabra muda pueda estar implícita en el sonido musical.

 

Veo que nunca te conté cómo escucho música- apoyo suavemente la mano en el tocadiscos y la mano vibra esparciendo ondas por todo el cuerpo: así oigo la electricidad de la vibración, sustrato último en el dominio de la realidad, y el mundo tiembla en mis manos.

 

 

Y así percibo que quiero para mí l sustrato vibrante de la palabra repetida en canto gregoriano. Soy consciente de que todo lo que sé no lo puedo decir, sólo lo sé pintando o pronunciando sílabas ciegas de sentido. Y si tengo aquí que usarte palabras, ellas tienen que tener sentido casi sólo corpóreo, estoy en lucha con la vibración última. Para decirte mi sustrato hago una frase de palabras hechas sólo de los instantes-ya. Lee entonces mi invento de pura vibración sin otro significado que el de cada sílaba sibilante, lee lo que ahora sigue: “con el correr de los siglos perdí el secreto de Egipto, cuando me movía en longitud, latitud y altitud con acción energética de los electrones, protones, neutrones, en la fascinación que es la palabra y su sombra”. Eso que te escribí es un dibujo electrónico  y no tiene pasado ni futuro: es simplemente ya.

 

También tengo que escribirte porque tu lugar es de las palabras discursivas y no el derecho de mi pintura. Sé que son primarias mis frases, escribo con demasiado amor por ellas y ese amor suple las faltas, pero demasiado amor perjudica los trabajos. Éste no es un libro porque así no se escribe. ¿Lo que escribo es sólo un clímax? Mis días son un solo clímax: vivo al límite.

 

Al escribir n puedo fabricar como en la pintura, cuan do fabrico artesanalmente un color. Pero estoy intentando escribirte con todo el cuerpo, enviando una flecha que se clava en el punto tierno y neurálgico de la palabra. Mi cuerpo incógnito te dice: dinosaurios, ictiosauros, y plesiosauros, con sentido sólo auditivo, sin  que por eso se tornen paja seca, y sí húmeda. No pinto ideas, pinto el más inalcanzable “para siempre”. O “para nunca”, es lo mismo. Antes que nada, pinto pintura. Y antes que nada, te escribo dura escritura. Quiero algo así como poder tomar con la mano la palabra. ¿La palabra es objeto? Y a los instantes sacarles el zumo de fruto. Tengo que destituirme para alcanzar el núcleo y la simiente de vida. El instante es simiente viva.

 

La armonía secreta de la desarmonía: quiera, no lo que está hecho, sino lo que tortuosamente todavía se hace. Mis desequilibradas palabras son el lujo de mi silencio. Escribo por acrobáticas y aéreas piruetas- escribo por profundamente querer hablar. Aunque escribir sólo esté dándome la gran medida del silencio.

 

 

Y si digo “yo” es porque no oso decir “tu”, o  “nosotros”, o “una persona”. Estoy obligada a la humildad de personalizarme apequeñándome pero soy el eres-tú.

 

Si: quiero la palabra última que también es tan primera que se confunde con la parte inalcanzable de lo real. Todavía tengo miedo de alejarme de la lógica porque caigo en lo instintivo y en lo directo, y en lo futuro: la invención de hoy es mi único medio de instaurar el futuro. Desde ya es futuro, y cualquier hora es la hora señalada. ¿Qué mal sin embargo hay en alejarme de la lógica? Estoy lidiando con la materia  prima. Estoy detrás de lo que queda detrás del pensamiento. Inútil querer clasificarme: yo simplemente me escabullo no permitiéndolo, el género ya no me atrapa más. Estoy en un estado muy nuevo y verdadero, curioso de sí mismo, tan atrayente  y personal a punto de no poder pintarlo o escribirlo. Se parece a los momentos que tuve contigo, cuando te amaba, más allá de los cuales no pude ir pues fui al fondo de los momentos. Es un estado de contacto con la energía circundante y me estremezco. Una especie de loca, loca armonía. Sé que mi mirada debe ser la de una persona primitiva que entrega toda al mundo, primitiva como los dioses que solo admiten vastamente el bien y el mal y no quieren conocer el bien ovillado como en cabellos en el mal, el mal que es bueno.

 

Fijo instantes súbitos que traen en sí la muerte propia y otros nacen: fijo los instantes de metamorfosis y es terrible belleza su secuencia y concomitancia.

 

Ahora está amaneciendo  y la aurora es de neblina blanca en las arenas de la playa. Todo es mío, entonces. Apenas toco los alimentos, no quiero despertarme más allá del despertar del día. Voy creciendo con el día que al crecer me mata cierta vaga esperanza y me obliga a mirar cara a cara el duro sol. La brisa sopla y desacomoda mis papeles. Oigo ese viento de gritos, estertor de pájaro abierto en vuelo oblicuo. Y yo aquí me obligo a la severidad de un lenguaje tenso, me obligo a la desnudez de un esqueleto blanco que está libre de humores. Pero el esqueleto es libre de vida y mientras vivo me estremezco toda. No lo lograré la desnudez final. Y todavía no la quiero, por lo que parece.

 

Ésta es la vida vista por la vida. Puede no tener sentido pero es la misma falta de sentido que tiene la vena que late. 

 

 

 

 

 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-