"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




16 de Diciembre, 2011


MATÍAS MAGLIANO: "ahí vamos"

Publicado en Ensayo el 16 de Diciembre, 2011, 11:34 por Mati

.

-

Marce, durante el año traté de enviarte no más que aquellos mails�
necesarios y algún que otro que consideré oportuno… siempre me�
imaginé lo que debe ser la casilla de  un tipo que debe recibir parvas�
de correos… Pero ahora quería felicitarte y agradecerte así que va�
éste… la verdad que es una maravilla el taller (sobra decir que�
superó ampliamente las expectativas que tenía hace un año cuando llené�
la ficha de ingreso).

Desde lo literario es incalculable lo que pude aprender (una porción�
grandísima en lo que a mi respecta de un todo aprehendible mucho mayor�
y que inevitablemente se me fue de las manos y que incluso con el�
correr del tiempo sigo sacándole frutos o continúo aprendiendo y�
espero siga siendo así, montones de libros aún sin leer y cantidad de�
conceptos sin internalizar). Y ese aprendizaje fue y es tanto desde la�
escritura como desde la lectura. Enumerarlo y tratar de escribirlo me�
llevarían páginas enteras y dejaría afuera una enorme cantidad de�
cosas… una verdadera bitácora en un mar de literatura (autores,�
recursos, estilos… de lo heróico al antihéroe, de Melville a�
Palañuck, Calvino, Lispector, Borges, Conti, la estructura clásica, el�
humor clásico, Fontanarrosa, de lo externo a lo instropectivo, el�
monólogo interior, el diario, los diálogos, lo erótico… etcétera y�
etcétera y más etcétera).

Y en todo eso es como si uno se metiera dentro de un mundo al menos�
para mí nuevo (desde el Blog hasta amistades de Facebook) en el que�
sobretodo y en materia cultural se da cuenta de que Rosario también�
existe, y ¡cómo! Descubrir escritores nuevos y también viejos, poder�
encontrar en el blog escritos de personas que uno va conociendo con el�
tiempo y que tiene la oportunidad de leer y de releer y de ir�
encontrando cosas geniales que hacen que uno no se las olvide jamás�
(hablo de los chicos del taller, de los de nuestro grupo y de los�
otros, pienso en Tatuada y en lo demás que publicó en Rosario12�
Natalia Massei, en Clarita de Zappa en Cetribae y Nico Aimetti, etc.�
etc.)… Y todavía no pude leer el anuario…

Y ese "gran taller" creo que conjuga un montón de cuestiones que lo�
hacen ser así como es; como sabés, carezco de otras experiencias de�
talleres (y te dije que quizás de haber caído en algún otro, podría�
haber desertado al segundo día y despotricado contra los talleres…�
ese era el riesgo), pero no creo que sea fácil encontrar uno que sea�
llevado adelante con tanto esmero y dedicación. Se nota mucho que te�
gusta lo que hacés y también que tenés claro qué es lo que buscás…�
se cumplen con creces aquellas premisas que están en la página de que�
no se trata de un grupo de autoayuda ni de un taller de redacción ni�
tantas otras cosas, sino, y creo yo, de formar un grupo humano como el�
que formamos y que junta todo de quienes disfrutamos y queremos�
mejorar nuestra lectura y escritura, pero no de cualquier forma, sino�
de una que nos modifica la forma de vivir por entero.

Obviamente mi suerte no estaba sólo en caer en este taller, sino�
también en el grupo que formamos los que caímos…

Si bien y siempre uno durante el año le iban surgiendo dudas o�
cuestiones del tipo de querer más intervención de tu parte, o por ahí�
una forma más directa (si es que eso es posible en esta materia), con�
el tiempo se va dando cuenta de que un atosigamiento de inicio�
espantaría a cualquiera… Y además que tarde o temprano las cosas�
estaban ahí, en los comentarios, en las fichas, en el aire… y era�
tarea de uno tratar de entender y aprender lo que más pudiera, siempre�
también con las limitaciones de uno. Otra también es que somos muchos�
y que hay personas más susceptibles que otras y debe ser más que�
difícil decidir cuándo y qué decir. De resultas de todo lo cual, como�
estaba, estaba más que bien, ideal diría.

Y a todo esto me faltó agregarle las películas (de Somewere a El árbol�
de la vida, a Guantes Mágicos, etc. etc. y un poco de música con�
Saluzzi) y Jekill & Hyde y las presentaciones de libros (los de Ciudad�
y Orilla y Kuba y etc.)

Bue, y ni hablar de las fiestas y la predisposición, energía y alegría�
para las reuniones… (en este punto creo que en lugar de dos en el�
año tendrían que ser al menos cada quince días…).

También creo que la importancia del taller y en cuanto a producción�
está en eso de que hay que fomentar la dedicación y la práctica y la�
perseverancia, y para eso algo infranqueable (me parece) es poder�
solucionar ese ¿para qué escribo? que se resuelve con un sencillo para�
leerlo el martes, y con ese envión el resto viene solo.

En suma, un taller en el que importa mucho generar sin impartir o�
dirigir un determinado estilo pero estimulando la creatividad de�
todos, teniendo en claro que lo mejor sale de multiplicar lo de todos,�
siempre que vaya acompañado del debido conocimiento y dedicación.

En fin, de un año a esta parte soy otro, ma" mejor pa" mi gusto, así�
que sinceramente gracias por todo y felicitaciones por el taller, y�
como dijiste en aquel primer mail y como te gusta decir: ahí vamos.

Abrazo y hasta el 2012,

                                                             Mati

CINTIA SARTORIO

Publicado en relatos el 16 de Diciembre, 2011, 10:01 por MScalona

El llamado

 

 

 

Rome había ido a buscar los resultados. Eso sería a las siete de la tarde.  Conducía sólo pensando en ello: en Rome entrando al consultorio de la mano de su hermana, la única que aparte de mí y conmigo había sostenido a Rome en esos días. 

El semáforo que me detuvo en Rioja y Corrientes por fin me liberó y doblé por Corrientes sin pensar en el agitado tráfico de un viernes a la tarde. El reloj del tablero marcaba las 6:58 pm. Detenida en el tráfico congestivo y ruidoso sólo pensaba:

-Rome, llamá. ¡Por favor, llamame!

Un grupo de jugadores de rugby se interpuso en mi camino invadiendo el escaso espacio entre los autos. Sus caras de festejos me dolieron al mirarlas tan irónicas y lejanas a mi espera fatigante.

6.59. De un balcón añejo salió un flash que seguramente no me fotografiaba. Una mamá con el coche pidió permiso de cruce y nadie se lo dio mientras alguien, recogía algunos paquetes de regalo coloridos caídos en un intento de sortear la calle.

6.59. El celular entre mis piernas se inmutaba cruel y silencioso.

Busqué en la guantera la virgencita de bronce que siempre me escucha. Necesitaba mirarla un rato para que hiciera que el teléfono sonara. Recé un Padre Nuestro algo improvisado avanzando unos metros con el auto.

Miré de reojo el tablero con temor de ver el reloj marcando las siete y veinte. Un 7.00 destellaba verde e irracional. Un auto azul me pidió paso desde el estacionamiento a mi izquierda y tras de él me lancé para ganar la esquina. El semáforo de Córdoba y Corrientes me detuvo. Estaba toda transpirada y temblaba. No aguantaba más. Los ojos ahora líquidos me confundían el malón de peatonal en una masa deforme y acelerada.

Al fin ese ingrato sonó.

-   ¡Negativo flaca, es negativo!- me dijo Rome entre llantos.

Sentí las lágrimas ácidas carcomer mis pómulos casi incendiados.  Eran las 7:02 cuando la multitud que me sonreía, terminó de pasar.

 

 

                                               Cintia Sartorio

* este es el txt que leyó Cintia en la fiesta de cierre.-

HERNÁN RIVERA LETELIER

Publicado en De Otros. el 16 de Diciembre, 2011, 9:52 por MScalona

-

El escritor de epitafios

 

 

Hernán Rivera Letelier,

Chile, 1950

p. 11-13, Ed Alfaguara

 

 

 

Le dicen el Escritor de Epitafios, pero en verdad es un ángel. Un ángel de café. Y como tal lleva una apacible vida bajo el toldo de su café preferido, apacible hasta la tarde en que ve pasar a la niña gótica que le ha de trastocar la existencia para siempre: una niña bella y delicada como sus guantes negros, de encaje, sin dedos.

Con su libreta de apuntes dispuesta sobre la mesa, sus lentes bifocales a media nariz y su tacita de té enfriándose- infusión que Alejandra, la mesera que lo atiende, le prepara en cuanto lo ve llegar (el tinte color violín y medio terrón de azúcar)-, el escritor de Epitafios se pasa la mayor parte del día en la terraza del café del Centro, en el centro de la ciudad. A veces solo, a veces en compañía de sus amigo, los artistas.

Sentado invariablemente en el mismo sitio y siempre en la misma postura- un brazo acodado en la mesa y al mano sosteniendo la barbilla-, se le puede ver sumergido en la composición de sus textos angélicos, o concentrado en sus arcanas reflexiones. O simplemente observando el ir y venir de la gente con una unción sacramental, mientras toma nota y bebe de su té con la parsimonia de un condenado a la eternidad. Uno de sus axiomas recurrentes es que las personas, como los cometas, van dejando una estela a su paso: estelas luminosas, estelas oscuras, estelas leves como velos, recargadas como colas de pavo real. Estelas que nacen desde la expresión del rostro de cada uno.

<<El rostro de uno es el rastro de uno>>, termina musitando con su voz pedregosa. Luego, agrega que el verso pertenece a Jaime Cevallos, un poeta iquiqueño y traslúcido,  y que el  muy ángel tuvo que haberlo escrito en una mesa de café.

Cuando, sorprendido en alguno de sus momentos de reflexión- el codo apoyado en la mesa: la mano sosteniendo la barbilla-, se le pregunta en que está pensado, El escritor de Epitafios- con sarcasmo de creyente o piedad de incrédulo- responde que en el misterio insondable de la existencia o no existencia de Dios. Para luego añadir, en un ligero dejo contemplativo, que ambas alternativas le parecen igual de sorprendentes y maravillosas.

Ante el reclamo irónico de sus amigos, los artistas, de que un ángel no tiene derecho a dudar de la existencia divina, él responde parsimonioso que los ángeles también dudan, queridos feligreses. Ellos, igual que los humanos tampoco han visto nunca a su creador cara a cara. Desde el último escalafón de la jerarquía celestial al que pertenecen- después de serafines, querubines, potestades, principados, virtudes, dominaciones, tronos y arcángeles-, lo único que les queda es la fe, el menoscabado recurso de la fe. Tan igual como a los pobrecitos mortales.

                <<De ahí que solo se sabe de ángeles caídos>>, dice con un leve rictus de        abatimiento en el rostro, <<nunca de algún espécimen de las jerarquías superiores>>.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-