"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




CINTIA SARTORIO

Publicado en Cuentos el 6 de Septiembre, 2011, 11:42 por MScalona

Ave María Purísima y El Mismísimo Inmortal

 

 

-         Ahora- dijo agarrando mi hombro- yo soy tu madr…

Solamente escuché hasta ahí. Me lo dijo el día de su velatorio. Ni un día antes ni uno después. Ese infame día. Hasta no hacía mucho tiempo era la madre de él. No era “mi nada”.

Cuando me presentaron a mi familia política no fue fácil. Primero conocí a un grupo acotado. Fue en el sanatorio de Paraguay y Wheelright. Luego conocí a todos los demás. Son como doscientos, doscientos uno te diría. Los comentarios fueron muchos pero todos tenían un punto en común.

-         Te ganaste el cielo piba.

-         ¡Qué “seeegrita” te ganaste!

-         Vos si nena que sabés buscar  “SG”. ¡¿Se entiende!?

-         Mi tía es buena. Si, es buena. Pero es algo brava (...)

A los treinta y pico años de esas cosas ya no me asustaba.

 

 

 

Entró por la puerta del negocio mientras yo repasaba para un parcial de química. Alto, moreno, hombros infinitos. Me devolvió las “Pesadillas de Freddy”, la uno creo. Nos quedamos un instante enlazados por ese bendito videocassette. Venía de correr quince kilómetros. Mo-rí.

Contenete, Te está subiendo la sangre desde el mismísimo universo a la cara. Se va a dar cuenta. Contenete. Tenés que hacer como que no lo ves.

Me sonríe. Se le achinan los ojitos. A él le pasa lo mismo. Dejó todo el nylon de la caja húmedo. Lo pongo nervioso. Más que eso. Seguro.

Se fue. Llegó hasta la puerta. Su nuca de cabello recortado sobre esa espalda eterna y moldeada me atrapó de una forma irremediable y estrogénica. El cuerpo, el alma y hasta la mente podría apostar. Esa imagen holográfica me acompañaría, sin remedio, hasta mucho después.

Tengo 19 años; él, quince. Quince y dos meses. Casi dieciséis. No es tanta diferencia. Y esa tal, Clara, Carla, Katia. Carla. Si. Carla. Tendrá el pelo algo despeinado, rubio y crespo, ojos azules, siempresonrientesiemprefeliz. Seguro que es parecida a Headher MacLeod. ¿Bellas artes, estudiará?¿Será cierto que salen? Es escusa. A él le cuesta contarle a sus amigos lo que le pasa conmigo. Seguro. Para ellos debe ser un tema generacional. No son tan maduros como él.

 

 

 

Estábamos en el pasillo del quinto piso. Yo había conocido a Leandra y Gabriel, su pareja que le llevaba 19 años. Habían enterrado hacía unos días a su madre y a su casi padre después de aquel maldito accidente en el cual Ella se había partido la pierna en mil pedazos. El rostro de Leandra era congestivo, rojo. Todos sus ojos estaban congestivos. Los del corazón, incluso. La puerta de la 513 se entreabría y yo sólo podía verle los pies bajo las sábanas, uno de ellos enorme hasta la lástima. No sabía que pasaba y por qué todos hablaban en voz baja, muy baja, “cuchicheando”; como entretejiendo algo peor que aquel accidente. ¿Qué podría ser peor? Leandra había hecho un gran esfuerzo para llegar hasta allí. Más de 120 km con el alma destrozada para verla.

-         ¿Qué pasa?

-         Es que no la quiere ver. Dice que no está preparada.

-         ¿Quién? ¿Leandra? No es para menos- Opiné.

-         No. Ella.

Me quedé perpleja. Una pierna partida en mil pedazos debe doler más que la muerte de tus dos viejos. Eso y sólo eso me obligué a pensar ese tarde.

 

 

Él quería ser ingeniero químico he ingresaría a la universidad en unos tres años cuando terminara la secundaria. Yo estaba en segundo año de bioquímica. El uno para el otro.

Había un gran revuelo por esos días en el video. Iban a estrenar en el cine “Highlander II, The Quickening” la segunda parte de Highlander, el Último Inmortal”[1]. Los fans empezaron a reservar la película con el sólo fin de recordar detalles antes de ir al cine en busca de la segunda parte de la saga. Él la había visto algunas veces: el 4 de noviembre con los chicos de la escuela, el 15 de diciembre con los amigos del club, el 25 de diciembre con los padres (la alquiló el 23 cuando me vino a saludar por navidad y le dí la peli sin cargo) y hace unos días creo que con Carla. Éramos super fanáticos, yo especialmente por la música de Queen, que interpretó la banda de sonido completa (después explico), ya que nunca me gustaron los argumentos de ficción histórica con efectos especiales. Siempre que podíamos nos juntábamos un rato, charlábamos de la peli y aprovechábamos para que le explicara algunas cosas de química básica. Él me admiraba. Por ello, y solo por ello, solía repasar los fines de semana los temas que sabía, el necesitaba. Eso me llevó a atrasarme un poco en la carrera pero me ayudó a consolidar notoriamente mis conocimientos de química inorgánica, cosa que valoré años después.

-         Obvio que querés ir al cine- me dijo un día que le expliqué las sales monoácidas.

-         See, puede ser- contesté con tono fingido e indiferente mientras otra vez mi universo me delataba. Eso sí, ahora no me ruboricé, sólo me temblaba la mano en la que tenía la calculadora científica.

-         El día del estreno. Obvio.

-         Obvio. Mañana te contesto.

Dejé inmediatamente de estudiar para el parcial de la semana siguiente y dediqué algunas horas a recopilar detalles para tener tema de conversación. Ya había visto “la uno” veintisiete veces y la volví a ver medio rapidito. Veintiocho, como el día que cumplimos aniversario con mi gordo. Causalidad, casualidad. Pasé unos días repasando la biografía de Russell Mulcahy, Christopher Lambert, Sean Connery y Roxanne Hart (Director, Connor Mac Leod, Juan Ramirez Sanches Villalobo y Brenda J. Wyatt sucesivamente), los fundamentos sociológicos de los clanes de la Escocia del siglo XVI y de Europa y Egipto,  sólo los hechos históricos entre los años significativos: 1800 - 1900 y 900 AC - 800 AC, respectivamente. Además leí algo sobre “La Inmortalidad” en el colectivo. Como sólo tenía unos cuarenta minutos desde Alberdi hasta el Centro, me fotocopié un libro de Antropología de las Religiones pero sólo pude leer la postura del judaísmo referente al tema.

 

 

 

 

Cada vez que la tradición familiar nos imponía un encuentro ella lograba demostrarme de una forma u otra que estaba allí para ocupar “su” lugar en mi vida. Aquella Navidad no quise permanecer en Rosario. Pensé que salir de la ciudad lejos de otras navidades me permitiría sobrellevar mi situación en esos días.  Y, no está en mi hoy, recordarlos ni mucho menos. Además, en el pueblo, perdón, ciudad, estaría Leandra y ella podía entenderme como yo a ella.

Traté por todos los medios de abrir mi caja interna y colocar dentro los antes, los ahora y si entraban, los mañana; cerrarla por unas horas y tratar así de incomodar lo menos posible a todos los demás. Especialmente a mi “gordi” que si hay algo que odia es no verme alegre.

Llevé dos vestidos ese día: uno negro y otro blanco. El negro me hacía sentir imperceptible pero opté por el blanco que a él le gustaba y a mi también. Ella, antes de salir para la calle Galvez al 600, y luego de verme, cambió su trajecito negro por una blusa y pantalón de gasa blanca. Calculo que para acompañarme.

Pasada las doce y luego del brindis, pidió sacarse una foto con “todos sus hijos”. Leandra y yo nos mecíamos en la reposera de madera junto a la piscina. Leandra, congestiva, y yo, también congestiva esa noche, tratando de recordar cuantos meses tardó en estar preparada para verla. Once meses conté con un error de más o menos un par de vidas. Mientras me paraba caminado hacia el set improvisado la escuché decir:

-         Sacanos así Gabriel, que estamos lindos.

Gabriel sacó la foto y sin repetir (y sin soplar)  y algo incómodo, obvio, salió a la calle a fumar un cigarrillo.

De diciembre a junio todo pasó de forma intrascendente.  Me regaló unos plantines, siempre de los que ella arranca porque le invaden el jardín; hizo un par de episodios de hipocondría (y conste que no dije Münchhausen con el sólo fin de no ser insidiosa) y generó un par de riñas porque mi cuñada Clara, su otra hija, estaba “agotada” porque tiene cuatro hijos y blablablablabla, y nosotros que no tenemos, “tenemos” que hacer todo lo que ella no hace. Blá. Como si yo tuviera un millón de vidas para vivir la mía, la nuestra y la de todos los demás incluidas todas las de ella y  las de cada una de sus personalidades. En el medio, el tema de la maldita división del campo. ¡Ave María Purísima, es tan difícil entender que esa no es mi vida!

Para el día del padre, después de almorzar y a la hora del postre, se le dio por convocar un brindis. Menos mal que no fue otra foto.

-         ¡Quiero hacer un brindis!- dijo alzando la voz- Para todos menos para Brenda y Leandra.

“Todos”  la miraron sin pestañar siquiera.

-         Ellas no tienen hijos y yo, hoy: ¡quiero brindar por las madres!

Silencio.

-         ¿Estás segura?, le repliqué con una enorme sonrisa eclosionada desde mi mismísima recalcada humanidad.

Risas.

Algo confundida, y tratando de recordar si era el día del padre o de las madres o de qué, salí hacia la cocina en busca de mi torta que, como era de esperar  y como es habitual, ella olvidó o dejó sobre la mesada porque con el tema de su no sé qué, no puede llevar “su budín” y mi torta.

 

 

 

El estreno era en la función de las 19hs. Nos encontraríamos en la puerta del cine. Llegué temprano, por cábala, 15 minutos antes de la hora señalada. Al rato, él llegó con los amigos del colegio. Cuatro. Primero me decepcioné pero luego entendí que al igual que yo, el también tenía su derecho de mantener la suerte. Accedí por lo tanto y sin cuestionar a sentarnos en el cine en este orden: yo, Fabián, Marcelo, Diego, Clara y él. El hecho que Clara estuviera ahí, obvio,  era solo una cuestión de apariencias.

-         Brenda, la chica del video que me ayuda con química.

-         Hola Clara - le sonreí.

-         Carla- dijo- Hola.

 

Nunca pude olvidar la vez que el Negro se peleó con Carla (una de las tantas) y justo coincidió con el casamiento de mi hermano. La que sería su esposa (que después fue su ex), que hoy, en esta vida, es mi amiga y otra vez su esposa, sabiendo lo que yo sentía por esa hermosa y “es-cu-rri-di-za” nuca morena, insistió en invitarlo a su casamiento, tema que derivó en la primer discusión prematrimonial con su futuro. También entre otros, irían mis primas más chicas  (cuatro) que en estado de apropiada edad, contribuirían a formar un grupete apto para gestar el encuentro.

Me había vestido de blanco.

Bailamos hasta el amanecer. Fue una noche perfecta. Desde que nos conocíamos, allá por el 87, un año después que estrenaran “la uno” en el cine, nunca habíamos pasado la noche juntos. Mi hermano se casó el mismo año que estrenaron Highlander III, Sorcerer (1994). Recuerdo que sólo esperábamos que saliera en video. Yo ya no trabajaba en ese ramo. Cursaba los últimos años de mi carrera y no recuerdo si todavía trabajaba en la cancha de paddle. Si recuerdo que eran épocas en las que estaba de moda bailar en grupo. Y nosotros bailamos: mis cuatro primas, el Negro, los tres amigos (Marcelo, Diego, Fabián) y yo. Todos, hasta el amanecer y junto al río. Fabián me había invitado muchas veces a salir pero era el mejor amigo del Negro. Siempre lo ignoré. Esa noche se enganchó con mi prima más grande.

El lunes siguiente él me llamó.

-         ¿Qué tenés que hacer el sábado? A la tarde.

Sus ojos, ahora en la universidad, seguían achinándose cuando sonreía.

-         Iba a salir a tomar mate con mis primas.

-         Buenísimo. Vamos con los chicos. Te iba a decir que las invitaras.

Preparé una torta aquel fin de semana. Eugenia, mi prima penúltima, llevó un budín. Ella y el Negro salieron dos años. Al Negro le gustaban mucho los budines. Fueron años donde aprendí a armar mis cajas internas sin saber que más tarde me servirían. Mi amiga Vivi siempre me ayudó con eso pero, insistiendo constantemente y hasta el cansancio, que no era más que un amor platónico. Terminé dándole la razón. Incluso había leído algo al respecto creo, que en el libro de Antropología de las Religiones.  

A ella le dije un día:

-         La única manera que tengo de sacarme a este tipo de la cabeza…

-         … de la nuca- me interrumpió y replicó astuta.

-         Sííííí…. Es llevándomelo a la cama. Como el premio que busca Mac Leod y toda la sarta de intratables que los secundan.

 

Así lo hice. Fue en el 2000, cuando estrenaron  “Highlander: Juego Final”.  Él había vuelto con Clara pero en esos días estaban distanciados. En esa ocasión, me confesó que nunca había estado conmigo porque yo era muy independiente. Me pagaba sola el teléfono, no necesitaba que me explicaran química, blablablablabla. Esa excusa “inmadura” de mortales sin corazón, me decepcionó. Tanto fue así que en el 2007 ni se me ocurrió alquilar el DVD pirata de “Highlander: The Sourse”, la última de la saga  y mucho menos que Fabián, quien se había recibido de analista en sistemas, me la “hackeara” de la web.

 

 

Este año, el tema del campo al fin se resolvió. A mi gordi le tocó en gracia quedarse con la casa en la que hoy vive Ella. Es bueno. Nosotros no tenemos casa en el pueblo, perdón, en la ciudad. Esto nos resolvería el tema de la vivienda según se comentó. Allí por lo tanto podemos mudarnos cuando queramos.

 

 

Ya han pasado muchos años desde entonces. Recuerdo que a Connor Mac Leod lo mataron muchas veces y otras tantas no envejecía viendo morir a sus amores una y otra vez. Si yo hubiera sabido que Clara, perdón, Carla, no era ni parecida a Headher Mac Leod, hubiera escuchado unas cuantas veces menos “Who want to live forever”[2].

Ave María purísima. Vaya si lo sé.

 

 

 

                                                                                              CINTIA SARTORIO



[1] El año de estreno a nivel mundial de esta primera parte fue 1986.

[2] Tema 1, lado 2. Albúm “A Kind of Magic”. Queen EMC (1986).  Hollywood Records CD bonus tracks (1991). 5:13 minutos de duración.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-