"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




4 de Noviembre, 2011


PABLO MENGASCINI

Publicado en relatos el 4 de Noviembre, 2011, 14:10 por MScalona

— ¿Qué les traigo?

— Un liso.

— Y otro más.

 

 

— En un ratito, hacete el boludo y mirá a las que están atrás tuyo.

— OK

 

 

 

— ¿Qué pasa con esas dos?

— La más alta estuvo en el cumpleaños de tu novia, hace dos años.

— Vi más a la otra. Esperá que me fijo de nuevo.

 

 

 

 

— Me parece que es una compañera de la facultad. Sí. Estuvo.

— Está re buena.

— Es altísima... Casi no tiene tetas... Tiene las patas flacas...

— Por eso. En el último cumple no estaba...

— No. No sé cómo se llama. Después le pregunto a Perla.

 

 

— Voy a poner algún tema en la máquina. ¿Qué te parece que le puede gustar a la amiga de tu novia?

— No sé si es amiga... Fijate lo que pidió: café irlandés. Parece careta.

— ¿Rolling Stones? ¿Beatles? ¿Calamaro?

— Hace poco la vi comprando Rayuela en un kiosco de diarios. Recién ahora me acuerdo. Se ve que le gusta leer. Poné algo de jazz.

 

 

— ¿Qué pusiste? ¡Pelotudo!

— Glenn Miller. ¡Es el único disco de jazz que tiene la máquina!

— ¡Ya sé! Pero seguro que In the Mood no era el único tema, ¿no?


-- ¿Qué van a tomar, chicas?

— Un remo.

— Café irlandés.

 

 

— ¿Cómo vas con Matías?

— Terminamos hace dos semanas. No nos aguantábamos más.

(“Él no te aguantó más a vos, ¡histérica!”)

(“Te calienta Matías, ¿no?, ¡puta!”)

 

 

— El que se dio vuelta para mirarnos es el novio de Perla.

— ¿Perla tiene novio?

— Y... tiene ese novio. De Perlas y Mequetrefes...

— ¿Qué?

— Nada. Es el título del libro de un escritor chileno.

 

 

— ¿Vos leés?

— No. Pero voy a un taller literario.

— ¿Y no te hacen leer ahí?

— Sí. Mucho. Un garrón. Pero no es como la facultad. Ahí leés si querés nomás.

— ¿Y para qué vas entonces?

— Mi psicólogo me dijo que me iba a hacer bien.

 

 

— El que fue a la máquina no paraba de mirarte.

— Ni vos a él...

— Bueno... ¿Qué querés? Estamos lejos pero frente a frente.

— ¿Te parece lindo?

— No. Además, después de Matías, quiero vacaciones de hombres por un tiempo.

 

 

 

— ¡Por Dios! Escuchá lo que puso...

— Y... Si es amigo del novio de Perla seguro que es medio freak. O nerd. ¿Qué es?

— Jazz. Glenn Miller. No lo soporto. Mi abuelo siempre pone ese disco en las reuniones familiares. En un tocadisco marca Fisher con púa que cuida más que a su familia.

— Tengo monedas. Voy a poner otro tema. ¿Qué querés escuchar?

— Cualquier cosa menos eso... No sé... Rolling Stones. Beatles. Calamaro.


 

— ¿Escuchás?

— Sí...

— ¡¿Escuchás?!

— ¡Sí! ¿Qué pasa?

— ¡La demostración irrefutable de que sos un idiota!

— No te chivés. Dentro de un rato la veo a Perla y le pregunto si te puede hacer de nexo con la flaca. Cumple años en diez días.

 

 

 

[01:17 AM]

— ¿Vamos?

— Vamos.

 

 

 

— ¿Quiénes estaban en el bar?

— Pablo y yo. Nadie más. Vimos a una chica que estuvo en tu cumple, hace dos años. La flaca alta, de pelo cortito onda Araceli González.

— Ah. Sí. ¿Hablaron?

— No. La vimos nomás. Estaba con otra. A Pablo le gustó la flaca. Él se acordó de haberla visto en tu cumple.

— Ese siempre se fija en las más complicadas...

— ¿Es amiga tuya? ¿Tiene novio?

— No. A mi cumple se invitó sola. Seguro que la otra era alguna petisa, rellenita.

— Sí. ¿Cómo sabés?

— No sé. Me pareció.

— En tu último cumple no estuvo.

— No.

— ¿Al próximo la vas a invitar?

— No. Después de aquel cumple me tiró onda dos veces, y la tercera directamente me encaró.

— ¿Es bisexual?

— Me parece que no. Decile a Pablo que ni media suerte tiene con esa. Para mí es totalmente monosexual. Sólo chicas.

— Mirá vos...

— Encima tiene la desgracia de calentar a los hombres hasta con el nombre.

— ¿Cómo se llama?

— Candelaria Las Heras.


 

 

 

[01:36 AM]

— ¿Vamos?

— Vamos.

 

 

 

“No puedo dormir, vani” leyó en su celular y contestó rápidamente “Yo tampoco”, arrepintiéndose de no haber escrito el nombre de la otra. Le había gustado mucho leer el suyo.

 

“La palabra es irreversible, ésa es su fatalidad. Lo que ya se ha dicho no puede recogerse, salvo para aumentarlo: corregir, en este caso, quiere decir, cosa rara, añadir. Cuando hablo, no puedo nunca pasar la goma, borrar, anular; lo más que puedo hacer es decir <anulo, borro, rectifico>, o sea, hablar más.”

 

No es que Vanina estuviera pensando en esas palabras que escribió Roland Barthes. Ella no sabe quién fue Barthes, nunca reflexionó hondamente en torno a la importancia de los nombres, y la palabra semiótica o semiología le resulta tan indescifrable como un libro en holandés. Pero aquella noche, hasta Roland Barthes hubiera aceptado que ella sabía perfectamente eso que él había formulado, si la hubiera visto redactando un nuevo mensaje y pensando en cómo ubicar en él el nombre de la otra. Sin embargo, antes de “send” su teléfono empezó a sonar y ella, sonriendo, canceló la redacción.

 

— Hola Cande.

 

 

 

 

 

(Pablo Mengascini)

LUCAS DARRUIZ

Publicado en relatos el 4 de Noviembre, 2011, 14:00 por MScalona

 

-

 

En casa de Gustavo suena el teléfono. Deja de cortar cebolla, agarra un repasador que está cerca y se apura para atender. Llega al teléfono que está entre la cocina y el living y, con las manos todavía mojadas, levanta el tubo. Del otro lado una voz de mujer:

-Buenas noches, habla Carina. Necesito hablar con Vanesa ¿se encuentra?

-Eh, si, si, todavía vive acá –dice con un tono de chiste que la interlocutora no alcanza a entender-. Ya te la llamo.

-Bueno, gracias.

Deja el tubo sobre la mesita y se aleja cruzando el living. Grita con un ruido sordo:

-¡Vane, teléfono!

Se escuchan pasos ahogados que suenan por la escalera. Vanesa descalza y con poca ropa le hace señas a Gustavo para saber quién la llama. Junta los dedos que apuntan al techo y frunce el ceño con actitud inquisidora.

-¿Quién es?-susurra.

-Una tal Carina – devuelve con otro susurro, a pesar de encontrarse lejos del teléfono.

La cara de Vanesa se resiente. Mientras respira hondo, con cara de resignación agarra el tubo y prepara una silla.

-Hola-la voz de alegría no concuerda con la cara.

-¡Hola mi vida, tanto tiempo!-sacude Carina a los gritos.

-¿Qué hacés Cari? Es verdad, tanto tiempo che.

-Bien bien, amor. Si no me equivoco casi un año…del invierno pasado…sí, que te vi con esa camperita azul que te quedaba hermosa…

-See, puede ser… no me acuerdo…-dice Vanesa, todavía con aire desencajado.       

-…pero es lo que pasa cuando una anda tan ocupada ¿viste? Entre el local, la nena y mi vieja que no sé si te enteraste, pero se agarró una neumonía terrible que la tuvo dos meses en cama…

-No, no supe nada-dice mientras apoya la cabeza sobre su brazo- ¿está mejor ahora?

-Si nena, pasó hace como ocho meses…pero cómo pasa el tiempo, pensar que ya te estoy llamando para arreglar con las chicas…

-Ah, me imaginé que sería por eso -mira a Gustavo que se arrima a la mesa y escribe algo en un papelito. Se ríe. Ella también, mientras se muerde el labio inferior con resignación.

-…porque viste que si no me muevo yo, pareciera que no se mueve nadie-sentencia Carina- ¿te enteraste de Claudia, no?

-No ¿qué le pasó?

-Pobrecita, con lo mucho que quería quedar…y los años pasan y cada vez se complica más… pero si nos vemos un rato antes o si no va, te cuento bien; pobre.

-Bueno, me dejás intrigada, pero después hablamos tranquilas.-casi imperceptible, el tono es un poco más seco.

Gustavo le acerca el papel y vuelve a la cocina. Como lo deja, así queda. Vanesa se concentra en cómo empezar a recortar caminos.

-¿Entonces reservás donde nos juntamos siempre?

-Estaba pensando en buscar otro lugar, a lo mejor un bar…porque a alguna de las chicas se les complica pagar un restaurante…no tienen nuestras posibilidades y no quiero que se sientan mal.     

-Bueno, decime si querés que te ayude a buscar, me hago un ratito y...

-nonono dejá que yo me encargo.

 

Vanesa está sentada casi al ingreso de la cocina. En ese lugar ya se empieza a sentir el olor ácido de la cebolla cocinándose en aceite. Quizás por eso, una picazón incómoda le irrita los ojos. Los cierra fregándolos fuerte, como rabiosa, con la mano que tiene libre.

Gustavo busca su mirada y le señala el papel.

-Esperá un segundo que busco para anotar-dice Karina del otro lado. Inmediatamente, Vanesa resopla, tapa el tubo y le chista.

-Ahora seguro me cuelga una hora ¿Por qué tuvo que cambiar tanto? bah, todas cambiamos, pero ella siempre queda desubicada…si no es un comentario, es algo que hace, pero siempre tiene que sobresalir. 

-¿Es de la secundaria, no?

-Si, y éramos un grupo increíble, sin dramas. Pero a esta se le subió la plata a la cabeza, o está pasada de vueltas, no sé… se pone insoportable.

-Y si no te la querés fumar no vayas y listo.

-Nos vemos una vez al año, no puedo faltar por una sola boluda, con el resto está todo bien…pero ¿por qué no lo organiza otra? Siempre ella dando la nota…

-Hablando de nota ¿leíste lo que anoté en el papelito? A lo mejor te ayude.

-Seguro una de tus frasecitas…

-Mía no es, pero está buena.

Vuelve a ubicarse para hablar. Mientras, lee el papel y lo mantiene mirándolo fijo.

-Sí, acá estoy Cari-y el tono se vuelve afable, cordial; como si lo que le comentó a Gustavo fuera una broma- che, me gustaría que me cuentes un poco de vos… porque me dijiste del local pero no me ampliaste mucho…      

-Bueno, anda de maravilla. Te imaginarás que un alquiler en el Shopping es carísimo, pero compro mucho en negro y trato de pagar sueldos bajos, a pibitas sin compromisos, jóvenes, que se arreglen con poco…

-Ja, qué ocurrente-intenta aliviar Vanesa. Aunque sabe que es cierto y que esa manera de manejarse es común en Carina. 

-…Y los meses flojos, me ayuda Ariel, porque parece que más ganás y más gastás…y eso de tener que ir al Shopping casi todos los días es un peligro, ja ja.

-Claro, entiendo-festeja Vanesa mientras vuelve a leer el papelito- pero qué bueno que llamaste y qué lástima que no nos podamos ver tan seguido. Bueno, el veinte nos ponemos al día con todo.

-Dale gorda, si tenés a mano papel y lápiz anotá mi nuevo celu.

-Si si, justo tengo uno en la mano-responde Vanesa y lo anota atrás de la frase: “un consejo para el éxito en tus relaciones: ayuda a tu prójimo a sujetarse la careta”.

 

 

 

                                                                                                                      Lucas

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-