"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Febrero del 2011


Café Literario en Francés

Publicado en Sugerencias. el 28 de Febrero, 2011, 16:57 por MScalona
CAFÉ LITERARIO EN FRANCÉS 2011
taller de lectura y conversación


.: nivel básico: martes 19/20hs
.: nivel avanzado: miércoles 18.30/20hs


.: informes e inscripción: nataliamassei@gmail.com |156 278979

.: + info: http://cafeliterarioenfrances.posterous.com/
a cargo de nuestra compañera, Profesora NATALIA MASSEI.-

ARNALDO CALVEYRA

Publicado en De Otros. el 26 de Febrero, 2011, 20:53 por MScalona

Entre Ríos, 1929.-

El hombre del Luxemburgo

(fragmentos)

 

                                                          

                                                           A todos parecido, hombre oculto en las alas de su fantasía, va a perderse en lo hondo de un espejo. Como el que llegando del sol da con el alivio de una puerta, sentado en silla de destiempo, por poco una penumbra, por poco una habitación de donde se fueron sin encender la lámpara

 

                                                           sentado ante paisaje, discípulo de manantial, espera calzar en luz un día,

 

                                                           los personajes del poema entregados a su suerte,

 

                                                           inmovilizado jardín. La fotografía se cubre de fantasmas –el esplendor de pensar en alguien.

 

                                                                                 

                                                                                     *

 

 

                                                           Un hombre necesitado de su muerte.

 

                                                           Retirada tras las estatuas de las reinas, por dirigirle la palabra, por acercarse a ella, una vez traspuesto el desierto de las mañanas se expone en los jardines de la ciudad atareada. 

 

                                                           Entre las plantas que rodean el surtidor por poco oculto de la fuente. Como quien extravió un talismán en el pasar de los años.

 

                                                           Pasiones, se apagan como luz a una ventana.

 

                                                           Se va dejando ganar por ese lujo que se extenúa.

 

                                                           Jardín, oeste ya perdido.

 

 

                                                                                  *

 

 

                                                           ¿Deseaba la palabra sujetarse al rigor de un verso?

 

 

 

 

 

Apuntes para una reencarnación

(fragmentos)

 

 

 

            De nuevo ante tus ojos el espejo de proferir palabras, intocado espejo de nuevo intacto, desprovisto, por momentos, de hombre.

 

            ¿Pregunta acaso?, ¿te pregunta acaso? Nadie en él. Nadie a través suyo.

 

            ¿No queda nadie en el espejo? ¿Nadie entre palabra y palabra capaz de interrogar por la piedad del cuarto, de interrogar con su ojo glauco por la cancel agobiada bajo el percal de glicina?

 

            Me recuerdas la oblicuidad de la palabra en el momento de encontrar cabida en el verso.

 

                                                                       *

 

            Escribir de árboles, los árboles de un jardín, escribirse uno con árboles, sentarse y escribir un día un libro de poemas a ello destinado. Hasta tanto no se presente la luz a que esos mismos árboles darán lugar, vida, y que terminará por ser del poema.

 

            Detrás del horizonte hasta recién tan remoto.

 

            A los varios cielos de la casa a lo largo de la tarde y al hombre que suavemente les dedica su dejo de entrerriano, hombre llegado del árbol de poemas, le siguen pareciendo mentira esas palabra. A medida que los describe, que de ellas y de ellos escribe el hombre es de ellas, de ellos, les pertenece, su raíz es, sombra es, su avatar es.

 

            ¿Y cuáles los arquetipos de esas tardes, azules tardes en la lejanía de unas lomas, telones de esta memoria? ¿las hojas del parral llegadas de Asia?,

            ¿la canción de las estacas puestas al sol a secarse ellas y los duraznos partidos en dos?,

            ¿demorarse un poco más tarde ante la pérdida del día, el sol poniente del tamaño de esta luz que somos, que poco a poco nos irá dejando?

 

 

Libro de las mariposas

(fragmentos)

 

 

 

            Ahora que has muerto yo seré tu madre, me sentaré a esperarte.

 

            Allá. Esperaré tus cartas con el mundo, en el rincón ocioso de la fábula me perderé con tus sonámbulos. Llegarán por la vecindad de serenata, ya cerca de una tierra que sabemos los dos.

 

            Cuando seas niñita de nuevo te enseñaré la cartilla aquella con aquella ramita de saúco yendo por debajo (sin despertarlas) de cada palabra.

 

            Y cuando me ponga viejo de nuevo, me sentaré en un meñique de sol a esperarte, a esperarte.

 

 

RICHARD FORD

Publicado en De Otros. el 25 de Febrero, 2011, 16:50 por MScalona

Privacidad

         Ese era un tiempo en el que mi matrimonio era todavía feliz.

         Estábamos viviendo en una gran ciudad en el noroeste. Era invierno. Febrero. El mes más frío. Yo estaba, por supuesto, todavía tratando de escribir, y mi mujer estaba trabajando como traductora para una pequeña compañía editora, especializada en trabajos científicos checos. Habíamos estado casados por diez años y todavía disfrutábamos de esa extraña, estimulante ilusión de que habíamos sobrevivido a lo peor de las penurias de la vida.

         El departamento que alquilábamos estaba en el viejo sector de fábricas del extremo sur de la ciudad, y el espacio que disponíamos era sólo una habitación grande y vacía, con altas ventanas al frente y fondo, y casi sin luz eléctrica. La luz natural era todo. Ahí había vivido un famoso director de teatro de vanguardia y había presentado sus trabajos incisivos y nihilistas allí, así que todas las paredes estaban pintadas de negro, y a lo largo de una todavía quedaba una hilera de asientos rebatibles para sus audiencias inconformistas. Nuestra cama –de mi mujer y mía- estaba en un ángulo oscuro donde había algunos tramos de los altos y negros telones de lienzo para nuestra privacidad. Aunque, por supuesto, no había necesidad de privacidad entre nosotros.

         Cada noche, cuando mi mujer volvía del trabajo, salíamos a las calles frías y brillantes y buscábamos un restaurante para cenar. Más tarde íbamos a un bar por alrededor de una hora, a tomar café o brandy, y hablar intensamente acerca de las traducciones en las que trabajaba mi mujer, aunque nunca (felizmente) acerca del trabajo en el que yo estaba fracasando.

         Nuestro deseo era, no es necesario decirlo, estar fuera del departamento tanto como pudiéramos. Ya que, no sólo casi no había luz, sino que cada tarde a las siete el dueño del edificio apagaba la calefacción y, para las diez, en nuestro piso, el más alto, hacía demasiado frío para estar en otro lado que en la cama, bajo muchísimas frazadas, incapaces de movernos. Mi mujer, por esa época trabajaba muchas horas y siempre estaba cansada y, aunque a veces volvíamos a casa un poco borrachos y hacíamos el amor en la cama a oscuras bajo las frazadas, la mayoría de las veces ella caía derecho a la cama exhausta y estaba roncando antes de que yo pudiera acostarme a su lado.

         Y así pasó que en muchas noches de ese invierno, en la habitación fría, grande y casi vacía, yo me levantaba, a menudo bien despierto por el café fuerte que habíamos tomado. Y a menudo caminaba de ventana a ventana, mirando hacia la noche, hacia la calle desierta o hacia arriba, hacia el cielo fantasmal que ardía por las luces trémulas de los edificios de la ciudad, edificios que yo no podía ver. A menudo tenía una frazada o a veces dos sobre mis hombros, y usaba medias gruesas y pesadas que había guardado desde cuando era niño.

         Fue en una noche fría que –a través de las ventanas de atrás, ventanas que daban primero a un aire y luz y luego a un espacio donde había estado una fábrica de alambre, ahora demolida, y se veían edificios de la calle paralela a la nuestra –ví, dentro de un gran departamento alumbrado con luz amarillenta, la figura de una mujer desvistiéndose lentamente, aparentemente ignorando el mundo fuera de los vidrios de la ventana.

         Debido a la distancia no podía verla bien ni claramente, sólo podía ver que era baja y parecía delgada, con cabello oscuro recogido, una pequeña mujer en todo sentido. La luz amarilla de la habitación parecía brillar y hacía su piel bronceada y refulgente, y sus movimientos, vistos a través de la ventana, parecían estilizados y levemente irreales, como los movimientos de una silueta o de una película antigua.

         Yo, sin embargo, solo en la fría oscuridad, envuelto en frazadas que cubrían mi cabeza como un chal, con mi mujer durmiendo, ignorante, a unos pocos pasos, estaba atrapado por esa visión. Al principio me moví acercándome al vidrio de la ventana, tan cerca como para sentir el frío en las mejillas. Pero después, sentí que podía ser visto aún a tal distancia y me deslicé hacia atrás. Fui al rincón y apagué la pequeña lámpara que mi mujer tenía al lado de nuestra cama, para quedar totalmente escondido en la oscuridad. Y después de otros minutos fui hasta un cajón y encontré un par de binoculares de ópera de plata que el director de teatro había dejado, los llevé cerca de la ventana y miré a la mujer a través del espacio de oscuridad desde mi propio espacio de oscuridad.

         No sé todo lo que pensé. Indudablemente estaba excitado. Indudablemente, estaba estremecido por el secreto de mirar hacia la oscuridad. Indudablemente amaba lo verdaderamente ilícito de todo eso, de mi mujer durmiendo ahí cerca, sin saber lo que yo estaba haciendo. Es también posible que me gustara el frío que me rodeaba, tan completo como la noche misma, podría haber sentido que la visión de la mujer, que yo pensé sería joven y carente de cautela o discreción, me sostenía de alguna manera, me aislaba y hacía detener el mundo. La sensación era la de dos polos conectados por mi línea de visión. Estoy seguro ahora que todo eso tenía que ver con la amenaza de mi fracaso.

         Nada más pasó. Aunque, en las noches siguientes, permanecí despierto para mirar a la mujer, dejando a mi mujer dormir su fatiga. Cada noche, y por una semana, la mujer aparecía en su ventana y se desvestía lentamente en su habitación (una habitación que nunca traté de imaginar, aunque en la pared detrás de ella había algo que parecía al dibujo de un ciervo saltando). Una vez que se había despojado de sus ropas, exponiendo sus hombros huesudos y pechos pequeños y piernas delgadas y pancita modesta y redondeada, la mujer parecía buscar algo en la habitación, bajo la luz bronce, de ventana a ventana, actuando lo que me parecía una especie de lánguida danza ritual, o un esquema de movimientos probablemente teatrales, alzando y arqueando y extendiendo sus brazos, curvando su cuello mientras hacía que sus manos dibujaran gráciles gestos, que yo no entendía ni trataba de entender, capturado como estaba por su desnudez y por la visión ocasional de la oscura mata de pelo entre sus piernas. Era todo excitación y secreto y el sentimiento de lo ilícito y realmente nada más.

         Hice eso por una semana, como dije, y entonces paré. Simplemente, una noche, envuelto de nuevo en las frazadas, fui hacia la ventana con los binoculares de teatro, ví las luces a través del espacio vacío. Por un momento no ví a nadie y entonces sin una razón en particular, me volví a la cama con mi mujer, tibia y oliendo a brandy y a sudor y dormida bajo las frazadas, y me volví a dormir, sin pensar en mirar a través de la ventana de nuevo.

         Aunque una tarde una semana después de haber dejado de mirar por la ventana, dejé mi escritorio en un momento de frustración e inútil desesperación, me precipité casi como un autómata en la luz diurna invernal y hacia una hilera de negocios de moda donde los viejos edificios estaban siendo reciclados en negocios de moda y galerías de artistas exitosos. Caminé derecho hacia el río, atascado con grandes trozos de hielo gris. Caminé hacia el barrio de la Universidad, cerca del cual estaba mi mujer trabajando en su momento. Y entonces, como la luz del día iba desapareciendo, empecé a volver hacia mi calle, mi cara endurecida por el frío, mis hombros rígidos, mis manos sin guantes heladas y rojas. Al doblar para tomar una ruta más rápida hacia mi calle, me encontré pasando inesperadamente delante del edificio dentro del que había estado espiando. Algo hizo que lo supiera, aunque nunca, creo, había pasado por ahí, y menos aún, lo había visto a la luz del día. Y justo en ese momento, entrando por la alta puerta principal, estaba la mujer que había mirado esas noches e indudablemente había obtenido placer y secreto consuelo. Conocía su cara, naturalmente –pequeña, redondeada y, como había visto, impasible-. Y, para mi sorpresa, aunque no para mi desagrado, ella era vieja. Posiblemente, tenía setenta o más. Una china, vestida con pantalones negros y un tapado delgado y negro, dentro del cual tendría tanto frío como yo. Verdaderamente, debía estar congelándose. Llevaba unas bolsas plásticas con provisiones apretadas en los brazos. Cuando paré y la miré, se volvió y miró los escalones abajo hacia mí con una expresión que ahora puedo pensar que era indiferencia mezclada con una pequeñísima parte de reconocimiento de peligro. Después de todo, era vieja. Yo podía haber súbitamente sentido la necesidad de dañarla, y podría haberlo hecho fácilmente. Pero, por supuesto, no fue lo que pensé. Se volvió hacia la puerta y pareció apurarse a poner la llave en la cerradura. Me miró otra vez, mientras yo escuché el ruido del picaporte movido profundamente hacia atrás. No dije nada, ni siquiera miré de nuevo. No quería que ella supiera lo que había en mi mente: lo que hice y lo que no hice. Y entonces volví a caminar, sintiéndome extraño pero de ninguna manera traicionado, simplemente seguí mi camino calle abajo hacia mi habitación y mis propias puertas, mi vida estaba entrando, en ese momento, en su primer, largo ciclo de necesidad.

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                                                                                 Richard Ford

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                                                                                 Richard Ford

                                                                                                  Jakson (EE.UU), 1944

Del libro MULTITUD DE PECADOS, Ed. Anagrama. Primero fue publicado inédito en la revista THE NEW YORKER.-

                                                                               

TALLER INICIAL 2011

Publicado en General el 24 de Febrero, 2011, 19:39 por MScalona

 

COMENZAMOS DOS GRUPOS NUEVOS

martes 1º de marzo y miércoles 2 de marzo,

a las 20 hs. en Laprida…

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      El top 30       2011

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1.-  IVÁN LIMANOVSKY     

 2.-  JOSEFINA ANTONI                  Martes

 3.-  MARISOL  BALTARE                MIÉRCOLES

4.-   JULIA SÁNCHEZ                       Martes

5.-   MAXIMILIANO RENDO           Miércoles

6.-   ALFREDO  CHERARA               MIERC

7.-   CARLOS  FRANZONI                 Martes    

8.-   MARÍA BELÉN IRUSTA            MARTES

9.-   MATÍAS MAGLIANO   

 10.-  LAUTARO COSSIA                 MIÉRCOLES

11.- JULIETA  TONELLO                  Martes

12.- ÉLIDA  RIVOIRA                        MIERCOL

13.- ROMINA  SICA                            MARTES

14.-  FLORENCIA   FRIGIERI            MARTES

15.- ANDRÉS NICOLÁS      

16.-  ALINA  TABORDA                    Martes

17.-  JUAN  M. RODRÍGUEZ             MARTES

18.-  OSVALDO   FARÍAS.                Miércoles

19.-  EDUARDO  CARENA               MIERCOLES

20.- MARÍA  L. CONTARINO               MIércoles

21.-   NICOLÁS  FOPPIANI                Martes

22.-   EDUARDO   SCOLARA            Martes

23.-   MERCEDES   CASESI                 Miércoles

24.-   MAURO  ENRICO  CAPONI 

25.-   MATÍAS SETTIMO                           MARTES

26.-   LAURA ÁVILA                                MARTES

27.-  ANDREA  PARNISARI                   MARTES

28.-  MARÍA SILVIA JULIO                     MIERCOL

29.-  GABRIELA  D’ALLEVA               MIERCOL

30.-  PAULINA  SCHEITLIN                 MIERCOL

MAURICE BLANCHOT: Escribir

Publicado en Ensayo el 22 de Febrero, 2011, 19:07 por MScalona

 

Francia, 1907-2003

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Escribir

 

            Escribir es participar de la afirmación de la soledad donde amenaza la fascinación. Es entregarse al riesgo de la ausencia de tiempo donde reina el recomienzo eterno. Es pasar de Yo a El, de modo que lo que me ocurre no le ocurre a nadie, es anónimo porque me concierne, se repite con una dispersión infinita. Escribir es disponer el lenguaje bajo la fascinación, y por él, en él, permanecer en contacto con el medio absoluto, allí donde la cosa vuelve a ser imagen, donde la imagen, de alusión a una figura, se convierte en alusión a lo que es sin figura, y de forma dibujada sobre la ausencia, se convierte en la informe presencia de esa ausencia, la apertura opaca y vacía sobre lo que es, cuando ya no hay mundo, cuando todavía no hay mundo.

            ¿Y por qué esto? ¿Por qué escribir tendría algo que ver con esa soledad esencial cuya esencia es que en ella aparece la disimulación?

                                              Maurice Blanchot

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"El Espacio Literario" p. 30, Editora Nacional, Madrid, Bibliot. de Filosofía.

COPI

Publicado en De Otros. el 22 de Febrero, 2011, 18:48 por MScalona

La deificación de Jean-Remy de la Salle

 

 

 

 

 

            Hay en el sur de la Argentina una tribu nómada que cada año se mueve a lo largo de tres mil seiscientos cincuenta kilómetros, siguiendo siempre la misma ruta, como si sus componentes, que suman de tres a cuatrocientos individuos, obedecieran al movimiento de las agujas de un reloj. Esta tribu fue denominada por los conquistadores “los boludos” (los cojonazos) debido al tamaño de sus testículos, que los varones dejan asomar mediante dos agujeros practicados en sus ropas, tanto en invierno como en verano. Dichos testículos, que tienen fama de ser inmensos, suelen pintarlos de verde para llamar la atención de sus parejas durante sus numerosos coitos. Se les atribuye una libidinosidad no igualada por ninguna otra tribu nativa del continente. No forman parejas estables y carecen de toda idea de familia. Los niños, educados por la tribu en su conjunto, son iniciados en las actividades sexuales mucho antes de la pubertad, aunque sea difícil fijar un límite de edad preciso; numerosas son las mujeres que paren a los diez años, e incluso antes. Suelen traer al mundo invariablemente un par de gemelos de diferente sexo, aunque a veces pueden ser cuatrillizos, nunca un número impar. Existen, por lo tanto, en la tribu aproximadamente tantos varones como hembras. Se dice que los varones vienen al mundo dotados ya de un sexo adulto. Yo lo creo, porque he tenido ante mis ojos fotos de niños, una de ellas, en concreto, de un chiquillo de tres años, que exhibe un par de testículos verdes que le llegaban hasta los tobillos. Esta raza, que los jesuitas dudaron en calificar de humana y que planteó a Darwin numerosos enigmas aún no dilucidados, me parece mucho más interesante por otra razón: su forma de percibir el tiempo. Saben la hora que es casi al segundo, y esto desde que nacen hasta que mueren. Repiten la hora sin parar en su lengua, que está esencialmente compuesta de cifras. Decir la hora es para ellos tan natural como respirar, y la murmuran hasta mientras duermen. Su itinerario recubre cuatro zonas bien diferenciadas de la Argentina: las Pampas, al norte; la Cordillera de los Andes, al oeste; la Tierra del Fuego, al sur, y la Costa Atlántica, al este. Durante la primavera, bajan por los Andes, siguiendo la ruta de las más altas cimas y alimentándose de leche de vicuña y huevos de cóndor. El 21 de diciembre, primer día de verano en el hemisferio sur, pasan de la cordillera a la Patagonia, que cruzan en dirección oeste-este. Durante tres meses se nutren de perdices y ñandúes, así como de las fresas diminutas que encuentran en su camino, y que el año anterior han dejado plantadas sobre boñigas de ñandú. A estas fresas se les otorga todo tipo de virtudes medicinales, aunque pueden resultar mortales para los occidentales, acostumbrados a las vacunas y a la penicilina. El 21 de marzo de cada año, primer día del otoño austral, llegan a las costas del Atlántico. Suben por la playa patagona, de tres kilómetros de largo, arrostrando los gélidos vientos de la zona, para cazar tiburones con ayuda de arpones de hierro y cuerdas de cuero, pero sin aventurarse en el mar. Desconocen la navegación, pero esto no obsta para que logren herir mortalmente incluso a las ballenas; los numerosos esqueletos de cetáceos que siembran su ruta son buenos testigos de ello. A pesar de esta actividad colosal, aún encuentran tiempo para avanzar diez kilómetros al día; las mujeres ayudan a caminar a niños y viejos, mientras los hombres se dedican a la caza y a la pesca.

            Devoran a los animales crudos, sin dejar de caminar, ya que si bien conocen el fuego por los volcanes y el rayo, jamás han pensado servirse de él. Su actividad sobrehumana les permite mantener su temperatura entre cuarenta y cinco y cuarenta y ocho grados, sin sentir la menor sensación de fiebre. Jamás sienten frío; y si se adornan con pieles de tiburón y plumas de cóndor es por coquetería, y tan sólo lo hacen los hombres. Las mujeres no van vestidas, y llevan sólo vejigas de ñandú infladas, teñidas de naranja, sobre la cabeza, a modo de turbantes de mandarín. El 21 de junio dejan la Costa Atlántica, para cruzar las Pampas de este a oeste, alimentándose de termitas y de miel, para llegar el 21 de septiembre, al anochecer, al pie de los Andes, donde habían acampado la misma noche del año anterior.

            En lugar de acostarse para dormir, los adultos se colocan de pie en círculos concéntricos; los varones en el círculo exterior, cogidos de la mano; las mujeres en el círculo interior, cogidas de la cintura. Los viejos y los niños duermen amontonados en el centro de ambos círculos, son los únicos que se acuestan. La verdadera diferencia entre los “boludos” y cualquier otra sociedad humana, o incluso animal –señala Darwin- está en que no sueñan. Su obsesión por el tiempo se lo impide. O bien sueñan con el tiempo como tal, según instantáneamente va desplegándose en su cabeza. Su estado natural de conciencia excluye todo tipo de lenguaje articulado, ignoran las letras, habladas o escritas. Dicen la hora, los minutos y los segundos por medio de silbidos agudos, que recuerdan a las flautas de Altiplano, tan alejado de su territorio. Según los ordenadores de la Musical Foundation of New York, los “boludos” no conocen sólo siete notas musicales, sino infinitas. En lugar de dormir, los varones, con los ojos cerrados y sin soltarse de las manos, se mueven un paso a la izquierda cada minuto; mientras las mujeres, en el círculo inferior, dan un paso cada cinco minutos. Resulta así que cada hombre y cada mujer se encuentran situados en el mismo eje cada sesenta y cinco minutos. Y, cada vez que la misma pareja se reencuentra en el mismo eje de minuto o de seis horas, intercambia su lugar (hay que notar que, en su trayectoria anual, siguen el sentido inverso al de las agujas del reloj). En el momento de salir el sol, todos los varones se encuentran en el círculo interior y todas las mujeres en el exterior, sin que el trazado de su movimiento haya variado ni un centímetro.

            Se puede llegar a suponer que los niños y los viejos, que permanecen toda la noche en el centro de ambos círculos, durmiendo apilados unos sobre otros, sin dejar de cantar todos a coro los segundos, deben soñar en algo. ¿Pero en qué? Desde Jung, son millares los psiquiatras que se han preocupado por desentrañar el misterio del sueño de los “boludos”. ¿Se puede soñar cuando no se tiene inconsciente? Y si no tienen inconsciente ¿de dónde les viene la memoria, una memoria ancestral que los lleva a recorrer el mismo itinerario todos los años, desde hace milenios? Según el filósofo canadiense Marshall McLuhan, los “boludos” inventaron el tiempo a la vez que la rueda, que se compenetran e identifican en su movimiento inverso, como elementos masculino y femenino respectivamente, en los sueños de todos los humanos. Los “boludos” representarían por tanto a nuestros propios sueños, al velar en lugar nuestro. Ciertos astrólogos pretenden que Nostradamus, cuando habla de “un par de bolas verdes que son los péndulos del tiempo que sobrevivirán al tiempo de los hombres, cuyos sueños todos serán estrangulados por ellas”, hace en realidad referencia a los “boludos”, entre quienes el profeta francés anuncia el triunfo de los relojes blandos sobre las implacables esferas de la inquisición de su época. Es mucho lo que se ha escrito sobre ellos, pero todas las versiones están plagadas de fantasías. Debo señalar, sin embargo, un video grabado por Jean-Rémy de la Salle, joven realizador que se aventuró por la Patagonia, a pesar de la guerra que el gobierno argentino había declarado por estas fechas a la marina inglesa en las islas Malvinas, y las consiguientes dificultades de transporte. A su llegada, los “boludos” ignoraban todo lo referente a esta guerra. Seguían adelante con su trayectoria de siempre, desafiando tanto a los obuses de las playas como al hombre de las campiñas. Jean Rémy de la Salle se asombró de que los militares en el poder y la población en su conjunto permitieran a los “boludos” continuar con su vida nómada y desfasada, que además no respetaba ni las propiedades públicas ni las privadas, pertenecientes estas últimas sin excepción alguna a la oligarquía estanciera.

            No hay noticia, sin embargo, de que hagan regalos a los indígenas. Pero todo el mundo les tiene miedo a los “boludos”. Cuentan que, cuando miran fijamente a los ojos de alguien, éste se queda petrificado para siempre. En su camino pueden verse innumeras estatuas de lava, que representan a seres humanos y animales con expresión de espanto, y a los que se supone fruto de las artes de brujería de los “boludos”, más que de sus capacidades artísticas, las cuales desconocen o pretenden ignorar.

            Sin duda recuerdan ustedes al joven Jean-Rémy de la Salle, cuya brutal desaparición sumió recientemente a todo el mundo en la consternación. Yo debía formar parte del equipo que la revista Actuel pensaba enviar a la Patagonia, para hacer un reportaje de diez páginas sobre la tribu. La víspera de la partida, estalla la guerra de las Malvinas. La revista archiva su proyecto en un cajón. Pero Jean-Rémy decide partir por su cuenta y riesgo, de tan entusiasmado como está por el proyecto. El desenlace es suficientemente conocido. Los casetes de video que las televisiones del mundo tuvieron ocasión de pasar, fueron encontradas en la moto de Jean-Rémy, envueltas en sus blue-jeans. La moto había sido detectada por helicóptero del Ejército de Salvación Internacional sobre uno de los más elevados picos de la Cordillera de los Andes, a menos de un centenar de metros del espeluznante cráter del volcán Aconcagua. Su diario se creía perdido, pero fue encontrado en posesión de la tribu de los “boludos”, que lo utilizaban como libro de oraciones. Dicho diario me fue remitido hace una semana por el Ejército de Salvación, por haber escrito Jean-Rémy en él mi dirección. Todo el mundo recuerda las imágenes atroces rodadas por los mismos “boludos”, del martirio de Jean-Rémy, arrojado vivo al pozo de lava ardiente del Aconcagua. Los extractos del diario que copio a continuación arrojarán un poco de luz sobre los hechos: “Querido diario: desde el momento en que vieron mi enorme moto, me tomaron por un dios. Me piden que dé vueltas en círculo en torno del grupo que forma la tribu, mientras avanzan por las Pampas, ya que eso ahuyenta a los mosquitos y a las grandes serpientes. Creo que he encontrado la vida en la que soñaba, querido diario”. Siguen varias páginas donde se describen paisajes de amplios horizontes, que cambian sin cesar. Pasará dos años entre los “boludos”, manteniendo siempre excelentes relaciones. Las mujeres y los viejos transportan de buena gana los bidones de ginebra y de gasolina, para subvenir a las necesidades de la moto y de él mismo, a lo largo de centenares de kilómetros. Aparentemente, no mantiene relaciones sexuales con ninguno de los miembros de la tribu. Pero les enseña a manejar el video. Deja de escribir su diario durante todo un año, y reemprende su escritura una semana antes de su muerte, el mismo día que los “boludos” eligen para efectuar su ascenso al Aconcagua. Llevan a hombros la moto de Jean-Rémy, con él subido en ella.

            “Un año bisiesto, escribe, de cada cuatro, los boludos suben al Aconcagua, durante un solo día, y eso será la semana que viene. Es el año de mi deificación”. Estas breves frases liberan totalmente de culpa a los “boludos”. Jean-Rémy de la Salle, poseído por Dios sabe qué delirio místico, persuadió a los indígenas a arrojarlo al volcán para rodar su propia muerte. Varios pasajes escritos durante la ascensión al Aconcagua, realizada en sólo una semana, dan fe de ello: “Les he enseñado a manejar la cámara. Yo soy el único actor. Soy su Dios”. Es algo confuso, pero cuyo sentido no se le escapa a nadie: Jean-Rémy inculcó a los “boludos” el arte de la cinematografía, sabiendo que él sería su primera víctima. He aquí la última frase de su diario: “En el instante mismo en que sea precipitado a las entrañas de la tierra, entraré en la eternidad de su memoria”. No podía expresarlo mejor.

            Después de su sacrificio, los “boludos” han abreviado su viaje anual: dan vueltas en fila india en torno del volcán, sin que nadie se explique el porqué. El último testimonio escrito que aquí copio está firmado por el padre Cabezón de las Calzas, obispo de la parroquia de Nuestra Señora del Aconcagua, una iglesia de tierra apisonada, situada en las laderas del volcán, y es una carta dirigida al Papa. Hela aquí: “En cuanto a la canonización de Jean-Rémy de la Salle, los católicos de varias provincias de los alrededores me la exigen sin cesar. Mi pequeña parroquia se ha convertido en lugar de peregrinación para millares de turistas que llegan en helicóptero. Se toman fotos con los “boludos” y arrojan monedas a la boca del volcán. Lo que me inquieta, Santísimo Padre, es que la mayor parte de ellos son adeptos del Diablo, a quien imaginan habitando en el interior del volcán. He podido impedir ya un sacrificio humano, aunque no puedo impedirles que arrojen a la lava ardiente carneros, e incluso pumas, ya que se trata de animales sin alma. He podido constatar ya varios milagros, Santísimo Padre, que prefiero relatarle en esta carta, aunque sin duda alguna habrá podido leerlos usted ya en los periódicos: los “boludos” levitan hasta diez metros por encima de nuestras cabezas, sin dejar de dar vueltas en torno del volcán. Se diría que caminan por el aire, y con bastante rapidez.

            “Segundo milagro: esta mañana, la lava ardiente se ha transformado en leche hirviendo. Esta leche huele igual que la leche de cabra. Los turistas comienzan a huir del lugar, temiendo una venganza de la Tierra. Yo espero sus instrucciones, Santo Padre. ¿Debo concederles bulas, como me exigen?”. El desenlace es bien conocido: la formidable erupción del Aconcagua, que convirtió uno de los valles más fértiles del mundo en un puro desierto de piedra pómez. Fueron los sacerdotes incas los que (mucho antes de la llegada de los conquistadores) dieron a la Patagonia su nombre, que quiere decir “lugar donde el dios rubio pondrá sus pies antes de su agonía”. No es de extrañar que el pobre Jean-Rémy fuera tomado por el dios rubio en cuestión. Varios periódicos sensacionalistas del Cono Sur pretenden que los “boludos” volaron al cielo la víspera de la gran erupción, y que han sido vistos durante la noche dando vueltas a la luna. Yo no me creo nada; no hay fotos de satélite que lo demuestren. Parece cierto que esta tribu, formada por unos trescientos o cuatrocientos individuos desde tiempo inmemorial, fue exterminada la noche antes de la erupción del volcán. Jean-Rémy de la Salle habrá sido, pues, un dios violento, pero efímero.

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COPI, civilmente llamado RAÚL BOTANA

nació en Argentina 1939 y murió en París, 1987.-

BEATRIZ VIGNOLI

Publicado en De Otros. el 21 de Febrero, 2011, 9:23 por MScalona

 

Los amigos

 Por Beatriz Vignoli

He querido y me han querido, y rara vez mutuamente, pero con estos dos hombres es distinto. No es amor. Lo que nos une es más oscuro que el amor, incluso más oscuro todavía que el sexo. Es más oscuro incluso que la perversión misma. Algo tan oscuro que ninguno de ellos dos lo admitiría, y yo los entiendo. Yo siempre los entiendo. Es más, mi existencia misma ha terminado por reducirse a poco más que descifrarlos, celebrarlos, a alternativamente acatar o desafiar las leyes que me imponen. Pago trágicamente cada desafío, y saldo con ofrendas la balanza hasta que una madrugada, casi al alba, cuando ya mis ojos están ciegos de componer plegarias o escrutar señales y me invade el desaliento, sube el humo de mi pira hasta que las nubes descorren su velo y diviso nuevamente, primero en mis visiones y luego cara a cara, el bienamado rostro.

Lo sé con el estómago, siento la certeza en el cuerpo: el sacrificio ha sido aceptado.

A veces me parece que si existen es porque yo los miro; lo que debo admitir es que si vivo, es porque me admiran ellos a mí. Me gusta cómo ríen y los hago reír; gracias a ellos, gracias a la brisa de su risa, es que yo respiro y sobrellevo el aire. Yo soy su memoria y ellos la mía. Yo recuerdo todas nuestras conversaciones y recuerdo en qué lugar de la ciudad fue dicha cada palabra, en qué año. Paso y vuelvo a pasar por esos lugares, en solitaria peregrinación, y los siento brillar mientras evoco sus presencias.

Llamaré a uno, al primero, Profeta; al otro, al segundo, Bautista. Conocí a Profeta a los dieciocho años, cuando él tenía veinticinco, cuando Bautista nacía. Conocí a Bautista veinticinco años después. Se parecen como dos ojos de una misma cara. Son hombres de la ley, cada cual a su modo. Son duros. Uno talla cristales; otro labra la piedra. El cristal es materia irremediable; la piedra es letra letal. Profeta guarda todas mis cartas en un paquete atado con una cinta roja y espera mi voz en el teléfono como quien espera la lluvia, como quien pone un disco y espera la música. Bautista teme que le corte la cabeza cada vez que bailo: no atiende el teléfono, pero una vez al mes nos encontramos por casualidad. Existe un tercero, llamado Mesías, a quien aún no conozco.

A ése lo espero. Sé que vendrá y pondrá el cuerpo. Ya he aceptado no amar ni desear a los otros dos, no tener más fantasías salvajes con ellos, contentarme con entenderlos.

Siempre los entiendo; ellos siempre me perdonan. Me perdonan el ojo, el escalpelo, las sagas mitológicas que en su honor compongo. Me perdonan hasta la vanidad de andar diciendo que siempre sé dónde encontrarlos, que sé más de ellos que ellos mismos. Soy quien hurga en sus tripas en busca de signos; de signos que nos guíen, a ellos y a mí. Ellos no siempre se aguantan la herida que les abro en el vientre, ya sea porque no alcancé a drogarlos antes lo suficiente o por la vergüenza misma de verse abiertos, expuestos ante mis ojos lectores que leen y toman nota noche y día. Sólo descanso cuando la angustia de los tres descansa. A veces me desvelo por las noches porque sé que algo del gemido mudo de la angustia casi constante de ellos dos me llega y me roza lastimándome como un viento ácido. Entonces imploro. Imploro y la ley que los atraviesa, la que como balas incrustadas los atraviesa, la ley que ellos con tanta angustia cargan y a la que yo me aferro para no angustiarme, cede. Cede y se duermen y entonces lloro yo, un llanto dulce. Les canto mientras duermen y después callo. He llorado a veces, ante ellos despiertos, un llanto amargo, un llanto de implorar, y siempre me lo soportan. Soy justa: cada puesta de hombro, cada abrazo lo pago. No me piden nada pero los pago con ofrendas de animales y flores. Ofrezco y espero, veo marchitarse un ramo tras otro durante meses pero persevero hasta que la ofrenda es aceptada.

Sí, es doloroso, pero más doloroso sería que no nos tuviéramos unos a otros: yo a ellos, ellos a mí. Sin ellos, sin la roca firme de sus miradas intensas sospechadas en la noche (en la noche que se abre en pleno día, en esa sagrada oscuridad sin espesor que como una daga corta el día a la una de la tarde, exactamente a la una de la tarde los jueves de primavera y de verano) me desintegraría. Y sin mí, sin mi devoción, sin mis interpretaciones, no sólo no sabrían de sí sino que estallarían, tan férrea es la ley que portan en su interior, tan de cemento esas osamentas que a ellos tanto les pesan (pero que con tanta dignidad y estoica elegancia sobrellevan) y que a mí me sostienen.

Son, le digo a mi madre, como un tumor benigno: si me los arranco me desangro.

Preferible tenerlos, a ellos que sin mi cuerpo y sin mi voz no podrían vivir, aunque todos preferiríamos creer lo contrario, aunque apenas si nos toquemos más que en el roce entre ambiguo y cordial de algún saludo (ambigüedades de mis roces que ellos siempre disimulan, aunque la duda y el pudor los hieran) o en el caos de la ebriedad. Un caos que yo controlo, firme al timón como un piloto de tormentas: ebrios, son ellos el mar, no yo. Ebrios, son ellos el monstruo marino, el padre incestuoso en pleno diluvio. Agua y alcohol son los únicos líquidos que soportan y el líquido es lo más femenino que aguantan sin deshacerse. Sólo una mujer que sepa de aguas podrá con estos hombres.

Yo no puedo, y eso que los dibujo dormida. Inútil saber tanto de la cartografía costera de su perímetro: no hay ingreso, no paso más que en mis sueños sus bahías minadas. Esbeltos nadadores, bellezas sefardíes de veinticinco a cualquier edad, mis hombres, mis dioses. Necesitan tanto de su sacerdotisa como yo del milagro de su clemencia.

AMANDA POLIÉSTER en La Capi...

Publicado en relatos el 20 de Febrero, 2011, 17:02 por MScalona

http://www.lacapital.com.ar/ed_senales/2011/2/edicion_121/contenidos/noticia_5041.html

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Los socios vitalicios

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El Jefe

—Pasame más diario —dijo Yago al Jefe.

El fuego no iba a encenderse nunca, ya no era época para la parrilla, pero la garrafa se nos había acabado una semana atrás.

Pederneschi decía que iba a recibir un dinero de sus parientes de Italia y con eso se solucionaba lo de la garrafa. Pero el dinero, lo sabíamos, no llegaba nunca: cumplía la función de relevarlo de buscar trabajo.

Salíamos todos los días. Pasábamos por el kiosco a mirar los clasificados, después iniciábamos el ritual de la derrota: una cola de una o más cuadras compuesta por un cuarenta por ciento de fracasados, un treinta de hombres y mujeres jóvenes con buena presencia, un veinte de niños bien en conflicto con sus padres, un diez de nuevos profesionales a la deriva.

Estábamos entre el cuarenta por ciento: nos ofrecíamos tanto para delivery, serenos, porteros de edificio, como para telefonistas, administrativos, o vendedores de lanchas. El grupo de jóvenes con buena presencia era mutante: chicas bien vestidas, uñas prolijas; chicos de corte de pelo moderno, todos con conocimientos de inglés y computación. Los niños bien, si hacía frío o llovía no salían a buscar trabajo. Y los profesionales no hablaban con nadie, a veces hacían cola un par de horas y se iban.

El Jefe ya casi no salía. No le decíamos nada. Le debíamos estar ahí, tener casa y comida. Él había decidido la ocupación del club, después de estudiar la situación legal; había dispuesto las normas de organización que aceptábamos y respetábamos.

Nuestra vida en el club era provisoria, pero era la única que teníamos. Era cierta el agua que nos mojaba los pies esa noche. Pero era mejor que la intemperie y así estábamos acompañados hasta que pudiéramos enderezarnos.

Entonces volvíamos al mediodía, en verano con sed y gusto a sal, después de haber olido los asados de los albañiles, y deseado los daiquiris de las señoras que pasean sus perros por los bares de la ciudad. Ahora, en el invierno, con voracidad por un plato caliente, ravioles con estofado, una sopa.

—No hay más —dijo el Jefe.

El Mono

—¿Y cómo hago? Esto no prende. Vamos a comer a las tres de la mañana —dijo Yago.

—Vos sos el encargado. Deberías tenerlo previsto —dijo el Mono.

—No sé a quién le tocaba hoy, pero los chicos tienen hambre. Vos, Mono, hacé algo, no los quiero llevar otra vez a lo de mi tía —dijo Mirta mientras untaba panes con picadillo.

Los chicos comieron los panes y el Mono y Pederneschi seguían con el truco.

El Mono hacía lo que podía. Con el truco había desarrollado un refugio eficaz contra la balacera de Mirta.

Miré las brasas agonizantes sabiendo que no iba a haber cena. Los chicos corrían alrededor de la sombrilla de Sprite que servía de paraguas y de sarcasmo: no era verano, no había sol, no podíamos comprar una Sprite.

Silvio

Sin cena y con el frío iba a ser más difícil dormir. Desde que mi mujer se había ido me costaba más. Los primeros días la llamaba, aunque no la extrañaba, no le perdonaba que se hubiera llevado a Santi sin decirme nada; ella decía que allá tenía un futuro, que su hermana la podía ayudar, y que apenas ahorrara unos pesos me lo traía; que estaba lindo y ya dibujaba muñecos con dedos y pantalones. Del desalojo no le conté nada. El Jefe me había aconsejado así, por si había alguna esperanza de volver.

Después empezó a atender la hermana, y yo gastaba mucha plata en llamadas. Así que en lugar de llamarla para que me explicara que allá tenía un futuro empecé a tratar de entenderlo yo. Y a Santi podía verlo si me salía algo en el hipódromo, podía ir en tren en las vacaciones y ayudarle a buscar una buena escuela.

Faena

Mientras Yago trataba de avivar el fuego, mirábamos a Zoca amamantar. Trasmiten una paz oceánica, dijo Faena.

A Faena le gustaba decir cosas como esa, lindas y complicadas. Las decía con impunidad, como si fuera lo más natural del mundo decirlo una noche como esa, en medio del frío y la lluvia, el fuego que no se encendía, Pederneschi que seguía prometiendo lo de la garrafa, el Jefe que no había podido comunicarse con el síndico. Le habíamos puesto Alan Faena porque decía esas cosas.

—Pero ese es un tipo de la moda —había protestado Yago.

—Por eso, cuando se pongan de moda esas frases él pasa al frente como Alan Faena —determinó el Jefe.

Zoca y Pederneschi

Zoca acostó al bebé. Pederneschi apoyó la cabeza en sus rodillas y ella le acariciaba la frente. No sabíamos cómo era la historia entre esos dos. No sabíamos si ella tenía permiso de residencia, ni de su pasado, ni si el chico era de Pederneschi. Pero Mirta la había aceptado, eso bastaba. Al principio lo habíamos hecho por Pederneschi, pero después le tomamos cariño. Y un bebé era como una promesa que todavía podía cumplirse.

Me gusta, es decorosa, me había dicho Faena una vez. Lo único que nos faltaba, le dije, un quilombete sentimental. No jodamos con eso, ya tenemos bastante de todo. Me contestó que era una opinión desde el punto de vista contemplativo. Pero yo lo conocía bien y no le creí. Para contemplar uno iba al balneario, o a la peatonal. Pero no se mira a la mujer de un amigo.

Yago

—Silvio, andate hasta lo del viejo y pedile diarios y si tiene algo de alcohol —me pidió Yago.

—¿En qué sentido? —pregunté.

—Alcohol etílico, digo, para el fuego, mirá si vas a ir a las diez de la noche a pedirle whisky escocés y ya que estás algo para la sobremesa también y el Corriere Della Sera. Dale, nene, andá, dale.

—No me da más la cara. Y el viejo no se enoja nunca, eso es peor. Preferiría que me diga andate a la mierda, o que no atienda. Qué se yo. Pobre viejo.

Mirta

—Y si no tiene con quién hablar —dijo Mirta— lo mejor que le puede pasar es que vayas vos y le pidas algo, él te cuenta que no ganó a la quiniela y que el ferretero tiene la vereda que es un desastre y vos traés más diario, un poco de alcohol y vemos qué pasa con el fuego. Y vos, Yago, ¿así andás con las mujeres? No pegás una entonces.

Escuché los últimos ecos de las voces que se perdían en la noche con el punto del foquito y la sombrilla de Sprite. Salí del club. Levanté el cierre de la campera y me peiné con los dedos. Caminé hasta lo del viejo.

Me apoyé en la reja y encendí un cigarrillo.

No había luz en la casa, el viejo no estaba o dormía. Casi seguro dormía. Cualquiera fácilmente podría saltar la verja y entrar por el patio, sacar lo que quisiera, y hasta entrar en la casa, el viejo ni se enteraría.

La llovizna ondulaba en unas ráfagas plateadas.

Pasó el 110 con tres pasajeros. Uno era un chico con auriculares, me miró hasta que nos perdimos de vista. Pensé que ese iba a ser el único cruce de nuestras vidas, en cuántos cruces de esa clase componen una vida. Eso era una frase para Faena y no tenía para anotar.

Apagué el cigarrillo en la vereda. Toqué el timbre y esperé. El viejo se asomó detrás de la cortina floreada, abrió la puerta, me sonrió.

KJELL ASKILDSEN

Publicado en De Otros. el 16 de Febrero, 2011, 14:57 por MScalona

Noruega, 1929

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Ajedrez

El mundo ya no es lo que era. Ahora, por ejemplo, se vive más tiempo. Yo tengo ochenta y muchos, y es poco. Estoy demasiado sano, aunque no tenga razones para estar tan sano. Pero la vida no quiere desprenderse de mí. El que no tiene nada por qué vivir, tampoco tiene nada por qué morir. Tal vez sea ese el motivo.

Un día hace mucho, antes de que mis piernas empezaran a flaquear seriamente, fui a visitar a mi hermano. No lo había visto desde hacía mas de tres años, pero seguía viviendo donde fui a visitarlo la última vez. <<Sigues vivo>>, dijo, aunque él era  mayor que yo. Me había llevado un bocadillo y él me ofreció un vaso de agua. <<La vida es dura-dijo-, no hay quien la aguante>>- Yo estaba comiendo y no contesté. No había ido allí a discutir. Acabé el bocadillo y me bebí el agua. Mi hermano miraba fijamente hacia algún punto situado por encima de mi cabeza. Si me hubiera levantado y él no hubiese desviado la mirada antes, se habría desviado. Mi hermano no se encontraba a gusto conmigo. O dicho de otro modo, no se encontraba a gusto consigo mismo cunado estaba conmigo. Creo que tenía mala conciencia o, al menos, no buena. Escribió una veintena de novelas muy largas, y yo sólo unas cuantas, y además breves. Está considerado como un escritor bastante bueno,  aunque un poco grosero. Escribe mucho sobre el amor, sobre todo el amor físico, me pregunto dónde lo habrá aprendido.

Mi hermano seguía con la mirada clavada en algún punto situado por encima de mi cabeza, supongo que se sentía en su derecho por las veinte novelas que tenía en el fofo trasero. Me estaban entrando ganas de largarme sin decirle el motivo de mi visita, pero pensé que después de la caminata que me había dado sería de tontos,  así que le pregunté si le apetecía jugar una partida de ajedrez. <<Eso lleva mucho tiempo-dijo., y yo ya no tengo mucho tiempo que perder. Podrías haber venido antes>>. Debí levantarme y largarme en ese momento, se lo hubiera merecido, pero soy demasiado cortés y considerado, esa es mi gran debilidad, o una de ellas. <<No lleva más de una hora>>, dije. <<La partida sí-contestó-, pero a eso habría que añadir la excitación posterior o el cabreo si la perdiera. Mi corazón, sabes, ya no es lo que era. Y el tuyo tampoco, supongo>>. No contesté, no tenía ganas de discutir con él sobre mi corazón, así que dije. <<De modo que tienes miedo a morir. Vaya, vaya>>. <<Tonterías. Lo que pasa es que mi obra aún no está concluida>>. Así de pretencioso estuvo, me entraron ganas de vomitar. Yo había dejado el bastón en el suelo, y me agaché a recogerlo, quería que dejara de presumir. <<Cuando morimos, al menos dejamos de contradecirnos>>, dije aunque no esperaba que entendiera el sentido de mis palabras. Pero el era demasiado soberbio para preguntar. <<No ha sido mi intención herirte>>, dijo. << ¿Herirme?>>, contesté levantando la voz. Era he escrito  y lo poco que he escrito>>. Me puse de pie y le solté un discurso: <<Cada hora que pasa, el mundo se libra de miles de tontos. Piénsalo. ¿Te has parado alguna vez a pensar en la cantidad de estupideces almacenadas que desaparece en el transcurso de un día? Imagínate todos los cerebros que dejan  de funcionar, pues es ahí donde se almacena la estupidez. Y sin embargo, todavía, queda mucha estupidez, porque algunos la han perpetuado en libros, y así se mantiene viva. Mientras la gente siga leyendo novelas, ciertas novelas que tanto abundan, la estupidez seguirá existiendo>>. Y añadí, un poco vagamente, lo confieso: << Por eso he venido a jugar una partida de ajedrez>>. Permaneció callado un buen rato, hasta que hice ademán de marcharme, entonces dijo: <<Demasiadas palabras tan poca cosa. Pero les sacaré partido, las pondré en boca de algún ignorante>>.

Exactamente así era mi hermano. Por cierto, se murió ese mismo día, y no es improbable que me llevara sus últimas palabras, pues me marché sin contestarle, y eso no debió de gustarle nada. Quería tener la última palabra y la tuvo, aunque supongo que hubiera quería decir algo más. Cuando recuerdo lo que se irritó, me viene a la memoria que los chicos tienen un símbolo en su grafía que representa la muerte  por agotamiento en el acto sexual.

Al fin y al cabo éramos hermanos.

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Cuentos Reunidos, Ed. Lengua de Trapo

Prólogo de Rodolfo Fogwill

SUSI y JIMY, Manuel Rivas

Publicado en Aguafuerte el 16 de Febrero, 2011, 14:47 por MScalona

 

Manuel Rivas, ESP, 1957

'Susi' y 'Jimy'

MANUEL RIVAS 29/01/2011

www.elpais.com

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Prisioneros: la elefanta Susi quedará retenida en el zoo de Barcelona, pese a la campaña para que viviera el resto de sus días en un asilo francés. Se equivoca el presidente (del zoo) cuando dice que es un error atribuir a los elefantes "sentimientos humanos". Los elefantes tienen sentimientos de elefantes, pero lo que es inevitable es que los humanos le atribuyan sentimientos humanos cuando están encarcelados. Eso explica que en Brasil los proteccionistas hayan presentado un hábeas corpus para conseguir la libertad de un chimpancé. Jimy, de 26 años, lleva 13 años retenido contra su voluntad en una jaula del zoológico de Niroi. Los defensores proponen su traslado a un santuario de primates. Habrá juicio. Guantánamo: más que secreto, Guantánamo es un campo de prisioneros concebido para ser exhibido. Tiene la estética de un zoo humano. En ¿Por qué miramos a los animales?, John Berger se detiene en el origen de los zoológicos en las grandes capitales europeas. Los animales allí confinados eran una "representación simbólica" de la conquista de tierras exóticas. ¿No sería ese también el sentido último del zoo-ilógico de Guantánamo? Estorninos: un hombre cañón se mueve por la ciudad. Dispara para espantar a los estorninos. En otras ciudades utilizan ultrasonidos, tras el fracaso de los halcones. En el instituto, veíamos al atardecer las maravillosas nubes de estorninos. Una profesora nos explicó que se desplazaban así para defenderse. Componían en el aire una gran ave fantástica contra los depredadores. El recuerdo escolar me lleva a una propuesta de Steiner: "Una escuela en la que el alumno tendría permiso para cometer ese gran error que es la esperanza". Hay que perseverar en ese error. Rebelión: en una radio: ¿son las manifestaciones un anacronismo? ¡Que se lo pregunten a Ben Ali y Mubarak! Nada más avanzado que arrojar a los tiranos por la borda de la historia. Cuando lo hace el pueblo, en persona.

el viernes, 19 hs, en Laprida...

Publicado en General el 15 de Febrero, 2011, 16:56 por MScalona

análisis, debate y posterior coloquio sobre la marcha del CUENTO DEL CONCURSO

ANUAL...   confirmen por mail... gracias.   MARCE

Taller de Poesía de TOMÁS BOASSO

Publicado en Sugerencias. el 11 de Febrero, 2011, 23:14 por MScalona
 

INSCRIPTOS INICIAL 2011

Publicado en General el 10 de Febrero, 2011, 12:18 por MScalona

          

          

          

Quedan algunos lugares...

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1.-   IVÁN LIMANOVSKY        

2.-   GABRIELA  POUDES      

3.-   JULIA JUÁREZ

4.-   JULIA SÁNCHEZ            

5.-   MAXIMILIANO RENDO

6.-   ALFREDO  CHERARA       

7.-   CARLOS  FRANZONI 

8.-   MARÍA BELÉN IRUSTA    

9.-   MATÍAS MAGLIANO

10.- ROSANA  GUARDALÁ   

11.- JULIETA  TONELLO

12.- ÉLIDA  RIVOIRA

13.- ROMINA  SICA               

14.- ANDRÉS NICOLÁS

15.- FLORENCIA   FRIGIERI               

16.- ALINA  TABORDA

17.- JUAN  MIGUEL RODRÍGUEZ               

18.- OSVALDO A. FARÍAS...    San Nicolás

19.- MARÍA  LAURA  CONTARINO.       

20.- NICOLÁS  FOPPIANI.

21.- EDUARDO  SCOLARA

22.- ANDREA PARNISARI

23.- MARÍA MERCEDES CASESI

 los talleres iniciales comienza martes y miércoles

1º y 2 de marzo a las 20 hs en calle Laprida... 

condiciones allí

 http://www.scalonamarcelo.com.ar/default%20info.htm

QUE NO DESAPAREZCAN...

Publicado en General el 10 de Febrero, 2011, 10:47 por MScalona

las cascadas naturales e históricas del ARROYO SALADILLO

al sur de la ciudad de Rosario.

En ese lugar descansaron hace 200 años las tropas de Belgrano;

además son un paisaje bellísimo. En Europa harían un complejo cultural-recreativo-turístico:

acá las queremos tirar abajo… "el reino del revés", de María Elena Walsh…

Claro, es más fácil y barato demolerlas:

argumento es incontestable desde el pragmatismo economicista-eficientista.

Pero no, hay que firmar los pedidos de los vecinos, que están en marcha,

para que se detenga este crimen a nuestro patrimonio cultural, ecológico, histórico, 

la ciudad de Rosario viene siendo planificada SIN EL SUR... si la cascada estuviera

entre los bulevares le pondrían alrededor dos puertos artísticos, cinco Beverly "Giles"

y  tres sendas peatonales con todo lo que hay para "FUNDAR"... 

"Levín, Levín... qué grande sin..."                     Marce 

WITOLD GOMBROWICZ

Publicado en De Otros. el 9 de Febrero, 2011, 12:05 por MScalona

Witold  Gombrowicz -Polonia, 1904-1965-

Vivio' 24 años en Argentina.

G. –Cuando escribo, tengo una tendencia a las ritualizaciones que se realiza, sobre todo, por medio de las repeticiones. En Ferdydurke, las partes del cuerpo, por ejemplo, se repiten siempre con una cierta obsesión. En mí la obsesión es casi siempre de orden mitológico. ¿De dónde viene la mitología? Tengo la sensación de una cosa superior, interhumana, que se crea entre los hombres, y que se le impone al hombre de forma a veces sorprendente, como un shock… una fuerza motriz. Pues bien, esa fuerza, esa fuerza interhumana es, para mí, lo divino. Esto es lo que se manifiesta en mí como lo divino, y lo hace de una forma oscura y a través de elementos formales que, casi siempre, se imponen por la obsesión, por la repetición. Así pues, también en mi mundo hay un elemento muy importante, como se ve en Cosmos. Por ejemplo, yo miro esta mesa y me fijo, pongamos, en el cenicero. Si me he fijado sólo una vez no pasa nada. Pero si vuelvo al cenicero y me fijo otra vez en él, entonces me pregunto por qué me he fijado en este cenicero. Cuando me planteo esta cuestión, el cenicero es un objeto más importante que todos los demás. Y vuelvo una tercera vez al cenicero, y luego puede imponerse por cuarta vez, de tal forma que, de golpe, se convierte en un objeto decisivo. Por la repetición de un acto de conciencia, completamente habitual al principio, se llega a dar una importancia terrible a una cosa que, en realidad, no tiene aspecto de ser importante. Así es como esta emboscada de la conciencia tiene, textualmente, una gran importancia en mis libros. Yo empiezo un libro, y digamos que, de repente, una mesa, escribo sobre una mesa… refiriéndome a una mesa, ¿comprende? Pero tal vez esa mesa vuelva a salir en la página siguiente. Si sale de nuevo me veo obligado a mencionarla otra vez. Y así, de golpe, toda la historia se concentra en torno de esa mesa. Al principio, cuando escribo, todos los elementos son más o menos iguales. Pero luego uno de ellos comienza a cobrar fuerza y, cuanto más fuerte se hace, tiene todas las probabilidades de llegar a ser aún más fuerte. Y eso es lo que se describe en Cosmos, por ejemplo, donde las cosas se organizan así. Usted mira la lluvia, luego observa otra lluvia, pero ya que ha visto ante una, esta lluvia le parece más significativa, etc. Llega hasta cinco o seis lluvias, y entonces eso aumenta y estalla. Pero como soy un ateo, lo divino, por así decir, no me preocupa, no me interesa. Son cosas que ocurren un poco a pesar mío. En el plano formal más que en el espiritual,

S. –Esa costumbre, ¿corresponde a su comportamiento habitual?

G. –Sí, me sucede con frecuencia. Observo… por ejemplo, doy un paseo… Observo un árbol. Cuando ya lo he observado una vez, vuelvo a este árbol, y se hace más fuerte que los demás. Es algo que se organiza, pero creo que a todo el mundo le pasa lo mismo.

S. –Bien, ahora quisiera volver atrás. Corríjame si me equivoco, cosa muy probable. Tengo la impresión de que su experiencia en Argentina ha sido una especie de descenso a los infiernos, una salida del cosmos. Por así decirlo, como los astronautas que dejan la Tierra.

G. –Pues no, porque primero debía preocuparme del dinero para vivir; siempre tuve preocupaciones de orden económico, pero luego pensé "ya veremos qué pasa", ¿comprende? Por supuesto, junto a eso estaba además mi verdadera realidad, que era una realidad un poco fantástica.

S. -¿Era un sentimiento de ser anónimo, de ser divino?

G. –Habiendo perdido mi rango social, mi familia, mis costumbres, habiendo encontrado el anonimato, me sentía diez veces mejor, me sentía liberado. En Polonia pertenecía a la clase superior, y en Polonia, país anacrónico y pobre, todas estas cosas tenían un aspecto algo grotesco. Y eso me cansaba. Por ejemplo, había una diferencia tan grande entre el pueblo, que era analfabeto, y los señores, con sus lujos y comodidades, que era mucho más chocante que en Francia, por ejemplo. De manera que en Polonia me sentía mal en la forma. Y sentía también que esa forma nuestra es ridícula, mala, sospechosa.

Conversaciones con Piero Sanabria

Ed. ANAGRAMA

Otro CONCURSO para probar...

Publicado en Sugerencias. el 8 de Febrero, 2011, 16:52 por MScalona

en el enlace, las BASES

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http://www.metrovias.com.ar/

QUIQUE PESOA lee a Francisco Kuba

Publicado en General el 7 de Febrero, 2011, 17:24 por MScalona

clickear aquí…

http://algunosescritos.com.ar/02/07/quique-pesoa-lee-las-invasiones-danesas/

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nota:  en la foto, Francisco Kuba con Eduardo D'Anna en "Chicho 2008"

MARCELO SCALONA: El Camino del Otoño

Publicado en Sugerencias. el 7 de Febrero, 2011, 14:31 por MScalona

QUIQUE PESOA lee a NICOLÁS DOFFO

Publicado en General el 6 de Febrero, 2011, 19:56 por MScalona

una de las lecturas de QUIQUE PESOA

sobre nuestros relatos, en este caso,

NICOLÁS  DOFFO …

clickear acá

http://www.youtube.com/watch?v=Dm2mplPhAT8

REINICIO TALLER - v a r i a d i t a s...

Publicado en General el 3 de Febrero, 2011, 14:05 por MScalona

HOLASSSSSSSS...

...
no sé ustedes, yo descansé muy lindo este enero y no los extrañé... (mucho)
Bué...  
PRIMER   TEMA
espero estén trabajando el cuento del concurso 2011 para el LUNES 7 de marzo,
NO HABRÁ PRÓRROGA, en serio, ni un día... y aunque suene poquitín pedante,
es porque el 17 de marzo viajo a Barcelona a presentar EL PORTADOR
 y tengo que tener todo entregado a los jurados antes ...
Igual lo pueden traer ahora (como Carlitos Santini que ya preguntó...)
en ese caso, ya desde
1º de febrero ACÁ EN LAPRIDA pueden venir
de 9 a 12 o 16 a 20 hs. a entregar el cuento.
Obvio que no tiene ninguna influencia en el concurso la fecha de entrega. Es más,
yo le entrego el material a los otros jurados después del  7 de marzo, todo junto,
así que mientras tanto quedará en un casillero.
Les recuerdo que cobramos $ 150 de derecho de concurso para los gastos del mismo
y los premios son BECA 2011 (1º) y Media Beca 2011 (2º) en los dos niveles que
participan. 3º año no, como avisé, porque escriben 60 pags. c/u de una novela propia.
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Los jurados son:  LORENA AGUADO, SEBASTIÁN RIESTRA  y un servidor...
Volví a inclinarme por ellos dos porque sé de su contricción al laburo, capacidad, prestigio,
honestidad intelectual y para mí, en particular, la enorme confianza que me une a ellos
y el que sean parte integrante del taller.   Hay una generosidad que no siempre tienen
otras personas y entonces quiero hacer recíproca en esto, equipo, cuerpo... laburar con los que
nos quieren...
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SEGUNDO  TEMA
Quique Pesoa me volvió a pedir textos breves (1-2 carillas A-4 máximo) para leer en su radio
AM 580 en Córdoba y repetidoras de FM por todo el país, incluso me mandó los audios de los cuentos de VERO LAURINO (2) que leyó en su programa... después se los mando para que vean...  Me prometió que me mandaba
el CD nuevamente, esta vez con el disco... ja... pero los cuentos los lee porque tiene los audios de todos. Incluso, a los que seleccionó ya, les voy a pasar su mail para que les pidan los audios como hicimos con VERO...
¡Es impresionante cómo quedan los txts leídos por él...!!!!
Si tienen textos por favor me los mandan y yo se los reenvio...
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TERCER  TEMA
ya hay 20 inscriptos para los TALLERES INICIALES 2011, de modo que si conocen amigos-as interesados, por favor que me escriban mails para solicitar su inscripción porque la cosa viene movidita... Tengo interesados hasta de Gotham City (Capital)  y/o  Ayacucho (Bs. As.) este año... 
Los ya inscriptos, futuros cumpas, tienen muy buen pedigree...
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CUARTO  TEMA
Para el VIERNES 18 de febrero, LOS INVITO a Laprida 563,  19 hs, a ver el filme "SOMEWHERE" de Sofía Coppola, su última peli que están dando ahora en el cine, para verla y debatir sobre su discurso narrativo, géneros, estilos, etc...
y luego de la peli hablar aspectos del taller 2011
y en especial aspectos técnicos (teóricos) sobre el CUENTO DEL CONCURSO.  
Es decir, hablar sobre algunas dificultades o dudas que tengan
(repito en abstracto, sin hablar de la trama obvio ni aspectos concretos de personaje, etc...)
Luego, informalmente, con los que puedan, quieran, cenar algo, musiquear, fumar, charlar...
EN LA TERRAZA  de Laprida, encargamos algún delivery y disfrutamos de nuestras selectas grabaciones...
                                                                        
                                                                           M A R C E

Artículos anteriores en Febrero del 2011

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-