"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan slo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




11 de Mayo, 2011


NATALIA MASSEI (*)

Publicado en Cuentos el 11 de Mayo, 2011, 15:27 por MScalona

TATUADA

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                                                     Natalia Massei

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I. La duda

Cuando me llamaron estaba durmiendo. Tard en entender lo que me deca, desde el otro lado de la lnea, una voz de ultratumba. Pens que se trataba de una pesadilla. Cuatro das llev畸amos busc疣dola. Me lav la cara con agua helada para despabilarme y ah me acord que haba soado con ella: Estoy bien papi, quedate tranquilo, en unos das vuelvo a casa. El tel馭ono me despert antes de que pudiera preguntarle adnde estaba y si necesitaba plata.

Llamaban de la comisara. Decan que haban encontrado un cuerpo que coincida con la descripcin de Brenda. Lo haban llevado a la morgue. Instituto M馘ico Legal, me aclar el oficial. ソPero ustedes est疣 seguros de que es ella? Al tipo se le notaron las ganas de dejarme saber que era una pregunta boluda y que lo haca perder el tiempo, pero se contuvo dada la gravedad de la situacin. Seguros no estaban, la chica no tena identificacin. Un familiar cercano deba reconocer el cad疱er.

-         ソPero es necesario? ソNo lo pueden determinar ustedes eso?

-         No, seor.

La sala de espera estaba vaca. Adem疽 de un agente de polica en la entrada y un empleado administrativo, detr疽 de la ventanilla de atencin al pblico, no haba nadie m疽. Un silencio predecible y un olor lejano, pero tremendamente invasivo, mezcla de hedor y sustancias qumicas potentsimas. Me acerqu al mostrador y, a trav駸 del vidrio, trat de explicar por qu estaba all. El empleado me dej hablar, pero antes de que terminara ya me estaba pasando, por la rendija, unos papeles para que firmase. Seguramente me estaba esperando. Uno tiende a pensar que es poca la gente que viene a lugares como estos. En tono amable, pero sin mirarme, me pidi que aguardara unos minutos mientras la preparaban. Abandon su escritorio y se fue para atr疽. Yo me sent en uno de los largos bancos de madera dispuestos alrededor de la sala y trat de leer los formularios que me haba entregado.

El muchacho volvi a aparecer por una puerta lateral y me anunci que poda pasar. De la habitacin contigua me lleg un vaho m疽 intenso de ese olor corrosivo. No pude entrar de inmediato. Le ped un poco m疽 de tiempo y todos los detalles que pudiera darme sobre la persona que haban encontrado. Me senta mareado. Las palabras me llegaban entrecortadas, revueltas en un vaiv駭 que coincida con las arcadas y los picos del mareo. Femenino. Veinticinco aos. Un metro sesenta y cinco. Cabello negro. Ojos marrones. Once tatuajes.

El administrativo me dio la espalda e hizo adem疣 de entrar, esperando claramente que lo siguiera, para concretar de una vez por todas el tr疥ite. Yo no me mov. Los nombres me daban vueltas, ソcu疣tos eran? El tufo adherido a mi ropa me descompona. Me esforc en recordar, de a retazos, la piel de Brenda. Revis la lista, mentalmente, mientras el empleado de la morgue me miraba en silencio con una mano apoyada sobre el picaporte. 

- 。Esper! 。Esper! La que est ah no es mi hija. Brenda no tiene once tatuajes. 。Son diez, flaco, son diez! ソEntend駸? Esa chica no puede ser mi hija.

El muchacho solt el picaporte y camin apesadumbrado hacia m. Como si esta escena la hubiera representado ya cientos de veces y repitiera, mec疣icamente, los gestos de quien se compadece. Lo ltimo que recuerdo es que trat de incorporarme pero se me aflojaron las piernas. Otra vez so con ella.


II. Manuel

Manuel deca, en la nuca, el primer tatuaje que Brenda se hizo a los catorce. Tinta negra, letra cursiva m疽 bien mersa.

- ソY qui駭 es Manuel?, le haba preguntado la profesora de lengua cuando la chica se despej el cabello para mostr疵selo.

- Mi pap.

Me lo hice en la nuca porque ah queda fino ソcierto?, agreg, despu駸 de hacer una pausa. La docente asinti con la cabeza y la chica volvi a su banco.

Por entonces, su mam se haba mandado a mudar. La profesora se haba enterado a trav駸 de una preceptora que lo haba desparramado por toda la escuela. Brenda, en cambio, no haba hablado del tema con nadie y haba aparecido, de un da para el otro, con el tatuaje. Una obviedad que haba, sin embargo, conmovido a la educadora y gracias a la cual ese ao aprob lengua y un par de materias m疽. Aunque tambi駭 se llev otras. La verdad es que nunca le haban importado demasiado los estudios.

Si le hubiera pedido permiso, Manuel jam疽 la habra autorizado a tatuarse. Mucho menos su propio nombre. Le incomodaba verlo grabado en el cuerpo de su hija, con esa tinta opaca que le daba a la piel el aspecto de un cuero duro y decolorado. Que la nena llevara esa marca le haca sentir la obligacin de esforzarse m疽, de ser un mejor padre. Como si Brenda lo hubiese subido a un pedestal en el que tena que hacer equilibrio para no caerse. Ahora que mam se fue vos no nos pod駸 fallar. Era eso lo que m疽 lo asustaba de quedarse solo con las chicas. A partir de ese momento no habra nadie que pudiese compensar sus faltas, sus descuidos, sus flaquezas. Porque, despu駸 de todo, cualquiera puede equivocarse, y 駘 se senta naturalmente propenso al error. Toda la vida se haba considerado un tipo sin suerte, tirando a intil. Pensarse, de repente, imprescindible lo abrumaba al punto de paralizarlo.

Las primeras semanas despu駸 de la partida de Laura se las pas tirado en la cama. Si no hubiera sido por Brenda, que se ocup de avisar a la remisera y conseguir los certificados para que le dieran parte de enfermo, lo habran rajado a los dos das por abandono de trabajo. Por suerte estaba en blanco desde el ao anterior y a la empresa no le qued m疽 remedio que otorgarle la licencia psiqui疸rica por depresin, sugerida por el m馘ico, a fin de preservar la seguridad del paciente y la de la comunidad,  considerando que, en su estado, no se descartaba el riesgo de que provocara un accidente.

Del abandono de Laura no se repuso jam疽. En realidad, no la extraaba. Los ltimos aos haban sido un infierno de humillaciones mutuas y 駘 haba llegado incluso a levantarle la mano un par de veces. Pero lo desmoronaba esa sensacin de infalibilidad de la que no se senta a la altura. En el fondo, le guardaba rencor por haberle quitado la posibilidad de ser 駘 quien dejase todo atr疽 para empezar de nuevo, si es posible algo as. Y por las nenas, sobre todo por las nenas. A Brenda, que era su pichona y siempre la haba querido con locura, la haba dejado sin norte.

III. Brenda

El segundo fue Roly, en el tobillo derecho, que inaugur una seguidilla de nombres, la mayora intrascendentes en su vida, todos escritos en su cuerpo. Mati, en el otro tobillo; Adri疣, centrado en la pantorrilla izquierda.

Con los primeros decida dnde tatuarse de acuerdo a un criterio est騁ico, elega el lugar que le pareciera m疽 lindo, m疽 sexy, m疽 cool. Con Nico la serie cambi. Empez a jerarquizarlos por lo que haban significado para ella. Si se trataba de un hombre importante en su vida, ocupara un lugar privilegiado en la foja de su cuerpo. M疽 cerca del corazn, si lo haba amado; el pubis, la cola, los senos, si la relacin haba sido sexualmente intensa, pasional m疽 que amorosa. Tambi駭 estableci subdivisiones, tatuarse una zona donde resultara m疽 doloroso, combinado con otro criterio de relevancia, representaba lo m疽 alto en la escala. Con el tiempo y la pr當tica, fue adem疽 incursionando en nuevas tipografas y variando los colores que pronto tambi駭 entraron en su sistema de ordenamiento. A Nico lo coloc encima de su pecho izquierdo: 疵ea de alta sensibilidad al dolor, cerca del corazn y de los senos. El primer hombre que am. Se haban conocido en el EEMPA donde ella termin la secundaria gracias a la ayuda econmica de su madre, a la que vea dos veces al ao, en sus cumpleaos y en las navidades.

Cuando Brenda cumpli veinte, a Laura le pareci que era hora de que su hija mayor retomara los estudios y terminara el colegio. Ese ao y durante los dos que siguieron, en cada cena de cumpleaos y en cada Nochebuena, Brenda recibi de su mam un sobre con dinero destinado a pagar las cuotas del colegio privado para adultos y un extra para clases de apoyo. Cuando termines la escuela te voy a hacer regalos de cumpleaos como cualquier mam, por ahora estudi y recibite.

La chica estudi, se recibi y adem疽 se enamor. Nicol疽 tena veintitr駸 y estaba en plan de sentar cabeza, conseguir un buen laburo, comprarse una motito, independizarse de los viejos. Se ayudaron mucho durante los aos que compartieron y, juntos, pudieron finalizar los estudios. O por lo menos, as lo vivieron ellos. Brenda senta que, despu駸 de mucho tiempo, haba encontrado a alguien que la cuidara.   

Fue Yayo, centrado en la pantorrilla derecha, el que vino a derrumbar esa ilusin. Hay cosas que no se explican. Cuando Nico advirti el tatuaje, le dio un cachetazo, se larg a llorar y se fue sin decir nada. Estaban tomando mates en la Florida. El muchacho se subi a la moto sin ponerse la remera y con el short hmedo. No se vieron m疽. A Yayo tampoco volvi a verlo, salvo por la persistencia de su nombre en esa parte de la pierna donde, una vez al da, se pasaba la maquinita para depilarse. De la infidelidad se arrepinti, del tatuaje no. No podra haber hecho otra cosa. La remera de Nico la lav, la planch con el perfume para la ropa que usaba 駘 y la guard debajo de su almohada. Ah qued. Despu駸 vinieron, a matar el tiempo, el Flaco, mueca izquierda; Lea, omoplato derecho. Y Martn, el ltimo.

IV. Martn

Ojos verdes profundos, de agua trasparente. Despu駸 de dibujar en su cuerpo el nombre de otro chico, mientras ella se repona del dolor al que comenzaba a acostumbrarse, Martn la bes. Un beso tierno, pidiendo permiso, que le record los besos de Nicol疽, los primeros con gusto a mate a la salida del EEMPA. Ella, anestesiada, se dej sumergir en esa boca dulce.

Martn tena veintinueve aos y sola transar con las chicas a las que tatuaba, despu駸 de terminar sus trabajos. Con algunas de ellas volva a verse ocasionalmente fuera del local; con otras repeta el ritual cada vez que regresaban por un nuevo tatoo. Rara vez de esos encuentros haba surgido una relacin duradera.

Con Brenda llevaba ya un ao de salidas informales y en el intern le haba grabado dos nombres m疽. Paul, en el bajo vientre, lado izquierdo; Rafa, lado derecho. Martn no saba si el desd駭 de la chica era genuino o si lo haca para provocarlo. Aunque en ambas ocasiones se haba sentido disgustado, la haba tatuado sin preguntar. Es cierto que entre ellos no haba nada serio, pero cada vez pasaban m疽 tiempo juntos y 駘 senta que conectaban bien.

Sin embargo, a Brenda le sorprendi que se lo pidiera: quiero tatuarte mi nombre, le haba susurrado mientras vean Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, un domingo lluvioso, en el cine del shopping. A ella se le haba ocurrido hacerlo desde el primer da, pero haba dudado y el asunto haba quedado en suspenso, pr當ticamente olvidado. De cualquier modo, no se esperaba un pedido as. Si de algo se saba duea, era de su cuerpo y de la historia que iba escribiendo en 駘. Martn haba infringido un lugar sagrado. Su propuesta encerraba, para Brenda, una pregunta que 駘 no se animaba a formular: ソpor qu todava no te tatuaste mi nombre, como hac駸 con todos los tipos con los que te encam疽? Un desubicado. Ella fingi no escuchar y sigui mirando la pelcula. Cuando salieron del cine, 駘 la llev a su casa sin decir una palabra.

ソDnde comenz el amor? Si Brenda y Martn hubiesen querido, un da, borrar el recuerdo del otro de sus memorias, como los protagonistas de la pelcula, quiz疽 ese domingo hubiera sido el primer recuerdo que habran elegido suprimir de sus vidas.  

Martn no tard en confesarle que estaba enamorado de ella, le declar que se haba cansado de los encuentros casuales, que quera pasar a otra cosa. Brenda se dej llevar. El enojo por lo del tatuaje se le haba pasado r疳idamente. En definitiva, no era para tanto. Adem疽, 駘 no haba insistido, y juntos la pasaban bien.

Por esos das, Martn le haba ofrecido un trabajo como recepcionista en su local de tatoos y ella haba aceptado. La relacin haba cobrado un cariz cotidiano y fluido que no fue perturbado por la confesin del muchacho, sino todo lo contrario. Ella comenzaba a pensar que conocer a Martn haba sido una suerte. Enseguida se mud con 駘 a un departamentito que alquilaron en barrio Echesortu.

Del tatuaje no volvieron a hablar hasta una tarde, despu駸 de una visita de la madre de Brenda: ソY? ソTe hiciste algn tatuaje nuevo ahora que sos asistente de tatuador?, le haba interrogado la vieja. Mientras le alcanzaba un plato de ravioles, Brenda respondi que se haba tatuado la concha, si quera ver Martn haba permanecido ensimismado durante todo el almuerzo y, en cuanto la mujer se fue, pregunt:

-         ソTe lo vas a tatuar?

-         No s.

-         ソQu no sab駸?

-          Mi amor, ソqu pasa? Es una boludez, ya fue.

-         El nico que no te tatuaste es el mo, no entiendo

-         Y bueno, fijate, al final nos  vino bien: sos el nico que dur. 

Brenda sonri, acarici疣dole la barbilla. ノl le devolvi una mirada de animal herido y se march sin decir nada. Regres muy tarde, cuando ella dorma. Un ardor intenso, a la altura del corazn, la despert.

-         No te muevas, te puse un poco de xilocana para que duela menos.

      


V. Los ojos del tiburn 

El polica me alcanz un caf asqueroso que me supo a desinfectante. Tena ese olor impregnado en las fosas nasales. Mientras tanto, el burcrata se haba sentado a mi lado y esperaba sin dirigirme la mirada. Apoy el vaso de pl疽tico en el asiento y me puse de pie. El empleado administrativo se levant de un salto para tomar la delantera y me gui hacia la sala donde estaba la chica. Detr疽 de 駘, atraves la puerta de madera que era una puerta barata, enchapada en cedro y hueca por dentro, como cualquier otra.   

Como un mazazo, se me vino a la cabeza aquella vez en la esquina de la pescadera de Paraguay y Zeballos. Solamos bajar del colectivo all y ella siempre me peda entrar para mirar los pescados. Esa tarde haban sacado una mesa cubierta de hielo a la vereda, para exhibir un tiburn. Una bestia imponente, de piel azul gris當ea, desplomada sobre la escarcha. El pez conservaba la mandbula abierta, el ltimo instinto de furia. Varias hileras de dientes afilados para matar le daban un aspecto aterrador. Pero la muerte se le haba metido, sobre todo, en los ojos fros y grises. Se vea, en esos ojos vacuos, la fuerza del animal, la desesperacin por salvar la vida, el dolor final, la sublevacin, el grito en esa mirada arrebatada. Me olvid por un instante que ella estaba parada al lado mo, agarrada de mi mano. Me haban absorbido los ojos del tiburn. Me devolvi, de sbito, a la realidad la voz infantil de Brenda:

-         ソEst muerto?

Saliendo del atontamiento, la mir y vi el horror en sus ojitos frescos, llenos de vida y de candor. Me d cuenta que era la primera vez que se encontraba de frente con la muerte, no tanto con la idea, sino con su materialidad, abrasiva como la piel de esa pobre bestia sobre la mesa.

-         No, mamita, es un mueco, respond, con certeza.

Pareci satisfecha con la respuesta. ソQu buscaba su pregunta sino alivio? Por entonces, todava tena el poder de subordinar la evidencia a la ilusin. Le tirone suavemente el brazo, indic疣dole que nos bamos. Ella no opuso resistencia. Un perro callejero lama, entusiasmado, la cola del tiburn que colgaba desde uno de los extremos de la mesa de aluminio.

Lo peor es la duda. Ese momento en el que uno an conserva la esperanza pero sobreviene el terror de la incertidumbre. El instante antes de levantar la s畸ana para reconocer el cuerpo. El intervalo en el que se juega todo. Lo que viene despu駸 es ya irremediable, y el curso de la vida arremete. La cuestin es el antes. La brutalidad del dolor cuando insiste el anhelo. El espacio vaco que antecede a la revelacin definitiva. Antes de lo inevitable. La mirada del tiburn en mis ojos. El movimiento coordinado de la mano y el brazo para descubrir un rostro quieto; un parpadeo y tomar aire, el primer fogonazo de luz al levantar los p疵pados, el encandilamiento. Esa mil駸ima de tiempo donde la duda persiste frente a la evidencia. El lmite cruel entre el infinito y el muro de lo cierto.

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este cuento obtuvo el 1コ Premio del Concurso anual de cuentos 2010-11 de Nuestro Taller, en el nivel UNO (1コ ao).- El Jurado estuvo integrado por LORENA AGUADO-SEBASTIチN RIESTRA y MARCELO SCALONA. El premio es una beca completa para el taller 2011 (2コ ao).- 

  
Autores
Mara Paula Cerd疣, Francisco Kuba, Vernica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela Gonz疝ez Garca, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mnica M. Gonz疝ez, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Est騅ez, Julia M. S疣chez, Matas Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matas Magliano, Andrea Parnisari, Roberto S疣chez, Alina Taborda, Nicol疽 Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, Mara B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germ疣 Caporalini, Rosana Guardala Dur疣, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tom疽 Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaqun Yaez, Joaqun P駻ez, Alvaro Botta, Vernica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofa Baravalle, Rub駭 Leva, Marcelo Castaos, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Su疵ez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elas, Facundo Martnez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebasti疣 Avaca, Emi P駻ez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacaras.-