"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




JUAN M. RODRÍGUEZ: Diario

Publicado en Nuestra Letra. el 23 de Septiembre, 2011, 23:24 por MScalona

 

13/9/2011-Martes    

Por encargo de mi amigo, mentor y gurú, faro narrativo y brújula literaria, M. Scallona, empiezo este diario. Él me asegura que un diario es un medio excelente para afinar la introspección, cualidad que, desde Proust y Joyce, y toda esa ilustre camada de neuróticos, es fundamental para un escritor. Hoy, me dice, no basta con ser solamente inventivo; es necesario alcanzar los confines de la subjetividad. Podría decirse que la literatura deshizo su marcha para volver a ser lo que fue, una invocación de las potencias primigenias, sólo que éstas son ahora las del inconsciente. Y la forma de invocarlas, por supuesto, ya no es con discursos grandilocuentes, sino desde la trivialidad. Chejov sería entonces nuestro Homero (o si se prefiere, nuestro dios), y las historias mínimas nuestras epopeyas. El diario, si entendí bien, sería entonces la reconciliación del escritor con su trivialidad, lo contrario de las memorias o confesiones, que serían más bien formas de “novelizar” la vida. Sería un ejercicio del detalle, tal vez el triunfo de la neurosis (Scallona no lo dijo así, pero imagino que estará de acuerdo).

14/9/2011-Miércoles

Empecé el día con la preocupación de cambiar los diarios sucios en la jaula del cobayo (o “cobayera” como yo la llamo, aunque no estoy seguro de que el término sea correcto). Tenemos al cobayo en casa desde hace dos días, y todavía no me acostumbro del todo a cuidarlo. De cualquier manera, el proceso fue más fácil de lo que esperaba (dirían en el campo: “como agarrar a una serpiente por la cola”). Me dijeron que el cobayo es de la familia de los conejos (¿un conéjido? O tal vez el conejo sea un cobáyido), y que por eso mismo (?) necesita espacio. Lo dejé pasear por mi habitación y se escondió abajo de un mueble. Tardé un rato en sacarlo.

A la noche, fui a la presentación de la revista literaria “Facundo”, con M. Scallona y la gente del taller. En el camino de vuelta, me encontré con unos conocidos de la secundaria que me invitaron ipso facto a comer un asado en Funes. Por supuesto les dije que no.

4.10 a.m: Desde la ventana, me llegó el ruido de una frenada y un choque. No pude ver mucho, pero por la violencia del mismo, sospecho que alguien debe haberse matado. Mañana me enteraré*.

  • Nota: para entender a que me refiero cuando digo “mañana” conviene notar que, en mi criterio,el día termina cuando me acuesto (alrededor de las 4.30 a.m) y empieza cuando me levanto (alrededor de la 1 p.m).

15/9/2011-Jueves

Leí la “Batracomaquia”. En algún momento, probablemente intente escribir algo parecido. Según leí, la idea ya fue reciclada varias veces por varios escritores (Lope de Vega, por ejemplo, escribió una “Gatomaquia”), asique es lo suficientemente poco original para que no me moleste ensayarla.

A la tarde, tuve un ataque de abulia. Me hundí en el sillón, mirando televisión, y no quise levantarme durante unas horas. Tendría que hacer un esfuerzo para recordar qué fue lo que vi. A las 7.00 salí a caminar. Me crucé con una pareja que conversaba en inglés. Por lo que pude entender, el tipo contaba alguna anécdota sobre una vieja y algún asunto de drogas. No pude oír mucho más.

A la noche, tuve una charla más o menos tensa con mamá. Me insistió en que busque trabajo y me recordó el plazo que me puso, hasta fin de año, al cabo del cual piensa “ponerme de patitas en la calle” (sic).

El cobayo, al parecer, se adapta bastante bien, y come bastante bien y también hace su digestión bastante bien. Mañana voy a tener que cambiar otra vez los diarios.

16/9/2011-Viernes

Almorcé con mis abuelos, como todos los viernes. En el camino a su casa, me crucé con una profesora de geografía del secundario, a la que recuerdo bastante bien, principalmente porque tenía la costumbre de ir a la escuela vestida como una prostituta. No la saludé.

Fue un día lluvioso. Dormí una siesta, cosa que generalmente no hago. A la noche, usé el mal tiempo como excusa para quedarme en casa, y evitar un compromiso que no tenía deseos de cumplir.

Mis intentos de amaestrar al cobayo (enseñarle a reconocer mi voz y quizás hacer algún truco) no mostraron hasta ahora ningún resultado significativo.

17/9/2011-Sábado

Me levanté a las 3.40 p.m. Desayuné a las 4. Después fui a “tomar una coca” –expresión coloquial que, como todo el mundo sabe, significa encontrarse en algún lugar, y no necesariamente implica tomar coca-cola, aunque en este caso sí lo hicimos- con unos amigos. Después fuimos a jugar al pool. Jugué bastante mal.

Volví a casa. Estuve escuchando música unas horas (Beatles, Fleetwood Mac, esa clase de cosas) y tonteando con la armónica, instrumento que toco desde hace un año, y que se me da tan bien como el pool o la cría de cobayos.

A la noche, preferí otra vez quedarme en casa.

18/9/2011-Domingo

Cambié los diarios sucios, y limpié el piso alrededor de la cobayera, de la mejor manera que se me ocurrió: con papeles mojados. Realmente no había pensado seriamente en el parentesco del cobayo con cualquier otro roedor hasta que tuve que recoger su excremento del piso.

A la tarde fui a una muestra de teatro aéreo en un galpón cerca de casa. El espectáculo no fue brillante. De cualquier manera, fui más con la idea de congraciarme con una amiga que por “amor al arte”, y en ese sentido, no creo que haya sido tiempo perdido.

Volví a casa a las 7.30. Estuve viendo televisión un rato. Después me instalé en la computadora, y en eso se me fue la noche.

19/9/2011-Lunes

Fui a mi clase de francés, como todos los lunes desde hace un mes. Mi profesora es una señora bastante vieja y bastante rara, de nombre Françoise. Tiene el pelo teñido de un rubio chillón, los ojos bien azules y la piel arrugada como un papiro antiguo (imagino que si supiera algo de egiptología, podría leer jeroglíficos en su frente).

Volví a casa, y reanudé la lectura del “Diario de a bordo” de Cristóbal Colón, que tenía abandonado desde el viernes. Este libro me interesa por dos motivos: primero, por las muchas referencias que hace de él Todorov en la primera parte de “La conquista de América” (una obra que leí con bastante atención hace unos años). Segundo, porque siempre me gustaron los relatos de aventuras marítimas. Empezando por “20.000 leguas de viaje submarino”, y “Robinson Crusoe” (y una continuación menos inspirada, titulada “Nuevas aventuras de Robinson Crusoe”), siguiendo por “La isla del tesoro”, “Los viajes de Gulliver”, “Benito Cereno”, “Trafalgar”, incluso “La Odisea”. Sé que, desde el punto de vista de cualquier crítica literaria, es un prejuicio bastante poco defendible, pero cualquier novela que involucre barcos, viajes, descubrimientos, me parece inherentemente entretenida.

Salí a caminar a las 7.30.

Jugué un poco con el cobayo. El animalito me tiene miedo, y para ser justos, yo también le tengo un poco de miedo, asique podría decirse que estamos en una situación de igualdad. Mañana voy a soltarlo un rato en mi habitación, para que explore un poco y tenga más espacio donde moverse –lo que, como ya anoté, es muy importante para los conéjidos o cobáyidos-. 

20/9/2011-Martes

Me desperté a las 11. Fui a un laboratorio para consultar sobre las sutilezas de unos análisis que tal vez me haga mañana, nada más que para tranquilizarme respecto de mi estado de salud y acallar mi hipocondría (por supuesto ya me hice miles de análisis en mi vida, y eso nunca acalló mi hipocondría, pero uno nunca pierde la fe).

Solté al cobayo unos minutos, después de haber preparado un poco el espacio para que no tuviera donde esconderse. El pobre bicho se asustó y emitió unos chillidos muy agudos, que me recordaron un poco a las alarmas de algunos autos. Me apiadé y lo metí en su cobayera. Logré que comiera de mi mano un pedazo de zanahoria (lo cual, según leí en alguna página de internet a la que no doy tanto crédito, es señal de confianza y por tanto un avance).

A la tarde, nos visitó una conocida, que trajo a su hijo de tres años. Eso me puso bastante nervioso. No me gustan los chicos, y menos cuando están en mi casa. Jugué con él un rato para entretenerlo y evitar que fuera a mi habitación y tocara mis cosas.

Más tarde, salí a caminar.

A la noche, estuve viendo algunos capítulos de “Los Simpsons” en la computadora. Como todo buen seguidor sabe, los viejos son los mejores.

Afuera es un desastre. Hay pibes gritando, chiflando, con la “música” a todo volúmen, celebrando a su particular(mente estúpida) manera el día del estudiante/de la primavera. En general esta clase de cosas me resultan muy molestas, y si de mi dependiera, probablemente acabaría matándolos a todos (lo cual me hace pensar hasta qué punto es una suerte que no dependa de mí).

                                                                                 J U A N

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-