"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




27 de Octubre, 2011


JUAN M. RODRÍGUEZ

Publicado en Parodias el 27 de Octubre, 2011, 15:39 por MScalona

Epifanía

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Arrastrando sus pies por las duras piedras, Job subió trabajosamente hasta la cima del monte. Cuando llegó, alzó su voz al cielo.

-¡Señor! ¡Señor!

-¿Qué?

Al oir la augusta voz de Dios que le hablaba, Job cayó de rodillas, bajando su frente en actitud piadosa.

-Señor. No quería molestarte pero…

-Ya me molestaste. ¿Quién sos?

-Soy Job, tu humilde siervo.

-No conozco a ningún Job.

-Soy Job de Canaán, Señor.

-¿Job de Canaán? Sí, creo que sé quién sos. ¿Qué querés?

-Señor, vengo hasta aquí sumido en la desgracia. Hasta hace poco, fui el hombre más feliz sobre la tierra. Mis campos eran vastos y fértiles, y mi ganado tan numeroso como las estrellas                 en el firmamento. Había sido bendecido con numerosos hijos, y, agradecido, bendije tu nombre en todos los rincones de…

-Por favor, estoy muy ocupado. Andá al punto.

-Señor, todo me ha sido arrebatado. Mis campos se volvieron estériles, y en ellos no crece ni la sierpe. Mi ganado fue devorado por los lobos. Los ladrones saquearon mi hacienda, y el                     techo se desplomó sobre mis hijos, mientras celebraban una fiesta, matándolos a todos. Cuando creía que mi infortunio no podía ser mayor, la lepra invadió mi cuerpo, dejándome inválido y deforme.

-Ya veo. ¿Y qué tiene todo eso que ver conmigo?

-Mis compatriotas me echaron de mi pueblo, diciendo que mis desgracias eran el castigo divino por los pecados que debí haber cometido. Pero yo soy un hombre justo. Vos lo sabés, vos sondeás los pensamientos más recónditos de mi mente, contaste cada pelo de mi cabeza, vos me conocés desde el vientre de mi madre.

-¿Yo te conozco desde el vientre de tu madre? ¿De dónde sacaste una idea tan absurda?

-Señor, vos podés verlo todo.

-Pero eso no significa que le preste atención a todo. Me volvería loco.

-Vengo hasta vos, humildemente, para inquirir la causa de mis desdichas. Nunca hice nada para ofenderte.

-¿Ofenderme a mí? Eso está un poco fuera de tus posibilidades.

-En mi vida, sólo procuré agradarte.

-Eso también está fuera de tus posibilidades.

-Señor, necesito una respuesta. ¿Por qué decidiste arrojar tantos males sobre tu humilde siervo?

-Está bien… mirá… ¿Cómo podría ponerlo en términos que entiendas? ¿Hablás griego?

-No, señor.

-No importa. Digámoslo así: Yo soy el Alfa y el Omega, soy el principio y el fin. Nada es más grande que yo, y nada existe fuera de mí. Vos, en cambio, sos, por así decirlo, nada. Sin ánimo                de ofender.

 -No te comprendo, Señor.

 -Claro. Por ejemplo, ¿dónde estabas vos cuando yo creé este mundo?

 -No lo sé.

 -¿Dónde estabas cuando separé la luz de las tinieblas?

 -No lo recuerdo.

 -¿Y dónde estabas cuando até los vientos, los que soplan del norte y del oriente?

 -Tal vez en casa de mi primo. Pasaba mucho tiempo ahí cuando era joven.

 -Lo que intento decirte es que yo estoy tan por encima de vos como vos podrías estarlo de un pequeño insecto. Cuando vas caminando, y pisás algún insecto, ¿lo notás?

 -No si las sandalias son buenas.

 -¿Te parás a pensar en el daño que le hiciste a ese insecto?

 -Rara vez.

 -¿O en la tristeza que vas a causar a los amigos o parientes de aquel insecto al que aplastaste?

 -No, Señor.

 -Bueno, a mí me pasa algo muy parecido con ustedes.

 -Pero Señor, yo no soy un insecto. Soy un hombre, formado a tu imagen y semejanza.

 -No me digas… ¿No acabo de decirte que yo soy más grande que todo, y que nada existe fuera de mí?

 -Sí, Señor.

 -Pero si nada existe fuera de mí, eso sería lo mismo que afirmar que nada puede limitarme, ¿no es así?

 -Supongo que sí.

 -Entonces, si nada puede limitarme, sería lógico asumir que yo no tengo forma. Pero si yo no tengo forma, ¿cómo podría parecerme a algo, o a la inversa, cómo podría algo parecerse a mí?

 -No lo sé, Señor, no entiendo mucho de geometría.

 -Job, lo que trato de decirte es que los seres humanos y sus asuntos me son completamente indiferentes.

 -¿Pero entonces, quién se encarga de velar por los justos, y de ver que los malvados reciban su castigo?

 -La policía, supongo.

 -¿Quién hace cumplir tus santas leyes, que diste al mundo desde el inicio de los tiempos?

 -Mis leyes son para las estrellas, Job. Yo reglo sus movimientos, acomodo planetas en torno a ellas como si fueran racimos de uvas, diseño galaxias de formas infinitamente variadas. Soy un            astrofísico, no un juez.

 -Pero entonces, eso significa que estamos solos…

 -Tan solos como cualquier otro ser vivo. Ustedes son los únicos que se quejan.

 -No, puede ser, estamos solos en el universo…

 -No es para tanto.

 -Solos… ¡No! ¡No lo acepto! Reniego de vos, Señor. Maldigo tu nombre. ¡Te niego! ¡Yo te niego, Señor!

 -Me tiene sin cuidado. Ahora, si me disculpás, me gustaría volver a mi trabajo.

 -¡No, no puedo aceptarlo! ¿Qué clase de dios demente rige este universo? ¡Oh, la humanidad!

 -Me parece que estás exagerando un poco…

 -¡Oh, la nausea! Voy a vomitar.

 -Por favor, no vomites acá. Tardé seis mil años en crear este monte.

 -¡Oh, abismos! ¡Abismos, nada más! ¡Estoy desesperado! Me voy a suicidar…

 -¡Basta! Job, por favor, no seas tan melodramático. Entiendo tus problemas, pero me parece que te estás quejando con la persona equivocada. Vayamos por partes: tus campos se volvieron            estériles. Es muy probable que los estés trabajando mal. Deberías considerar consultarlo con algún experto. Si los lobos se comieron a tu ganado, yo diría que la culpa es de los pastores,                  que no hicieron bien su trabajo. Despedilos y contratá a otros. En cuanto a los ladrones que saquearon tu casa, deberías hacer la denuncia, y si el techo se cayó sobre tus hijos, muy                        probablemente es porque los que construyeron tu casa no sabían muy bien lo que hacían. Por último, existe una gran variedad de tratamientos que podrías seguir para curar tu lepra. Como              ves, hay una solución para todo.

 -Pero, ¿y la soledad, y la infinita desesperación de saber que no te importamos?

 -Ya lo vas a superar. Muchos hijos son ignorados por sus padres, pero de cualquier manera llegan a ser personas plenas. Si te hace sentir mejor, podés fingir que no existo.

 -Gracias, Señor. Mis ojos se han abierto. Después de tanto tiempo, veo finalmente que…

 -Está bien, no hace falta que lo digas, la verdad no me interesa. Ya me quitaste mucho tiempo. Ahora, por favor, retirate. Quisiera volver a mi trabajo.

ALINA TABORDA

Publicado en Nuestra Letra. el 27 de Octubre, 2011, 13:23 por MScalona

Siesta

Las tardecitas de sol dentro de la casa eran eternas.

Pero si era afuera, el mundo se abría ante ellos.

-         Vení, vení, acá no nos ve nadie

-         Si nos ven nos matan

-         Pero no nos vieron. Vení

-         Bueno, dale

-         Despacito. No te vas a tropezar

-         Ayudame

-         Por acá es más fácil

-         Ahí voy

-         Acá esta re cómodo. Sentate

-         Si, esta re lindo acá

-         Toma

-         ¿Qué?

-         Toma

-         Ay!! Que lindas… Las cortaste de la casa de la vieja?

-         Si

-         Te va a matar!!

-         No me vio

-         Si te ve te mata… Gracias!! Están re linda!

-         ¿Te gustaron?

-         Mucho

-         ¿Me das un beso?

-         Sos loco!!

-         Dale. Si te gustó

-         Acá no

-         Si no hay nadie

-         Ahora no

-         Uno solito…

-         Después

-         Si me das uno yo te voy a querer para siempre

-         Tarado

-         Uno solito nomás

-         Salí

Caía la tarde en ese campo iluminado por un sol que irradiaba más que luz.

Corría por primera vez el amor en esas vacaciones inolvidables.

-         Yo no quiero que te vayas

-         Pero me voy

-         ¿Y si te quedas acá?

-         Tengo que volver a la escuela

-         Quedate. Nos escondemos acá

-         Tonto. Mis papas en un rato ya saldrían a buscarme si no vuelvo.

-         ¿Y si no nos encuentran?

-         Se pondrían re mal ellos

-         Pero yo quiero que te quedes

-         Pero no puedo

-         Dame otro besito

-         Basta!

-         ¿Y si te quedas con tu abuela?

-         Sos loco. No me dejan

-         Te voy a extrañar

-         Bueno, vamos, ya es re tarde

-         Dame uno más

-         Ufa!!

-         Dale

-         Bueno, uno

-         Mmmm… Que rico!

-         Vamos

-         Bueno, dale. Cuidado con la rama

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                                                             Alina Taborda

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-