"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




4 de Julio, 2011


GEORGE PEREC, la escritura como puzzle

Publicado en Ensayo el 4 de Julio, 2011, 20:21 por MScalona

La vida instrucciones de uso

Ed Anagrama. 

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PREÁMBULO

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“La mirada sigue los caminos que se le han reservado en la obra.”

                PAUL KLEE, Pädagogisches Skizzenbuch

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                Al principio el arte del puzzle parece un arte breve, un arte de poca entidad, contenido todo él en una elemental enseñanza de la Gestalttheorie: el objeto considerado –ya se trate de un acto de percepción, un aprendizaje, un sistema fisiológico o, en el caso que nos ocupa, un puzzle de madera- no es una suma de elementos que haya que aislar y analizar primero, sino un conjunto, es decir una forma, una estructura: el elemento no preexiste al conjunto, no es ni más inmediato ni más antiguo, no son los elementos los que determinan el conjunto, sino el conjunto el que determina los elementos: el conocimiento del todo y de sus leyes, del conjunto y su estructura, no se puede deducir del conocimiento separado de las partes que lo componen: esto significa que podemos estar mirando una pieza de un puzzle tres días seguidos y creer que lo sabemos todo sobre su configuración y su color, sin haber progresado lo más mínimo: sólo cuenta la posibilidad de relacionar esta pieza con otras y, en este sentido, hay algo común entre el arte del puzzle y el arte del go: sólo las piezas que se hayan juntado cobrarán un carácter legible, cobrarán un sentido: considerada aisladamente, una pieza de un puzzle no quiere decir nada; es tan sólo pregunta imposible, reto opaco; pero no bien logramos, tras varios minutos de pruebas y errores, o en medio segundo prodigiosamente inspirado, conectarla con una de sus vecinas, desaparece, deja de existir como pieza: la intensa dificultad que precedió aquel acercamiento, y que la palabra puzzle –enigma- expresa tan bien en inglés, no sólo no tiene ya razón de ser, sino que parece no haberla tenido nunca, hasta tal punto se ha hecho evidencia: las dos piezas milagrosamente reunidas ya sólo son una, a su vez fuente de error, de duda, de desazón y de espera.

            El papel del creador de puzzles es difícil de definir. En la mayoría de los casos –en el caso de todos los puzzles de cartón en particular- se fabrican los puzzles a máquina y sus perfiles no obedecen a ninguna necesidad: una prensa cortante adaptada a un dibujo inmutable corta las placas de cartón de manera siempre idéntica: el verdadero aficionado rechaza esos puzzles, no sólo porque son de cartón en vez de ser de madera, ni porque la tapa de la caja lleva reproducido un modelo, sino porque ese sistema de cortado suprime la especificidad misma del puzzle; contrariamente a una idea muy arraigada en la mente del público, importa poco que la imagen inicial se considere fácil (un cuadro de costumbres al estilo de Vermeer, por ejemplo, o una fotografía en color de un palacio austriaco) o difícil (un Jackson Pollock, un Pissarro o –paradoja mísera- un puzzle en blanco): no es el asunto del cuadro o la técnica del pintor lo que constituye la dificultad del puzzle, sino la sutileza del cortado, y un cortado aleatorio producirá necesariamente una dificultad aleatoria, que oscilará entre una facilidad extrema para los bordes, los detalles, las manchas de luz, los objetos bien delimitados, los rasgos, las transiciones, y una dificultad fastidiosa para lo restante: el cielo sin nubes, la arena, el prado, los sembrados, las zonas umbrosas, etcétera.

            Las piezas de esos puzzles se dividen en unas cuantas grandes clases, siendo las más conocidas:

los muñequitos

 

las cruces de Lorena

 

y las cruces

 

y una vez reconstruidos los bordes, colocados en su sitio los detalles –la mesa con su tapete rojo de flecos amarillos muy claros, casi blancos, que sostiene un atril con un libro abierto, el suntuoso marco del espejo, el laúd, el traje rojo de la mujer- y separadas las grandes masas de los fondos en grupos según su tonalidad gris, parda, blanca o azul celeste, la solución del puzzle consistirá simplemente en ir probando una tras otra todas las combinaciones posibles.

            El arte del puzzle comienza con los puzzles de madera cortados a mano, cuando el que los fabrica intenta plantearse todos los interrogantes que habrá de resolver el jugador; cuando, en vez de dejar confundir todas las pistas al azar, pretende sustituirlo por la astucia, las trampas, la ilusión: premeditadamente todos los elementos que figuran en la imagen que hay que reconstruir –ese sillón de brocado de oro, ese tricornio adornado con una pluma negra algo ajada, esa librea amarilla toda recamada de plata- servirán de punto de partida para una información engañosa: el espacio organizado, coherente, estructurado, significante del cuadro quedará dividido no sólo en elementos inertes, amorfos, pobres en significado e información, sino también en elementos falsificados, portadores de informaciones erróneas; dos fragmentos de cornisa que encajan exactamente, cuando en realidad pertenecen a dos porciones muy alejadas del techo; la hebilla de un cinturón de uniforme que resulta ser in extremis una pieza de metal que sujeta un hachón; varias piezas cortadas de modo casi idéntico y que pertenecen una a un naranjo enano colocado en la repisa de una chimenea, y las demás a su imagen apenas empañada en un espejo, son ejemplos clásicos de las trampas que encuentran los aficionados.

            De todo ello se deduce lo que, sin duda, constituye la verdad última del puzzle: a pesar de las apariencias, no se trata de un juego solitario: cada gesto que hace el jugador de puzzle ha sido hecho antes por el creador del mismo; cada pieza que coge y vuelve a coger, que examina, que acaricia, cada combinación que prueba y vuelve a probar de nuevo, cada tanteo, cada intuición, cada esperanza, cada desilusión han sido decididos, calculados, estudiados por el otro.

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GEORGE PEREC

Francia, 1936-1982

E L - I N V I E R N O

Publicado en relatos el 4 de Julio, 2011, 20:17 por Julia M. Sánchez

EL  INVIERNO

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-Julia M. Sánchez

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En el invierno me siento más cercana a los vampiros. Mi piel se enverdece y desarrollo una mayor afición por el rojo cabernet. Los parques y avenidas oscurecen y adquieren una tonalidad Tim Burton, entre lo pétreo y lo fantasmal. Amanece a las ocho, anochece a las seis, hasta el más viejo habitante de ciudad gótica se deprimiría ante este diurno tan limitado. Se respira frío, ese olor a frío que alcanza los alveolos más escondidos. Ese frío que te encuentra sin importar donde te escondas, presiente tu nariz afuera de la colcha, se instala a vivir en el pelo recién lavado, contractura la espalda estoica de los que esperan el colectivo. Es una lengua helada que sale de una morgue en Julio y pasea su azul hielo por la peatonal.

La alegría de la nieve, el cálido hogar a leña, licores, chocolates, locros y ponchos norteños: todas mentiras inventadas para hacernos creer que otro invierno es posible. La realidad es que las manos se encogen, los genitales se encongen, el cuerpo entero busca replegarse hacia las entrañas adonde todavía late algo. La gente camina lo más rápido que puede, con tantas capas de ropa que podría pasear tranquila por Fukuyima. Un bebé se convierte en una masa amorfa de algodones y mantas que se adivina sólo por su llanto y los colores pasteles. La piel, la candorosa piel que perfuma los veranos ahora se encuentra a metros y metros de tela de nuestro roce. Para poder acariciar una espalda tenemos que atravesar camperas, desanudar bufandas, luchar contra macabras poleras que se resisten a abandonar el cuello conllevando siempre el riesgo de la decapitación. Y nunca falta la oportunidad en la que debajo de todo eso aparece sin escrúpulos una blanca camiseta agujereada.

No obstante, uno encuentra por allí humanos que ignorando el azul de sus uñas sostienen que prefieren el invierno. Yo los desafío a que arrojen sus prendas ahora mismo y disfruten un paseo mientras la fresca brisa de la costanera les congela los mocos y las ideas racionales. ¿Qué diría Walt Disney si pudiera hablar acerca del confort de un freezer?

La tecnología ha desarrollado materiales cada vez más abrigados, livianos y cómodos para que los pudientes afrenten mejor las temperaturas linderas al cero, pero por mucha media térmica y pijama de polar que uno se calce, nada barre el desamparo violento que aparece cuando suena el despertador y uno debe abandonar la cama.

Muchos podrán acercarme una larga lista sobre los inconvenientes del verano. Yo sólo se que en verano puedo sentir los dedos de los pies y que una cerveza helada es una amiga. El invierno es peligroso. El invierno te hace pensar que vivir en jogging puede ser un modo de vida y que atracarse con una bagna cauda es algo recomendable. El invierno es peligroso. Ya lo dijo Cortázar, en un apuro cualquiera puede morir al intentar ponerse un pulóver.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-