"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




PABLO CASTRO: Mandarinas

Publicado en relatos el 10 de Noviembre, 2010, 14:42 por MScalona

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Mandarinas

 

 

 

            Habíamos decidido hace varios meses que no nos íbamos a ver más. Bueno, en realidad ella me había dicho que no me quería ver más y yo acepté. La razón la asistía, era casada y eso hoy en día como que es re importante.

         La última vez que nos vimos me regaló mandarinas. Yo acepté y camino a la parada del colectivo las iba comiendo. Eran dulces. Muy dulces. Eran de Entre Ríos y las había traído el marido de un viaje a Victoria. Las heladas del invierno las habían endulzado, pero a mí me daba risa el hecho de llevar una bolsa de mandarinas luego de hacer el amor e irme, como una especie de amante del tercer mundo.

         Recordaba unos diez años atrás, cuando mi hermano mayor había empezado a salir con una tal Marta, a la que conoció por Internet y antes de llevarla al departamento ya le había visto las tetas por la pantallita del Messenger. “Tiene unas tetas bárbaras”, dijo mi hermano. Pero claro, en persona las tetas eran lo de menos, una mala operación de nariz, un pelo teñido de colorado y una mujer de casi cincuenta vistiendo de rosa te hacían pensar en una barbie bastante extraña. La Barbie pororó, la bautizamos con Cacho. Porque tenía menos formas que un pororó. Pero bueno, a mi hermano le dio cierta ternura y decidió garchársela dos o tres veces antes de decirle que no estaba listo para una relación, cosas de los Caster, familia gaucha y bravía para el amor si las hay.

         En síntesis, para no aburrirlos con detalles ni herir susceptibilidades de las cincuentonas y gordas presentes, el tema es que por esa época andábamos más pobres que ahora y a la segunda visita de Marta se apareció con unas milanesas y verduras para la ensalada. Mientras mi hermano se la transaba en el living con Cacho nos pusimos a cocinar y nos sentimos como unos cafiolos disfrutando la ventaja de la pinta y buena voluntad de mi hermano mayor. A Cacho le causaba bastante desagrado la dama, miró el living, miró las milanesas y me dijo “le sale barato el taxi boy a la gordita, eh”. Pero bueno, esa es otra historia que debía más o menos contar para entrar en clima de por qué me daba risa ir comiendo las mandarinas que mi amante me había dado de regalo, y yo para desbaratar un poco la situación apliqué en pago a mis servicios de amante.

         Ex amante, porque ese día, luego de hacer el amor y acariciarnos un rato mientras oscurecía y antes de que llegue el marido; me dijo que la situación no daba para más, que habíamos tenido suerte hasta ahí que no nos hayan pescado, que estaba teniendo más relaciones conmigo que con Juan Carlos, y eso estaba preocupándola.

         Una de las pocas cosas que aprendí con respecto al trato con mujeres, es que es mucho más fácil si entendés que son más sabias que uno, callarse la boca, sonreírles y darles la razón. No iba a ganar nada retrucándole los argumentos. Ella tenía razón en lo que decía y era mejor, tal vez, así. Acepté las mandarinas y me fui sonriendo a pesar del despido anticipado.

         Aparte no creí que se la iba a aguantar, tiendo a pensar que soy tan buen amante que ninguna mina que me pruebe puede darme de baja sin sufrir. Pero claro, los que escribimos tendemos a veces a vernos un poco mejores de lo que somos. La guacha, pasaban los días y no llamaba. Yo esperé un par de días, mensajeé pero nada. Desistí y apunté para otros rumbos más propicios. Ahí me di cuenta que en realidad la quería.   

         Escribí dos o tres poesías bastante pedorras sobre el amor y el desamor, salí todas las veces que pude, me fui a Casilda con Nikito que tocaba Cool Confusion, me empedé, me drogué, en síntesis: traté de estar ocupado para no pensar pavadas. Pero no la olvidaba. Decidí que si algún día llamaba, no la iba a ver más.

         Entonces un día me llamó, para preguntarme como andaba, dijo. Bien ¿y vos? Le dije. Bien, medio embolada porque mi marido viajó ayer para Buenos Aires. Mirá vos, le dije. Che ¿Y vos, tus cosas, en qué andás? Nada, todo igual, todo bien. ¿No querés venirte un ratito? Yo hice silencio, un silencio incómodo para tratar de articular la frase que le iba a hacer sentir lo estúpida que había sido en cortarme el rostro, no me salía la frase precisa, la palabra justa, la bella frase que la hiciera sentir abandonada y vacía, que doliese más que la muerte. Obvio que la frase, tantas veces pensada en esos meses, no se me venía a la cabeza. Escuché una risita entre la interferencia de mi Nokia 1100 y  me dijo “dale, esta vez te doy manzanas”. Me tuve que reír, colgué y me fui a tomar un taxi.

 

 

 

                                                Pablo  Castro

 

 

 

 

 

 

          

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-