"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




CLAUDIA MALKOVIC, 2º premio

Publicado en Cuentos el 26 de Mayo, 2011, 20:23 por MScalona

PIBES DEL BASURAL

———–

——

Rodrigo se calza su gorra con visera hacia atrás y la cubre con la capucha que supo ser negra en sus buenas épocas, ahora sólo es gris como todo. A cada rato vuelve a mirar el reloj sin descuidar a su hermano que juega con una cucaracha.

-¡No seas asqueroso Titi, larga eso te digo!

-Dejálo, por lo menos no llora por un rato. No voy  a poder ir hoy, estoy hecha bolsa. Esta tos de mierda no me deja dormir.

-No importa vieja, te prometo que voy a venir cargado, anoche soñé con el gauchito gil, eso tiene que ser bueno.

-Cuidate, no te hagas el loco, no quiero que termines como el Cordobés.

-Dejate de joder, ya tengo diecisiete. ¿Hasta cuándo me vas a tratar como pendejo?¿Sabés algo de la Luli?

-No, esa piba se olvidó de la familia, ni un puto llamado hizo la perra.

-¿Pero vos no la llamaste?

-El teléfono que me dejó el tipo no sirve. Nunca contesta nadie.No sé que clase de casa es esa que nunca hay nadie.

-Vieja esto no me gusta, te dije que esa gente no me olía bien.Tanto insistir para que la Luli trabaje en su casa en el sur.¿No conocían a nadie para limpiarles la mugre ahi donde viven?

-Vos siempre tan tarado, no ves que le van a dar tres mil al mes, además de casa y comida. Nos va a poder mandar guita para poder comer o no lo entendés todavía.

-No me gusta un carajo, hay mucho olor a podrido.

Las paredes de cartón chorrean humedad y frío. No hay piso, sólo tierra y cartones por todas partes. Del padre no sabe nada desde hace cuatro años cuando su último hermanito cayó en este mundo, pero recuerda bien las palizas que le daba cada vez volvía borracho.

-Esperame despierta, que esta noche comemos de verdad, promesa

-Si encontrás, tráele un chocolate para el Titi, asi puede ser que deje en paz a los bichos.

-Que pendejito asqueroso, después no para de rascarse, ya no se sabe si tiene patas o granos reventados.

-En el dispensario dicen que puede ser sarna, que lo tengo que llevar a curarse.

-¿Sarna? ¿Eso no es lo que tienen los perros? ¿Hay que fletear al Hueso entonces?

-No sé, pero todos los pibes tienen esas lastimaduras por acá. Y el Hueso es mejor que cualquier estufa.

-No le des tanta bola a los tordos, creen que se la saben todas. ¿Alguna vez te dieron algo los de arriba? Todavía estas esperando ese plan mugroso.

-Ya va a llegar Rodri, la semana pasada terminé de pagarle los veinte pesos a la Suarez, ahora me dijo que en dos o tres semanas lo tengo.

-¡Qué vieja puta esa Suarez! Por esos mugrosos ciento ochenta, le vas a tener que pagar toda la vida. Ya te dije que la mandes a la mierda de una vez por todas.

-Si pelotudo, ciento sesenta es mejor que nada, por lo menos la leche para el Titi la vamos a tener. ¿Quién te crees que sos, Ricardo Fort?

-No, yo no seria tan culeao vieja. El Rodri es el mejor ¿Te olvidas?

-Andá, andá que ya son las cuatro y no perdonan a los dormidos.

Rodrigo se ajusta los cordones y agarra el gancho con destreza, es casi una prolongación de su mano. Se acuerda cuando era un pibe y jugaba en los zanjones. Se le asoma una sonrisa mientras camina por los pasillos apretados. El Che lo saluda desde la pared junto al escudo de Boca. Cada pisada lo hunde en el barro.Entre charco y charco patea una rata muerta, no sabe si por gusto o por bronca.El olor es intenso, la ráfagas de viento lo traen del basural. Es un olor que se pega a la ropa, a la nariz y al alma.

Al borde del terraplén están el Chato y Fede que lo esperan como siempre, dos fantasmas oscuros desdibujados por el paso del tren.

-¡Vamos cabrón que no tenemos todo el día!

-Dale sacudite un poco esa llanta, que con el barro no corre ni a cinco.

-¿Ahora también sos cuida? Chato

-No boludo, no quiero verte llorando a la vuelta

Rodrigo le tira  un manotazo a la cabeza

-Vamos, no sean pendejos que sólo nos quedan quince minutos.

- Meno mal que te tenemo a vo Fede, que si no…

-Dale Chato, pura espuma te dicen, y vos Rodri move esas cachas que hay que cruzar la autopista.

Como tres gatos corren a través del pavimento y saltan las vallas. Un auto esquiva con una maniobra desesperada al Chato que se había tropezado con su carro y Rodrigo lo insulta de todas las maneras que se acuerda.

Faltan diez minutos para la cinco de la tarde. Todos esperan detrás de una linea imaginaria al comienzo del puente. La largada no tardaría demasiado y tienen  que estar muy atentos. Todos en silencio, apelmazados entre la mugre y el olor a rancio.

Al final de la pista una cordillera de desperdicios los espera. Pilas de desechos de los grandes supermercados y también de las bolsas de Doña Rosa, rebozantes de los restos de un desayuno o de las sobras del almuerzo. Todo mezclado, aderezado por el hambre y la desesperación. Los gérmenes, bacterias y roedores bailan entre lo que ya es pasado, lo que nadie más va a consumir, lo que ya no sirve. Rodrigo mira a lo lejos su presente y el futuro le duele cada vez más.

Las cinco en punto, los policías alzan sus bastones y la carrera comienza.

Algunos empujan pesados carros, otros con bicicletas pedalean como si fuera el último día. Llegar primero tiene su premio en el supermercado de la pobreza. Premio que puede ser un trozo de carne abombada que tiró un frigorífico, restos de pollo, embutidos fermentados, lácteos que están por vencer o vencidos, un plasma roto, cables, o cualquier tesoro entre la Biblia y el calefón.

-Vamos Rodri, allá dale corre. No boludo ese pedazo no. ¿No ves que esta tapado con nylon?

-Algun día me voy a pasar estos canas putos por el forro del culo y voy a meter mano donde se me cante.

-Ante tene que juntá lo ciento cincuenta si no queré que te dejen como relleno de empanada.

-Siempre tan buena onda vos Chato.¡Qué hijos de puta! Con razón pagan ciento cincuenta para entrar primeros, mirá como se llevan esas bolsas, debe haber como cincuenta kilos de carne picada ahí.

-Boludo, mañana la venden a cinco mangos el kilo en el almacén del Rolo.

-Aunque tenga que comer mierda  no le compro nada a ese cabrón.

-Chato, Rodri, dejen de boludear y laburen que antes de las seis nos rajan a todos.

Rodrigo hunde su mano en la masa pegajosa porque el gancho es muy lento. El olor es fuerte, se adhiere a la piel junto con la baba verdosa de los alimentos descompuestos.

Una y otra vez revuelve, aprieta, vuelve a tocar lo rancio y de vez en cuando aparece un paquete de fideos cerrado, un choclo casi sin manchas o una barrita de chocolate. Todo un botín que guarda en la bolsa. Mira de reojo, ve al Chato que junta cartones y latitas, se puede dar ese lujo porque la vieja consiguió trabajo limpiando un cabarute.

Se oyen los gritos que anuncian el final, Rodrigo se apura en la ultima zambullida. Mete la mano hasta el fondo y tantea alrededor en busca del último botín. Choca con algo duro, parece metal y tira con tanta fuerza que cae sentado en el barro viscoso. Con asombro ve lo que tiene en la mano. A pesar de la mugre puede reconocer la silueta de un revólver. Sin perder tiempo lo esconde entre la ropa, agitado como quién ha ganado la lotería.

-¡Vamos, rápido cucarachas, a moverse que faltan quince para las seis!

El basural hierve de personas tratando de acarrear con todo lo recogido mientras los policias los arrean hacia la salida

Rodrigo se levanta con la ropa empapada y mariposas en la panza. Caminan como tres sombras en el gueto. Falta poco para llegar al puente cuando los interceptan  un par de policías.

-¡Vos, mugroso, vacía la bolsa a ver que te llevas!

Rodrigo transpira mientras siente la cachiporra en su estómago.No puede controlar las manos cuando Fede interviene.

-Jefe, tranquilo, el pibe es medio tarado, le faltan algunos caramelos ¿Entiende?

-Tarados son todos, pero este me parece conocido ¿Vos no sos el que andabas con el zurdito Cordobés?

Las venas de  Rodrigo se hinchan mientras se le atraganta una puteada entre el miedo y el odio, pero no levanta los ojos del piso.Reconoce muy bien la voz del Chancho. Fede se pone entre el policía y Rodrigo

-No, jefe, no. Si este ni sabe hablar, es mongui el pobre, lo traemos para que se la rebusque un poco, es un boludo de primera.

-Circulen, circulen, antes que me arrepienta

Los tres apuran el paso hasta desparecer en la autopista. Del otro lado la gente como hormigas corren entre los pasillos de la villa con bolsas y carros.

-Te conoció bolú, ese cana e un forro hijo de puta.

-Yo también lo tengo bien junado, Chato, siempre lo tengo en el mate.

-Va a tene que guardarte un poco, esto no e bueno, e un tipo jodido.

Fede y el Chato se pierden entre las casillas y Rodrigo camina lento mirando al piso, empapado de sudor y barro pestilente.

Al final de pasillo se para delante de una pared con los ojos clavados en una frase :“Los pibes no nacen chorrros”.El Cordobés la había pintado después de la charla en el comedor del barrio. Todavía le suenan las promesas de un mañana mejor y las ganas de cambiar, de buscar otro futuro, algo más parecido a los de arriba.Era un tipo raro el Cordobés, pero de un corazón sin fronteras. Fué el único que logró que Rodrigo lea un libro, su primer libro, todavía lo tiene guardado debajo de la almohada.Además le había conseguido la beca en la técnica para estudiar de albañil el año próximo.Siempre se la jugaba por los otros y nunca les pasaba factura.

El piquete había sido un exito, por fin se enterarían de las nececidades del barrio. El Cordobés estaba acomodando la bandera cuando apareció la policía. No los vió venir porque estaba de espalda. El chancho sólo apuntó escudado en el revuelo y el disparo cortó la tarde. Esa imagen se congeló en los ojos de Rodrigo que temblaba de odio y miedo. El Cordobés cayó de boca como un cartón seco y la sangre se desparramó sobre la bandera. Rodrigo se enfrentó con la mirada del policía que no había bajado su arma.Pudo verse en sus pupilas frías y sentir el odio.Fue un segundo eterno hasta que el tumulto lo separó del verdugo.

-Rodri ¿Qué haces ahi parado, hijo? Estaba preocupada porque no llegabas. Vamos a lavarte un poco ¿Conseguiste algo bueno?

Rodrigo se toca la remera a la altura de la cintura

-Si vieja, algo conseguí.

-¿El chocolate para el Titi?

-Ah, si eso mismo, el chocolate

-¿Qué te pasa abombado?¿Tomaste algo?

-Si vieja, mierda y mas mierda tomé.

El agua de la manguera sale lenta, a veces se transforma en un hilo un poco amarronado. Rodrigo se lava las manos y frota con un cepillo la ropa y las zapatillas. La mugre se mezcla con el barro y va corriendo despacio hacia la zanja.Su madre ya esta revisando las cosas de la bolsa y se alborota con el paquete de fideos. Hoy hay comida.

La cena es en silencio, Rodrigo come con los ojos fijos en el plato.Su mamá lo mira de reojo mientras le da de comer a Titi. No se anima a preguntar que pasó, no sabe si quiere enterarse. No quiere alertar a la muerte que siempre llega sola.

-¿A dónde vas?

-No jodas, con los pibes

-No tomés ninguna porquería, no te quiero con la cabeza quemada…

Rodrigo la deja hablando y camina hacia el árbol de la vía. El Chato ya esta sentado fumando. La vía esta desierta, ni siquiera los pibes del pegamento se animan con el frío.Se sienta al lado del Chato en silencio y saca el revólver.Lo acaricia como a un cachorro.

-Loco, que hacé ¿Y ese fierro?

-Un regalito del basural

-Bolú, e un caño, con esto podé hacé cagá a cualquiera

-Sabes que no ando en eso, quiero otra cosa

-¿Queré que hable con el Gringo? E mi puntero y te puede poné como soldadito.Va a ganá buena pasta.

-Ya te dije que yo con la merca no la voy

-No pedazo de bolú, lo unico que tené que hacé es vigilá que no venga nadie mientra tranzan.

-¿Eso nada más?

-Si y si le gustá al Gringo podé llegá lejo.

-Yo quiero salir de acá, nada más. No quiero que el Titi tenga que juntar basura ni que mi vieja se muera con esa tos de mierda que tiene.

-Mañana hablo con el Gringo, guardá bien el caño y no hagá boludece hasta que te conteste.

Se quedan un rato en silencio mientras el Chato termina el cigarrillo.Las cosas parecen mas claras con el aire frío aunque las dudas le aprieten el estómago.

Esa noche la almohada pesa mucho, no sólo guarda su único libro sino el pasaporte hacia un futuro posible.A cada rato toca el revólver mientras las imágenes del Cordobés, el disparo y los ojos del policía se le mezclan.Por fin el sueño gana la partida.

El ruido hace temblar las casillas y la gente a medio despertarse comienza a salir.La vía esta en penumbras pero pueden distinguirse tres grandes moles grises recostadas sobre el terraplén.Gritos, corridas, empleados del ferrocarril hablando con sus celulares, la autopista cortada por el accidente. La vía esta sembrada de paquetes de azúcar mojados por botellas de aceite aplastadas.Las sirenas no tardan en llegar aullando entre los vecinos que observan sin entender todavía lo que pasa.

Rodrigo salta del catre y se asoma al pasillo para ver mejor.En el alboroto escucha la voz del Chato que lo llama.Casi no puede despegar los ojos pero manotea las zapatillas para salir.

-¿Qué mierda pasa ahora?

-Parece que se cayó un tren vieja, volvé a dormir que voy a ver

-Rodri, no vayas, eso puede ser peligroso

Rodrigo mira la almohada y esconde con rapidez el revolver en la cintura a la altura del riñón.

-No te preocupes, yo me cuido bien, vos dormí.

-Rodri, por favor, hijo, Rodri…..

En pocos minutos todo el barrio esta en el terraplén. Dos patrulleros mantienen las luces encendidas mientras no mas de diez oficiales con sus armas custodian los containers caídos.El tren es un dinosaurio muerto que brama sus últimos sonidos opacado por el murmullo de la gente que crece.

El Chato esta ansioso, trae una bolsa en la mano.Todos esperan en línea, pero no son las cinco de la tarde.Los policías estan inquietos y miran al chancho a cada rato.Él es el oficial a cargo del operativo y le molesta demasiado trabajar a esa hora de la madrugada.El uniforme le explota ante la presión de una panza que no para de crecer.Tiene dos armas, la reglamentaria y la otra.Un celular de última generación en el cinto y un anillo de oro con sus iniciales en la mano izquierda.El es oficial principal pero todos lo tratan como comisario, menos los pibes de la villa que lo llaman Chancho a secas.

Recorre con la mirada la fila y reconoce a Rodrigo, lo mira fijo y Rodrigo lleva su mano a la espalda.No tiene miedo, sólo bronca incontenible.

-Vamos agarren lo que quieran, o son maricas ahora.

La gente baja como una tropilla el terraplén y se abalanza sobre los paquetes caídos.Un grupito de policías carga a toda velocidad packs enteros de aceite en el baúl del patrullero mientras los otros les hacen un cerco.El Chato arrastra a Rodrigo que no deja de mirar al Chancho.

-Vamo, bolú, vamo ¡No lo miré queré! Metete entre la gente bolú, apurate

El Chato lo agarra de la cintura para empujarlo hacía las vías

-¡Conchaetumadre! ¡Qué mierda hacé con eso acá! ¿Queré sé boleta, pelotudo?

Rodrigo no constesta, sigue mirando al Chancho sin parpadear mientras camina de espaldas tirado por el Chato.El Chancho hace una señal a los oficiales que están en el patrullero sin dejar de mirar a Rodrigo.

Los policías empiezan a los gritos para que la gente se vaya. Revolean los bastones y algunos disparan al aire repitiendo “Chorros de mierda, larguen todo, larguen de una vez”

Se arma un revoltijo de bolsas y corridas, la polvareda ahoga los gritos y los confunde.

Rodrigo y el Chato se quedan paralizados con la mirada congeladas en el Chancho y las bocas secas. Lo ven acercar la mano a la otra arma y sacarle el seguro con destreza sin quitarles la mirada de encima.

-¡Vamo pelotudo, somo boleta te digo! Ay Dio cagamo, esta vez cagamo la puta madre

El Chato siente el movimiento brusco del brazo de Rodrigo desde la espalda. El reflejo plateado lo enceguece de miedo.Quiere gritarle, manotearlo, pero nada, no puede mover un músculo.Todo pasa muy lento.Rodrigo subiendo el arma despacio y el Chancho apuntado directo a ellos como en una pesadilla.

La primera bala le silva en el oido a Rodrigo y el Chato siente que le quema el brazo. No grita, solo atina a tocarse y la mano se mancha de sangre.Gira la cabeza ante el segundo silvido para ver a Rodrigo. Tiene los ojos enormes, huecos y está cayendo como una bolsa muerta.El arma sale despedida a un costado. No hay tiempo de nada, sólo cae de rodillas al lado del cuerpo de Rodrigo y lo sacude.

-Culeao, vamo que hacé, no te hagá el boludo, Rodri

Siente a alguien parado a su lado y levanta la vista. El chancho  lo mira con satisfacción y le pega una patada al cuerpo de Rodrigo.

El chato siente que se le mojan los pantalones pero sigue apretando el brazo de Rodrigo como un salvavidas.Quiere llorar pero no hay tiempo.Los ojos se cruzan en una mirada congelada.Al Chancho no le tiembla la mano, la levanta a la altura de los ojos del Chato, no dice una palabra, ni siquiera una puteada.Mueve el dedo del anillo como parte de la rutina sin dejar de mirarlo a los ojos. Gatilla.

El diario de la mañana muestra su titular en letras grandes:

¨Saqueo al tren descarrilado:

dos adolescentes muertos al enfrentarse a la policía ¨

———————————–

                                                                  CLAUDIA  MALKOVIC

——————————–

2º PREMIO CONCURSO CUENTOS 2010, 1º AÑO,

jurados:  AGUADO-RIESTRA-SCALONA

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-