"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




12 de Noviembre, 2011


ROBERTO BOLAÑO: poema

Publicado en De Otros. el 12 de Noviembre, 2011, 11:30 por MScalona

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Un resplandor en la mejilla

 

 

Y Utopía fue el veterinario,

el hombre feroz, la vieja en silla de ruedas cercada por sueños,

y los personajes de los sueños incompatibles se fueron masacrando

uno tras otro, hasta dejar un stock de pesadillas vacías.

Y Utopía fue un reflejo opaco en el interior de un vegetal.

Vitrinas, maniquís desnudos, ebrios tirándoles besos a las nubes.

Un laberinto de escaleras eléctricas por donde vagaban

unos niños extraviados que tenían el corazón maravilloso

hasta la náusea.

¿De todo eso que vi realmente? ¿Con qué ojos tremendos

contemplé el olor puro de aquella muchacha sencillamente

parada en la entrada de un circo? Sólo recuerdo

haber estado demasiado tiempo en un cuarto blanco leyendo novelas

policiales; casi toda mi vida mientras tú me mirabas desde

una ventana redonda, como de baño público, y

los adolescentes se reían como si acabaran de salir del desierto

con los bolsillos llenos de dinero gratis.

Dinero gratis, dinero gratis, amor gratis, un resplandor

inconcebible en la mejilla. Soñadores transformándose a sí mismos

pero incapaces de convencer a una muchacha de que la aman.

Nubes gratis y vacías, restaurantes gratis y vacíos,

automóviles fríos rumbo a las playas doradas del Pacífico,

visiones de Michelangelo para todos, ojos que se cierran

con la velocidad de la luz, y su armonía, estrépito de cisnes,

estrépito de humedad.

Comida gratis, bebida gratis, lluvias divertidas

e interminables como las novelas de Victor Hugo.

Hospitales gratis, desiertos gratis, animales gratis, deseos

de caminar sobre las manos, de ponerse una corona de espinas

eléctrica y luminosa.

Blue-jeans rayoneados de ternura, escenas de teatro

en la orilla del mar prolongadas hasta el infinito, tres años

de asco y amor, tres años de enfermedades infantiles

enmierdadas con precisión, y los duros arbolitos, pero

los duros arbolitos, mientras los duros arbolitos

como lanzas florecían.

Y gemí, y dije ya no sé qué decir, la oficina está vacía,

los submarinos explotan como fetos en las fosas del Atlántico,

alguien me acaricia el pelo y dice que ya está igual de largo

que el suyo, y yo tuerzo el cuello como un solitario cigarrillo

aplastado en la noche enorme y la miro, esperando volver a sentir

en los párpados la tibia obsidiana de los sueños, cuando en

las mañanas nos abrazábamos sin querer despertar, perdidos

en las llanuras de escamas, mientras cae nieve y el frío sonríe

desde un cenicero absolutamente limpio, y no queremos despertar,

y no sabemos qué decir: los labios partidos,

la cara blanca del invierno manchada de lipstick.

La velocidad se detiene, mira hacia todas partes, enloquece

a las fechas. Un anarquistoide muerto bajo las ramas

plateadas de un sauce. Encima de él la primavera violeta. Fuera

de ese cuadro una muchacha sueña renacimientos atroces.

Y está bien, está bien, ya púdose prender la chimenea y cerrar

puertas y ventanas. Ningún brillo va reemplazar nada.

No habrá formas de arder que completen esta nube cargada de lluvia

No habrá viento contra este resplandor acuático. Ni callejones violetas

ni suaves caderas antiguas. Ese jaleo al subir las mil escaleras

del ojo abierto: automóviles llenos de sol estacionados

en todas las esquinas de tus venas. Una sonrisa sin

contexto, una mano crispada fuera de la foto.

                                                                                                       

 

 

La Universidad Desconocida, Ed. Anagrama 

 

MIRIAM CAIRO

Publicado en De Otros. el 12 de Noviembre, 2011, 10:16 por MScalona

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Biografema del trovador

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Por Miriam Cairo

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Biografema: "Una serie de destellos de sentido que conforman algo así como 'una historia pulverizada' de un narrador, de un pintor, de un poeta". Roland Barthes

Los pequeños, terribles encantos del hogar de Víctor y Argelia, destellan en fuegos de artificios a mediados del mes de febrero de 1946 y nueve meses después, la dulce voz de Argelia acuna al niño llamado Silvio, el trovador.

Su alma crece silenciosa y normal, aunque el niño trae demasiados documentos sobre el mar, demasiada inspiración. Su palabra curandera, en todo mal pone bien, sana el odio y, abracadabra, vacuna al girasol desde la luna hasta La Habana, sube nota en el amor, desde Cienfuegos hasta el zurrón del aprendiz.

A los siete u ocho años, no se puede precisar con certeza, comienza a salírsele el alma de unicornio por los dedos y recibe clases de piano con Margarita Pérez Picó.

Ya adulto joven, el unicornio participa en campañas de alfabetización porque sabe que la palabra es poder y porque sabe que al final de la luna no es necesario mencionar la vida para que se sienta su presencia en los ojos.

Cada mujer y cada hombre alfabetizado por el unicornio fundan con él un partido de sueños, talleres donde reparar flores marchitas. Un partido donde se admiten proscritos, rabiosos, desaparecidos, deudores del Banco Mundial. Militan en Cienfuegos sin sospechar que más adelante serán una canción.

Con las manos alfabetizadoras, con las manos del piano y la humanidad, trabaja como dibujante de historietas y caricaturas en el semanario Mella. Entre trazos de Caribe y sorbos de tinta, Lázaro Fundora lo impulsa a comenzar los estudios de guitarra.

Al tiempo que cumple con los tres años de servicio militar obligatorio, estudia guitarra y poesía. Lo expulsan varias veces. Mientras los otros cadetes entrenan duramente día tras día para defender su patria, él compone "Ojalá". Pero toda vez que lo expulsan lo vuelven a reincorporar porque en el cuartel se sienten solos sin nadie que les toque la guitarra y les recite poemas. A él le conviene permanecer adscripto porque el uniforme lo hace ver atractivo y las muchachas con sombrero se le enamoran.

Si no creyera en lo más puro, si no creyera en lo que cree, si no le temiera a los flashes y las luces que lo convierten en artista profesional, no se embarcaría en el Playa Girón para reencontrarse con lo primigenio del hombre. Y pasa el tiempo entre peligros, sin mujer. Pasa el tiempo que no deja respirar y a su tristeza sólo la conocen los peces.

En cualquier rincón del mar el poeta suelta la pluma y crea sesenta y dos canciones. Sesenta y dos armonías. Sesenta y dos truenos en sesenta y dos tempestades. Sesenta y dos lloviznas. Sesenta y dos luceros.

Un barco sigue al mundo y el aire toma forma de tornado. En él van amarrados la muerte y el amor. Navega durante cinco meses por el Atlántico, que es como decir, navega durante meses en lo más hondo del corazón del hombre.

Volcado sobre sus papeles, rompiendo sombras, le habla a América de Ernesto. Con la mano larga de tocar estrellas hace un cantar que suena a estampido. Con el ojo estirado hacia la otredad, desde Cabinda hasta Cunene, ve el mismo látigo inflexible en la misma piel que estalla y cruje. Desde Angola hasta La Isla: ve el mismo pueblo que ama y lucha. La misma selva que ruge. El trovador va al Africa con balas y con guitarra. Es un unicornio feroz que sueña echar del templo a la codicia sonriente.

Fusil contra fusil, resulta extraño este hombre que besa todo lo que encuentra a su paso. Cuando sale a la calle va besando el barrio, las esquinas, las aceras, y con sólo mirar alrededor se nota que por donde él pasa, al mundo le van naciendo labios.

Como un Vallejo envuelto en Rulfo, como un Martí besado por Bola de Nieve y tocado por los dedos de la Osa Mayor, el trovador crea figuras inaugurales en su guitarra que van desde la lucha armada hasta la desnudez, desde el campesinado a la revolución. Fuera de sí, un astro ensaya su luz y dentro la noche es resplandeciente.

Por su herida sangran otros golpes y otras furias también. Cuelga la guitarra en el sol y serenatea como si todo naciera de sus dedos, como si todo naciera de sus labios, como si la poesía fuera un mundo donde existir, como si la música fuera el aire a respirar.

Suena la noche que trota con sus patas de animal mítico. Por la mañana, el destino travieso lo coloca en un tren lechero camino a Camagüey, y se va atravesando valles. Va imaginando tanto que el camino se hace tiempo sin días, ni meses ni años, hasta que el tiempo lo trae a Rosario. Viene pisando el tiempo como un animal de galaxia y trae algo como un ruido en la selva. Trae algo besable, querible, amable. Y por supuesto, el ángel urgente convoca a todos: gordos sin amor, enfermos, tarados, enanos, tullidos, vampiros, días sin sol, viejos jóvenes, anchos e imposibles, todos vamos a ser acariciados por las alas revolucionarias del colibrí inclusivo.

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cairo367@hotmail.com

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-