"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




WITOLD GOMBROWICZ

Publicado en De Otros. el 19 de Mayo, 2011, 20:39 por MScalona

Viernes

Fui a Ostende, a una tienda de moda y me compré un par de zapatos amarillos que resultaron ser demasiados pequeños. Volví, pues, a la tienda y cambié ese par por otro, del mismo modelo y número y, en fin, idéntico en todos los aspectos, que también resultó ser demasiado pequeño.

A veces me asombro de mí mismo.

Sábado

X., su mujer y el señor Y., persona muy activa en la colonia polaca de Argentina, me han estado contando chismes. Al parecer, en la reunión organizativa de no sé que asociación se propuso mi candidatura como miembro; entonces, el presidente o no sé quién saltó chillando que allí no había sitio para semejantes renegados. Y en una sesión de otro comité se ha decidido que mi <<colaboración>> era indeseable.

Dios les ampare. Aun en el caso de me enviaran una delegación con música y flores, no colaboraría con los comités, que me aburren mortalmente, y tampoco aceptaría su presidencia, ya que al ser un hombre serio, no sirvo para comparsa. Eso de jugar a presidentes, comités y sesiones es bueno para la Sontangsjaeger pero no para un diligente trabajador del campo de la literatura y la cultura patrias como yo. Por otra parte, sé muy bien que no corro peligro de que me llegue ninguna delegación, pues el odio del comités hacia mi persona es resultado de su propia naturaleza y los comités en cuanto tales siempre lucharán contra mí, aunque cada uno de sus miembros a solas y en privado me susurre al oído: ¡ármela cuanto pueda! Ojalá caiga del cielo un fuego que purifique la vida de los polacos de la Argentina d exceso de vulgaridad. No puedo comprender a esa gente. Resulta para mí un misterio el hecho de que un tipo que ha atravesado los siete círculos del infierno, ha conocido situaciones que llegan hasta lo más profundo del alma, ha agotado totalmente el sentido de la lucha, del dolor, de la fe y de la duda, al aterrizar aquí, en Argentina, se haga miembro como si nada de un comité y se ponga a recitar lo que parecen ser inmortales lugares comunes. El conocimiento de la vida que han adquirido, que tenían que haber adquirido, está como fuera de ellos, lo llevan no en ellos mismos, sino en el bolsillo, un bolsillo que, por lo demás, también ha sido cosido.

El infantilismo de su tono es insoportable. El semanario La Voz, reforzado en los últimos años por nuevas plumas, ha dejado de ser una hoja volante para convertirse en un <<órgano>> orgulloso y útil; no obstante sigue pareciéndose a una asamblea de tiítas y tiítos que toman todas las precauciones posibles para no escandalizar a la sobrina menor de edad. Esa preocupación por la inocencia antediluviana de los polacos actuales resulta realmente conmovedora. Personas que han experimentado una vida durísima son tratados como colegiales de quinto grado y sólo se les permiten algunos temas, debidamente endulzados y suavizados. Pero tal vez sea mejor que La Voz tome esas precauciones, pues si La Voz se pusiera a hablar con su verdadera voz, sería de temer que en un santiamén hiciera saltar en pedazos a La Voz y hasta, a toda nuestra colonia. Tememos nuestra verdadera voz, por lo que utilizamos una Voz perfectamente neutralizada. Sin embargo, estoy muy lejos  de combatir este estado de cosas con medios demasiados drásticos. De vez en cuando alguien- por lo general el presidente, el tesorero o el secretario- se dirige a mí con un llamamiento confidencial para que me convierta en el látigo de la colonia y me lo cargue todo como es debido. Este papel no me hace gracia. No conseguiremos nada removiendo nuestros viejos asuntos y tachándonos de hipócritas, imbéciles e inútiles. Por el contrario, hay que tratar de despertar en estos polacos la conciencia de su irrealidad, de la ficción en que viven,  que esta conciencia se haga en ellos definitiva. Hay que repetirlas: tú no eres así, ya eres mayor para lo que estás diciendo, te comportas así para entonar con los demás, te pones solemne porque a todos  se ponen solemnes, mientes porque todo mienten, pero tú y todos nosotros somos mejores que la farsa en la que participamos, hay que decírselo hasta que está idea se convierta para ellos en la tabla de salvación. Esta especie de Ketman nos es absolutamente imprescindible. Debemos sentirnos como los actores de una mala obra teatral, que en sus papeles estrechos y banales no tienen ninguna posibilidad de lucirse. Esta conciencia nos permitirá al menos conservar nuestra madurez hasta los tiempos en que podamos ser más reales.

No culpo a nadie, pues los culpables no son los hombres, sino la situación.    

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WITOLD GOMBROWICZ,

DIARIOS, Ed Sedix Barral  p. 89-91

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-