"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Noviembre del 2011


Anuario 2011

Publicado en General el 30 de Noviembre, 2011, 15:24 por MScalona

edición y diseño, CAROLINA MUSA

MATÍAS N. SETTIMO

Publicado en relatos el 30 de Noviembre, 2011, 15:07 por MScalona

Una historia conocida

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“Su existencia es aterradora, porque se puede repetir hasta el infinito”

Tununa Mercado

[Canon de alcoba.]

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El azote de los pájaros y tejidos, las terminaciones nerviosas titilantes, bullentes, incandescentes. Todo es rugir de fieras, redobles de tambores. El cuerpo sumergido, obediente, absorto en su propia sinfonía. ¿Cuál es la síntesis perfecta si no la música, conjugándolo todo: carne, diablo y mundo, en un único movimiento? Integrando, mezclando, aunando. El galope incesante de miles de caballos blancos a los que cubrió la noche, y no los dejó ir, acelerando el pulso. El ritmo de las palabras que no se pronuncian, porque antes de hacerlo ya perdieron su sentido. El pensamiento hilarante, atrayente, ilimitado, vuelto uno con ese otro pensamiento hecho carne que es el cuerpo. El mundo renuncia a sus formas, se derriban las convenciones, las reglas, y todos los reinos; oleadas furiosas anuncian la llegada de un nuevo régimen, el del deseo, que se impone, y no hay quién se le revele, él manda.

El acto nunca es el mismo, por más que se lo repita constantemente, sin que varíen los elementos que lo constituyen. El cuerpo entero es un animal apunto de pegar un salto, ­ que grita, aúlla, y se conmueve. La habitación arde, el cuerpo se prende fuego, y tiembla, y en cada espasmo multiplica el placer del anterior.

La mano que esculpe cesa en su movimiento, aún las terminales nerviosas laten, el aire todavía quema, pero la imaginación cae muerta, cuando el más triunfante de los vencidos tan solo… pende.

OSVALDO FARÍAS

Publicado en Cuentos el 30 de Noviembre, 2011, 15:02 por MScalona

Lluvia

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…la señora llovía dulcemente

sobre mis huesos parados en la soledad…

GOTAN –J. Gelman (fragmento)

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Llueve. Llueve, con cara de mujer, con la cara de ella. En el fondo se golpean algunas ventanas  con esa melancolía de dos cuerpos dormidos y totalmente desnudos sobre un balcón, rodeado de estrellas federales y malvones húmedos, sin importar que alguien  los viera. Y el ruido de la puerta del  baño que se cierra y se abre y después ella que se para en la del dormitorio, húmeda y desnuda, con una toalla en una mano, mientras agita su corta cabellera, y con la otra se sostiene las tetas. Dueña y señora de orgasmos contenidos y yo con esa sed que me despiertan sus líquidos más recónditos.  Y trato de sentir que todo fue mentira, pero no: porque está la memoria llenándome de frases, todas entendibles, pero inútiles. . .  y una vaga excitación sexual  lastima mi cuerpo. Y ahora pienso que el goce es el goce, porque el goce llama al goce.

Me estoy volviendo loco, o me parece. Necesito un analista ¿Un o una? ¿Necesitaré un (o una) analista para que me digan si necesito un analista? Creo que debería ser una. Las minas son más discretas que los hombre, me parece,  porque a nadie le pueden hacer creer eso del secreto profesional. Como los curas tampoco pueden con el secreto de confesión. Ahora que lo escribo me pongo a pensar si no sería mejor hablar con un cura. No, me quedo con una mina. Si eligiera un tipo, analista o cura, los imagino, los veo, contando que tienen un paciente, o un feligrés, que hace dos años viene haciéndose la paja por una mujer que se garchó hace diez, y un coro de risas retumbando en todo el universo. Me cargaría el estigma de que todos se volverían a mirarme, sin ningún tipo de discreción, algunos con pena, otros con malicia, las madres me verían como  un potencial violador, hasta cruzarían de vereda, y los hombres como un pelotudo, un pajero.

Sí, me quedo con una mina. Ella me comprendería. Nunca pisé el consultorio de un analista. Me imagino el sillón,  yo recostado,  y ella sentada en su silla preguntando cómo había empezado todo, y otra vez la lluvia, el agua, silbidos de tormenta.

Una noche calurosa, reunión de amigos, y todos escapando  en sus autos. Yo me tuve que quedar. Había venido en una moto prestada. Tenía que esperar a que cesara la lluvia. El balcón se transformó en nuestra pequeña isla, donde todo el mundo menos nosotros dos habían dejado de existir, una copa rota que le lastima el talón y me dice que mire si no tenía la astilla todavía clavada, y ese primer estremecimiento y después su inocente  voluptuosidad, y a mí que apenas se me ocurre una pobre versificación ¿Y si todo nació en el desnudo pié de una mujer? ¿Y si todo es tan simple? Simple como el color azul, y bello como un poema de Rimbaud. Eso le decía mientras le acariciaba y le besaba el pié, y después terminaba rompiéndole el corpiño, cuando más arreciaba la lluvia. Y el torrente de sangre que galopaba  a borbotones,  como ahora,  y ya no sé si ir al baño o pajearme ante la tele, dejando ese olor tan único y particular, como una huella digital que todos tenemos decía.  Ella olía a cáscara de melón, sobre todo cuando lograba contener el alarido, o el sollozo.

¿Y desde cuando se masturba específicamente por ella, por los recuerdos? ¿Cuanto hace de la relación? Creo que seguiría preguntando la analista

Me gusta lo de masturbarse específicamente. Suena mucho mejor que pajero, y ni hablar de la inclasificable onanista. Lo mío es una vaga melancolía, un amor inconfesable, un parto solitario.

Pajero sería el que lleva una revista de minas en bolas o culeando, o se pajea frente al televisor mirando una película porno. Yo también he llevado algunas revistas de esas a un baño, y solo me asistió un rumor vago, como un magma de voces, o de ecos de voces, murmuradas sistemáticamente en varias lenguas desconocidas. Especies de fetiches, maquillajes corridos, tetas y culos que nunca toqué ni tocaré, inmovilidad, solo papel.  Nada se puede comparar a ella, descalza entre las piedras, o quemándose en la arena de la playa, o corriendo hacia el agua y su risa y su voz apurándose a decir todo. Creo que tengo que ir al baño, casi que  no aguanto más, eso siempre lo supe hacer: esperarla, hasta que gritara ¡mamá! Ya estoy llegando a ese punto. No quisiera ensuciar el sillón.

¿Y cuanto tiempo? Me pregunto yo también. No creo poder decirlo en horas, días, años. Sí podría medirlo en la cantidad de veces que nos devoramos a pedazos. Y las veces que decidimos recrear a don Rigoberto  y a doña Lucrecia, pero sin gatos, pero con mermeladas, miel, cerveza, sidra, y chuparla toda con absoluta devoción, hasta que nos invadieran suaves estremecimientos y así llegar a los ensayos de esa dulce muerte, que un hombre nunca sabe cuándo será la última vez. Y vestirnos y desvestirnos a toda velocidad, porque la verdad de la pasión late debajo de los disfraces mundanos, o levantarnos a comer un sánguche a  las cuatro de la mañana  e irme, porque yo siempre me iba y ninguno de los dos decía nada de porqué yo siempre me iba, abandonaba la isla. Y los celos, y el amor, y la adoración, y una exagerada avidez, y el perpetuo frenesí, y una constante excitación.

Si yo fuera mi analista me preguntaría cómo cambiaría mi vida si la volviera a encontrar. Creí  verla tres o cuatro veces entre las sombras de esas calles poco iluminadas, o a  distancias que la vista suele confundir. Pero una vez la vi de verdad en un luminoso mediodía, no podía  eludir a la malvada memoria. Estaba por cruzar en una esquina, frené, la dejé cruzar, al pasar frente al coche levantó la mano y yo también. Ella como una señal de agradecimiento, estoy seguro que no me reconoció, yo ni sé porque levanté la mano, caminaba lenta y despaciosamente, estaba un poco más gordita, pero apenas me dije, llevaba lentes recetados, igual que yo. Vestía pollera, o un vestido, no supe determinarlo, algo que en aquellos tiempos solo usaba cuando yo se lo pedía, y además sin bombacha porque era más fácil cojer en cualquier lugar de la casa, sin tener que enfrentar los ajustados cintos y pantalones. Me quedé pensando sino se lo había pedido algún otro y ahí nomás la convertí en mi Desdémona. Puse primera y me fui, y estoy seguro que ya no quiero verla más ¿Donde quedó esa cara rejuvenecida por la lujuria y esos pechos intactos, como estandartes?

Qué curioso es el encaminamiento de la memoria. No habrá analista, ni hombre ni mujer, ni siquiera un cura, porque ni Dios logrará matarla en mi recuerdo. Como dice J. Gelman “voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre”. Ella seguirá viviendo en mi mente, que ahora la piensa, y es una existencia durable, libre de la corrupción, indemne a las acechanzas de las enfermedades y de la decrepitud de los cuerpos y del alma, que ya se insinúa en ella, la de afuera .

Ya no llueve. Una luna creciente parece ocultarse entre las nubes. Busco una toalla, me desvisto, eludo los espejos donde ella también debería estar. Abro la ducha, nuestra lluvia, tibia, abundante, dejo que me corra por todo el cuerpo. Era ahí donde mejor cojíamos decía ella, y que nunca lo había hecho ahí, y tampoco debajo del agua en el silencioso río, y menos sobre las alfombras, y jamás sobre la mesa de la cocina, y tal vez en los colchones de agua, y…donde siempre era la primera vez, y todas esas mentiras que los hombres deben creer y  gozar como si verdaderamente fuera la primera vez, y sus dulces manos enjabonándome debajo de la cintura, ahogando el alarido, gimiendo despacito, hasta hacer saltar silenciosa y beligerante la esperada eyaculación.

Osvaldo  FARIAS

ASCASUBI, una línea "Lamborghini"

Publicado en De Otros. el 28 de Noviembre, 2011, 20:03 por MScalona

La refalosa

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 Hilario Ascasubi

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Mira gaucho salvajón
que no pierdo la esperanza
y no es chanza
de hacerte probar que cosa
es «Tin Tin y Refalosa»
ahora te diré como es:
escuchá y no te asustés
que para ustedes es canto
más triste que viernes santo
Unitario que agarramos
lo estiramos o paradito nomás
lo agarran los compañeros
por supuesto, mazorqueros
y ligao con maniador doblado
ya queda coco con codo
y desnudito ante todo
¡Salvajón!
Aquí empieza su aflicción
luego después a los pieses
un sobeo en tres dobleces
se le atraca
y queda como una estaca
lindamente asigurao,
y parao lo tenemos
clamoriando y como medio chanceando
lo pinchamos y lo que grita
cantamos «la refalosa y tin tin»,
sin violín.

Pero seguimos al son
de la vaina del latón
que asentamos el cuchillo y le
tantiamos con las uñas el
cogote.
¡Brinca el salvaje vilote
que da risa!
……………
Finalmente:
cuando creemos conveniente,
después que nos divertimos
grandemente, decimos que al salvaje
el resuello se le ataje;
y a derecha
lo agarra uno de las mechas
mientras otro lo sujeta
como a potr de las patas
que si se mueve es a gatas
Entretanto nos clama por cuanto santo
tiene el cielo;
pero ahí nomás por consuelo
a su queja
abajito de la oreja
con un puñal bien templao
y afilao
que se llama quita penas
le atravesamos las venas
del pescuezo
¿Y que se le hace con eso?
larga sangre que es un gusto,
y del susto
entra revolver los ojos
……………
¡Que jarana!
Nos reímos de buena gana
y muy mucho
al ver que hasta les da chucho;
y entonces lo desatamos
y soltamos;
y lo sabemos
parar para verlo
refalar ¡en la sangre!
hasta que le da calambre
y se cai a patalear,
y a temblar
muy fiero, hasta que se estira
el salvaje; y lo que espira
le sacamos una lonja que apreciamos
el sobarla y de manea
gastarla De ahí se le cortan las orejas,
barba, patillas y cejas;
y pelao lo dejamos
arumbao,
para que engorde algún chanco,
o carancho.
……………
Con que ya ves, Salvajón
Nadita te ha de pasar
Después de hacerte gritar
¡Viva la Federación!

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HILARIO ASCASUBI nació en Bell Ville, CBA, 1807 y murió en Buenos Aires en 1875

... y el viernes, ROBERTO RETAMOSO

Publicado en Sugerencias. el 28 de Noviembre, 2011, 19:46 por MScalona
 

salen camiones rumbo a MANO a MANO...

Publicado en Sugerencias. el 28 de Noviembre, 2011, 19:34 por MScalona
 

BECKETT x Fabián Casas

Publicado en General el 26 de Noviembre, 2011, 20:05 por MScalona

Beckett:  el galán metafísico

 

 

 

Por    Fabián Casas

 

 

 

Un dicho popular nos puede servir para justificar estas líneas: “¿Qué le hace una mancha más al tigre?” Porque la obra y la persona de Samuel Barclay Beckett produjo ya tantas hojas que una más no va a alterar el conjunto. Estudios psicoanalíticos, lingüísticos, filosóficos, cabalísticos y hasta una abultada biografía  de James Knowlson –todavía sin traducción al español- forman el cuerpo inmenso de la hermenéutica del irlandés. Una mónada crítica muy singular: por un lado se habla de él como de un hombre huraño a los encantos de la fama, casi un personaje invisible de esos que dibujaba y esculpía su amigo Giacometti. Algunos de los que lo frecuentaron lo describen como un santo: “Beckett habla como lo hacen sus personajes, con dolorosa excitación, temeroso de comprometerse con la palabra”. Esto lo dice Israel Shenker, que lo entrevistó alguna vez en París. Y el mismo tono de encantamiento encontramos en los libros de colegas, amigos, parientes y críticos que se acercaron a Beckett. Queda la impresión de que trataron con un holograma y no con una persona de carne y hueso. Sin embargo, tengo sobre la mesa donde escribo un libro hecho sólo con fotografías que le fueron tomando a lo largo de los años. La lista de fotógrafos es larga: Brassai, Wells, Bauer, Davidson, Bresson, Avedon y mucho otros. En el simulacro del papel y la luz, Sam (como le decían) se muestra bien predispuesto para la foto. Es un maduro galán metafísico con una pilcha existencialista elegida con sumo cuidado: poleras grises o negras, sacos de corderoy, pilotos oscuros y hasta hay un retrato en el que está sentado al lado de un tacho de basura, como metáfora de toda su obra. Por sobre todas las cosas, impacta su rostro de águila vieja y melancólica. Un águila que ya vieja podía divisar a su presa desde lo alto de la cima donde se encontraba. Los lugares donde es fotografiado también llaman la atención: está en la entrada de un teatro, en el set de filmación, en el escritorio de su casa de Ussy, en su casa de París, en la calle, en un callejón, en la nieve, en un bar de París. Ninguna foto es robada, en todas mira a la cámara.

Así que convengamos que el irlandés no parecía un hombre tan esquivo a la fama y la admiración: no había logrado, como si lo lograría Thomas Pynchon, suprimir el deseo de ser reconocido.

Otra cosa simpática es la persistencia de cierta crítica en adjudicarle a Beckett la dudosa hazaña de “haber llevado la novela a su fin”. No cabe duda de que con respecto a este punto existe una lectura parasitaria que, en vez de ir a las obras, trabaja sobre los comentarios ya establecidos y que lograron cierto reconocimiento. Para estos había llegado al mundo el último escritor y se preguntaban, retóricamente: ¿se puede seguir escribiendo después de Beckett? La respuesta, amigos, está soplando en el tiempo: sí. Cuando un escritor es extraordinario –como lo es el papá de Molloy-, lo que hace es abrir la paleta de percepciones, no clausurar. A lo sumo, la pelea por el agotamiento de la obra es algo que padece él consigo mismo. Fue el trabajo de Beckett el que se fue apagando como una brasa y no “la Novela” o “el Teatro” o “la Poesía”, que gozan, todavía, de una excelente enfermedad.

Siempre me gustaron los escritores que no te salen a buscar, que aparecen porque es imposible no cruzártelos en algún momento, más allá del aparato publicitario que las editoriales monten para que te los des de trompa. Hace muchos años un amigo tuvo que escaparse sin pagar de un camping en Miramar. Como yo estaba también en el mismo lugar, me pidió que a la noche le desarmara la carpa y se la sacara encanutada. Cuando hice eso, se cayó al pasto –desde adentro de la carpa-, un libro grueso y blanco: era Molloy. “Estoy de nuevo en el cuarto de mi madre. Ahora soy yo el que vive aquí”, leí. Cerré el libro, abrí en otra página: Molloy relataba un sistema para chupar piedras sacándolas de un bolsillo, pasándolas por su boca y volviéndolas a colocar en el otro bolsillo. Nunca había leído algo así. Estas páginas son la parte central de la obra de Beckett.  Ahí lo dejás o –si las pasás- ya no volvés a ser el mismo, ni tu concepción de la literatura vuelve a ser la misma. Beckett venía trabajando en Molloy mucho antes de que este personaje se llamara así; ya en los relatos de “El expulsado”, “El calmante” y “Primer amor” (todos breves y muy similares), se prefiguraba el tono y el personaje que harían eclosión bajo el nombre de Molloy cuando, como dijo el escritor, “comprendí mi estupidez”. Estos relatos ya estaban escritos en la lengua de René Descartes, otro de los benditos temas de los exegetas beckettianos: ¿por qué decidió pasar de su inglés natal al francés?

 

 

            “La hoja penetró por encima del corazón, este está herido, lo mismo que el pulmón, pero la pleura y los tejidos que lo rodean no están perforados…la herida no tendrá consecuencias perniciosas…una vez más Beckett ha salido bien parado”. Estas líneas certeras fueron escritas por James Joyce en una carta a un amigo. Contaba en ellas el estado clínico de Beckett, después de que fuera atacado con un cuchillo por un linyera, sin motivo aparente, en las calles de París. Lo que resulta peculiar del párrafo es el final que le da Joyce: “Una vez más salió bien parado”. Los dos irlandeses se conocieron en París y rápidamente se hicieron íntimos. Aunque Beckett se cansó de explicar que él nunca fue discípulo de Joyce, como se dice en muchas de las contratapas de sus libros, es seguro que la relación no era de igual a igual. Joyce pensaba que Beckett tenía algún talento y hasta sabía apreciar el final de Murphy, una de las primeras novelas de su compatriota. Pero no mucho más. Por otra parte, Joyce se consideraba –su correspondencia es contundente en esto- una especie de Dios en la literatura. Así que no es difícil imaginar que, para su verticalismo, todos los que formaban parte de su círculo íntimo en París –y que se movían con propulsión a Joyce- fueran, para él, algo así como sus secretarios.

            “Una vez más Beckett salió bien parado”.

            La frase se vuelve perturbadora cuando pensamos en la relación que marcó a los dos escritores. Joyce parecía estar dotado con el genio de la lengua. Era un agujero negro que consumía todo lo que pasaba cerca de su zona de influencia. Y le debe haber resultado muy difícil a Beckett a sacar la cabeza fuera del líquido amniótico joyceano con semejante presión. Por ejemplo, cuando reflexionaba sobre su maestro en un libro de ensayos para celebrar el work in progress, decía: “Joyce no escribe sobre algo; su escritura es ese algo mismo...si el sentido es dormir, las palabras se van a dormir…si el sentido es bailar, las palabras bailan”. Nosotros sabemos cuáles fueron los resultados de la batalla que libró Beckett contra Joyce (y no estamos hablando del sistema psicodeportivo que popularizó Harold Bluff en La angustia de las influencias). El terreno de combate son sus primeros libros en inglés: Murphy, Watt, Belacqua en Dublín. En algún momento de ese scrum, Beckett se dio cuenta de que un escritor tiene siempre que ir en contra de su habilidad: “Cuanto más sabía Joyce –escribió-, de tanto más era capaz. Como artista se esforzaba por alcanzar la omnisciencia y la omnipotencia. Yo trabajo con impotencia y con ignorancia”. En los primeros libros en inglés –el lenguaje donde moraba el genio de Joyce- Beckett apenas llegaba a los fuegos artificiales. Una tarde, le dijo a Maurice Nadeu: “No puedo escribir, no estoy todavía lo suficientemente abajo”. Con el tiempo, llegaría hasta las profundidades del topo de Kafka.

 

 

            “Ya te darás cuenta de que no hablo con frecuencia el francés. Sin embargo, contigo prefiero esa lengua a la mía, pues, para mí, hablar en francés es hablar, en cierta manera, sin responsabilidad, o como decimos ahora, en sueños”. Así se le declara –desde hace mucho tiempo- el joven Hans Castorp a su amada Clawdia Chauchat en La montaña mágica. En su alemán natal no puede hacer nada, esta paralizado para hablarle. Pero en el francés consigue lanzar la bola, chico. Beckett también. Pero si nos quedáramos sólo en un plano literario no le estaríamos haciendo verdadero honor a la decisión de Beckett de pasar al francés. Me explicó: cuando estalla la guerra, nuestro escritor se encuentra en Irlanda, que era neutral. Pero inmediatamente decide volver a París, que está a poco de caer bajo los alemanes. Es decir, prefiere la incertidumbre y el peligro antes que la tranquilidad anodina de la neutralidad. En las valijas que llevaba junto a su mujer mientras pasaba hambre e intentaba establecerse en una Francia ocupada, estaba la traducción que venía haciendo de Murphy al idioma en el que después decidiría quedarse para escribir su famosa trilogía. En ese itinerario que lo lleva a pueblos alejados de París, se cruza con James Joyce, a quien ve, como cuenta en una carta a un amigo, “fuera del tiempo”. Y era así. Para Joyce, la Gran Guerra era sólo un obstáculo que impediría la lectura del Finnegan’s Wake, el libro en el que había estado trabajando sus últimos diecisiete años. Beckett, en cambio, estaba en la historia, estaba en la lengua, que era el francés. No se puede dejar de lado esta decisión de ser protagonista de los hechos al asumir la responsabilidad de entrar como correo de la resistencia francesa, y la importancia que esta tiene a la hora de decidir escribir en la lengua del pueblo por el que estaba luchando. De la misma forma, Paco Urondo buscaba la palabra justa con las pastilla de cianuro en el bolsillo.

            Al pasar del inglés al francés se liberó estilística y espiritualmente. Ya no para ser el último escritor o destronar a Joyce, sino para complementarlo y expandir la potencia de la lengua.

            Me gusta pensar la literatura no como una línea recta sino como una constelación donde conviven las obras más dispares en un paradójico momento de simetría. Como escuché decir en un programa de televisión new age: sabemos que la idea positivista del tiempo lineal sólo fue útil para la creación de los relojes digitales de plástico.

  

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ENSAYOS BONSAI, Ed Planeta

SUSANA PAGANINI

Publicado en Poemitas. el 25 de Noviembre, 2011, 7:39 por MScalona

UN MES DE VACACIONES

 

 

 

No va a estar empezando el 2012

ni vacío el edificio terminado de la esquina

en ninguna otra oportunidad

 

doña Aurora no cumplirá de nuevo los 80

ni Rasta será madre primeriza

por segunda vez

Viky egresará de la escuela de adultos

 

Porque nunca mas tendré el sentimiento

La imagen

La sensación

La tristeza

Tan cerca

De Su partida

 

 

Sólo en este fin de año

Tomaré champán helado

con la piel y el pelo

que tengo

 

Porque no sé si voy a sostener mi mirada

Ni siquiera si seguiré inventando entusiasmos

Como Larsen

Para seguir viviendo

 

Por eso,

te digo,

Me tomo un mes de vacaciones

En enero.

 

 

 

 

 

Susana Paganini

Fin del 2011-

RICARDO ZELARAYÁN

Publicado en De Otros. el 24 de Noviembre, 2011, 17:21 por MScalona

 

 

CUCHARA

 

 

Cosa de no salir

Y andar de rincón en rincón.

No hay huellas en la oscuridad.

Andar con el lomo curvo,

Cuchara al revés,

Cuchara seca,

Hace años,

Saltando como langosta.

Arden, arden todas las migajas

Mientras el pájaro carpintero

Dale y dale con la pata de la silla.

Saltar de rama en rama

Y de rincón en rincón.

La escalera mandibularia

Al fin partida en dos.

Ladrillos de agua y aire

Cercan el último rincón.

Crac, crac,

Tapia que salta.

Suprema dentadura.

Adiós al sapo,

A la vieja viuda

A todas las ventanas arrinconadas

Por el vacío,

El gran rincón amable.

Los huesos se buscan a la disparada

Antes que se armen

De vuelta los opacos ladrillos,

Las paredes salgan a cazar ventanas

Y vuelvan los rincones

A guardar la distancia convenida…

 

 

 

 

MULETA COMO NO HAY DOS

 

 

No hay que esperar que la ropa se seque

O que el humo se vaya.

El silencio se aparece

Enorme

Como tigre mojado por la lluvia.

Es el gran gesto.

Después del incendio,

Mandíbula para cada cual

Y otra vez silencio.

La muleta que perdió el tren

Se apoya como escoba en la pared,

La oreja muda

Se aguanta como debe ser.

Al silencio lo pasaron por encima

Y ya perdió el mismo tren que la muleta.

Al humo no lo espanta nadie,

Y se queda fijo

Como ojo de vidrio.

Tac, tac,

Madera sin tocar,

La pared se manda mudar.

Queda el agua sin cortar,

Amablemente.

 

 

MANCHA

 

 

La mancha se descuelga,

Entera,

Y una oreja sube suelta y fresca

Busca donde posarse.

La mancha sigue de largo,

Voladora,

Hasta que se topa con las voces muertas

Que se lleva el viento.

Cuando las manchas se juntan

Dicen que es la vida,

Aleteando….

La tumba se arma de paciencia

 

Hasta hacerse transparente. 

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                                                         RICARDO ZELARAYÁN , Entre Ríos, 1926-2010

MANUEL RIVAS: andar y escribir

Publicado en Ensayo el 23 de Noviembre, 2011, 12:16 por MScalona

"El escritor debe hacer dos cosas: escribir y andar",

afirma el autor (1957), que trabaja en soledad en su casa de La Coruña

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www.elpais.com

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Si Manuel Rivas (A Coruña, 1957) tuviera que elegir un lugar para escapar del mundanal ruido no elegiría la isla desierta o el rincón bucólico de la montaña en el que muchos pueden pensar, él escogería una pequeña sala del Museo del Prado en la que se encuentran cuadros de pequeño formato de pintores como Corot, Degas o De Nittis. Seguramente hay algún vínculo entre esa elección y la búsqueda del escritor por lugares especialmente íntimos para trabajar. "Me gustan mucho los rincones y por eso incluso dentro de mi propia casa tengo un pequeño espacio, una especie de cueva en la que suelo refugiarme para escribir", explica Rivas, quien vive en un piso alto cercano a la céntrica plaza de María Pita en A Coruña. Sin embargo, ese refugio no le impide moverse para conocer otros lugares y realidades. "El escritor debe hacer dos cosas: escribir y andar, pero hacerlo a la manera de Chaplin, como un vagabundo", señala. Frente al tópico que indica que el escritor y sobre todo el poeta encuentra la inspiración en la naturaleza o en las personas y cosas que le rodean, Rivas prefiere la soledad de un espacio íntimo para construir sus libros y artículos. Eso no significa que no aproveche la cercanía de su casa a la costa para escaparse en cualquier momento a los acantilados cercanos y respirar el perfume del mar. Su vida y su obra siempre tienen en el paisaje costero una de sus referencias, de ahí que esa cueva en la que se refugia para escribir tenga también cosas que recuerdan al camarote de un barco: "Ahí tengo libros y maletas, y también guardo pequeños objetos, fotos, dibujos, conchas marinas...". Aunque no le ha quedado más remedio que familiarizarse con las nuevas tecnologías, a Rivas sigue gustándole escribir a mano y tiene muchos cuadernos abiertos con apuntes. El autor, cuyo guión Todo es silencio se rueda estos días en Galicia dirigido por José Luis Cuerda, confiesa un cierto fetichismo con los elementos relacionados con la escritura. Usa distintas tintas y a veces recurre a la máquina de escribir, sobre todo para componer poesía: "Me gusta la resistencia que ofrecen las teclas a los dedos". Rivas, escritor y también activista que siempre se ha distinguido por su compromiso con las causas en las que cree, considera que el oficio de escribir es también "un espacio de lucha" y que el papel puede llegar a convertirse en un cuadrilátero. "Nunca he tenido miedo a la página en blanco, pero hay momentos en que el papel puede llegar a convertirse en el rival al que el boxeador se abraza a pesar de que ha recibido de él un duro castigo".

CONFIRMADO: fiesta viernes 2 diciembre

Publicado en Sugerencias. el 22 de Noviembre, 2011, 19:06 por MScalona
AMIGAS-OS…  confirmadísimo, VIERNES 2 de diciembre,
fiesta-lectura taller MARCE NOMALUMBRE 2011,

desde 22 hs. lecturas, música en vivo, fiesta,
CASA DE LA POESÍA DE ROSARIO,
Sgto Cabral y el Río, frente al CEC…
los espero…   Marce

HOY 1º año Literatura Erótica

Publicado en Ensayo el 22 de Noviembre, 2011, 12:17 por MScalona

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hoy con 1º año, HELP A ÉL, de Fogwill, contrapunto a EL ALEPH de Borges

y Ensayo cómo escribir literatura erótica de ALICIA STEIMBERG…

para ir preparándose ver aquí…

https://www.facebook.com/#!/media/set/?set=a.2569212946157.139576.1129210183&type=1

CIUDAD Y ORILLA sigue con EBEL BARAT

Publicado en Sugerencias. el 21 de Noviembre, 2011, 18:02 por MScalona

MIÉRCOLES 23 de noviembre

19,30 hs. Sala SCHOLER, HOMO SAPIENS

SARMIENTO 825, libre y gratuito.

MARCELO SCALONA Y ALMA MARITANO

presentan junto al autor, los cuentos de

“Rosario viaja con perros”.

EL ACTO contará también con un vernisage,

durante el cual amenizarán el brindis los músicos

SEBASTIÁN DE LA VALLINA y CRISTIAN GUSTAFFSON.

los esperamos.    Marce

CIUDAD y ORILLA en "Señales"

Publicado en De Otros. el 20 de Noviembre, 2011, 20:18 por MScalona
20-11-11 | Por Osvaldo Aguirre / La Capital
 

Una biblioteca rosarina 

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Definiciones. "Los prejuicios y los resentimientos son mortales para la creación", advierte Scalona.

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Como era de esperar, en la casa de Marcelo Scalona hay muchos libros. Menos previsible podría ser la cantidad de cuadros y obras de arte con que uno se encuentra al ingresar y que provienen de un negocio que tuvo hace un tiempo en la esquina de Urquiza y Mitre, y cuyo resultado más redituable surgió del sótano, donde comenzó a coordinar talleres literarios. Las bibliotecas, a su vez, se extienden por varias habitaciones, con un lugar preferencial para los libros de Ciudad y orilla, la colección de narrativa que dirige Scalona y publica Homo Sapiens.

Ciudad y orilla lleva siete títulos publicados, en la perspectiva de conformar una biblioteca de autores rosarinos. Los dos últimos, La cosa más amarga, de Patricia Suárez, y La Voz, de Alma Maritano, se publicaron con un subsidio del Programa Espacio Santafesino del gobierno provincial. Antes de fin de año saldrán Rosario viaja con perros, cuentos de Ebel Barat, y Asfixia, novela de Elisa Bellmann finalista del premio Clarín 2009. Para el año próximo la colección anuncia varios títulos —entre ellos Es imposible pero podría mentirte, de Beatriz Vignoli— y un concurso nacional de cuentos. Scalona nació en Rosario en 1961 y su último libro es la novela El Portador, también parte de la serie.

—¿Cuál fue la idea original de la colección?

—Hacer una biblioteca rosarina, eligiendo autores de narrativa que tuvieran algún prestigio, premio, trayectoria, que fueran gente conocida en nuestro medio. Empezamos con Miguel Sedoff, que había ganado el Premio Municipal de Novela y después de quince años no había vuelto a publicar. Estuve, su libro de cuentos, anduvo muy bien. La idea es hacer un corpus con autores importantes, que tengan trabajo en la ciudad; una generación intermedia, los que serían los hijos de Angélica Gorodischer, de Jorge Riestra. El título de la colección tiene que ver con que Rosario ha recibido y recibe siempre a escritores que por alguna razón están vinculados a la ciudad por la orilla. En Rosario la posibilidad de editar es difícil, no hay quizá las suficientes editoriales serias de literatura, salvo la Editorial Municipal, o El Ombú bonsai, que recién comienza.

—¿Por qué faltan esas editoriales en Rosario?

—Porque no se quiere apostar. Hay que hacer una inversión con un corrector, con un editor, en diseño, en distribución. No tiene sentido sacar un libro y que quede en las librerías de Rosario. Me consta que publicar no es un negocio de altísimo riesgo para los editores. Entre los subsidios que reciben, los auspiciantes, el apoyo del público, la verdad es que los libros se pagan. Ya sabemos, no son best sellers, felizmente, pero también se venden; de nuestra colección se vendió en promedio la mitad de los libros. Homo Sapiens trabaja muy bien en Latinoamérica, y en Argentina los libros están en todas las librerías importantes. Hay mucha gente que se quiere pagar el libro en nuestra colección, pero la idea no es esa sino seleccionar. No están todos, lamentablemente, pero están Beatriz Vignoli, Patricia Suárez, Alma Maritano, Daniel Briguet, Sebastián Riestra. También queremos abrir lugar a algunos inéditos, como hicimos con Apucheta, una novela colectiva de muchos de mis alumnos, algunos ya publicados y premiados, como Verónica Laurino y Amanda Poliester. Vamos a reeditar un libro de Rafael Ielpi, publicaremos a Marcelo Britos, el último ganador del Premio Musto. Trabajamos con sponsors; a mí me parece importante que haya mecenazgo, algo que funciona en todas las artes, en la música, en la plástica, y también puede funcionar en los libros. Además hemos tenido un gran respaldo de la Secretaría de Cultura municipal y del Ministerio de Innovación y Cultura.

—¿Cuál es la respuesta del público?

—Ha cambiado. Se va generando la idea de que Rosario tiene muchos escritores, aparte de nuestros monstruos sagrados, de Gorodischer, de Jorge Riestra, de Fontanarrosa. Se nota por la asistencia a los ciclos que conocemos, a los festivales, y también en la compra de libros. Mi libro agotó la primera edición, pero bueno, yo tengo muchos amigos y familiares (risas). El libro de Alma anda bien. Hay lectores puros que compran el libro, la gente advierte que hay grandes escritores en Rosario. Y uno ve que hay una efervescencia literaria en la ciudad, de gente joven. Eso lo sé por los talleres.

—¿Cómo empezaste con los talleres literarios?

—Fue en 2000 con una tertulia informal, con dos o tres amigos que sabían un poco menos que yo. En esa época yo tenía un bar en Mitre y Urquiza, con una casa de cuadros que andaba mal. Me quedó un subsuelo hermoso que tenía el local y empezamos a hacer esa tertulia, con Eduardo Serenelli, Angela Leonardi y un alumno de quinto grado del Sagrado Corazón que se llamaba Francisco. Empezó a venir gente y me organicé, dándole un cierto rigor y estructura. Fue un espacio que creció con mucho entusiasmo. Hoy tengo 60 alumnos en cinco grupos. Lo más dichoso es que viene gente cada vez más formada. Vienen escritores, como Tomás Boasso, Ramiro García, Natalia Massei, Carolina Musa, Ariel Zappa, gente que por supuesto trae el oficio de otro lado y una formación. El taller es un lugar muy estimulante, es un taller de práctica de escritura, para escribir, y eso le resulta muy práctico a la gente. Además yo trato de ser muy amplio con las lecturas y a mucha gente, felizmente, uno le mejora la biblioteca.

—¿Cómo ves lo que escriben los más jóvenes?

—Como una cosa diferente. Igualmente uno ve la mano de la tradición, son chicos que pueden usar a Borges o Cortázar, pero muchos son minimalistas, o tienen la lírica de lo cotidiano, o trabajan una cuestión del hermetismo, cierta reticencia, el objetivismo, la línea de Lamborghini. Incluso se corresponden con escritores más o menos de esa generación de Buenos Aires. En una poética como la de Ramiro García o la de Tomás Boasso se puede ver el modelo de Martín Gambarotta, de Fogwill, de los Lamborghini. En Carolina Musa se ve claramente a Juan L. Ortiz pero también la ciudad hoy, hasta cierto realismo sucio. Uno ve la tradición y también la superación. Los chicos no tienen esas polémicas que lamentablemente tiene nuestra generación, no se matan en discusiones a veces semánticas o directamente ilusorias. No están contra nadie al escribir ficción o poesía; eso me parece maravilloso, porque los prejuicios y los resentimientos son mortales para la creación.

Monterroso sobre Borges

Publicado en De Otros. el 19 de Noviembre, 2011, 16:56 por MScalona

Guatemala, 1921-2003

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El encuentro con Borges no sucede nunca sin consecuencias. He aquí algunas de las cosas que pueden ocurrir, entre benéficas y maléficas:

 

 

 

1. Pasar a su lado sin darse cuenta (maléfica).

2. Pasar a su lado, regresarse y seguirlo durante un buen trecho para ver qué hace (benéfica).

3. Pasar a su lado, regresarse y seguirlo para siempre (maléfica).

4. Descubrir que uno es tonto y que hasta ese momento no se le había ocurrido una idea que más o menos valiera la pena (benéfica).

5. Descubrir que uno es inteligente, puesto que le gusta Borges (benéfica).

6. Deslumbrarse con la fábula de Aquiles y la Tortuga y creer que por ahí va la cosa (maléfica).

7. Descubrir el infinito y la eternidad (benéfica).

8. Preocuparse por el infinito y la eternidad (benéfica).

9. Creer en el infinito y en la eternidad (maléfica).

10. Dejar de escribir (benéfica).

 

 

Augusto Monterroso. Beneficios y maleficios de Jorge Luis Borges.

Del LIBRO   “MOVIMIENTO PERPETUO”, Ed. Anagrama

SANDRA RUSSO

Publicado en Aguafuerte el 19 de Noviembre, 2011, 12:05 por MScalona

A la carga contra Gaby, Fofó y Miliki

www.pagina12.com.ar

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 Por Sandra Russo

En la madrugada del jueves, la que ocupó Zucotti Park, en Nueva York, fue la policía. En respuesta a una demanda del alcalde Bloomberg, fue la policía la que puso el cuerpo para que no lo pusieran los otros, los manifestantes, después de un día de detenciones y refriegas, precintos en las muñecas de jóvenes y tirones de pelo para subirlos a los patrulleros. A pesar de que se trata de un tipo de represión televisable –no como la represión que durante décadas exportó para el Patio Trasero la Escuela de las Américas, y justo cuando una precandidata republicana reivindicó públicamente “el submarino” como práctica de interrogatorio con detenidos extranjeros–, no fue televisada. Las coberturas a esta altura son inevitables, pero son livianas, cosméticas, con cámaras que se ubican detrás de la policía. Está quedando al descubierto que la mentada neutralidad de la gran prensa norteamericana y mundial es otro bluff. Los videos de la represión de Zucotti Park pueden verse colgados en YouTube por los propios indignados norteamericanos.

Al cumplirse dos meses de manifestaciones, con cien ciudades movilizadas en sus respectivas plazas, los ocupantes de Wall Street lograron esa victoria simbólica sobre el sistema que interpelan: la del jueves fue una concreta avanzada de los cuerpos por sobre los números. Esa irrupción de la policía neoyorquina en la plaza fue un acting impotente que les robó la mecánica a los manifestantes, los que a su vez se mofaban: “Esperaremos a que la policía nos diga cuáles son sus demandas”, decían. Entraron a la plaza porque no la podían desalojar, porque sacaban a uno y entraban tres: era una fuerza de seguridad protegiendo no con sus armas sino con sus cuerpos un espacio público.

Los indignados no querían, como tantas veces se ha visto en nuestra región, usurparlo para hacer allí las viviendas precarias de todos los terrenos del mundo usurpados por los pobres. Los ocupantes de Wall Street sólo quieren hablar. Hacen allí sus asambleas, como en el resto de las miles de plazas del mundo. “El 15-M: una pregunta, no una respuesta”, se tituló la nota que esta semana firmó el español Juan Carlos Monedero en su blog. El título en sí mismo era una respuesta al cuestionamiento que desde el sistema les hacen a los indignados del mundo: ¿qué es lo que quieren?, ¿qué piden?, ¿por quién van a votar?

De modo que la policía neoyorquina, el jueves, irrumpió por la fuerza en la plaza para impedir que hablen. ¿Cómo es esto? ¿Qué significa eso? En principio, que la democracia en la que viven es el extremo opuesto de la democracia participativa posible. Uno podrá haberlo advertido hace mucho, mirando la escena desde lejos, pero hay bisagras históricas que sólo se aceitan cuando las ideas se funden con los cuerpos. Una democracia participativa, después de todo, es una forma de gobierno en la que los ciudadanos tienen el papel más activo y responsable posible, y en la que tienen mayores posibilidades de refrendar o redirigir un rumbo gubernamental. Ese sistema supone una dialéctica permanente entre el poder político y la ciudadanía, y no sólo la que lo ha votado. El sistema al que los indignados interpelan es ése en el que la única voz, el ánimo y la sensibilidad a la que se atiende son los del mercado, esa feroz abstracción que hace recaer la riqueza en el uno por ciento de la población. Por eso siempre hubo que poner el cuerpo. En cada cambio de ciclo, en cada nueva etapa histórica. Para el derrumbe o la construcción. Los cuerpos de los ciudadanos respaldan la manera de pensar de esos ciudadanos. Por eso hay cosas que hay que criticar o defender con el cuerpo, y parte del cuerpo es la palabra, pero otra parte es el volumen, lo que vemos diariamente en esas ágoras posmodernas desde las que los jóvenes gritan que “le dicen democracia y no lo es, no lo es”.

Porque las plazas –igual que las oficinas, igual que los talleres, igual que las fábricas y que los hogares– se llenan con cuerpos, no con números. Y el sistema al que interpelan esos millones de manifestantes en el mundo ha reemplazado las vísceras, los humores y los fluidos de los cuerpos por memorandums, índices y porcentajes. Un enorme aparato de abstracción condena a los cuerpos, que son los que sufren. Los cuerpos y sus respectivas almas, que son las que pierden la esperanza.

Los líderes del primer mundo hacen como que no ven. Hacen como que no escuchan. No tienen ninguna respuesta para dar. No saben hacia dónde ir, si no es hacia el estallido. Esa parte del mundo ha quedado a merced de líderes que no pueden dar ninguna respuesta a sus electorados, a los que traicionan. Pero de todos ellos, en una semana en la que Italia y su nuevo premier fueron al clímax del ensimismamiento de un modelo desvencijado, exhibiendo un gobierno integrado por tecnócratas y alardeando de que “los políticos no interferirán” en la tarea que ese gobierno tiene por delante, Barack Obama tuvo al menos el gesto de ese contrapunto breve, zen, refiriéndose a la crisis mundial. “El problema es político”, dijo. Y si es así, Italia va directamente a su infierno, igual que lo hará España. Más derecha para calmar a la derecha, en un capitalismo caníbal y autoinmune. Estamos muy lejos ya de los tiempos en los que las “victorias simbólicas” equivalían a premios consuelo, a victorias de outlet. Las revueltas mundiales en las plazas expresan, entre otras cosas, el fin de un ciclo cuyo origen fue el de una arrasadora victoria simbólica, que permitió a los tecnócratas de la economía gobernar el mundo sin necesidad de ser elegidos por nadie. Los símbolos no son accesorios. Son medulares. El 99 por ciento o el 15-M serán en el futuro los símbolos de estos tiempos. ¿Qué duda cabe? Estos tiempos serán recordados por el 99 por ciento y el 15-M y la Primavera Arabe (en Egipto han vuelto a salir a las calles, porque no era militarización lo que pedían). Este será el momento histórico en el que millones de seres humanos comprendieron que tienen derecho a la alegría. Como nuestro Jauretche, que escribió que “los pueblos deprimidos no vencen”, o como Rafael Correa, que advertía que “no nos roben la alegría”, de pronto el mundo hizo un click.

Ya pasamos la fase que tan bien describió Naomi Klein en La Doctrina del Shock, en la que sucesivamente, uno tras otro, iban siendo atacados por dictaduras y programas económicos devastadores pueblos exóticos que eran convencidos de su inferioridad. Aquí en 2001 surgió un cuadro depresivo específico, que era la angustia del desocupado. Por si lo hemos olvidado, la resistencia de los ’90 la encabezaron y la sostuvieron los desocupados, que luego fueron piqueteros y más tarde crearon las organizaciones sociales.

Entre otras cosas que la derecha local se empeña en no leer, esta escena argentina actual no puede ser replicada hacia el pasado para agitar malas copias, porque en esta escena hay actores sociales y sujetos políticos que en los ’70 no existían. Esta escena recoge esa experiencia de resistencia también, y la amalgama con tradiciones más antiguas. Muchos de los dirigentes jóvenes que hoy la derecha política y mediática se empeñan en denigrar como “recién llegados” comenzaron a militar entonces, cuando después del “que se vayan todos” y el eclipse del estado asambleario surgieron diversas formas de organización política, y la sociedad argentina comenzó una nueva relación con la participación y la politización. Negarles a los jóvenes militantes el derecho a lugares de decisión es negar también aquella parte de la historia, la del “que se vayan todos”: cerrarles la puerta a los jóvenes aboga por la gerontocracia.

Cita Monedero en su artículo al neurobiólogo Antonio Damasio, autor de Y el cerebro creó al hombre. Toda decisión “racional”, dice Damasio allí, es antes “emocional”, porque las pasiones residen en lo profundo de nosotros. Para contrarrestar una emoción negativa, es necesario generar “una emoción positiva muy fuerte”. No es una apelación a la irracionalidad, advierte, sino el funcionamiento de una “razón emocionada”. “Precisamente –dice Monedero– la que permite salir de las trampas de un mundo en el que, gracias al cierre intelectual de los que niegan una parte de la realidad, al tiempo que la bautizan, dicen que la protesta es terrorista; la risa, subversiva; los parados, perezosos; los estudiantes, revoltosos; y las mujeres, aligeradas. Los indignados que se disfrazan de payasos para manifestarse contra los recortes sociales llevan a que las cargas de los antidisturbios validen no solamente al capital financiero, sino también como inclementes verdugos de Gaby, Fofó y Miliki. Emocionalidad bien inteligente.”

JULIA KRISTEVA

Publicado en Ensayo el 19 de Noviembre, 2011, 11:56 por MScalona
las12

Viernes, 18 de noviembre de 2011

DEBATES

LA TRAVESIA AMOROSA

Julia Kristeva se define como escritora. Así se presenta aunque sus credenciales la nombren como lingüista, psicoanalista, feminista. No reniega de su formación ni de su posición política, sino que ha encontrado en la experiencia narrativa una clínica y en la lengua materna, ya no sólo como relato de origen sino como transmisión de afecto y de confianza, una ética. En su primera visita a Buenos Aires, habló con Las 12 sobre la travesía amorosa de la maternidad, a la que le falta, dice, una "filosofía laica". Pero esta recuperación de la maternidad sólo puede darse una vez que las mujeres tengan la potestad sobre su cuerpo y por eso, antes de entrar en tema, es enfática: "Lo primero es ser solidaria con quienes reclaman el derecho al aborto".

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 Por Veronica Gago

De tanto fascinarle la China, algo en sus ojos parecen haber tomado su forma. De la visita que realizó a aquel país en 1974, como miembro del mítico grupo literario parisiense Tel Quel (que reunía varias estrellas teóricas del momento), la lingüista y psicoanalista Julia Kristeva ha escrito mucho y, aún hoy, la resistencia de las mujeres chinas despierta su admiración. Dos de ellas fueron distinguidas con el premio Simone de Beauvoir para la libertad de las mujeres que Kristeva, como feminista reconocida, preside. En esa ocasión escribió en el periódico Le Monde: La historia antigua y la reciente parecen haber preparado la vitalidad combativa de esa "mitad del cielo" que es el "segundo sexo" en China. En la actualidad, son cada vez más las mujeres que no se conforman con participar del auge del gigante emergente ni con protestar por ser marginadas. Ellas ya no se dejan intimidar y son cada vez más las que defienden e impulsan los derechos femeninos. La cuestión es que China es un lugar y una metáfora proliferante y recurrente en los textos de Kristeva y también en sus preocupaciones políticas.

Por primera vez en Buenos Aires, en la conferencia que dio en el Programa Lectura Mundi de la Universidad de San Martín (auspiciado por la Secretaría de Cultura de Presidencia de la Nación, la Biblioteca Nacional y la Universidad Diderot-Paris 7), habló de la China a partir de la riqueza de su lengua tonal: se trata, dijo, de un idioma que conserva los tonos (alto, bajo, en descenso y en ascenso) como distinciones fundamentales en el habla cotidiana. "Como si esa lengua tuviese una capacidad de relación sensible con las palabras." En la mayoría de las lenguas, en cambio, esos tonos sólo están en el habla de los bebés, en los primeros años, pero luego son aplanados, regularizados. La lengua china permite escuchar la "intensa profundidad de las palabras", dijo Kristeva. Y esa intensidad es su "coraza semiótica", la que resguarda la experiencia inicial de la lengua materna como grado cero del lenguaje, como travesía amorosa.

La China, como nombre capaz de atesorar la infancia en una lengua vibrátil, se vuelve imagen dilecta, metáfora preciosa, para el psicoanálisis. Que sería para Kristeva casi un ardid para dar la palabra, para hacer literatura. O una práctica de transvaloración de la religión y sus propuestas de consuelo, en una clínica que se convierte en experiencia narrativa. Será por eso que cuando se presenta rehúsa encuadrarse en las capillas del psicoanálisis y pronuncia la palabra "écrivain" (escritora) con tanta seguridad que se le afilan los pómulos y se le agrandan los ojos (bañándola de un aire lispectoriano).

La China, casi como madre de las filosofías, es también espacio generoso para pensar lo materno. Dirá Kristeva: "La civilización china –en el taoísmo– define lo materno como el movimiento mismo, la corriente, la "vía", ella también "sin nombre", anterior a todas las entidades y a todas las relaciones, un "proceso de emergencia" en el seno del cuerpo propio". La caligrafía china, sus sabrosos ideogramas, son un intento de infiltrar, dice Kristeva, el erotismo materno "en el tejido cultural".

PASION MATERNAL

Si en la melodía de la lengua tiembla la infancia y en ella se cifran las palabras "ondulantes", cargadas de afecto, la lengua materna es mucho más que un relato de origen. Kristeva, búlgara de nacimiento, fue enviada por su madre desde pequeña a un jardín de infantes francés. Cuando llegó a París, a los 18 años, se sintió morir en el búlgaro para escribir y teorizar en francés. Sin embargo, la experiencia materna le permitió confrontar simbólicamente y teorizar el pasaje de una lengua a otra: "La maternidad es un renacer permanente porque nos ubica en el lugar de acompañar la fragilidad de lo humano", señala. En este punto, la maternidad es un espacio filosófico privilegiado, sólo que hoy, dice Kristeva, "le falta una filosofía": "Somos la única civilización, como laicos, que no la piensa filosóficamente". Por eso, la "pasión maternal" es un desafío para los feminismos.

Al respecto acaba de escribir el guión de un film de 11 minutos y medio, realizado por G. K. Galabov, que fue su presentación en el Congreso de Psicoanalistas de la lengua francesa, en París, en junio pasado. El film se llama Reliance. O del erotismo materno (puede verse en www.kristeva.fr) y en él pasan imágenes de parto, de ecografías, de la propia Kristeva con su hijo, de representaciones pictóricas religiosas cristianas y antiguas, caligrafías chinas, la Sara de la tradición judía, y otra sucesión de dibujos y fotos y videos mientras Kristeva lee su texto. "Reliance", como explica la autora en esta entrevista con Las 12, refiere al lazo de confianza, de entrega y devolución, que sustenta el vínculo materno y que funda una ética herética: "Si una ética no consiste en evitar la embarazosa e inevitable problemática de la ley, sino en darle cuerpos, lenguaje y goce, entonces esa ética es una herética".

¿Qué significa esta preocupación por la maternidad?

–El feminismo de la época de Simone de Beauvoir fue una gran conquista, aun si no se realizó completamente, e intentó liberar a las mujeres de la esclavitud de la maternidad. Sabemos bien lo que esto quiere decir porque existe un combate en América latina, y en Argentina en particular, en nuestros días: me refiero a la posibilidad de decidir sobre el propio cuerpo, de tener derechos sobre el vientre, es decir, el derecho al aborto. Sin esa libertad, todos los otros derechos de igualdad económica, social, jurídica y política no son posibles. Entonces, cuando decimos que estamos a favor de rehabilitar la maternidad, esto no quiere decir que no haga falta luchar por el aborto. Una vez que el derecho al aborto está logrado, las mujeres eligen tener o no tener hijos. Lo primero que quiero decir entonces es que soy solidaria con las feministas argentinas que luchan por conquistar el derecho al aborto. A partir de ahí, muchas feministas han sentido la necesidad de desarrollar cada vez más la experiencia de la maternidad.

¿De que manera?

–Tanto en Francia como en Estados Unidos, de manera no siempre satisfactoria, se desarrollan teorías nuevas sobre la maternidad. Yo lo que trato de pensar es la experiencia misma de la maternidad, lo que concierne a la pasión maternal. Creo que se trata de una experiencia compleja, donde hay mucha violencia. En primer lugar, una expulsión de una parte de una y la intrusión de la vida de un nuevo ser al que hay que dedicarse. Muchas mujeres frente a esa experiencia cotidiana se sienten muy deprimidas y acompañan la maternidad con mucha agresión hacia el niño y hacia ellas mismas. También suele darse una posesión sobre el niño, proyectándole ambiciones que anteriormente tenían sobre ellas mismas. Es importante subrayar el costado pasional-destructivo de la maternidad para poder desarrollar el rol civilizatorio de la maternidad.

¿Cómo lo entiende?

–Consiste desde ya en transmitir el lenguaje, pero también en crear el vínculo social como vínculo amoroso, que es el vínculo primero de la madre con el niño. Cuando podemos atravesar esta violencia primera, el de madre-hijo es el vínculo amoroso por excelencia, que es mucho más claro y puro que la relación entre hombre y mujer. Nosotros, los de la secularización laica, somos la única civilización que no tiene un discurso sobre esta experiencia de la maternidad. Creemos saber lo que es la madre judía, creemos saber lo que es la madre cristiana representada en la Virgen María, lo cual no significa que lo sepamos, pero no hay código moral ni reglas de comportamiento para la madre laica. Y en la medida que la mujer está sola, porque la pareja no está o tiene menos tiempo o es madre soltera, es absolutamente necesario que en el mundo moderno se desarrolle un acompañamiento para las madres.

¿Qué sería una filosofía de la maternidad?

–En el último coloquio que realizamos para las y los psicoanalistas de lengua francesa, intenté desarrollar el lazo madre-hijo a partir de la noción de reliance, "religar" en francés, que es también el término inglés reliance, que implica la confianza, esperar una ayuda y retornarla. Es una ética que no es exactamente la del vínculo religioso –que viene del término religare– que es un vínculo con el padre, ligado a la ley, a la obligación, al pacto social. El sustrato más arcaico, afectivo, del vínculo se puede comprender concretamente a partir de la relación de la madre con el niño. Muchas mujeres, sobre todo jóvenes, que les falta ese apoyo se vuelcan a buscarlo en la religión.

Además, usted habla de la necesidad de espacios de maternidad simbólica...

–El momento actual de superpoblación mundial va a poner en marcha en algún momento una política de regulación de los nacimientos, lo cual afectará sobre todo a la población femenina, porque se buscará restringir su potencia generatriz. Es muy importante preservar la experiencia simbólica maternal, reconduciendo esa capacidad de confianza, de educación, de lenguaje, de acompañamiento femenino a otros espacios. Esto es lo que llamo maternidad simbólica. Es un doble movimiento: ayudar a las madres, sobre todo las madres de los barrios y a las más jóvenes, y por otro, desarrollar espacios de solidaridad y cuidados que den lugar a la maternidad simbólica.

LA REVUELTA

"Mi convicción profunda es que lo femenino y lo maternal tiene toda su originalidad por fuera del poder", ha declarado. Será por eso que "revuelta" es una de las palabras clave del multiverso kristeviano. A ella le ha dedicado buena parte de su pensamiento, para hacerla transitar entre "el microcosmos de lo íntimo" y "la plaza pública". Entusiasta con el movimiento estudiantil chileno, dice haber visto entre los jóvenes –además de sus libros– una curiosidad política en ebullición. Y es que puede decirse que a Kristeva le interesan esos "estados de gracia" que pueden producirse en la política, en el análisis, o en el espacio de goce que abre la literatura. De lo que se trata es de ir en busca del tiempo perdido y esa investigación proustiana, dice, es simultáneamente "búsqueda de la infancia y de la dimensión sensual del presente". Son esos estados de deleite los que batallan contra lo que llama "las enfermedades del alma" actuales.

Kristeva estuvo hace unos meses con el papa Benedicto XVI. Fue una de las cuatro no creyentes invitadas a hablar en la ciudad de Asís, en la basílica de Santa María de los Angeles. Se ríe de que el diario francés Libération festejó que haya hablado de Freud y del Marqués de Sade frente a la máxima autoridad del cristianismo. En todo caso, la preocupación de Kristeva es por la "constante antropológica pre-religiosa", que consiste en esa "increíble necesidad de creer" y, sobre todo, en cómo volverla deseo de conocer.

LO FEMENINO Y LO SAGRADO

En un bello libro de intercambio epistolar y de teorización conversacional con la filósofa y feminista francesa Catherine Clément, Kristeva dice sentir haber acertado una intuición: "que existen otras lógicas, si no más profundas, al menos heterogéneas a la superficie política y policial de la comunicación racional y racionalista". Se trata de "lógicas del inconsciente, ritmos y polifonías de la música subyacente a la palabra y a la palabrería: un infrasentido, al igual que hay infrasonidos". Es esa otra comunicación, porosa, la que abre una vía a lo sagrado como experiencia femenina, atea sin dejar de ser creyente, capaz de alojar memorias que invaden y que producen psicosis o éxtasis, "según la época, la suerte y las pocas posibilidades de las que disponen los humanos para crear".

CUADERNILLO 2011, 50 txts

Publicado en General el 18 de Noviembre, 2011, 9:10 por MScalona

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Marce Nomalumbre 2011

  1. Fernando Artana, Motivaciones
  2. Damián Fornaso, Tan lejos y tan cerca
  3. Analía Rossi, La angustia, El partido, Garabatear
  4. Alina Taborda, Dialogo indirecto, Legados, Solitaria
  5. Silvina Potenza, Llamame Margot
  6. Sandra Fabi, Espontaneidad, selección, encauzamiento y justicia social  (fragmento de la novela "Los Cardos", Cap. I)
  7. Osvaldo Anibal Farías, Conversación en la galería
  8. Andrea Parnisari, Mudanza, Monólogo interior
  9. Gonzalo Ruzafa, En el dpto.  de enfrente
  10. Matías Nicolás Settimo, I, II, II, IV, V
  11. Roberto Sánchez, Esta puta fobia
  12. Julia Mariana Sanchez, La rabiosa
  13. Pablo Mengascini, Cuatro fenómenos
  14. Josefina Antoni, Una historia como otras
  15. Lautaro Cossia, En los pliegues del fantasma
  16. Nicolás Foppiani, El Disparo
  17. Cecilia Mohni, marmetizarse
  18. Celina Russo, Fragmento de  novela (en proceso)
  19. Felicitas Maini, La diferencia
  20. Natalia Massei, Todos los colores se unen en el blanco
  21. Mayra Rodríguez, Fin de taller, Reunión de equipo
  22. Matías Magliano, Metafísica oriental
  23. Silvia Estevez, Recuerdos, Futilidad, Calma
  24. Alfredo Daniel Cherara, Piedra
  25. Marcelo Scalona, Jacarandá
  26. Lucía Andreozzi, Mario Alberto y la prima Laura
  27. Lucas Darrux, Nitrato de rodar. Breve historia de cauchos maricones, Todos los árboles el árbol
  28. Marisol Baltare, Aquello otro
  29. Susana Paganini, A qué cosas les gusta suceder juntas
  30. Mónica Ferrero, Vida de perros
  31. María Belén Irusta, Dos horas
  32. Iván Limanovsky, Espera
  33. Cintia Sartorio, El Péndulo, Señor Álvarez
  34. Alicia García Curutchet, Pisadas
  35. Carlos Santini, Demolición
  36. Mayra Medina, sin título
  37. Germán Gómez, capítulo de novela colectiva "Maxi"
  38. Mónica Mercedes González, Sensibilidad
  39. Maximiliano Rendo, Detrás
  40. Elida Rivoira, monologo interior sin título
  41. Soledad Plasenzotti, Alados (fragmento de novela?)
  42. María Ce Rivarola, Torta en sepia, Crema depilatoria, Trigonometría tres
  43. Ramiro García, sin título
  44. Eugenia Luna,  Rumbo a Osde
  45. Miren Madariaga, Una pausa
  46. Tomás Boasso, Shiva
  47. Carolina Musa, Taxidermia (novela in progress, cap. 3)
  48. Nicolás Aimetti, Andrea
  49. Julieta Tonello, El pañuelo
  50. Juan M. Rodríguez, La inmortalidad del cangrejo

este sábado, SOLEDAD PLASENZOTTI

Publicado en Sugerencias. el 17 de Noviembre, 2011, 16:09 por MScalona

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Antología Taller 2011

Publicado en General el 17 de Noviembre, 2011, 11:20 por MScalona

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La revista incluye 50 autores que trabajaron este año en nuestrotaller.

Siempre con la edición de CAROLINA MUSA.

Les agradezco el compromiso y el entusiasmo a los que mandaron sus textos.

A prensa…!!!!   Marce

Artículos anteriores en Noviembre del 2011

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-