"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




SUSANA PAGANINI

Publicado en Cuentos el 11 de Agosto, 2011, 23:40 por MScalona

a  Ale  (hp)  

 

 

Puzzle

 

 

Julia abrió la puerta. Su voz chillona ocultaba tristeza, - o así lo quise suponer-. Con un único gesto de su brazo me invitó a seguirla por ese pasillo largo antes de entrar a la casa.

Hacía frío afuera pero el living comedor estaba calentito, me senté pidiendo permiso -ella no paraba de emitir sonidos que impactaban en mi piel, otros me atravesaban hasta escaparse sin posibilidad alguna de que pudiera retenerlos como palabras: la comida para el gato que aumenta, sus cosas, el cambio del clima, lo que dijo Cristina, acostumbrarse a Su ausencia, la cuenta de la luz, no se puede salir a la calle sin salir herido. Todos dichos de la tele repetidos sin filtro.-

No sé si fue mi silencio sostenido articulado a mi cara de desconcierto , quizás el nudo que se me ató en la garganta -ahora visible a sus ojos - o la foto en de El, testigo de mi malestar, en la pared pero de repente se quedó callada.

Sentí su mirada fija en mí  con una vocación indagatoria, adivinadora de pensamientos.

-Te sirvo un whisky, supongo que es lo que tomás.

Supuso mal pero  yo no estaba en condiciones de contrariarla, Amarillo maíz, en el vaso ancho medio lleno.

Así que lo sostuve hasta   dejarlo cerca en la mesa. El calor del primer trago atravesaba ya mi interior mientras el nudo se teñía con el líquido hasta suavizarse. Lo sentí adentro confuso, conmigo y yo con él.

Fue la anestesia necesaria para poder agradecer a Mabel su atención.

Ya me había arrepentido de haber cruzado ese umbral ahora tan lejano. Ansiaba salir corriendo. Ella siguió hablando con renovado coraje seguramente al verme algo recuperada. Lo que pude escuchar y ahora en mi recuerdo dudo si efectivamente ocurrió, fue que se levantó rápidamente de la silla y me dijo:

-Bajá : Lo vas a encontrar. Salgo un minuto antes que cierre la panadería.

Días atrás la había llamado por teléfono con la escusa de ir a recuperar mi ´Mil mesetas.´

Hacía tiempo que entraba al taller, sin embargo lo percibí una vez más como una especie de abismo ordenado: algunas de las pinturas estaban apiladas en el piso, otras desplegadas como capas de cebollas sobre las paredes, muchas colgaban del techo. Las fui reconociendo a través de los fragmentos que veía. Cada una me arrojaba a un recuerdo que se hacía presente en una sucesión  de fotos que se iban superponiendo a otras como capas de un hojaldre, hasta sentirme nerviosa, rara. En un rincón se acurrucaba el viejo sofá, tan largo como él, termo, mate sobre una banqueta, parecían estar a la espera.

Me costó encontrar la biblioteca, la descubrí escondida detrás de un par de cuadros. Intuí un orden en esa apariencia aleatoria en la disposición de los libros , jugué a adivinar cuál sería: por autor, por género, por fecha , por lenguas o  país, por la relación entre su vida y ellos, por la fecha en que los leyó. Quizás organizados en forma  decreciente desde los más amados , -le pregunta Él vos nunca se llevaron bien: -Limitan, me explicaba. Quizás entonces estuvieran allí sólo dispuestos en ese espacio común del mueble. Y supe con  placer masoquista que me iba a llevar más de una visita encontrarlo. Decidí concentrarme en mi tarea y no caer en mi propia trampa, convencida temporalmente de que de verdad había ido a buscar el libro. Elegí sentarme a cierta distancia implorando coraje, conté los estantes, los grafiqué en mi cuaderno, prolijamente dejé indicado por dónde iniciaba la búsqueda. Todos ellos estaban cubiertos con un poco de tierra también en partes atrapados por algunas telarañas.

Me animé con un par de tragos abundantes para disfrutar mi perspectiva, aunque no estaba acostumbrada a tomar bebida blanca.

Entonces los ví: me sorprendió el dibujo en el caballete. Hacía tiempo que su ventana se había trasladado al piso, que las telas grandes habían pasado a ser parte de su escenario. -´El problema del cuadro son sus bordes,´ me enseñaba ampliando las fronteras.

Sumó a los pinceles brochas, escobas, mangas de repostería, trapos, esponjas hasta hacerlos actuar sobre la tela horizontal.

Tan distinto a este otro hecho a trazos simples con  lápices de colores. Quedaban huecos en el papel, espacios vacíos. Algo de trampa había en él, me seducía porque era uno pero a la vez muchos. Como una especie de puzzle abierto las piezas se articulaban unas con otras desde sus límites. Se conectaban a partir de esa primera relación de proximidad y juntura. Pero era inevitable quedar atrapada en otras miradas -en una pesquisa impuesta por él mismo: ofrecía datos , señales, aparentes relaciones inconexas. Capas superpuestas se disponían  en otras tramas desbordando la finitud de las piezas hasta que la mirada muy cercana rompía  esa dureza: la precisión que definía sus límites tampoco  era tal. Desaparecía su unidad, su contundencia, vuelta filigrana, inmaterial. Se tornaban tan fluidos como difusos los bordes: zona de contaminación y mezcla, de mixtura y mestizaje entre las piezas del rompecabezas.

 Conmovida, me pareció oír un ruido, me ayudé con otro trago deteniendo mi vista en la escalera. Lo volví a mirar: era el mismo, pero diferente.

Gamas de azul y naranja, rojos, magentas, amarillos y verdes, una y otra vez. El dibujo parecía reinventarse en cada mirada mía. Empecé a pensar que esa hija de puta se estaba vengando, que me había puesto un veneno en el whisky que antes de morir te provocaba alucinaciones. A punto de paralizarme de miedo ya con el vaso vacío sentí su presencia. Como un rato antes al tragar, ahora  el y yo éramos lo mismo. Misma espesura de fluidos mezclados : cóncavo y convexo , el derecho y el revés. La materia de mis sueños fue encontrarlo en el sofá acostado boca arriba, igual que cuando lo vi por ultima vez en el sanatorio, y no me animé a tocarlo, ni rozarlo, y reprimí mis ganas de saltar arriba suyo para comerlo a besos en la cara, en el cuello, en sus canas, su cuerpo. Temí quedar pegada a Él, abotonada. –Ahora me reprocho no haberlo hecho-. Me acerqué sin despertarlo, y me fui.

Esta vez no dudé. Mi pollera larga de gajos de jean se abría lo suficiente. Me saqué la bombacha y le desprendí el pantalón, la camisa después. -Despacio que no hay apuro, esperamos tanto. Tantas veces en las comidas, a la salida de la Escuela quedábamos necesariamente juntos y nos comíamos con los ojos sin atrevernos.

Como aquel día, después de la muestra que llovía a cántaros, y habíamos tomado tanto vino. Había perdido todas las discusiones muy enojada, ofuscada y en la vereda bajo el agua tuvimos un beso cliché por única vez en la vida.

O cuando mareados por el premio entre el humo me dijo: -Te quiero coger. Me escapé corriendo de aquel otro sótano de Barcelona, huí de El con pánico y como Forest Gump no pude detenerme por mucho tiempo. O esa última en el bar de 27 cuando les conté que me estaba divorciando, y me sirvió la comida, se puso triste, me llenó de ternura y también me fui, - esta vez  sin querer- cuando me llamaron porque  la nena tenía un ataque de asma .

Cuando me desperté, tenía mi mano derecha acalambrada, la boca pastosa, una sensación de extrañamiento, desconocí el lugar hasta que fui recomponiendo las imágenes en el recuerdo.

Julia me miraba desde el pie de la escalera con los brazos cruzados. Como Alicia en el pozo, el viaje se me presentaba  lento pero no menos incierto.

Todo lo que sucedió a continuación fue una concatenación de pequeñas acciones que me llevaron rápidamente hasta la salida.

Aunque no encontré el libro, no me sentía muy segura de querer volver.

 

 

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                                                            SUSANA  PAGANINI

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-