"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




3 de Febrero, 2012


CHICO BUARQUE: Budapest

Publicado en De Otros. el 3 de Febrero, 2012, 16:55 por MScalona

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Yo nunca había visto

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Kriska se desnudó inesperadamente, y yo nunca había visto un cuerpo tan blanco en mi vida. Era tan blanca toda su piel que no habría sabido cómo cogerla,  dónde poner mi manos. Blanca, blanca, blanca, decía yo, guapa, guapa, guapa, era pobre mi vocabulario. Después de contemplarla un rato, sólo deseé rozar sus senos, sus pequeños pezones rosados, pero aún no había aprendido a pedir las cosas. No me habría atrevido a dar un paso sin su consentimiento, siendo Kriska una amante de la disciplina. En las primeras clases me hacía pasar sed, porque yo decía agua, agua, agua, sin atinar con la prosodia. Un día llegó a la sala con una hornada de panecillos de calabaza, humeantes bajo mi nariz, y los tiró todos, porque no fui capaz de nombrarlos. Pero antes de fijar y de pronunciar bien las palabras de un idioma, está claro que ya comenzamos a distinguirlas, captamos su sentido: mesa, café, teléfono, distraída, amarillo, suspirar, espaguetis a la boloñesa, ventana, juego del volante, alegría, uno, dos, tres, nueve, diez, música, vino, vestido de algodón, cosquillas, loco, y un día descubrí que a Kriska le gustaba que la besasen en la nuca. Entonces se quitó por la cabeza el vestido, muy largo, no tenía nada debajo y me quedé aturdido con tamaña blancura. Durante un segundo imagine que no era una mujer para tocarla aquí o allá, sino que me desafiaba a tocar de una sola vez toda su piel. Incluso temí que en aquel momento me dijese: poséeme, hazme el amor, cógeme, jódeme, destrózame, ¿cómo dirán las húngaras esas cosas? Pero ella se quedó quieta, con la mirada perdida, no sé si conmovida por mi mirada al recorrer su cuerpo, o por mi hablar pausado en su idioma, blanca, guapa, guapa, blanca, blanca, guapa blanca. Y yo también me conmovía, sabiendo que en breve conocería sus intimidades y, con igual o mayor voluptuosidad, sus nombres.

Las clases nocturnas de Kriska se extendían a veces hasta la madrugada, y de su casa yo me iba derecho al hotel. Camino del hotel, o incluso en medio de la lección, o al despertar, o en vez de dormir, solía preguntarme qué estaría haciendo mi mujer, Vanda, a aquella hora en Londres. Sabía que es una mujer de despertarse temprano  para las excursiones, de hacer amigos, de filmar estatuas, almorzar de pie, ponerse en fila, subir escalinatas, cuando viajábamos juntos era normal que sólo nos encontrásemos a la hora de la cena. No podría criticarla: yo mismo ya he visto por encima tantas ciudades que hoy me veo capaz de confundirlas todas. Me costó aprender que para conocer una ciudad, mejor que recorrerla en autobús de dos pisos es encerrarse en una habitación dentro de ella. No es fácil, y yo sabía que entrar en Budapest no sería  fácil. Ya tuve que resistirme en el aeropuerto a las facilidades que se le ofrecen a un recién llegado, las muchachas de las agencias de turismo, los taxis que me esperaban con las puertas abiertas: sir, signore, monsieur, mister. Confié la maleta a un profesional más discreto y nos quedamos un minuto en silencio dentro del coche. Me arriesgué al fin, hotel Plaza, fue lo que se me ocurrió, porque en cualquier ciudad del mundo existe un hotel con ese nombre. Jó Jó, dijo el taxista y me guió por unos suburbios sombríos, con postes dispersos con lámparas  de vapor mercurio. Yo estaba bastante cansado, me ardían los ojos, cabeceé, y de repente recorríamos una ciudad tan iluminada que no se podían ver sus fachadas, sus esquinas, sus espacios, sino solamente las luces. Uno de estos letreros era el del Hotel Plaza, que, como la mayoría de los hoteles Plaza, no estaba en ninguna plaza, sino era en una ladera. Sorry, désolé, no encontraban mi reserva, pero me hice el desentendido, seguí tamborileando en el mostrador, y acabaron instalándome en un cuarto con balcón. Salí a la calle, y era una ladera llena de restaurantes y casas de espectáculos típicos: buona sera, bienvenu, the real goulash, the crazy czardas, se habla español, etc. Anduve calle arriba, donde ésta adquiría el aspecto de un barrio residencial, arbolada,  tranquila, con adoquinado del siglo XIX. Ya había  subido siete manzanas cuando oí unos lamentos, como gemidos de mujer ronca y de hombre herido y tuve la impresión de ver a una pareja abrazada detrás  de un álamo. Me detuve, creí conveniente bajar de vuelta al hotel, pero una chica rubia asomo por detrás del árbol y me interpeló. Parecía pedirme algo, tal vez un cigarrillo, y que me abordasen en húngaro me dejó perplejo, y hasta me sentí honrado. Yo no tenía cigarrillos, había dejado de fumar hacía un año, pero sin pensarlo respondí: jó jo. La rubia giró el cuerpo, haciendo que su faldita revolotease, y con gran animación dijo algo hacia el árbol, de donde salió un muchacho de brazos fuertes, sin camisa, con un chaleco caqui lleno de bolsillos, de esos de fotógrafo. Ella con brazada, él cabeceando al aire, me hicieron señas para que las acompañase por una travesía a la izquierda. Los seguí un poco temeroso porque podría perder mi referencia si me alejaba de la calle del hotel. Pero nuestro destino estaba cien metros más adelante, una casa pequeña con un cartel de neón morado en el que se leía, imitando letras escritas a mano:  The Asshole.

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BUDAPEST,   Chico Buarque, Ed Salamandra

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-