"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




CIUDAD y ORILLA en "Señales"

Publicado en De Otros. el 20 de Noviembre, 2011, 20:18 por MScalona
20-11-11 | Por Osvaldo Aguirre / La Capital
 

Una biblioteca rosarina 

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Definiciones. "Los prejuicios y los resentimientos son mortales para la creación", advierte Scalona.

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Como era de esperar, en la casa de Marcelo Scalona hay muchos libros. Menos previsible podría ser la cantidad de cuadros y obras de arte con que uno se encuentra al ingresar y que provienen de un negocio que tuvo hace un tiempo en la esquina de Urquiza y Mitre, y cuyo resultado más redituable surgió del sótano, donde comenzó a coordinar talleres literarios. Las bibliotecas, a su vez, se extienden por varias habitaciones, con un lugar preferencial para los libros de Ciudad y orilla, la colección de narrativa que dirige Scalona y publica Homo Sapiens.

Ciudad y orilla lleva siete títulos publicados, en la perspectiva de conformar una biblioteca de autores rosarinos. Los dos últimos, La cosa más amarga, de Patricia Suárez, y La Voz, de Alma Maritano, se publicaron con un subsidio del Programa Espacio Santafesino del gobierno provincial. Antes de fin de año saldrán Rosario viaja con perros, cuentos de Ebel Barat, y Asfixia, novela de Elisa Bellmann finalista del premio Clarín 2009. Para el año próximo la colección anuncia varios títulos —entre ellos Es imposible pero podría mentirte, de Beatriz Vignoli— y un concurso nacional de cuentos. Scalona nació en Rosario en 1961 y su último libro es la novela El Portador, también parte de la serie.

—¿Cuál fue la idea original de la colección?

—Hacer una biblioteca rosarina, eligiendo autores de narrativa que tuvieran algún prestigio, premio, trayectoria, que fueran gente conocida en nuestro medio. Empezamos con Miguel Sedoff, que había ganado el Premio Municipal de Novela y después de quince años no había vuelto a publicar. Estuve, su libro de cuentos, anduvo muy bien. La idea es hacer un corpus con autores importantes, que tengan trabajo en la ciudad; una generación intermedia, los que serían los hijos de Angélica Gorodischer, de Jorge Riestra. El título de la colección tiene que ver con que Rosario ha recibido y recibe siempre a escritores que por alguna razón están vinculados a la ciudad por la orilla. En Rosario la posibilidad de editar es difícil, no hay quizá las suficientes editoriales serias de literatura, salvo la Editorial Municipal, o El Ombú bonsai, que recién comienza.

—¿Por qué faltan esas editoriales en Rosario?

—Porque no se quiere apostar. Hay que hacer una inversión con un corrector, con un editor, en diseño, en distribución. No tiene sentido sacar un libro y que quede en las librerías de Rosario. Me consta que publicar no es un negocio de altísimo riesgo para los editores. Entre los subsidios que reciben, los auspiciantes, el apoyo del público, la verdad es que los libros se pagan. Ya sabemos, no son best sellers, felizmente, pero también se venden; de nuestra colección se vendió en promedio la mitad de los libros. Homo Sapiens trabaja muy bien en Latinoamérica, y en Argentina los libros están en todas las librerías importantes. Hay mucha gente que se quiere pagar el libro en nuestra colección, pero la idea no es esa sino seleccionar. No están todos, lamentablemente, pero están Beatriz Vignoli, Patricia Suárez, Alma Maritano, Daniel Briguet, Sebastián Riestra. También queremos abrir lugar a algunos inéditos, como hicimos con Apucheta, una novela colectiva de muchos de mis alumnos, algunos ya publicados y premiados, como Verónica Laurino y Amanda Poliester. Vamos a reeditar un libro de Rafael Ielpi, publicaremos a Marcelo Britos, el último ganador del Premio Musto. Trabajamos con sponsors; a mí me parece importante que haya mecenazgo, algo que funciona en todas las artes, en la música, en la plástica, y también puede funcionar en los libros. Además hemos tenido un gran respaldo de la Secretaría de Cultura municipal y del Ministerio de Innovación y Cultura.

—¿Cuál es la respuesta del público?

—Ha cambiado. Se va generando la idea de que Rosario tiene muchos escritores, aparte de nuestros monstruos sagrados, de Gorodischer, de Jorge Riestra, de Fontanarrosa. Se nota por la asistencia a los ciclos que conocemos, a los festivales, y también en la compra de libros. Mi libro agotó la primera edición, pero bueno, yo tengo muchos amigos y familiares (risas). El libro de Alma anda bien. Hay lectores puros que compran el libro, la gente advierte que hay grandes escritores en Rosario. Y uno ve que hay una efervescencia literaria en la ciudad, de gente joven. Eso lo sé por los talleres.

—¿Cómo empezaste con los talleres literarios?

—Fue en 2000 con una tertulia informal, con dos o tres amigos que sabían un poco menos que yo. En esa época yo tenía un bar en Mitre y Urquiza, con una casa de cuadros que andaba mal. Me quedó un subsuelo hermoso que tenía el local y empezamos a hacer esa tertulia, con Eduardo Serenelli, Angela Leonardi y un alumno de quinto grado del Sagrado Corazón que se llamaba Francisco. Empezó a venir gente y me organicé, dándole un cierto rigor y estructura. Fue un espacio que creció con mucho entusiasmo. Hoy tengo 60 alumnos en cinco grupos. Lo más dichoso es que viene gente cada vez más formada. Vienen escritores, como Tomás Boasso, Ramiro García, Natalia Massei, Carolina Musa, Ariel Zappa, gente que por supuesto trae el oficio de otro lado y una formación. El taller es un lugar muy estimulante, es un taller de práctica de escritura, para escribir, y eso le resulta muy práctico a la gente. Además yo trato de ser muy amplio con las lecturas y a mucha gente, felizmente, uno le mejora la biblioteca.

—¿Cómo ves lo que escriben los más jóvenes?

—Como una cosa diferente. Igualmente uno ve la mano de la tradición, son chicos que pueden usar a Borges o Cortázar, pero muchos son minimalistas, o tienen la lírica de lo cotidiano, o trabajan una cuestión del hermetismo, cierta reticencia, el objetivismo, la línea de Lamborghini. Incluso se corresponden con escritores más o menos de esa generación de Buenos Aires. En una poética como la de Ramiro García o la de Tomás Boasso se puede ver el modelo de Martín Gambarotta, de Fogwill, de los Lamborghini. En Carolina Musa se ve claramente a Juan L. Ortiz pero también la ciudad hoy, hasta cierto realismo sucio. Uno ve la tradición y también la superación. Los chicos no tienen esas polémicas que lamentablemente tiene nuestra generación, no se matan en discusiones a veces semánticas o directamente ilusorias. No están contra nadie al escribir ficción o poesía; eso me parece maravilloso, porque los prejuicios y los resentimientos son mortales para la creación.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-