"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




CORTÁZAR, la memoria de otro.-

Publicado en Nuestra Letra. el 13 de Noviembre, 2010, 13:08 por S_Estévez

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RAYUELA                

Julio Cortázar

 

Capítulo 6

 

 

 

 

 

La técnica consistía en citarse vagamente en un barrio a cierta hora. Les gustaba desafiar el peligro de no encontrarse, de pasar el día solos, enfurruñados en un café o en un banco de plaza, leyendo-un-libro-más. La teoría del libro-más era de Oliveira, y la Maga la había aceptado por pura ósmosis. En realidad para ella casi todos los libros eran libros-menos, hubiese querido llenarse de una inmensa sed y durante un tiempo infinito (calculable entre tres y cinco años) leer la opera omnia de Goethe, Homero, Dylan Thomas, Mauriac, Faulkner, Baudelaire, Roberto Arlt, San Agustín y otros autores cuyos nombres la sobresaltaban en las conversaciones del Club. A eso Oliveira respondía con un desdeñoso encogerse de hombros, y hablaba de las deformaciones rioplatenses, de una raza de lectores fulltime, de bibliotecas pululantes de marisabidillas infieles al sol y al amor, de casas donde el olor a tinta de la imprenta acababa con la alegría del ajo. En esos tiempos leía poco, ocupadísimo en mirar árboles, los piolines que encontraba por el suelo, las amarillas películas de la Cinemateca y las mujeres del barrio latino. Sus vagas tendencias intelectuales se resolvían en meditaciones sin provecho y cuando la Maga le pedía ayuda, una fecha o una explicación, las proporcionaba sin ganas, como algo inútil. "Pero es que vos ya lo sabes", decía la Maga, resentida. Entonces él se tomaba el trabajo de enseñarle la diferencia entre conocer y saber, y le proponía ejercicios de indagación individual que la Maga no cumplía y que la desesperaban.

 

De acuerdo en que en ese terreno no lo estarían nunca, se citaban por ahí y casi siempre se encontraban. Los encuentros eran a veces tan increíbles que Oliveira se planteaba una vez más el problema de las probabilidades y le daba vueltas por todos lados, desconfiadamente. No podía ser que la Maga decidiera doblar en esa esquina de la rue de Vaugirard exactamente en el momento en que él, cinco cuadras más abajo, renunciaba a subir por la rue de Buci y se orientaba hacia la rue Monsieur le Prince sin razón alguna, dejándose llevar hasta distinguirla de golpe, parada delante de una vidriera, absorta en la contemplación de un mono embalsamado. Sentados en un café reconstruían minuciosamente los itinerarios, los bruscos cambios, procurando explicarlos telepáticamente, fracasando siempre, y sin embargo se habían encontrado en pleno laberinto de calles, casi siempre acababan por encontrarse y se reían como locos, seguros de un poder que los enriquecía. A Oliveira le fascinaban las sinrazones de la Maga, su tranquilo desprecio por los cálculos más elementales. Lo que para él había sido análisis de probabilidades, elección o simplemente confianza en la rabdomancia ambulatoria, se volvía para ella simple fatalidad. "¿Y si no me hubieras encontrado?", le preguntaba. "No sé, ya ves que estás aquí..." Inexplicablemente la respuesta invalidaba la pregunta, mostraba sus adocenados resortes lógicos. Después de eso Oliveira se sentía más capaz de luchar contra sus prejuicios bibliotecarios, y paradójicamente la Maga se rebelaba contra su desprecio hacia los conocimientos escolares. Así andaban, Punch and Judy, atrayéndose y rechazándose como hace falta si no se quiere que el amor termine en cromo o en romanza sin palabras. Pero el amor, esa palabra...

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RAYUELA      

6   bis

 

 

 

 

 

¿Y si no me hubieras encontrado?

 

No  se encontraron en ese destino común, que parecía encapricharse siempre en una recurrente manía de reunión fortuita o no tanto, porque de antemano sabían que por más que intentaran burlarlo, los vericuetos y dobleces de las calles, los balcones, los adoquines y los carteles siempre atinaban a dar una señal, como si se obstinaran en declamar a viva voz el recorrido de uno de los dos, anticipando con un color el devenir del otro.

No hubo señales esta vez, los rojos, los verdes, los azules y amarillos estaban destiñéndose y los impregnaba una ausencia de sonido que hacía imposible distinguir en esa atmósfera aséptica algún indicio del otro.

Como perros resfriados deambulaban perdidos, y el instinto animal que podría haber sido una posibilidad, había quedado adormecido por el cansancio. La impronta de las huellas que antes habían quedado impresas en las baldosas de las veredas se confundían entre las miles dibujadas, sobre las propias, y era imposible distinguirlas. Intermitentes bandadas de aves sobrevolando en círculos el barrio, sólo esbozaban el augurio de un frente de tormenta.

Y las gotas precipitándose como suicidas en masa, arremolinadas por el viento, limpiaban como a baldazos las calles y la bruma espesa de cinco centímetros sobre el asfalto negro mitigaba toda esperanza de alguna probabilidad de encuentro.

Y lo impensado sucedió, las calles se convirtieron en verdaderos laberintos, en los que ningún cálculo matemático sirvió, ninguna estadística colaboró para que él pudiera encontrar el rumbo que lo llevara hasta ella.

Ella se encogió de hombros, prendió un cigarrillo y se puso a mirar una vidriera, absorta en sus devaneos y se perdió en los círculos concéntricos de humo que se desvanecían golpeando atolondrados las varillas del paraguas.

Él dedujo que al fin y al cabo sólo era cuestión de probabilidades, y que evidentemente esto confirmaba su teoría de que para que una regla fuera  tal, debía contraponerse una excepción.

Se extrañaron, se sorprendieron en una imagen común de encuentro metafórico y se amaron, como siempre a destiempo.

 

SILVIA  ESTÉVEZ

 

 

 

 

 

 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-