"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




3 de Enero, 2012


¿Textos, lectores o dinero?

Publicado en Ensayo el 3 de Enero, 2012, 15:47 por MScalona

LUCÍA ETXEBARRIA. Dice que su libro se descargó más de lo que se vendió. 

La piratería digital:

¿héroe o demonio para los

escritores?

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Una española dijo que deja de escribir por la piratería.

Y calentó un debate muy actual sobre la industria editorial

ante las nuevas tecnologías.

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POR Patricia Kolesnicov

LUCÍA ETXEBARRIA. Dice que su libro se descargó más de lo que se vendió.

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Es tan fácil: se busca un título, al voleo o en algunos sitios, se hace uno, un par de clicks y listo, baja a la computadora de uno, por ejemplo, La caverna de Saramago; por ejemplo, Santa Evita, de Tomás Eloy Martínez, por ejemplo Las particulas elementales, de Michel Houellebecq. Si uno fuera a la librería hoy y comprara la edición más barata de cada uno de esos libros, gastaría por los tres 185 pesos. Pero acá, en el sillón de casa y a puro click eso puede ser gratis.

Esto, muchos clicks, fue lo que hizo que la escritora española Lucía Etxebarría –que en 2004 ganó los 600.000 euros del Premio Planeta– pusiera el grito en el cielo la semana pasada. Su novela El contenido del silencio, contó en Facebook, se pirateó más de lo que se vendió. Entonces ella decidió dejar de escribir. “Empieza a ser hora de que me busque un trabajo”, dijo.

Más allá de la decisión personal, Etxebarría pone en tiempo presente un miedo que la industria editorial viene conjugando en futuro desde hace tiempo: el de que la piratería ahorque a los “productores de contenidos” y la industria se quede sin nada para vender. La descarga torrencial ya ocurrió con la música, claro, pero los músicos capean el aguacero dando recitales y es más difícil pensar en una reconversión similar para los escritores.

Pero la preocupación está.

“Nunca se me ocurriría dejar de escribir porque se vendan libros truchos, que hasta me los traen para firmar”, dijo a Clarín Claudia Piñeiro. “Pero también hay mucho libro circulando como libro electrónico y nadie tiene control de cómo se hace eso. Un hombre en Francia pidió por Internet que le hicieran un libro mío y se lo imprimieron. Me dicen que debe ser un arreglo con Amazon (un megasitio de libros estadounidense), pero nadie en mi editorial, Alfaguara, sabe cómo es el arreglo. no tengo cómo controlar”.

Cristina Fallarás, editora de Sigueleyendo.es, una editorial digital, dice que lo de Etxebarría no tiene sentido: “Es una tontería de Lucía. No se puede saber cuántas descargas ilegales tiene. Si son tantas, señal de que las ventas le van de maravilla. Nadie deja de escribir por tener más lectores”.

Guillermo Schavelzon –representante, entre otros, de Paul Auster, Andrés Neuman y Marcos Aguinis–, habla del “descontrol de la piratería”, y dice que sí, que el futuro de los escritores está en riesgo: “Aunque el E-book en España es el 1% de la venta de libros, esto crecerá y cuando esté en manos de un gigante de la informática, pagarán miseria a los autores, a los editores y ellos ganarán millones”.

Pablo Avelluto, director editorial de Random House Mondadori en la Argentina, dice que “tarde o temprano, iba a pasar: un escritor busca ser leído por la mayor cantidad de personas, pero también busca y le corresponde una contraprestación económica. Es cierto que es antipático pagar en el universo digital. No menos cierto es que los esfuerzos de las editoriales por frenar las descargas no autorizadas suelen compararse con intentar frenar el viento con las manos.” Hernán Casciari, editor de la revista Orsai tiene otra mirada. En 2011 –escribió en una carta pública a Etxebarría– sacó 4 números de la revista. Vendió 7000 ejemplares de cada uno y tuvo unas 600.000 descargas. Con eso, dice, pagó muy bien a los autores. “No es responsabilidad de los lectores que no pagan que Lucía sea pobre sino del modo en que sus editores reparten las ganancias de los lectores que sí pagan”.

También lo ve de manera diferente Octavio Kulesz, responsable de la editorial digital Teseo. “Efectivamente, en muchos casos, las copias no autorizadas terminan canibalizando las ventas”, dice. Pero “las descargas ilegales son apenas un síntoma cuya causa real hay que buscarla en la falta de una oferta adecuada. Lo que pone en riesgo la actividad de los escritores no es ni la era digital ni Internet sino la falta de flexibilidad del negocio vigente. Existen modelos que permiten monetizar ventas de contenidos digitales pero por pereza o por rigidez, las compañías analógicas no los exploran”. El sur, dice Kulesz, es distinto del norte. “Acaba de abrir en Latinoamérica ITunes (¡10 años después que en Estados Unidos!), con precios exorbitantes: si las copias no autorizadas se multiplican será en gran parte responsabilidad de ese modelo que no tiene en cuenta al lector local.”

COSAS QUE COMPRAR EN LIBRERÍAS

Publicado en Ensayo el 3 de Enero, 2012, 15:33 por MScalona
CRÓNICA: SILLÓN DE OREJAS

Cosas que comprar en las librerías

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MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO  

 17/12/2011

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Una de las últimas cubiertas de The New Yorker está ilustrada con un estupendo dibujo de Daniel Clowes (inolvidable su álbum Wilson, publicado en 2010 por Mondadori) que constituye un lúcido (e irónico) comentario gráfico sobre la situación del comercio del libro en Norteamérica. El dibujo se llama Black Friday, en alusión al día en que se disparan las ventas navideñas en Estados Unidos, y en él se representa el interior de una pequeña librería en la que su encargada muestra a un cliente el anaquel inferior de una estantería ocupada por una veintena de libros variados. En el resto del local se exhiben otros objetos: camisetas y bolsas decoradas con los rostros de escritores célebres (Hemingway, Joyce, Woolf), pequeños bustos de Shakespeare o Twain, gorras con los nombres de Kerouac, Tolstói, Brontë o Poe, lamparillas de noche para leer sin molestar a la pareja y, por supuesto, una mesa de novedades bien provista de tabletas lectoras. Dejando aparte la buscada exageración, lo cierto es que la ilustración refleja perfectamente el hecho de que la crisis del comercio tradicional del libro -que ha perdido la carrera frente a Amazon y las descargas- ha forzado a los establecimientos que antes lo vendían a buscar en el merchandising nuevos medios para redondear los (siempre magros) ingresos que antes lograban con los libros. Aquí está ocurriendo algo parecido, aunque a escala menor. Primero aparecieron los expositores con las moleskines (esas libretas encuadernadas tan inútiles si uno escribe en ellas con tinta) y demás papelería más o menos sofisticada. Luego, las bolsas de piel o de tela, los retratos de escritores, los calendarios, las lamparitas y marcapáginas coquetones, las lupas, las gafas y los atriles. Pero, a medida que avanza la crisis, se diversifica la oferta. Selecciono un ejemplo. La madrileña Ocho y Medio, que sigue siendo una de las mejores librerías de cine de Europa, ha aprovechado una ampliación de su espacio para incorporar, además de una acogedora cafetería, abundante mercancía ajena (pero no del todo) a los libros. Y resulta que funciona. Sus dueños -que también son editores- me exponían la situación con cierta frustración, pero decididos a continuar siendo libreros. La otra tarde, tras merendar un crujiente croissant y una taza de fragante lapsang souchong, adquirí para un amigo un ejemplar de la 5ª edición de ¡Harpo habla! (Seix Barral) y, para mí, unas zapatillas (18 euros) con la imagen de Sigmund Freud. De modo que ya verán cómo, poco a poco, van proliferando las librerías-bazar: como la propia Amazon, pero de barrio y -espero- bastante más amigables. En cuanto a las zapatillas, no se pueden imaginar lo cómodo que estoy con el creador del psicoanálisis a mis pies.

La noticia en otros webs

Poesía

¿Desean una excepcional edición de uno de los grandes poemas europeos del siglo XIX? No se pierdan Der Archipelagus, de Friedrich Hölderlin en la edición bilingüe (alemán-español) de Helena Cortés Gabaudan (La Oficina). No se trata sólo de otra traducción más; ni siquiera estoy seguro de que su fidelidad filológica y métrica al original (esos hexámetros tan excéntricos al castellano) me llegue más adentro de lo que lo hizo en su día la lectura de la de Luis Díez del Corral (publicada en 1942) o, más tarde, la de Jenaro Talens (1980), por sólo citar las dos que conozco (ha habido otras). Porque este libro, hermoso y asequible (18 euros), constituye, incluso como objeto, un homenaje (y no siempre por caminos previsibles: véase la foto de los soldados nazis plantando la esvástica ante el Partenón) a lo mismo que el poeta quiso cantar: la belleza de un ideal (no sólo estético) y su irremediable pérdida. Por lo demás, ese monólogo solemne y emocionante dirigido al innominado dios del mar, y que participa a la vez del himno y de la elegía, nos ofrece también un comentario lleno de sugerencias (como siempre han hecho los clásicos) acerca de cada presente: de aquel alemán y revolucionario en que fue compuesto, pero también del de esta Europa que se hace y deshace tras la nostalgia de una Hélade tan soñada como imposible. Otros libros notables de poesía que les recomiendo para regalar o regalarse en estas fiestas son Los poemas de Alberto Caeiro, de Fernando Pessoa (Abada, edición bilingüe en dos volúmenes, traducción de Juan Barja y Juana Inarejos), y la estupenda edición de la Obra poética de Rubén Darío (Biblioteca Castro; edición de José Carlos Rovira). Con estos tres libros y el enero que se nos viene encima, no sé a qué espero para naufragar en una isla desierta.

Pankdinista!

Si les gustan los cómics, este es su gran momento. Para Navidad las editoriales sacan lo mejor de cada casa, y las librerías exponen bien a la vista los grandes álbumes del año. De entre la última oferta destaco uno que no debería faltar en la biblioteca de los buenos aficionados: el integral de Peter Pank (Ediciones La Cúpula), una obra maestra de Francesc Capdevila (Barcelona, 1956), a quien mis improbables lectores y más que probables admiradores suyos conocen mejor por el alias de Max: sí, el mismo artista que viene iluminando (en todos los sentidos) este Sillón de orejas desde su inicio. Este volumen (27 euros), que reúne la trilogía (Peter Pank, 1984; Likantropunk, 1987, y Pankdinista!, 1990) con toda la peripecia del personaje, ha sido enriquecido con algunos materiales inéditos y otros dispersos y de difícil acceso. Como se sabe, la saga constituye una libérrima relectura paródica de la célebre historia de J. M. Barrie (la novela Peter Pan and Wendy se publicó precisamente hace un siglo), a través de la versión cinematográfica que de ella realizó en 1953 Walt Disney (Max me apunta que cuando la dibujó no había leído el libro). Sólo que sus personajes (los insoportables hermanos Darling, los piratas, los niños perdidos, las sirenas, los indios) se han convertido en contrafiguras inspiradas en las muy abigarradas y salvajes tribus urbanas de la España de los años ochenta. Y todo ello expresado en esa gloriosa línea clara tan característica, y en la que también se aprecian muy variadas influencias del cómic underground de aquella década (ilustradamente) prodigiosa y, por supuesto, del maestro Hergé. La misma editorial La Cúpula acaba de publicar también Pagando por ello, de Chester Brown (Montreal, 1960), unas “memorias en cómic de un putero” que reflejan, a partir de la experiencia autobiográfica de su autor, el mundo de la prostitución y de sus protagonistas. Todo en un volumen compacto (26 euros) repleto de austeras y repetitivas viñetas en blanco y negro de cuya fuerza hipnótica uno no puede zafarse hasta que dobla la última página (discutible, con todo, el epílogo “teórico”, en el que Brown insiste en su particular cruzada en favor del “amor mercenario” y contra su criminalización). Dos libros muy diferentes de sendos maestros contemporáneos de la historia gráfica. Pónganselos de regalo junto al árbol de Navidad (o, si ya les han llegado los recortes, junto a la maceta con la poinsetia): no se arrepentirán.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-