"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




15 de Enero, 2011


MARCELO SCALONA, Rosario/12, 2004.-

Publicado en Aguafuerte el 15 de Enero, 2011, 11:41 por MScalona

Me Entrego  (*)

Por    MARCELO SCALONA              

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Señor Juez:

                           me entrego. Finalmente he sido descubierto.  En un momento de mi vida pensé que todos aquellos delitos terribles que cometí antes de cumplir los diez años, podrían quedar indultados, prescriptos, amnistiados; pensé, de esa manera displicente que tenemos los criminales, que, quizá por mi edad de imputado (5 a 10 años, Salita Azul, Señorita Yolanda),  artículos. 40 y 41 del Código Penal, o quizá por la torpeza de este país o sus fiscales, o el olvido inherente a la condición humana o porque entonces, mis revólveres eran de plástico y las balas de cebita...

                          Pero me equivoqué Su Señoría, y es de ladrón bueno reconocerlo: el ladrón de la derecha, de la derecha de Jesús, en el calvario. El caso es que ahora, todos los niños del mundo hemos sido descubiertos por el implacable y largo brazo de la justicia argentina, metaforizada como nunca por el Señor Fiscal Fernando Rouco Oliva, que ha citado a indagatoria a un niño de cinco años por el robo de un muñeco a su compañerito de escuela, o ese otro gran fiscal en las sombras, visionario patrono de los fabricantes de rejas, Don Juan Carlos Blumberg, escrupuloso perseguidor de la fiebre en la lucha contra el cáncer. 

                  Yo confieso Señor Juez, Señor Fiscal... Don Blumberg, fui yo...  a confesión de parte, relevo de pruebas... fui yo... fui yo, no le peguen a nadie más y aflojen con la picana, que hay que ahorrar corriente. Fui yo: yo le afané las bolitas a Kiko  Dramissino en el campito de Truppia una tarde de 1971; yo le robé la capa de Batman a mi primo Gabriel en el baño de mi tía Ana; yo le robé dos besos a Mariana Okon en la Pelopincho de mi terraza de calle Ayolas y estafé al Mono Pantaleón con una figurita difícil de una colección discontinuada, no de la misma serie, pero el Mono no se dio cuenta, porque era de noche y en el Conventillo 340 se alumbraban con lámparas de kerosene;  yo le robé al gordo Juanci el botón del tapado de la abuela Rossina y lo puse de arquero en mi equipo de botones, y en la final del Torneo Evita 74, contra "Gardelito", la pelota que saqué en la raya, había entrado.  Yo me robé una revista de Tarzán de la biblioteca de la Escuela Echeverría y un verano entero abusé de pensamiento y con las manos sobre dos primas (los nombres son secreto de sumario) jugando al doctor, que también era "El Fugitivo".   O sea, tocaba y me iba. De ahí me ha quedado una fama terrible según mis amigas. Quizá un complejo, dicen los doctores. O quizá yo sea un criminal tipo de la especie estudiaba por Lombroso, Ferri, Garófalo, o esos delincuentes  del tipo "enfermo" desarrollada por Dorado Montero. 

Yo prefiero pensarme un criminal como "El Fugitivo", pero en la versión terraza de infancia.  El actor era David Janssen, con el cual no pude evitar identificación y ese loco amor de transferencia que luego tuve con cientos de analistas.  Para empezar, el doctor fugitivo, me enseñó algo que mucho tiempo después vi escrito en un grafitti: "ayude a la policía, péguese solo".  Janssen era un médico al que le echaban la culpa de haber asesinado a su esposa, cuando en realidad había sido un manco al que se le "fue la mano" en una noche de droga, sexo y prótesis.  El Inspector Gerard, que lo perseguía al médico inocente, era implacable como Don Blumberg, y en EE.UU no es joda, les sobra tanta corriente que les sale más barata la silla eléctrica que la guillotina. De tal suerte, el fugitivo médico se hacía pasar por toda clase de personajes para esconderse. En la fuga, de paso,  siempre robaba muñecas.  Al final de la historia, 100 capítulos de aquel maravilloso productor de series que fue Queen Martin, lo declaraban inocente del asesinato de la esposa, pero como ya había inventado la muñeca inflable, el Inspector Gerard volvía a perseguirlo. ¿Es que hay algo más en la vida que los juguetes?

  Yo también cometí esos crímenes, me hice pasar por médico, por sargento norteamericano, soldado chamamé y cantor de "La Balsa" extraño del pelo largo. Usé ropa psicodélica, me vestí de mujer y fumaba un atado de cigarrillos por día. Yo, que no fumo, a los diez años fumaba un atado entero porque me los robaba en las kermesses de la escuela. Le robé dos chacras de la Provincia de Buenos Aires a Enrique Ferrer, un domingo a la tarde jugando a El Estanciero, y el juego era de él, y después no se pudo jugar más, porque ya gobernaba Ruckauf la provincia, y era mejor seguir de largo en el casillero, porque si te agarraba Patti, te hacía pulpa de hamburguesa.

¿De qué sirve arrepentirse?  Dura lex sed lex... acepto mi castigo Don Blumberg, Fiscal Rouco Oliva, arrésteme sargento...  yo robé golosinas en el kiosco del Colegio Sagrado Corazón: una mañana de invierno le distraje un familiar de mortadela al cura Afora; practiqué en divisiones inferiores de Ñubel siendo un canalla rabioso y le tiré una tiza a la profesora suplente de Sociales; y le pegué mal, en la cabeza, "amado supremo, agredido predilecto" dice Julia Kristeva (**).  Y el marido era el Profe de Matemáticas, pero la mina estaba buena y nos mostraba la bombacha adrede cuando se cruzaba de piernas. Y yo miraba: ¡Quién puede dejar de mirar el ojito japonés atrás de un triángulo de lencería… a los diez años…! Pero ya sé Don Blumb… a este paso, mirar también será un crimen. Y yo Me masturbé en el cine, Señor Fiscal. El cine "Rosario", Don Blumb… pero ya no existe, hay un súper ahí ahora, ¿no es atenuante? Me pajeaba con unas películas de catástrofe, con una azafata labios de churrasco, Karen Black ("Aeropuerto"), que en el instante en que el avión derrapaba me escondía en su paracaídas. Y otra vez me quedé con un vuelto equivocado en el cine "Rosemarie" donde me llevaban a ver las películas de Sandro. Y después íbamos al baño del cine con mis amiguitos a vernos los tamaños, pelajes y quién lanzaba más lejos. Le afané una revista sueca a mi tío Merejildo, y le gasté las fotos de tanto roce, por eso nunca pude devolverla y hasta creo saber dónde está guardada. Una vez rompí un cristal de la pileta cubierta del Club Provincial y le eché la culpa a unos negritos que jugaban a la pelota en el Estadio Jorge Newbery, que no eran socios, se notaba,  y que habían saltado para este lado a buscar la pelota, y seguro que habían aprovechado, porque la ocasión hace al ladrón, y además, el que entró por izquierda, no será bueno para nada ... 

Sí, Señor Juez, yo soy culpable.  Aún no tenía diez años cuando cometí todos esos crímenes, pero quiero pagar por ellos.  Si vamos a empezar a sanear este ispa en serio y bien de abajo, empecemos con los niños. Es verdad Señor Fiscal Rouco Oliva, Su Excelencia, Fiscal General Argentino, Don Blumberg: fui yo. Yo fui de esos niños que robaron muñecos o muñecas.  Pero antes de que me fusilen, y como última voluntad que se permite a cualquier condenado, una cosita, digo yo, Don Blumb (pavada de fonología tu apellido), ¿en vez de castigar a los niños que roban muñecos, no nos convendría empezar con los  muñecos que roban países?

(*)  En este link está la noticia policial del año 2004 (25-3-04) acerca de un niño citado a declaración indagatoria ante el Juez de Menores por el Fiscal Rouco Oliva de la Justicia Pcial de Buenos Aires,  por robar un muñequito a un compañero de escuela en Avellaneda (Bs As). El niño imputado tenía cinco (5) años de edad, "la víctima", compañero de grado, tenía 6 y el muñequito robado era de la serie de comics MAX STEEL .-

http://edant.clarin.com/diario/2004/05/24/um/m-765010.htm

(**) Historias de amor,   Julia Kristeva, p. 11 , Ed. XXI .

Nota:   siete años tiene esta nota, pasa el tiempo (?)

Esta nota fue publicada en la CONTRATAPA de ROSARIO/12,

el 29-5-2004.-

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-