"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




2 de Noviembre, 2011


FIESTALECTURAFINDEAÑO.... viernes 2 diciembre

Publicado en Sugerencias. el 2 de Noviembre, 2011, 12:34 por MScalona

CONFIRMADO:

CASA DE LA POESÍA DE ROSARIO

Sgto Cabral y el Río...

VIERNES 2 DE DICIEMBRE 2011

21 HS.     reserven la fecha...

hasta el 15 de noviembre recibo el texto para publicar

en revista de fin de año... página y media A-4

cualquier género-estilo-registro... manden el txt

y una foto de ustedes...Marce

EUGENIA LUNA

Publicado en Pavadas hechas texto, el 2 de Noviembre, 2011, 0:03 por MScalona

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-         ¿A Osde? ¿Otra vez? ¡Fuiste el jueves pasado, abuelo!

-         Pero vas a ver que termino rápido, nena

-         La semana pasada dijiste lo mismo y ahora sólo me quedan 2 faltas libres.

 

Era tarde. Todos los jueves se nos hacía tarde.

 

-         Acordate que tenemos que buscar a Juliana- dije poniéndome el cinturón. Él puso en marcha el auto y sumó a su sordera un nuevo aliado: el ruido infernal del motor -. Ponéte los lentes, abu. – Nada. No escuchaba- ¡Abuelo! ¡Ponete los lentes!

-         ¿Cómo decís?

-         ¡Los lentes! ¡Que te pongas los lentes!

 

Llegar a la primera avenida -que sólo quedaba a diez cuadras-, nos llevó cuatro canciones de folclore mal sintonizado. Dobló a la izquierda.

-         ¡Tenemos que buscar a Juliana!

-         ¡Ah! ¡Me hubieras dicho antes, nena!-

 

   Juliana estaba esperando en la puerta y enseguida subió al auto.

-         ¡Gracias por venir a buscarme!

-         Está bien, Juli. Vamos a tener que pasar por OSDE antes, pero después mi abuelo nos lleva.

-         No hay problema, todavía es temprano…- Juliana nunca había viajado con mi abuelo- che, ¿vas a ir al baile el sábado?

-         ¿Es en la casa de Pau?

-         Sí.

-         No sé… viste que mucho no me gustan los bailes…

-         ¿Un asalto?- preguntó mi abuelo. Juliana miró por la ventana en busca del acontecimiento.

-         No, abuelo. Ya no les dicen “asaltos”.

-         ¿Y ahora qué son?

-          Bailes… acá que tenés que doblar acá.

-         ¿Cómo?- gritó acercando su oreja.

-         ¡Tenés que doblar a la derecha!

-         Sí, sí. Ya sé.

-         ¡Pero está en rojo, abuelo!

-         ¡No me grites, que no estoy sordo, carajo!- el hombre del auto gris que había tocado bocina separo al lado nuestro. Los insultos se escucharon aún sobre el ruido del motor y el de la música. Mi abuelo apagó la música y bajó la ventanilla.

 

 

                                                 EUGENIA  LUNA

 

 

OSVALDO N. FARÍAS

Publicado en relatos el 2 de Noviembre, 2011, 0:00 por MScalona

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Hablando a solas …(y en octubre)

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Hace frío me dijo y yo dije que sí, o que más o menos, y que en esas cosas siempre estaremos de acuerdo. Como cuando tenemos hambre, los dos tenemos hambre, aunque a veces no nos ponemos de acuerdo que cosas queremos comer me dijo. O cuando tenemos ganas de mear los dos tenemos gana de mear le contesté y los dos nos pusimos a reír. Esto de ponernos a charlar entre los dos, solo se puede hacer acá me dijo. Sí, le contesté, acá es normal que la gente hable sola, mejor dicho todos creen que hablan con los muertos, no estoy seguro. Una pelotudez me dijo alzando un poco la voz, nosotros nunca hemos hablado con los muertos, apenas si vinimos a traerle un ramo de flores al Viejo. Bueno andá y explicale eso a la vieja aquella que está acomodando las flores, mientras nos mira de reojo, a lo mejor estamos hablando demasiado fuerte, le dije. Yo iría pero vos no me vas a dejar, siempre me frenaste, no es tan así le contesté, bueno pero casi siempre, siempre tratando de anularme, me contestó, andá y gritale ¡vieja de mierda, porque no atiende lo suyo. Nunca vió a un hombre hablando solo! Pero no, el señor le va decir a la señora que disculpe, que siempre que vengo a visitar al viejo le hablo, le cuento, que lo necesitamos y yo sé que él me escucha, y que me hace bien hablar en voz alta, y que perdone otra vez, y a quién viene a visitar, ah…su esposo, y sí la soledad es fea, terminó  diciendo. Y sí, eso es lo más seguro que hubiera hecho. ¿Alguna vez te preguntaste si sos vos el verdadero yo, o si soy yo? le pregunté. Somos los dos me contestó, y que lo único verdadero es que la soledad absoluta  no existe, porque cada uno de nosotros, somos a lo sumo dos y esto también  incluye a la vieja y al marido que vaya a saber uno a cuantos albergó en ese despojo que ya debe ser, terminó diciendo. ¿El viejo a cuantos habrá cobijado? le pregunté con la seguridad de que no habría más de dos. A tres por  lo menos me contestó. No,  dos le dije. Tres me volvió a contestar, no te olvidés de lo de la señora Marcela. Eso fueron chismes, puteríos de barrio, lo hubiéramos sabido, le dije. Si todo el barrio lo sabía y todos te contaban lo mismo entonces era verdad. Ahora cuando volvamos preguntale a la vieja por la señora Marcela a ver que te dice. No dice nada, te cambia de conversación. ¿Pero nosotros nacimos juntos? volví a preguntarle. Sí, me contestó, pero en la niñez, o por lo menos en nuestra niñez otros eligieron, decidieron, pensaron por nosotros y entonces hasta ahí fuimos casi uno, o dos embozados. Hasta que entramos al Industrial y conocimos a Silvia. Sí, Silvia, lo interrumpí. Él siguió retumbando en mis entrañas cada vez más fuerte. Una mina entre mil machos del Industrial, y viene a nuestro año y justo a sentarse en nuestro banco. Sí, me eligió porque me conocía del barrio, lo volví a interrumpir. No, boludo, estaba caliente con vos. Pudo ser la primera gran cucarda que te hubieses colgado, era para tenerla en la mesita de luz, hacer el avioncito, te acordás porqué lo del avioncito. Pero no, al tipo le gustaba hablarle sobre libros y escuchar a los Beatles. Y al final que pasó, se la levantó el loco Videla, a fuerza de tocarle el culo y contarle hazañas amorosas. Se puso más fresco dije, y él me contestó que sí, pero que el sol todavía no se había escondido detrás de la gran cruz, y que podíamos quedarnos un rato más. Lo que pasa es que el Loco era más grande, había repetido dos veces primer año y tenía más experiencia, le dije, y además lo de los Beatles estuvo bueno. Ella me enseñó a escucharlos. Cuantos años hace ya, le dije. No sé, pero hoy es 31, ¿te acordás? me contestó. Sí, hace como veinte años, el último playón, antes de entrar nuevamente a la fábrica, le dije. Nunca te vi así me dijo el Sapo cuando ya estuvimos adentro, estabas fuera de sí. ¿Era yo el que estaba fuera de sí o eras vos el que estaba fuera de mí, y por eso dijo el Sapo que no me reconoció? Esa vez fuiste vos, tengo que reconocerlo. Te acordás no es cierto le dije. Si claro, estaba debajo del palco: ¡Flaco, no seas hijo de puta, no llamés a votación, esto está lleno de cagones. Todavía hay para resistir. La conducción nacional, los otros gremios, la gente, hay fuerza, comida, todavía se puede un poco más! Me quedé ronco de tanto gritar en medio de ese quilombo y casi nadie escuchó. El Flaco sí que escuchó,  “No silben, a lo mejor ellos son los que tienen razón dijo el Flaco” Ciento veinte contra cinco mil quedamos. No tuvimos razón después de todo, pero nos jugamos, y otra vez del lado de los perdedores. A lo mejor sí tuvimos razón, pero ya está, le contesté. Cuando todos volvimos a estar dentro de cada uno recuerdo que mi  valentía solo alcanzó para putear al rengo Di Paolo porque no me quiso fiar los cigarrillos por una semana, porque no sabía si nos iban  a pagar los días de huelga, rengo hijo de puta, si hasta me puse contento cuando a él lo rajaron y a mí no. En definitiva somos esto: yo soy el que quiere decir y no siempre puede, y vos sos el que quiere decir y no dice, o lo dice cuando puede decirlo, me dijo, y después nos levantamos a buscar agua para el florero del viejo. Si el destino no se equivoca de camino, dentro de poco tendremos a la vieja por acá y después seguiríamos nosotros le comenté como al descuido. Vos decís que nacimos juntos ¿moriremos juntos? continué diciendo. No, no, yo sé que estoy cerca de la muerte, yo moriré primero, ya no hay tiempo para convertirte en el hermano de Willy Loman, Sandokan, el capitán Nemo, ni siquiera el Aureliano que perdió tantas revoluciones. No habrá ninguna muerte heroica, apenas seremos un apellido hecho cenizas, como todos estos, te vas a quedar solo, no vas a tener con quién hablar y todos pensaran que estás loco me dijo y se calló. “Señor ya estamos cerrando, me gritó desde el portón el encargado”. Me levanté, el sol ya estaba detrás de la cruz grande.

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Osvaldo 31/10/2011

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-