"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




4 de Enero, 2012


ENRIQUE SYMNS

Publicado en De Otros. el 4 de Enero, 2012, 14:36 por MScalona

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¿Por qué diablos compré el revólver de juguete?

            Eran unos tremendos revólveres calibre 38 largo de plástico pesado, negros y enormes. De juguete, pero con un diseño tan perfecto que los compradores dejaron de ser los niños y debieron prohibir su fabricación ante la cantidad de delitos cometidos con ellos. 

            La excusa para comprarme el juguete fue que podía usarlo para amedrentar a los pesados de Vallecas cuando iba a comprar opio y haschís. Lo guardaba en la guantera, tal como solía hacerlo en mis fantasías violatorias. Todos los sistemas para pajearse agotan pronto sus recursos. Fracasan los tiempos. En la realidad, para eyacular en los tres misterios tardarías un buen rato, mientras que en los escenarios de la imaginación, a los pocos minutos ya has recorrido el tour completo y tenés que comenzar de nuevo.

            Enseguida me aficioné a la violación fantasiosa. Cuando intentaba otras temáticas todos nos aburríamos, yo y mis amantes imaginarias. Ninguna mujer que se cruzaba en mi camino conseguía escapar de mis asaltos sexuales: mis novias fueron sometidas durante años aun después de separarnos; la hija del conserje, las esposas, hermanas o madres de todos mis amigos. Tuve temporadas en las que sólo secuestraba negras culonas, y otras en las que atrapaba mujeres que se acababan de casar o estaban por hacerlo. Las embarazadas y a punto de parir eran mi debilidad. Pero el tiempo de ellas terminó rápido, y el de las pendejas también tocaba a su fin.

            Aquel atardecer, volvía de Vallecas conduciendo a mil por hora, quemando a la mala un pedazo de opio y al mismo tiempo pensando que si no me apuraba me quedaría sin mi paja nocturna. Llegué muy tarde a la subida Montejurra y la calle estaba vacía. Las niñas nunca se rezagaban tanto como para salir desprotegidas o sin la vigilancia del conserje. Igual me quedé en mi puesto armando un cigarrito, y por el espejo retrovisor la vi venir. Era una flacucha preciosa, morena, de boca pequeña pero de labios anchos. Caminaba mirando el piso, ensimismada. Así son las presas; van distraídas, no olfatean al tigre que las acecha.

            Como un experto, abrí la puerta, saqué el revólver, y antes de comprender lo que estaba pasando la flacucha ya estaba a mi lado, acurrucada en el piso del auto. Le dije que no me mirara. Le miré las tetas latiendo bajo la camisa de colegiala, y me di cuenta de que no era ninguna flacucha.

            El semáforo se puso rojo y me vi obligado a clavar el freno. Fue el minuto más largo de mi vida. Mi nena tenía su última oportunidad, pero estaba tan asustada que ni siquiera alzó la mirada cuando le acaricié la cabeza y empecé a conversar para distraer su atención. Y seguí hablando huevadas hasta que estacioné el auto tras unos escombros del basural.

            Se llamaba Isabel, estaba por cumplir 16 años y tenía novio. Sin embargo era virgen, y ni siquiera había transado unos buenos aprietes. Me confesó que apenas si le había dado besos al asunto de su novio, tratando de despertar mi compasión y empeorando la cosa.

            -Te enseño, y después te lo echas a tu novio –le dije.

            En el silencio del basural, le ordené que se quitara la ropa y la apilara en el asiento delantero. Cuando empezó a sacarse el uniforme la empujé apenas, y mientras caía me eché sobre ella. Me simpatizaba, y no quise someterla a la vieja mirada sucia que la recorre y le dice lo que le va a pasar. Estuve en su concha por trámite, pero sin descargarme. La desnudé completamente y fui a lo mío, que era su culo, y allí estuve un buen rato saboreando el momento. Ella me dijo que era suficiente, pero no le di tiempo a hacer nada. Me senté sobre sus tetas y en dos sesiones le enseñé a tragarse la leche.

            En algún momento empezamos a hablar. Yo le inventé una historia traumática, y le dije que tenía una hija de su misma edad. "¿Cómo podía hacerle algo tan horrible a una niña que tenía la edad de su hija?", protestó. "También he comido coños de 12. ¿A quién le importa cuantos años tiene un coño?", argumenté.

            Tuvo un ataque de llanto, y mientras la montaba fui besando sus lágrimas. También rompí mi promesa de no acabar en su vientre. Mientras se vestía y yo preparaba el auto le dije que me había gustado mucho, que me gustaría que fuera mi novia, que entabláramos una relación. Pero apenas se sacó el uniforme del auto, arranqué el motor y la dejé con sus problemas perdida en el basural.

           

Ese es el drama del opio: podés transformarte en una rata inmunda. A eso me refería antes, cuando hablaba de la extensión de las masturbaciones.

Con el opio no sólo todo lo que uno imagina parece increíblemente real, sino que además los tiempos parecen reales. Isabel fue mi primera paja que no tuvo un modelo real. Ella salió caminando desde las calles del opio y luego se esfumó para siempre.

Esa masturbación terminó con todas mis masturbaciones.

No me importaba hacerles daños imaginarios a mujeres reales. Pero esa violación a una hermosa niña inexistente me provocó un daño irreparable. Durante dos o tres años seguí buscando a Isabel en la fiebre del insomnio. Pero jamás pude saber qué hizo mi mujer imaginada en aquel horrible basural cuando la dejé abandonada a su suerte.

ENRIQUE SYMNS           

El señor de los venenos

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-