"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan slo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




25 de Mayo, 2011


ARTANA: el txt de anoche...

Publicado en Nuestra Letra. el 25 de Mayo, 2011, 17:25 por MScalona

LA TERAPIA

覧覧覧覧覧覧-

Nunca antes  revel el secreto de cmo super los ataques de p疣ico. Yo era un caso grave; gravsimo, dira. Comenz casi imperceptiblemente. Cuando entraba en un lugar, lo primero que haca era buscar las rutas de escape m疽 r疳idas. Mi cerebro no serva para asimilar nada, si antes no imaginaba cmo escapara de donde me encontrara. En la facultad, en los bares, en todas partes me situaba cerca de las salidas. El deseo de escabullirme comenzaba a hacerse irrefrenable hasta que hua. Hua. Slo hua a refugiarme en mi habitacin donde la sensacin se haca un poco m疽 tolerable. A duras penas y por imposicin de mi familia comenc a deambular por los consultorios de psiquiatras y psiclogos. Rara vez llegaba a la consulta. Hua antes.

No exista motivo que pudiera haber afectado mi psiquis. No haba nada para contarle a un psiquiatra, y no tena la m疽 mnima intencin de relatar mis confidencias insulsas a nadie. Uno se enferma y punto. Los porqu駸 son especulaciones incomprobables y rara vez ayudan. Los m馘icos no tienen por qu investigar cmo fue que uno se enferm. House es capaz de allanar la casa de los enfermos, pero de puro chusma nom疽.

Siempre pens que los ataques de p疣ico son una refinada manifestacin de la fuerza m疽 poderosa que existe: la estupidez humana.

Por eso me sorprendi que por una vez, primara el instinto. Aunque pens疣dolo mejor, creo que el propio instinto del hombre debe ser una estupidez de mayor peso que los ataques de p疣ico.

Digo esto, porque un da ca en el consultorio de la doctora Josefina Bellagamba y el solo verla asomarse frente a mi vista, abort mi inminente huda.

No recuerdo ninguna mujer m疽 sexy que la doctora. Me gan el deseo de estar cerca de ella, estudiar sus formas y sus movimientos lo m疽 disimuladamente posible. Me dej cautivar con su manera profesional de hablar obviedades como si fueran grandes revelaciones. 。Con qu gusto dejaba que ella se situara en un plano de superioridad ante m! Yo le daba la razn en todo y le haca creer que era su ciencia, y no sus caderas y sus tetas, lo que me estaba curando.

No tard en darme cuenta que tena que hacer todo lo posible por mantener su inter駸 en m. Cuando le contaba algo que le interesaba, haca movimientos zigzagueantes en su silln, como una gata. Eran una delicia. Hasta pareca que ronroneaba. Cuando hablaba de homosexualidad se inclinaba hacia adelante como ofreci駭dome el contenido de su escote.

Recuerdo que puso mucho 駭fasis en mis amistades. Se me ocurri que mis amistades deban ser gente marginal y retorcida. Eso le iba a interesar, supuse. De alguna manera, yo me acercaba hacia los compaeros de estudios impopulares o ellos se acercaban a m. Eso result ser muy revelador para mi caso, segn ella.

Le habl de mis amistades un poco a sus ojos y mucho m疽 a sus tetas que pugnaban por escaparse del escote. Le cont los casos de Rosita, la ninfmana virgen; Gabriel, el exhibicionista vergonzoso, Adri疣, el voyerista miope. El que m疽 le interes fue el de Jeremas, el gordo tres mil milanesas.

Jeremas vena de un pueblo pequeo y tena una especie de estigma social. Cuando los padres de Jeremas eran novios, al parecer la religin se les haba metido hondo en sus mentes pueblerinas y reservaban la virginidad para el matrimonio. Un buen da, ella le dijo a 駘, que estaba embarazada del Espritu Santo. Evidentemente no era la religin lo que se haba metido en ella. Pero 駘 estaba orgulloso de su papel de San Jos en el evangelio contempor疣eo que comenz a redactar. Pregon la buena nueva a todo el mundo, y se cas con la virgen Mara. 。Pobre! La gente no es tonta. Se podra contar ese verso durante dos mil aos seguidos, que nadie lo creera jam疽. La gente no es tonta. Ni con pur de viagra el Espritu Santo podra volver a procrear.

Ese fue el origen de Jeremas, el gordo tres mil milanesas,  y de su estigma. Para mayor entretenimiento del pequeo pueblo, lejos de obrar milagros y predicar virtudes, el gordo sali puto. El escote de la doctora ameritaba que el pobre gordo tambi駭 fuese puto.

En las consultas,  me senta una especie de Sherezade. La doctora se pavoneaba del avance que efectu畸amos en el tratamiento, aunque no era el tipo de avance que a uno le hubiera gustado realizar con ella.

Sin embargo, todo era un regodeo visual. El mandato masculino que obliga al menos a fantasear con semejante hembra, extraamente no se present. Fue reemplazado por el placer de despertar inter駸 contando historias, complementado con el relojeo del escote que cada vez era menos disimulado. La psicologa dira que lo mo era algn tipo de perversin 。A la mierda con la psicologa!

 El caso es que entre relatos picantes, caderas serpenteantes y tetas rebalsantes, los ataques desaparecieron tan misteriosamente como haban surgido. El p疣ico sigue existiendo, no ya en forma de ataque, sino dentro del cauce natural de ser una condicin del ser humano. Volv a tomar conciencia de que todo es una gran c疵cel y no hay puerta de salida. Toda puerta no hace m疽 que comunicar una celda con otra.

La doctora fue quien dio por finalizada mi terapia y me declar curado contradiciendo aquello de que la psiquiatra es la ciencia de transformar un paciente en un cliente.

La sensacin opresiva de p疣ico sigue ah; ahora mismo tengo ganas de salir corriendo. Pero tambi駭 est el gozo de saber que le di a ella la satisfaccin de considerarme curado. Gozo m疽 estpido no puede haber, pero puedo decir sin mentir, que brind satisfaccin a semejante hembra.

En fin. Estaba rebuena, y creo que nadie la satisfizo m疽 que yo, porque entre nosotros me consta que era frgida.

--------------------------

Fernando Artana

NATALIA MASSEI en P疊ina/12

Publicado en Aguafuerte el 25 de Mayo, 2011, 17:17 por MScalona

Acido

Por Natalia Massei

Apareci un viernes por la maana antes de las siete, cuando todava el cielo estaba oscuro. Lav la vajilla acumulada, saqu la basura, repas la mesada con Cif Crema. Abr la puerta del balcn para ventilar. No se fue, incluso empeor. Cuando regresamos, al medioda, ya haba invadido buena parte de la casa y haba alcanzado una pestilencia que yo desconoca. Entre olor a excrementos y olor a muerto (esto ltimo lo supuse por figuracin, en realidad, yo nunca haba experimento la fetidez de un cuerpo en descomposicin).

Los das fueron pasando y lo dejamos estar. De hecho le cedimos el territorio de la cocina: tomamos el h畸ito de almorzar y cenar en el living, cerrando la puerta para que no se filtrase ni una mol馗ula. Al principio, ni siquiera podamos preparar los alimentos all, varias veces tuvimos que apelar a la rotisera, desbalanceando tambi駭 as nuestro presupuesto. Luego su intensidad fue menguando y bast con desplazarnos slo para comer. El nico que pareca beneficiarse con la situacin era Cucho quien estaba de lo m疽 contento porque ahora poda mirar la tele mientras coma. Para nosotros, en cambio, era un incordio. Nos afan畸amos en no olvidar nada indispensable a la hora de poner la mesa para no tener que trasladarnos infinitas veces desde un ambiente hacia el otro en busca de la sal, el pan o un repasador.

El incidente, por llamarlo de algn modo, tambi駭 tuvo lugar por la maana. M疽 o menos a la misma hora, pero un jueves que empez como todos los jueves de todos estos aos. Me levant temprano para llevar a Cucho a la escuela. Antes de vestirme prepar un caf y me sent a beberlo frente a la computadora como acostumbro. No llegu a tomarlo. Al encender el monitor, una ventana de chat abierta me distrajo del rumbo habitual y encadenado de los jueves:

matiax escribi: 田uando las relaciones fueron intensas el rencuentro no difiere del encuentro (Icono: guio de ojo)

gata flora escribi: muchos besos

matiax escribi: mil para vos

gata flora escribi: nos vemos el domingo en la mani

Matax es Matas. Gata flora no s. El resto pude deducirlo. M疽 aturdida que enfurecida, lo saqu de la cama de un salto, sin decirle mucho pero en tono imperativo, excepcional. Lo que sigui fue una procesin de clich駸 que, no obstante, distaban muchsimo de nuestro glosario cotidiano de repeticiones. La discusin termin en el momento en que Cucho asomando desde el pasillo, en calzoncillos, con cara de dormido y un oso de peluche en la mano, pregunt qu pasaba. De ninguno nos privamos, recorrimos juntos todos los lugares comunes.

Lo peor de una infidelidad es enterarse. All comienza el derrotero. Los detalles entrecortados que uno completa, las piezas que siempre faltan y que una imaginacin desatada, despechada y malsana, necesariamente, reconstruye: el lugar, si era de da o de noche, la luz, la msica. El color de sus uas, las de ella; la forma de esas manos sobre su espalda; las miradas, la 駘 que una conoce tan bien.

Los olores. El perfume rancio de su vagina, la de la otra. Tu transpiracin agria cuando est疽 nervioso y empez疽 a dar vueltas como una bestia desorientada. Tu sudor en la cama. Mi propio olor. El olor de la cocina que sigue aqu y se ha tornado acre y cortante. Algo comn a todos ellos circula entre nosotros y me asquea. Un hedor, un ardor que traspasa el cuerpo y penetra el alma. Un 當ido que quema y corroe las im疊enes atesoradas de nuestros jueves y nuestros domingos de siesta, nuestras maanas de lunes y mensajes de texto desde el trabajo, nuestras tardes de s畸ado con Cucho, nuestras noches de viernes en la cama.

Que te desfigure el gesto acercarte a su pubis corrosivo, olerlo, besarlo. Que te atraviese como 當ido desde las fosas nasales hasta la garganta. Que se te derrita la lengua y slo sientas un vaco, una ausencia.

http://natimassei.blogspot.com/

  
Autores
Mara Paula Cerd疣, Francisco Kuba, Vernica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela Gonz疝ez Garca, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mnica M. Gonz疝ez, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Est騅ez, Julia M. S疣chez, Matas Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matas Magliano, Andrea Parnisari, Roberto S疣chez, Alina Taborda, Nicol疽 Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, Mara B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germ疣 Caporalini, Rosana Guardala Dur疣, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tom疽 Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaqun Yaez, Joaqun P駻ez, Alvaro Botta, Vernica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofa Baravalle, Rub駭 Leva, Marcelo Castaos, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Su疵ez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elas, Facundo Martnez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebasti疣 Avaca, Emi P駻ez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacaras.-