"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




SILVINA POTENZA

Publicado en Cuentos el 24 de Julio, 2011, 11:28 por MScalona

EL FRIO DEL AGUA

La Pugliese era la fábrica de pastas de Italia al 2300, la más antigua del barrio. La primera vez que abrió sus puertas fue en otoño de 1948, de la mano de un joven nacido en Bari, que como tantos, llegó al país huyendo de la guerra. No eran domingos completos en el vecindario si no se comían los “spaghettis a la napolitana” amasados por el tano y con el tuco casero que hacía Carmela, su mujer. Era placentero hacer la fila cada mañana esperando “la próxima tanda” de fideos, era un encuentro de amigos, como en el bar, pero junto al mostrador blanco de harina.

Ya tengo 97 años y camino poco. Cuando lo hago, me ayudo con un bastón, pero, a decir verdad prefiero trasladarme en mi silla de ruedas. Los huesos acusan la edad, pero el oculista dice que tengo una vista fantástica, para cien años (¿habrá notado que me faltan solo tres?). Soy de los pocos que se puede dar el lujo de peinar, mi cabello es abundante, blanco ceniza y siempre trato de mantenerlo prolijo…me gusta ser coqueto, siempre lo era de joven. Trato de pasar mis días lo mejor posible, hace poco vino un amigo nuevo, Juan, “el dotor”. Con él puedo charlar lindo, siempre y cuando tenga puesto el audífono. Cada vez que me bañan la morocha tarda un siglo en ponérmelo y eso me enoja en serio. ¡Si ella se diera cuenta de lo importante que es para mí poder oir a mis compañeros!

Hubo un gran estruendo en la cocina. Matilde se resbaló con el escobillón y con su caída arrastró la olla con las albóndigas, la salsa, la pava y el salero. El piso parecía el escenario de un campo de batalla, hasta ella, paradójicamente estaba armada, empuñando aún la espumadera, a la que a pesar del golpe no había soltado de su mano. El administrador solo preguntó por teléfono qué había pasado.

En el plasma que hay en el comedor están pasando  un programa de turismo. Muestran las playas del mar Egeo y parte del Adriático. Las aguas azules y transparentes. Como me gustaría ser ese niño que corría por la spiagga y gioccaba nell´acqua. Mis ojos ven la inmensidad de ese mar que me seduce e invita a jugar. Ven la blancura de la arena salpicada por las olas. Y ahora, otra vez, el mar se agita, me moja, me pega. Me muestra la cara de ellos, me muestra su fuerza, su autoridad y yo, otra vez, me rindo. Estoy mojado, el agua me asusta, el agua es desesperación y miedo. Cara mia: Non so dove mi trovo. Esto es lúgubre y frío, pero no tanto como el agua. Me duelen mucho las piernas y los brazos. Para pasarla  mejor pienso en vos, pongo tu mirada en mis ojos, ellos te ven, te saborean. No entiendo cómo hablan acá, pero me están ayudando con mis dolores. Pronto volveré a verte, quizás, lo deseo tanto…Aspettami, amore, vicino all´albero rosso. Tuo. P. Otra vez la imagen de la playa en el tele. Y las gaviotas ¿estará la casita de ramas todavía? ¿vendrán los caracoles blancos con las olas de invierno?

Pablo llega a la mesa  y saluda con su clásico “buongiorno”. Juan y Susana  están allí, ella inmóvil, con la mirada perdida. El, al instante levanta su mano para contestar el saludo. Pablo saca el mazo de cartas y lo desafía

-¿Giocchiamo?

-¿Básica o truco?

-A ver, Juan, levantate la manga que te tomo la presión

-¿Banana o compota?

-Dale, a la básica

-Dejale la sopa, no te la llevés que no terminó

-¿cuánto tiene?

-¡Cuidado que quema!

-Repartí vos

-15/8, está bien

-Nelly ¿y el audífono?

-Te dije, cuidado con lo que decís acá

-¡dos de chica!

-¡Nena, la compota!

-A ver Pablo, dejame ponerte esto

-¡Juan! Usá la servilleta, no te ensucies

-¡Nelly! ¡Más sopaaa!

Es primavera, la brisa que se siente en la proa del barco es fresca y reparadora. El sol del amanecer pinta y transforma los colores del mar, a veces lo vuelve magenta, a veces azul noche, a veces rojo. Este cuaderno es mi mejor amigo, lo encontré tirado junto a los barriles de aceite. En él puedo decirte lo que te extraño y quiero. No sé adonde voy, no sé cuándo llegaré. Sólo sé que aquí, por donde navegamos, las aguas son aún más frías y el celeste mas profundo. No ví ninguna playa cerca. Solo se oye la naturaleza, el viento, el agua. Por el sol, ya debe ser media mañana, debo volver a la cocina. Aquí somos muchos para comer y el trabajo es arduo. ¿El día de hoy? Algún día de la primavera de 1942

Sobre la mesa, Alberto trae el diario. Todos los días lo viene a visitar a Juan, junto con su esposa. Le traen la ropa limpia y lo ayudan a él y a Susana para comer. Juan lo mira rápidamente y lo deja.

-¿Pablo, querés ver el diario?

- Bueno, pero todavía no leí el de ayer.

Pablo hojeó las principales noticias. En un momento, mientras recorría las palabras con su vista, sendas lágrimas corrían por sus mejillas. Dejó el diario abierto sobre la mesa.

-¡Nelly! Per piacere, voglio andare in camera

-¿qué pasa Pablo?

-Niente, niente.

-A ver nene, leeme a ver qué dice.

-¿Acá?…No sé, habla de un acampe en Plaza Catalunya, un robo a un banco en China , qué se yo.

-Leeme, che, que no tengo los lentes. ¿Por qué se habrá molestado este? Me parece que Pablo a veces está como yo. ¿Te dije nene que tuve un ACV? Y si, por ahí se me desconectan los cables, pero ya me voy a recuperar.

A veces me pregunto por qué no he muerto aquella madrugada. Qué extraño capricho de los Dioses ha querido que, un simple soldado de la marina, haya sobrevivido a tan cruel experiencia. Éramos más de mil…y quedamos algunos menos que doscientos. Aún siento el agua abrazándome, calándome hasta lo más profundo de mi ser y vuelvo a ver tu carita, con tus ojos grises que me dicen “viví” y trato de moverme otra vez, pero me canso. Y por esas cosas vuelvo en sí y veo a mi lado a Antonino que me grita ¡forza amico! Y lo intento otra vez hasta que me gana el desánimo. El ruido de un avión cercano me despierta y veo a mi buen amigo, con sus ojos abiertos, inmóvil. Le hablo y no me contesta “Antonino, Antonino, forza” y la fuerza que me dio a mi no le alcanza a él para sobrevivir. Cierro los ojos y al abrirlos ¿por última vez? veo luz, mucha luz, pero no es el sol el que me encandila, no es luz natural y trato de mover mi mano y no siento el agua y escucho voces extrañas. No siento mi cuerpo. ¿Dónde estoy? ¿Quiénes son ellos? Cierro mis ojos, quiero descansar y te veo, corriendo por la playa, jugando con las olas, con tus rizos al viento y tus ojos de cielo nublado. Te veo junto a mí cuando éramos chiquitos, jugando en la casita de ramas, y el mar nos traía los caracoles en invierno. No, no te vayas, no te alejes no ahogues otra vez mi ilusión de tenerte, mi querida, mi adorada Giulietta dove sei allora? Stai ancora aspettandomi vicino all´albero rosso?

-¡Básica!

-Cosa?

-¡Básica Pablo! Ves, dos cuatros y el comodín chico. Es un cuatro y además, escoba. ¡Pablo! ¿Jugás o qué?

-La ti vu…son las playas del Adriático…la spiaggia de la mia infancia, il mare, l´acqua fredda, mortale.

-¿Qué decís Pablo? Cuando hablás todo trabucado no te entiendo nada

-Giovanni…tanti anni fa. Io era un ragazzo molto felice, vivía in Bari, mi ciudad, cerquita de la playa. Qué hermosa la playa, iba todos los días a jugar, con Giuletta, el amor mas puro y simple que tuve en la vida. ¿Dove sei Giulietta? Me gustaban sus rulos, era hermoso verlos volar con el viento del atarceder. Jugamos juntos por años en el árbol rojo, le decíamos así porque en otoño se ponía de ese color cuando los demás cambiaban a ocre. Todo era felicidad. Después vino la milicia, la guerra, la marina. No la ví nunca más. Nos dijeron que éramos los mejores, que íbamos a ganar. El barco era grande, imponente, nos sentíamos dueños del mar, invencibles, éramos muchos jóvenes con ideales de justicia y ambiciones. O eso nos habían hecho creer…tantos quedaron en las aguas. No sé por qué yo sobreviví. Me rescataron, junto a otros pocos. Nos llevaron a Croacia y después otra vez a Italia. Volver a Italia fue terrible. Allí, la povera mamma di Antonino… “esto es algo que no puede describirse. Esa mujer trémula que solloza y me sacude gritando ¿por qué vives tú si él ha muerto?, que  me inunda de lágrimas y exclama ¿por qué están allí abajo ustedes, unos niños como ustedes?, que se deja caer en una silla y llora ¿lo has visto? ¿has podido verle todavía? ¿cómo murió? Murió enseguida, ni siquiera se dio cuenta. La cara le quedó muy natural, apenas si se notaba nada”. Después de eso huí. Cada vez que pienso en el mar, en el barco, en Antonino recuerdo cada una de las palabras de su madre. Sentí que no había hecho nada por él. Huí. Desconsolado. Cobardemente. No supe más de mi familia, de Giulietta ni del árbol rojo. No quise ver más sangre, no más explosiones. No más aviones en el cielo. No más muerte de amigos. Unos pescadores me llevaron hasta España, deambulé, no sé cuánto tiempo, llegué al norte. Subí a un barco de polizón, tenía solo lo puesto. El barco iba para América. No tenía idea de qué era eso ni dónde quedaba. Después de unos cuántos días y cuando el hambre me aquejaba demasiado fui descubierto. Tuvieron compasión de mí y me llevaron a la cocina. Allí aprendí mucho con Lolo y también trabajé mucho. Después…llegué acá, a la Argentina.  Volvía a pasar hambre y frío, pero no como en la guerra. Busqué compatriotas, los encontré y me dieron asilo. Después conocí a la Carmela y bueno… La fábrica de pastas, la llegada de Antonino. Antonino, mio figlio, mio amico. No puedo olvidar su cuerpo sin vida en el agua junto a mí, ni la voz quebrada de su madre preguntándome por él. Giovanni…ahora estoy en otro barco, navegando, otra vez, sin saber adonde. Como entonces, guiados por otros, creyendo en unos falsos ideales. Tampoco entiendo lo que hablan. Algunas noches siento el frío del agua abrazando mi cuerpo.

-Nene, mirá, esto debe haber sido -“Hallan restos de un buque de guerra en aguas del Adriático. Todo parece indicar que se trataría de una clase de buque torpedero italiano SPICA, que habría sido usado como escolta de un acorazado durante la Segunda Guerra Mundial. Buzos de la Prefectura Naval Italiana, en ejercicios de rutina a profundidad, hallan el casco del gran vapor sumergido desde hace más de seis décadas. El gobierno del país junto a los entendidos elaboran un plan estratégico para poder extraer los restos de la nave del lecho  marítimo”

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SILVINA  POTENZA

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-