"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




26 de Mayo, 2011


CLAUDIA MALKOVIC, 2º premio

Publicado en Cuentos el 26 de Mayo, 2011, 20:23 por MScalona

PIBES DEL BASURAL

———–

——

Rodrigo se calza su gorra con visera hacia atrás y la cubre con la capucha que supo ser negra en sus buenas épocas, ahora sólo es gris como todo. A cada rato vuelve a mirar el reloj sin descuidar a su hermano que juega con una cucaracha.

-¡No seas asqueroso Titi, larga eso te digo!

-Dejálo, por lo menos no llora por un rato. No voy  a poder ir hoy, estoy hecha bolsa. Esta tos de mierda no me deja dormir.

-No importa vieja, te prometo que voy a venir cargado, anoche soñé con el gauchito gil, eso tiene que ser bueno.

-Cuidate, no te hagas el loco, no quiero que termines como el Cordobés.

-Dejate de joder, ya tengo diecisiete. ¿Hasta cuándo me vas a tratar como pendejo?¿Sabés algo de la Luli?

-No, esa piba se olvidó de la familia, ni un puto llamado hizo la perra.

-¿Pero vos no la llamaste?

-El teléfono que me dejó el tipo no sirve. Nunca contesta nadie.No sé que clase de casa es esa que nunca hay nadie.

-Vieja esto no me gusta, te dije que esa gente no me olía bien.Tanto insistir para que la Luli trabaje en su casa en el sur.¿No conocían a nadie para limpiarles la mugre ahi donde viven?

-Vos siempre tan tarado, no ves que le van a dar tres mil al mes, además de casa y comida. Nos va a poder mandar guita para poder comer o no lo entendés todavía.

-No me gusta un carajo, hay mucho olor a podrido.

Las paredes de cartón chorrean humedad y frío. No hay piso, sólo tierra y cartones por todas partes. Del padre no sabe nada desde hace cuatro años cuando su último hermanito cayó en este mundo, pero recuerda bien las palizas que le daba cada vez volvía borracho.

-Esperame despierta, que esta noche comemos de verdad, promesa

-Si encontrás, tráele un chocolate para el Titi, asi puede ser que deje en paz a los bichos.

-Que pendejito asqueroso, después no para de rascarse, ya no se sabe si tiene patas o granos reventados.

-En el dispensario dicen que puede ser sarna, que lo tengo que llevar a curarse.

-¿Sarna? ¿Eso no es lo que tienen los perros? ¿Hay que fletear al Hueso entonces?

-No sé, pero todos los pibes tienen esas lastimaduras por acá. Y el Hueso es mejor que cualquier estufa.

-No le des tanta bola a los tordos, creen que se la saben todas. ¿Alguna vez te dieron algo los de arriba? Todavía estas esperando ese plan mugroso.

-Ya va a llegar Rodri, la semana pasada terminé de pagarle los veinte pesos a la Suarez, ahora me dijo que en dos o tres semanas lo tengo.

-¡Qué vieja puta esa Suarez! Por esos mugrosos ciento ochenta, le vas a tener que pagar toda la vida. Ya te dije que la mandes a la mierda de una vez por todas.

-Si pelotudo, ciento sesenta es mejor que nada, por lo menos la leche para el Titi la vamos a tener. ¿Quién te crees que sos, Ricardo Fort?

-No, yo no seria tan culeao vieja. El Rodri es el mejor ¿Te olvidas?

-Andá, andá que ya son las cuatro y no perdonan a los dormidos.

Rodrigo se ajusta los cordones y agarra el gancho con destreza, es casi una prolongación de su mano. Se acuerda cuando era un pibe y jugaba en los zanjones. Se le asoma una sonrisa mientras camina por los pasillos apretados. El Che lo saluda desde la pared junto al escudo de Boca. Cada pisada lo hunde en el barro.Entre charco y charco patea una rata muerta, no sabe si por gusto o por bronca.El olor es intenso, la ráfagas de viento lo traen del basural. Es un olor que se pega a la ropa, a la nariz y al alma.

Al borde del terraplén están el Chato y Fede que lo esperan como siempre, dos fantasmas oscuros desdibujados por el paso del tren.

-¡Vamos cabrón que no tenemos todo el día!

-Dale sacudite un poco esa llanta, que con el barro no corre ni a cinco.

-¿Ahora también sos cuida? Chato

-No boludo, no quiero verte llorando a la vuelta

Rodrigo le tira  un manotazo a la cabeza

-Vamos, no sean pendejos que sólo nos quedan quince minutos.

- Meno mal que te tenemo a vo Fede, que si no…

-Dale Chato, pura espuma te dicen, y vos Rodri move esas cachas que hay que cruzar la autopista.

Como tres gatos corren a través del pavimento y saltan las vallas. Un auto esquiva con una maniobra desesperada al Chato que se había tropezado con su carro y Rodrigo lo insulta de todas las maneras que se acuerda.

Faltan diez minutos para la cinco de la tarde. Todos esperan detrás de una linea imaginaria al comienzo del puente. La largada no tardaría demasiado y tienen  que estar muy atentos. Todos en silencio, apelmazados entre la mugre y el olor a rancio.

Al final de la pista una cordillera de desperdicios los espera. Pilas de desechos de los grandes supermercados y también de las bolsas de Doña Rosa, rebozantes de los restos de un desayuno o de las sobras del almuerzo. Todo mezclado, aderezado por el hambre y la desesperación. Los gérmenes, bacterias y roedores bailan entre lo que ya es pasado, lo que nadie más va a consumir, lo que ya no sirve. Rodrigo mira a lo lejos su presente y el futuro le duele cada vez más.

Las cinco en punto, los policías alzan sus bastones y la carrera comienza.

Algunos empujan pesados carros, otros con bicicletas pedalean como si fuera el último día. Llegar primero tiene su premio en el supermercado de la pobreza. Premio que puede ser un trozo de carne abombada que tiró un frigorífico, restos de pollo, embutidos fermentados, lácteos que están por vencer o vencidos, un plasma roto, cables, o cualquier tesoro entre la Biblia y el calefón.

-Vamos Rodri, allá dale corre. No boludo ese pedazo no. ¿No ves que esta tapado con nylon?

-Algun día me voy a pasar estos canas putos por el forro del culo y voy a meter mano donde se me cante.

-Ante tene que juntá lo ciento cincuenta si no queré que te dejen como relleno de empanada.

-Siempre tan buena onda vos Chato.¡Qué hijos de puta! Con razón pagan ciento cincuenta para entrar primeros, mirá como se llevan esas bolsas, debe haber como cincuenta kilos de carne picada ahí.

-Boludo, mañana la venden a cinco mangos el kilo en el almacén del Rolo.

-Aunque tenga que comer mierda  no le compro nada a ese cabrón.

-Chato, Rodri, dejen de boludear y laburen que antes de las seis nos rajan a todos.

Rodrigo hunde su mano en la masa pegajosa porque el gancho es muy lento. El olor es fuerte, se adhiere a la piel junto con la baba verdosa de los alimentos descompuestos.

Una y otra vez revuelve, aprieta, vuelve a tocar lo rancio y de vez en cuando aparece un paquete de fideos cerrado, un choclo casi sin manchas o una barrita de chocolate. Todo un botín que guarda en la bolsa. Mira de reojo, ve al Chato que junta cartones y latitas, se puede dar ese lujo porque la vieja consiguió trabajo limpiando un cabarute.

Se oyen los gritos que anuncian el final, Rodrigo se apura en la ultima zambullida. Mete la mano hasta el fondo y tantea alrededor en busca del último botín. Choca con algo duro, parece metal y tira con tanta fuerza que cae sentado en el barro viscoso. Con asombro ve lo que tiene en la mano. A pesar de la mugre puede reconocer la silueta de un revólver. Sin perder tiempo lo esconde entre la ropa, agitado como quién ha ganado la lotería.

-¡Vamos, rápido cucarachas, a moverse que faltan quince para las seis!

El basural hierve de personas tratando de acarrear con todo lo recogido mientras los policias los arrean hacia la salida

Rodrigo se levanta con la ropa empapada y mariposas en la panza. Caminan como tres sombras en el gueto. Falta poco para llegar al puente cuando los interceptan  un par de policías.

-¡Vos, mugroso, vacía la bolsa a ver que te llevas!

Rodrigo transpira mientras siente la cachiporra en su estómago.No puede controlar las manos cuando Fede interviene.

-Jefe, tranquilo, el pibe es medio tarado, le faltan algunos caramelos ¿Entiende?

-Tarados son todos, pero este me parece conocido ¿Vos no sos el que andabas con el zurdito Cordobés?

Las venas de  Rodrigo se hinchan mientras se le atraganta una puteada entre el miedo y el odio, pero no levanta los ojos del piso.Reconoce muy bien la voz del Chancho. Fede se pone entre el policía y Rodrigo

-No, jefe, no. Si este ni sabe hablar, es mongui el pobre, lo traemos para que se la rebusque un poco, es un boludo de primera.

-Circulen, circulen, antes que me arrepienta

Los tres apuran el paso hasta desparecer en la autopista. Del otro lado la gente como hormigas corren entre los pasillos de la villa con bolsas y carros.

-Te conoció bolú, ese cana e un forro hijo de puta.

-Yo también lo tengo bien junado, Chato, siempre lo tengo en el mate.

-Va a tene que guardarte un poco, esto no e bueno, e un tipo jodido.

Fede y el Chato se pierden entre las casillas y Rodrigo camina lento mirando al piso, empapado de sudor y barro pestilente.

Al final de pasillo se para delante de una pared con los ojos clavados en una frase :“Los pibes no nacen chorrros”.El Cordobés la había pintado después de la charla en el comedor del barrio. Todavía le suenan las promesas de un mañana mejor y las ganas de cambiar, de buscar otro futuro, algo más parecido a los de arriba.Era un tipo raro el Cordobés, pero de un corazón sin fronteras. Fué el único que logró que Rodrigo lea un libro, su primer libro, todavía lo tiene guardado debajo de la almohada.Además le había conseguido la beca en la técnica para estudiar de albañil el año próximo.Siempre se la jugaba por los otros y nunca les pasaba factura.

El piquete había sido un exito, por fin se enterarían de las nececidades del barrio. El Cordobés estaba acomodando la bandera cuando apareció la policía. No los vió venir porque estaba de espalda. El chancho sólo apuntó escudado en el revuelo y el disparo cortó la tarde. Esa imagen se congeló en los ojos de Rodrigo que temblaba de odio y miedo. El Cordobés cayó de boca como un cartón seco y la sangre se desparramó sobre la bandera. Rodrigo se enfrentó con la mirada del policía que no había bajado su arma.Pudo verse en sus pupilas frías y sentir el odio.Fue un segundo eterno hasta que el tumulto lo separó del verdugo.

-Rodri ¿Qué haces ahi parado, hijo? Estaba preocupada porque no llegabas. Vamos a lavarte un poco ¿Conseguiste algo bueno?

Rodrigo se toca la remera a la altura de la cintura

-Si vieja, algo conseguí.

-¿El chocolate para el Titi?

-Ah, si eso mismo, el chocolate

-¿Qué te pasa abombado?¿Tomaste algo?

-Si vieja, mierda y mas mierda tomé.

El agua de la manguera sale lenta, a veces se transforma en un hilo un poco amarronado. Rodrigo se lava las manos y frota con un cepillo la ropa y las zapatillas. La mugre se mezcla con el barro y va corriendo despacio hacia la zanja.Su madre ya esta revisando las cosas de la bolsa y se alborota con el paquete de fideos. Hoy hay comida.

La cena es en silencio, Rodrigo come con los ojos fijos en el plato.Su mamá lo mira de reojo mientras le da de comer a Titi. No se anima a preguntar que pasó, no sabe si quiere enterarse. No quiere alertar a la muerte que siempre llega sola.

-¿A dónde vas?

-No jodas, con los pibes

-No tomés ninguna porquería, no te quiero con la cabeza quemada…

Rodrigo la deja hablando y camina hacia el árbol de la vía. El Chato ya esta sentado fumando. La vía esta desierta, ni siquiera los pibes del pegamento se animan con el frío.Se sienta al lado del Chato en silencio y saca el revólver.Lo acaricia como a un cachorro.

-Loco, que hacé ¿Y ese fierro?

-Un regalito del basural

-Bolú, e un caño, con esto podé hacé cagá a cualquiera

-Sabes que no ando en eso, quiero otra cosa

-¿Queré que hable con el Gringo? E mi puntero y te puede poné como soldadito.Va a ganá buena pasta.

-Ya te dije que yo con la merca no la voy

-No pedazo de bolú, lo unico que tené que hacé es vigilá que no venga nadie mientra tranzan.

-¿Eso nada más?

-Si y si le gustá al Gringo podé llegá lejo.

-Yo quiero salir de acá, nada más. No quiero que el Titi tenga que juntar basura ni que mi vieja se muera con esa tos de mierda que tiene.

-Mañana hablo con el Gringo, guardá bien el caño y no hagá boludece hasta que te conteste.

Se quedan un rato en silencio mientras el Chato termina el cigarrillo.Las cosas parecen mas claras con el aire frío aunque las dudas le aprieten el estómago.

Esa noche la almohada pesa mucho, no sólo guarda su único libro sino el pasaporte hacia un futuro posible.A cada rato toca el revólver mientras las imágenes del Cordobés, el disparo y los ojos del policía se le mezclan.Por fin el sueño gana la partida.

El ruido hace temblar las casillas y la gente a medio despertarse comienza a salir.La vía esta en penumbras pero pueden distinguirse tres grandes moles grises recostadas sobre el terraplén.Gritos, corridas, empleados del ferrocarril hablando con sus celulares, la autopista cortada por el accidente. La vía esta sembrada de paquetes de azúcar mojados por botellas de aceite aplastadas.Las sirenas no tardan en llegar aullando entre los vecinos que observan sin entender todavía lo que pasa.

Rodrigo salta del catre y se asoma al pasillo para ver mejor.En el alboroto escucha la voz del Chato que lo llama.Casi no puede despegar los ojos pero manotea las zapatillas para salir.

-¿Qué mierda pasa ahora?

-Parece que se cayó un tren vieja, volvé a dormir que voy a ver

-Rodri, no vayas, eso puede ser peligroso

Rodrigo mira la almohada y esconde con rapidez el revolver en la cintura a la altura del riñón.

-No te preocupes, yo me cuido bien, vos dormí.

-Rodri, por favor, hijo, Rodri…..

En pocos minutos todo el barrio esta en el terraplén. Dos patrulleros mantienen las luces encendidas mientras no mas de diez oficiales con sus armas custodian los containers caídos.El tren es un dinosaurio muerto que brama sus últimos sonidos opacado por el murmullo de la gente que crece.

El Chato esta ansioso, trae una bolsa en la mano.Todos esperan en línea, pero no son las cinco de la tarde.Los policías estan inquietos y miran al chancho a cada rato.Él es el oficial a cargo del operativo y le molesta demasiado trabajar a esa hora de la madrugada.El uniforme le explota ante la presión de una panza que no para de crecer.Tiene dos armas, la reglamentaria y la otra.Un celular de última generación en el cinto y un anillo de oro con sus iniciales en la mano izquierda.El es oficial principal pero todos lo tratan como comisario, menos los pibes de la villa que lo llaman Chancho a secas.

Recorre con la mirada la fila y reconoce a Rodrigo, lo mira fijo y Rodrigo lleva su mano a la espalda.No tiene miedo, sólo bronca incontenible.

-Vamos agarren lo que quieran, o son maricas ahora.

La gente baja como una tropilla el terraplén y se abalanza sobre los paquetes caídos.Un grupito de policías carga a toda velocidad packs enteros de aceite en el baúl del patrullero mientras los otros les hacen un cerco.El Chato arrastra a Rodrigo que no deja de mirar al Chancho.

-Vamo, bolú, vamo ¡No lo miré queré! Metete entre la gente bolú, apurate

El Chato lo agarra de la cintura para empujarlo hacía las vías

-¡Conchaetumadre! ¡Qué mierda hacé con eso acá! ¿Queré sé boleta, pelotudo?

Rodrigo no constesta, sigue mirando al Chancho sin parpadear mientras camina de espaldas tirado por el Chato.El Chancho hace una señal a los oficiales que están en el patrullero sin dejar de mirar a Rodrigo.

Los policías empiezan a los gritos para que la gente se vaya. Revolean los bastones y algunos disparan al aire repitiendo “Chorros de mierda, larguen todo, larguen de una vez”

Se arma un revoltijo de bolsas y corridas, la polvareda ahoga los gritos y los confunde.

Rodrigo y el Chato se quedan paralizados con la mirada congeladas en el Chancho y las bocas secas. Lo ven acercar la mano a la otra arma y sacarle el seguro con destreza sin quitarles la mirada de encima.

-¡Vamo pelotudo, somo boleta te digo! Ay Dio cagamo, esta vez cagamo la puta madre

El Chato siente el movimiento brusco del brazo de Rodrigo desde la espalda. El reflejo plateado lo enceguece de miedo.Quiere gritarle, manotearlo, pero nada, no puede mover un músculo.Todo pasa muy lento.Rodrigo subiendo el arma despacio y el Chancho apuntado directo a ellos como en una pesadilla.

La primera bala le silva en el oido a Rodrigo y el Chato siente que le quema el brazo. No grita, solo atina a tocarse y la mano se mancha de sangre.Gira la cabeza ante el segundo silvido para ver a Rodrigo. Tiene los ojos enormes, huecos y está cayendo como una bolsa muerta.El arma sale despedida a un costado. No hay tiempo de nada, sólo cae de rodillas al lado del cuerpo de Rodrigo y lo sacude.

-Culeao, vamo que hacé, no te hagá el boludo, Rodri

Siente a alguien parado a su lado y levanta la vista. El chancho  lo mira con satisfacción y le pega una patada al cuerpo de Rodrigo.

El chato siente que se le mojan los pantalones pero sigue apretando el brazo de Rodrigo como un salvavidas.Quiere llorar pero no hay tiempo.Los ojos se cruzan en una mirada congelada.Al Chancho no le tiembla la mano, la levanta a la altura de los ojos del Chato, no dice una palabra, ni siquiera una puteada.Mueve el dedo del anillo como parte de la rutina sin dejar de mirarlo a los ojos. Gatilla.

El diario de la mañana muestra su titular en letras grandes:

¨Saqueo al tren descarrilado:

dos adolescentes muertos al enfrentarse a la policía ¨

———————————–

                                                                  CLAUDIA  MALKOVIC

——————————–

2º PREMIO CONCURSO CUENTOS 2010, 1º AÑO,

jurados:  AGUADO-RIESTRA-SCALONA

JORNADAS LITERATURA ROSARINA de la UNR.

Publicado en Sugerencias. el 26 de Mayo, 2011, 18:46 por MScalona
el mítico narrador rosarino JORGE RIESTRA
———————–
CULTURA / ESPECTACULOS › EL LUNES COMIENZAN LAS PRIMERAS JORNADAS ACADEMICAS LA LITERATURA DE ROSARIO

La Universidad lee con ojos rosarinos

Rosario en su tinta constará de proyecciones, representaciones y tensiones, organizadas por la propia Facultad en tres espacios: Humanidades (Entre Ríos 758), los bares Cívico (San Lorenzo 1949) y Jekyll y Hyde (Mitre y Pasaje Zabala).

por  Beatriz Vignoli
Durante años, el sentido común particular prevaleciente en las aulas de la Escuela de Letras de la Facultad de Humanidades y Artes dictó que existía, por un lado, la Literatura, que hasta podía ser literatura nacional y hacerse en Buenos Aires o, a lo sumo, en Santa Fe capital y aledaños; por el otro, en Rosario, había, sí, unos grafómanos que no tenían mejor cosa que hacer un sábado que garrapatear por la mañana páginas olvidables y juntarse a la noche a tomar cerveza y hablar pavadas. A lo sumo, a alguna de las innumerables lecturas a viva voz en sótanos de bares que (a falta de pasaje de ida para el éxodo u opciones de publicación dentro de las editoriales locales de Literatura) reincidían en perpetrar estos decadentes personajes, asistía, con miedo a ser lapidada al día siguiente, alguna profesora embozada entre las sombras; comentarios como “yo escucho a los trasgresores”, “vos sos nuestro Bukowski” o “nuestro profesor nos habló mucho de tu obra en los recreos, en el patio” era toda la munición crítica u hoja de laurel que recibían de la Academia local estos bárbaros.

Hubo una hoja de poesía en los 80; una mesa en un congreso en 1993, Escribir Rosario; en la década pasada, la efímera revista RIEL dedicó un número a la novela rosarina, y luego en el marco de la cátedra Felipe Aldana el poeta Eduardo D’ Anna dictó un seminario de literatura rosarina cuyas clases hoy son parte de su libro Nadie cerca o lejos. Pero la gran llegada de los bárbaros será el próximo lunes, cuando den comienzo las Primeras Jornadas Académicas La Literatura de Rosario. Proyecciones, representaciones y tensiones, organizadas desde adentro de la propia Facultad.

La ambición es apuntar a una posible inclusión curricular de los ninguneados autores rosarinos. Que los investigadores los estudien y valoren sus obras. Que un Premio Nacional de Literatura como Jorge Riestra no tenga que esperar a una edad avanzada para que la UNR lo reciba (el miércoles) como disertante. “Alejandro Vila, Secretario de Asuntos Estudiantiles, convocó a las personas vinculadas al tema, un grupo heterogéneo de graduados y estudiantes de Letras”, relató a Rosario/12 Nicolás Manzi, uno de los organizadores. Ellos son además Marcelo Britos, Federico Ferroggiaro, Laura Utrera, Alejandro Vila y Letras En Cambio. “Laura Utrera fue un alma mater”, reconoce Manzi. Esto “surge en el ámbito de la Facultad; este tema no puede estar fuera de la Facultad, es un tema que ya no puede ser tabú en el ámbito académico. Hay un desinterés y queremos subsanar esto. Esto es un puntapié inicial. ¿Por qué otras universidades tienen una cátedra de literatura local y la de Rosario no? ¿Por qué se ninguneó la literatura local?”. Manzi opta por dejar abierta la pregunta.

Se concentra en cambio en señalar la diversidad de lo que se podrá escuchar esta semana, hasta el viernes inclusive, en las tres sedes de las Jornadas: la Facultad de Humanidades y Artes (Entre Ríos 758), el bar Cívico (San Lorenzo 1949) y el bar Jekyll y Hyde (Mitre 343, Mitre y Pasaje Zabala). Luego del acto de apertura, que tendrá lugar el lunes 30 a las 19:15 en el Salón de Actos de la Facultad, con Darío Maiorana (Rector UNR), José L. Goity (Decano), Sonia Yebara (Directora de la Escuela de Letras) y Laura Utrera (Comisión Organizadora), dará comienzo la primera mesa, donde Eduardo D’Anna y Roberto Retamoso hablarán sobre la literatura de Rosario. Más tarde, brindis inaugural de por medio, será allí la apertura de la muestra Cien años de literatura, donde la melancólica belleza de las fotos rurales y urbanas tomadas por Marita Guimpel se expandirá en breves textos de autores de la región seleccionados por Graciela Aletta de Sylva y María Isabel Barranco. Y a las 22, en el Bar Cívico, leen los narradores Lorena Aguado, Federico Ferroggiaro, Verónica Laurino y Luciano Trangoni.

El martes a las 19:30, en la Sala de Lectura de la Biblioteca Central, será el turno de la Literatura de Rosario y mercado editorial, con Daniel García Helder por la Editorial Municipal, Nicolás Manzi por El Ombú Bonsai, Sebastián Riestra por la Colección La Capital y Marcelo Scalona por Homo Sapiens. Leerán a las 22 en el Bar Cívico cuatro poetas de Rosario: Gilda Di Crosta, Leandro Llull, Rocío Muñoz y Andrea Ocampo.

El miércoles 1º a las 18:30, en el Aula 7, Rafael Ielpi, Martín Prieto, Fabricio Simeoni y esta cronista se ocuparán de la Poesía de Rosario y allí mismo a las 20 la Narrativa de Rosario será el tema de Osvaldo Aguirre, Angélica Gorodischer y el esperado Jorge Riestra. Leen a las 22 en Jekyll & Hyde los narradores Marcelo Britos, Martín Kaissa, María Laura Martínez (Amanda Poliéster) y Marcelo Scalona.

El jueves estará dedicado a la crítica académica y al cine, y el viernes a las publicaciones de Rosario y a la ciudad como escenario de la ficción literaria. Puede consultarse el cronograma completo de actividades en el blog de las Jornadas, http://rosarioensutinta.blogspot.com, o seguirse en Facebook: La Literatura de Rosario.

———

JULIA M. SÁNCHEZ

Publicado en Aguafuerte el 26 de Mayo, 2011, 10:29 por MScalona

LA  RABIOSA

Prendo la tele. Nada, nada, nada. Siempre me dan risa los títulos de las películas porno. Ciento noventa y ocho canales para mirar siempre Los Simpson. Otra vez, me pregunto para qué carajo tengo cable. Otra vez, me acuerdo que viene en promo junto con internet. Odio terminantemente el concepto de promo. Mira qué vivo que soy, agarré una promo. Pelotudo. Llega la factura. Resulta que el importe es tres veces mayor que el estipulado en la presunta promo. Tres veces más. Una factura que es una ficción en si misma. Qué bárbaro. Llamo a la compañía, después de un rato me atiende Laura, me agradece por llamar, me pregunta en qué me puede ayudar, señora. Siento que el propósito de su plástica amabilidad es irritarme, pero no se lo demuestro. Y me dice señora. Perra. Le explico la situación de la boleta fantástica. Hace ruidito con los dedos en el teclado de la computadora. Me dice que hubo un error en la facturación, precisamente en el cómputo de la promo. Que ahora no se puede modificar. Me quejo en términos más que razonables. Que ella entiende, señora, pero no está en sus manos. Le pido hablar con un superior. No es posible, me dice. Le digo que la factura tampoco es posible, y sin embargo es, sin mayores implicancias ontológicas. Me pide que la aguarde. Comienza a sonar un jingle exasperante. Parece que las versiones electrónicas de Beethoven pasaron de moda. Me imagino pateando la cabeza de Laura. Me imagino con dolor convirtiéndome en Kafka como Gregorio se convirtió en bicho. Laura nunca más contesta. Pasan tres días. Corto y llamo de nuevo.

Ahora me atiende Mauro, me agradece por llamar, me pregunta en qué me puede ayudar, señora. Le digo que por favor me comunique con Laura. No es posible, de ninguna manera, que le diga a él. Le explico en cámara lenta la situación otra vez. Se queda en silencio. Me pide que me dirija a la sucursal más cercana a mi domicilio. Acabo de transpirar mi última gota de amabilidad. Siento que si no hago algo en los próximos cinco minutos me gano el premio Aneurisma a la Tolerancia. Corto. Me subo a la bici en busca de la sucursal. La llave en una mano, la factura entre los dientes. En una bocacalle la bici relincha y se convierte en Rocinante. Dale, caballo del orto, movete. Yo tengo paciencia, pero no me la quiero gastar toda en la puta compañía de cable, no quiero morir tan lento, qué tiene de raro eso.

Entro a la sucursal, saco número. Adelante mío hay muchas personas con expresión de terapia intensiva. Observo detenidamente, pero no, no está Kafka. Hay unos vidrios polarizados atrás de los mostradores, pienso en que alguien ahí atrás se caga de risa de los que esperamos. No, no soy paranoica, es lo que yo haría si estuviera atrás del vidrio. Obvio. Tres años después todavía no me atendieron. Mis cejas y mi mentón ya están unidos para siempre. Mis uñas esculpidas se clavaron en mis palmas hasta hacerme sangrar, y la sangre ya secó. Evalúo lo insalubre que me resulta portarme bien en esta situación.

Entre los que esperan hay un hombre de mi edad que antes de tomar color verde oficina debe haber sido interesante. Nos conocemos en la tercera fila de butacas de mala calidad. Nos casamos y seguimos esperando. Un día me ofrecen trabajo. Buena prepaga. Me dan una lista con teléfonos de señoras y señores a los que debo convencer que contraten la promo. Mierda. Debería haberme rehusado, pero ya tenemos un hijo y mi marido sigue del otro lado esperando que lo atiendan. Cada vez está más verde. Un día atiendo una loca rabiosa que me dice que le cobramos demás, que somos una caterva de oligofrénicos, que nadie le soluciona sus reclamos. Le digo amablemente que mi nombre es Carolina, que me trate con respeto, y que lo mejor sería que se acercara a la sucursal más próxima a su domicilio, señora.

                                            J.M. Sánchez

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-