"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




F O G W I L L .... Runa

Publicado en De Otros. el 8 de Julio, 2011, 21:58 por MScalona

Runa

CANJES: Que crean lo que crean. Lo que alguien cree no se puede saber. Siempre importa más lo que el hombre quiere, que lo que pueda o quiera creer. Y más importa lo que hace. Mire lo que hacen. ¿Qué hace ése? Lo ve: siempre anda por donde nosotros estamos hablando. Ahora se va a agachar en la boca de la enramada aquella donde viven dos viejas que ya no tienen marido. Va a tratar de que usted crea que les cuenta algo que pasó o que está por pasar, o un secreto de los buúlg o de los guerreros y lo hace para que usted crea que sabe y empiece a preguntarle a él y le dé cosas también a él. Debe querer sus piedras brillantes de cortar, las piedras verdes transparentes que se pone en los ojos para mirar el sol, o esos palitos que usa para pintar palabras, esos que pintan en sus cajas de anotar y en la piedra pero no pueden pintar en el aire, en el agua ni tampoco en la tierra. Son cosas que todos quieren y esperan estar cerca de usted cuando se muera para quedarse con algunas de esas cosas. Matarlo no, porque los jefes ya ordenaron que nadie lo mate y le enseñen a hablar. La vieja Aúmm dijo que está escrito en el cielo que cuando usted aprenda a hablar hará venir de nuevo al pájaro de piedra brillante cargado con más cosas para cambiar y con regalos para todos. Para todos no: para los jefes. Los regalos son para los jefes. Siempre tiene que ser así. Después ellos deciden qué necesitan repetir.  

EL SABOR INTERNO: Es el gusto de adentro, el sabor, lo que mantiene curiosas a las mujeres. Por eso miran y olfatean el aire cuando usted anda por las enramadas. Es época de caza y hace muchos veranos y muchos inviernos que siempre hay caza cerca del país de las enramadas y los fuegos, aunque la gente esté aquí arriba, o en el llano. Pero en tiempos sin animales, cuando hay que comer hojas, semillas y raíces, las mujeres estarían imaginando que se lo comen, aunque sepan que ustedes por dentro vienen llenos de miedo y por eso tienen la carne amarga y dejan olor a hiel por donde pasan.

         Son las mujeres las que siempre quieren comerse a un hombre. Son ellas las que apuran a los guerreros para que maten si hay cautivos. Y las mujeres los quieren comer. En cambio a los guerreros y a todos los hombres les da lo mismo comer varón o mujer y prefieren la carne del venado, del oso y del patapeluda a la de los enemigos que mataron. Cruda son capaces de comer la carne de varones ellas. Niños no se comen. El que coma carne de un niño se debilita, se le cierra para siempre la garganta por tristeza y ya no puede comer más ni tomar agua y se muere. Al que coma una parte de un enemigo que quedó vivo, al que coma la oreja, una pierna o la mano de un hombre que sigue vivo, los pedazos, adentro, tratando de vivir, le romperán la cáscara hasta que puedan escaparse por sangre. La sangre que les sale a las mujeres con cada repetición de luna está hecha con los pedazos de los hijos que no pudieron tener. Repetición es lo que hace que las cosas sucedan y sucedan más veces. Los hijos se hacen de la sangre guardada en la mujer.

COSAS FÁCILES: Ustedes tienen cosas, pero no saben hacer cosas. Un invierno, en el llano, pasaron otros hombres de su pueblo. Eran más, como una mano y más dedos eran, y tenían más cosas que usted. Lanzas de piedra brillante que sueltan fuego y sirven para cazar y asustan a todos los animales y a la gente con sus ruidos gigantes, cajas con luces que se ponían contra la oreja y los dejaban escuchar lo que decían los otros de su pueblo, aunque estuviesen lejos, cajas redondas de piedra brillante llenas de comida, piedras que encienden fuego y usaban para calentar la comida y quemar todas las cosas que quisieran, piedras de espuma para lavarse en el arroyo y ponerse blancos, piedras transparentes para mirar y ver mejor, cajas que guardan la voz y todos los ruidos.

         Tienen más cosas, pero no saben hacer ninguna cosa. En cambio, saben decir de qué y cómo están hechas todas las cosas. Difícil creerles, porque si supieran podrían hacerlas, y si uno les pide que hagan una de esas ropas de cueros que se ponen en las piernas y en los pies, dicen que ya las tienen y que saben de qué están hechas y cómo están hechas, pero no saben cómo hacerlo. Dicen que están hechas de la piel de un animal de otro país, o del país de ustedes, pero no saben cómo llegar ahí, y si un guerrero los llevase y llegaran, no sabrían qué hacer con ese animal para cazarlo, sacarle y secarle la piel. Tienen, pero no saben hacer. Saben decir todo, pero no pueden hacer nada.

-

-

-

RODOLFO FOGWILL

Ed. Interzona

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-