"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




CELINA RUSSO: Diario .-

Publicado en Nuestra Letra. el 14 de Noviembre, 2010, 20:41 por MScalona

 Miércoles:

Marcelo explicaba la tarea y yo pensaba en que cuando esta tarde leí en el blog lo de los chicos, me entraron unas ganas bárbaras de escribir uno.  

  Caigo en la cuenta de mi necesidad de escribir, de la abstinencia que padezco cuando no lo hago por un tiempo, de lo que soy conciente cuando me siento frente a la compu y mis dedos no paran de teclear, sin saber por dónde carajo empezar. Si no me freno un poco, esto más que un diario va a ser una novela.

  Retomando la consigna: me subí al auto, cuando bajaba por Sargento Cabral Zeus desplegaba todo su poderío, y pude ver, más bien adivinar, un cielo encapotado que no presagiaba nada bueno. Apreté el acelerador, no quería caer presa de su furia. Prendí la radio, me gusta manejar de noche, con la música bien fuerte, tapando el susurro de mis pensamientos, aunque esta vez no iba a ser sencillo. La escritora venía conmigo y calculaba que se quedaría toda la semana, lo cual por un lado me entusiasmaba y por otro sabía que me desconcentraría para estudiar. El martes rindo.

  Ya asumí hace rato a todas mis mujeres, y como lo escribí alguna vez, somos una especie de matrioshkas, unas dentro de las otras; no dos al mismo tiempo, cuando una aflora la otra debe necesariamente esperar su turno. La piloteo, todo exceso es malo y encontrar la medida exacta se me hace una utopía. Subí el volumen de la radio, mi mente se empeñaba en escribir en una hoja invisible que no tenía fin. Perdida en estas reflexiones se me dio por mirar la velocidad, 135, me asusté y desaceleré un poco, no era tiempo de terminar estrellada contra algún poste, todavía tengo mucho por hacer.

  Llegué a Arroyo, las calles mojadas delataban que había llovido, bajé la ventanilla  y me dejé invadir por una brisa impregnada de ese aroma tan particular a campo, a tierra mojada, a naturaleza. La calma de este pueblo me serena, me gusta este transitar nocturno y solitario, disfruto por anticipado la sensación de llegar a casa, a mi hogar. La escritora se corre un poco, le cuesta ceder  pero sabe que no puede acaparar todo para ella. Somos muchas conviviendo en este cuerpo que a duras penas consigue albergarlas, tratando de que se lleven bien.  Sabemos que todas somos necesarias.

  Como es costumbre encuentro todo medio patas para arriba en la cocina, a veces tengo la sensación de  que en lugar de irme unas pocas horas falto desde hace días, no entiendo cómo se las arreglan para dejar todo hecho un quilombo en tan poco tiempo; zafo de cocinar , no de ordenar. Cami se está bañando ¡recién! estos ensayos de danza terminan a cualquier hora, por suerte falta poco para que baile, y ella nunca se queja, ama lo que hace, ojalá le sirva para algo en su futuro… Se siente la ausencia de Lucas, ya van 3 días, cuando no está  no puedo evitar  preguntarme si así me sentiré cuando se vayan definitivamente, incompleta; qué poco dura todo en esta puta vida.

  Ordeno todo volando mientras mi mente no deja de pensar en este diario, hace rato que tenía ganas de escribir uno, desde que Mara lo escribe, es más por eso lo escribe, aunque literalmente no lo hace, le doy a ella la tarea de hacer algo que yo quiero hacer, y de esa forma, al menos parcialmente, mi necesidad se realiza. “El único escondite era su alma, que una vez había guardado en el cuaderno de gastos”.Gracias Clarice. ¿Dejaré parte de mi alma acá? Sí, definitivamente sí, total nadie dice todo dice Javier Pereda. Tampoco se me  escapa el hecho de que algún que otro par de ojos (además de los míos)  va a leer esto,  no deja de ser un desnudarme, pero la verdad, no me importa. Estoy enferma de literatura, como Montano. Y sí, también pienso en libro.

  Cuando termino de secarle el pelo a Cami y ordenar todo, lavarme los dientes, hacer pis, Darío ya se durmió. Gajes del oficio. Me meto en  la cama, hago un poco de zapping y me quedo dormida, me despierto al rato y apago la televisión, me acomodo y me refugio en el silencio de la noche y en ese brazo tibio que ahora desliza por mi cintura, me relajo, y a pesar de estar casi dormida  mi mente sigue escribiendo sin cesar….

Jueves:

   Recién me despierto y ya estoy cansada. Es jueves, debe ser eso, hoy es muy jueves diría Saccomanno, si me pongo a pensar, todos  los días son muy, pero apenas poso mis pies en el piso, todo cambia. Todavía no me repongo de los exámenes de la semana anterior, quedo exhausta, mental y físicamente, no tengo 20 años.  No pierdo de vista que el martes rindo de nuevo. Otro finde con el culo en la silla.  

   Hago todo lo que tengo que hacer (llevar a mi hija a la escuela, lavar los platos que no lavé anoche, hacer las camas, desayunar rápido, etcétera) y estoy de camino a tomar el cole. Voy a la facu a ver mi parcial de española y buscar unas fotocopias que necesito de lingüística.

 Ya estoy volviendo, de  milagro me acuerdo que Cami me pidió que le comprase el CD de Justin Bieber, un  yanqui que cantando parece una nena, no vale lo que sale,  se lo compro porque ayer se le cayó su primera muela y se ocupó de recordarme que con  los últimos dientes “nadie” le había dejado plata. Me gusta mimarla.

  Otra vez en el cole y aunque en auto llego más rápido, me gusta ese “dejarme llevar”. Me pongo los audífonos y me sumerjo en la música, mis gusto musical más que raro es incoherente, “música de los 80” me dice  Camila,  prehistórica quiere decirme, y sí,  pero es lo que me gusta. y sobre gustos no hay nada escrito.  Igual me bajó un par de canciones que le gustan a ella, de Lady Gaga, me resultaba muy idiota ese nombre, después me enteré que se puso Gaga en honor a Freddy y su canción Radio Gaga, ahí la miré distinto, amo a Freddy Mercury.

  No tengo ganas de leer, el tiempo muerto de los colectivos suelo aprovecharlo para eso, las tragedias griegas creo que me las leí todas en movimiento, ahora me traje el libro de Di Benedetto que me prestó Susana,  no me atrapó tanto, de todas maneras lo voy a terminar, me gusta de vez en cuando leer alguno así, que no me exija mucho como lectora, que me entretenga y nada más, después lo guardo en un archivo(cerebral), por si las moscas.

   En lugar de leer saco una birome y empiezo a garabatear, aunque un poco es perder el tiempo, después me será imposible descifrar lo que escribí, letra de médico, desastre total; en medieval me pusieron 9 por eso, letra ilegible puso Valentini, jaja, y en el parcial de española  también en una parte decía ¡qué letra! y bue, es lo que hay, no se puede todo en esta vida.

   Me llamó Lucas, el colectivo sale a  las 5, perdió el último partido, igual se lo escuchaba contento. No deja de sorprenderme su sentido de la responsabilidad, me dijo  acordate de hablar con la de naturales, hoy tiene prueba, culpa tuya me diría Darío, obsesivo como vos. Puede ser.

  Son las siete, mi día llegó hasta acá sin darme cuenta, hice de todo y no hice nada, sobre todo sé lo que no hice, estudiar, apenas un rato, no me concentro.

 Algo bueno: vino Esther a tomar café, en realidad tomamos unos mates, hacía mucho que no la veía, hablamos de todo, tuvo al papá internado, tiene 90 años pero se resiste a abandonar este mundo.

   Miro por la ventana, el tiempo está suspendido, todo parece adormilarse, el silencio se impone y los pájaros que hasta hace un rato iban y venían buscando comida, se refugiaron en sus nidos. Todo se vuelve para adentro. El único vestigio que queda del día es ese horizonte teñido de anaranjado y unas nubes que cuelgan  detrás de aquel árbol; son rosas y me recuerdan al algodón de azúcar que comía de chica. Ahora le encantan a Camila. ¿Pueden heredarse los gustos? El resto del cielo es de un celeste pálido, fragmentado por nubes de textura algodonosa. Este atardecer compensa lo feo del clima de hoy.  Lástima  la presencia del tendedero en el que ahora reparo, desubicado en esa terraza, pero bueno, la vida y la literatura conviven, al menos en mí. Y más vale que entre la ropa y me ponga a pensar en la comida. La ama de casa se hace la boluda, ahora que la necesito no aparece y la escritora detesta tomar su lugar.

   Por hoy es suficiente.

Viernes:

  6,45. Suena el despertador. Lo apago. 6,50 vuelve a sonar y lo vuelvo a apagar.

 Me encuentro en ese estado particular previo al despertar definitivo, donde nuestros sentidos no están del todo alertas, y aunque el cuerpo sea incapaz de moverse el cerebro ya está funcionando a mil. En realidad nunca lo deja de hacer, mientras dormimos la actividad cerebral tiene picos de máxima actividad, como la fase REM, que significa rapid eye movement. Duermevela, ensoñación, estado transicional le digo yo. Lo que sea. Mi mente sigue escribiendo, creo que nunca se detiene, es adonde se dirigen mis pensamientos apenas abro los ojos. Debe ser porque anoche me quedé dormida leyendo lo de Joyce y algunas palabras quedan flotando, en suspenso, a la espera de ser atrapadas. Un buen lector es aquél que se identifica con el escritor y no con los personajes. Debo ser buena lectora, al menos de los libros que me gustan mucho. Cuando un libro me atrapa, no quedo tildada con este o aquel personaje, sino que me la paso tratando de dilucidar cómo fue escrito el libro, en qué pensó el que lo escribió, queriendo ser él o ella al menos un rato, meterme en su cabeza, y termino admirando y por supuesto envidiando la forma de contar las cosas, y pienso por qué no se me ocurre a mi  algo así, o esto también yo lo pensé. Esto último, las menos. Y sí, si fuera Holden Caulfield me gustaría llamar por teléfono a algunos escritores, a quién no le hubiera gustado conocer a Joyce por ejemplo. Aunque si tuviera que elegir a uno y sólo a uno, sería a Homero. Sin dudar. De paso me ahorraría a varios posteriores a él, inclusive a Joyce, que usó como modelo a su Ulises, como cuenta Ricardo Piglia en ese texto que leía anoche y que fue el inicio de mis pensamientos de esta mañana. Si fuese el “El nadador” de Cheever bucearía de libro en libro, charlaría con cada personaje, les pediría que me contasen sobre sus autores, quién mejor que ellos para conocer a quienes los inventaron. De los últimos que leí me quedé enganchada con El mal de Montano. Yo también debo ser una parásita literaria, aunque me parece que el término me queda grande.  Jugar con las ideas de otros escritores. No es calculado ni premeditado, esas frases o ideas se introducen en mi cerebro, se transforman en pensamientos propios o  peor, me hacen creer que lo son. Y es inútil que me resista.

  Eso pensaba mientras me conectaba con el mundo, el real.  No habían pasado más que unos pocos minutos, lo que me lleva a creer algo que siempre he sospechado y que nunca pude comprobar, que el tiempo es flexible, variable, modificable, y no esa exacta sucesión de segundos, minutos y horas que nos quieren hacer creer. Seguro que a más de uno también se le ocurrió. Basta ver cómo vuela el tiempo cuando estamos pasándola bien y el exasperante y lento discurrir que tiene la misma cantidad de tiempo cuando nos encontramos atrapados en un congestionamiento de tránsito o en la cola de un banco. Estoy segura de que no es la percepción del tiempo, es el tiempo mismo que transcurre de forma diferente.

   No tuve más remedio que levantarme. Llevé a Camila a la escuela. Pasé a pagar unos impuestos. Desayuné un café y unas tostadas. Me senté a estudiar. Lingüística computacional. Algunas cosas son interesantes, pero sinceramente me causa gracia que el objetivo sea “emular la capacidad lingüística humana”. Imposible. Por más información que le “metamos” a las computadoras, ellas no pueden pensar por sí solas, nuestras neuronas en cierta forma actúan en forma independiente de nosotros, haciendo más y más sinapsis, cuando pensamos aumenta el flujo cerebral en el área correspondiente y se producen neurotransmisores y todas esas cosas, es decir, el ser humano es un ser biológico, y las computadores nunca van a sintetizar proteínas ni tener sinapsis químicas. El ser humano evoluciona, la ciencia indefectiblemente siempre corremos detrás. Como yo con la literatura.

    Volviendo a lo del tiempo y su capacidad de emular (se me pegó la palabrita) a las aves, mi día se fue volando y no sé cómo. Cada vez me convenzo más en lo que pensaba esta mañana, ¿esta mañana? ¿o hace un instante? lo mismo me pasa cuando lavo los platos, a veces siento que mi vida transcurre en lo que hice antes de tener que hacer lo que otra vez tengo que hacer. ¿Por qué habrá que comer dos veces por día?  Eso es lo que más me gusta de la escritora, las cosas superfluas, las obvia.  Es perfectamente capaz de estar sumergida en un escrito o en un libro y olvidarse del mundo. Literalmente.

 De lo que recuerdo de hoy además de lo que pensé o soñé apenas me desperté, no hay nada literario. Estudié un rato, puse el lavarropas, hice las camas, (Carina no viene hasta el lunes) fui hasta el banco a pagar la luz, compré algunas cosas para el almuerzo, hice el almuerzo, lavé los platos (otra vez!!), puse otro lavarropas(mi hijo trajo un montón de ropa sucia), llevé a Cami a piano, la busqué y la llevé a Inglés, pagué inglés, y ahora estoy acá. Debería estudiar y no me dan ganas. Lingüística es la que menos me gustó de las que cursé, Saussure, Hjemslov, Chomsky estuvieron bien, pero esta parte no me gusta tanto. O será que estoy cansada. Cuatro días más y me la saco de encima. Pensar que cuando rendí Hematología dije ¡nunca más!; no aprendo. Me quejo, pero me gusta estudiar, aunque el amigo de mi hijo me dijera, ¿¿¡¡estudiar porque sí, sin tener obligación!!?? Sí. Debería tener cien vidas para hacer todo lo que quiero.

  Lo más lindo fue desayunar por segunda vez con Lucas (en realidad me tomé un café, él desayunó) y que me contara sobre el viaje. Hay que aceptar esos momentos que nuestros hijos nos regalan, atesorarlos, es doloroso y a la vez gratificante ver cómo emprenden sus propios caminos, sólo nos resta esperar que quieran volver, siempre. 

   La escritora estuvo a full todo el día, no me deja tranquila y así no hay quién aguante, me la paso yendo de la vida a la ficción como dice Piglia. Lectura y vida se cruzan, se mezclan. Escritura y vida también. Si hay alguien que lee es porque primero hubo alguien que escribió. Yo estoy de los dos lados. Primero fui lectora y lo sigo siendo. La lectura como un modo de soñar despierto, dice, como sueño diurno, entrada en otra realidad. No puedo dejar de asociarlo a mi despertar de hoy.

     Me voy  a bañar. El agua suele arrastrar todo y esta noche no quiero ser escritora, ni madre ni ama de casa. Tan sólo una mujer.

                                                                              C E L I N A

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-