"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




11 de Octubre, 2010


Sobre la feria del Libro de FRANKFURT

Publicado en De Otros. el 11 de Octubre, 2010, 21:15 por MScalona

El McDonald"s de los libros

Esteban Peicovich

La Argentina es el único país que al mismo tiempo tiene muchos poetas y pocos poetas. Lo decía Daniel Giribaldi hace medio siglo. La cosa sigue igual. Puede que no sean más de tres (si los hay) los escritores actuales que pasen la Aduana del Tiempo. No obstante, a la Feria de Francfort  llegó un malón de genios literarios ávidos por ver sus libros y chequeras traducidos al gótico. A los novatos les debe haber dado un sofocón. Pero ¿ésto que es? Ni la de Bologna (para niños) ni la de Madrid (en un parque) ni la de Nueva York (en la calle).  Francfort es un desierto tártaro. Elefantiásica caja registradora de varias hectáreas operada por editores y agentes que bisbisean y pujan buscando acotar lo literario y amplificar lo banal. Hangares kafkianos en donde si entra una metáfora, va presa. Se trata de alentar todo título que asegure  la expansión de la imbecilidad reinante. Para eso, practican la del tero. Simulan su respeto por clásicos y grandes obras mientras dedican el noventa por ciento de su inversión al libro "plin caja". Francfort va a lo suyo. Es el McDonalds del libro. Y siendo así (y así es) ¿a qué van a meter allí su nariz los escritores? Pues a ver si se les da, si rompen la piñata, si se forran. Esto es, algo que jamás pasó por la cabeza de Holderlin, César Vallejo, Rimbaud, Virginia Woolf, Di Benedetto, Felisberto Hernández y tantos pobrecitos más. Esta angurria por inflar el ego y publicar como sea ataca a muchos plumíferos de la ciénaga natal. Un sarpullido que podría disculparse en los más jovenes (al menos una vez) pero no en veteranos y veteranas que voltean al que sea con tal de hacerse de ese viaje, esa beca, ese premio.

A este real infierno mercantil del libro acudió una delegación que diseñó la Cancillería según oportunista Kanon hormonal. La Feria (pro china el año pasado, pro islandesa, el próximo) este año invitó a la Argentina. Los Kirchner (tan suyos) optaron por enviar Su Argentina. La de Maradona, Evita y el Che (ninguno de los cuales escribió un libro). Ni por error fue uno de Sarmiento (cuya obra alcanza 53 volúmenes: sic) El icono mandante fue el de Maradona y bajo su protección espiritual e intelectual fue que discurseó la presidenta. Este mega blooper oficial (y otros) se atenuó en parte por el discurso de Grisleda Gåmbaro. La dramaturga estuvo a la altura de su obra. Habló de preservar el espírtu crítico y de la disidencia como estado de alerta. Reconoció que "es lícito creer que los escritores seremos vencidos" por el poder del mundo,  pero sugirió "porque la literatura imagina, porque los hombres y mujeres son capaces de imaginar, también los políticos podrían imaginar audazmente. Atreverse, como aquellos grandes escritores que inventaron la realidad del poema o la novela, a imaginar otra realidad posible que no sea ésta, la de los incesantes conflictos".

A ciertos plumíferos de la Korona les cayó mal el Premio Nobel dado el jueves a Mario Vargas Llosa. ¿Que quiénes son los genios que se le echaron a la garganta?. Pues ninguno que haya concretado una obra como la del peruano, que aún irregular, posee picos notables. El estallido de envidia y mezquindad suspende el juicio. Más viniendo de writers que tienen voz propia y uno quiere. ¿Qué bicho le habrá picado a Gorodischer para, entrada en trance, aullar por radio "Oh, noooooo ¡Qué espanto! ¡Qué horror! ¡Qué verguenza! ¡Con las imbecilidades que escribe!" O, consultados por la Deutsche Welle el lacónico Federico Jeanmmaire sentenciar "Muy comercial" (sic) y Luisa Valenzuela (que no puede con su frivolidad) despacharse un: "¡Qué patético! Lo merecía Carlos Fuentes". Carecer de estilo propio y sufrir por envidia lleva a estas mezquindades. Tener conciencia laxa y ego fosforescente convierte a la persona en un oximoron parlante. Y de no saberlo, en ente. ¡Qué patético!

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* Especial para Perfil.com

FELICITAS MAINI, Una Mujer Sola

Publicado en relatos el 11 de Octubre, 2010, 18:09 por Feli

Una mujer sola.

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Salí de mi casa temprano con alguna excusa, quería irme. El se había quedado en la cama, tomando café.

-Te vas?

-Sí, tengo cosas que hacer.

-¿Hoy domingo?

-Si si siii…. hoy – sin mirarlo y con impaciencia.

-Te espero hasta las dos, después me voy, tengo que laburar.

-Vuelvo – dije sin ganas, pensando en lo contrario, dejar pasar la hora y volver tarde para no encontrarlo, quería curarme de esa mala noche: sexo aburrido y charla descolorida.

Caminé hasta San Juan, compré el diario en el camino, iba sin rumbo, pensé en tomar la K y desayunar en La Capilla ese café con leche de bar de pueblo que me llevaba a memorias felices.

La vi antes de llegar a la esquina. Una pareja siguió de largo y decidió esperar el troley en la cuadra siguiente, con cara de “novayaaserquenoscontagiealgo” si nos sentamos con ella en el refugio.

La temperatura subió, el frío ya no se siente, sin embargo ella está ahí, a mi lado seria, firme, esperando; adivino que lleva puesta toda la ropa que tiene. Cubre su cabeza un pañuelo raído, ha sido puesto con fuerza, el nudo debajo del mentón parece que casi la asfixia. Por afuera un saco gastado, tipo montgomery, añoso y nada limpio, a falta de botones una tira de alguna tela lo asegura a su cintura, un buzo verdigris indeciso asoma por el cuello, sigue una pollera larga debajo de la cual lleva unos jeans desteñidos…miro sus medias, son de colores diferentes y las zapatillas de caña alta, de “básquet”, no acuerdan con su edad. Su cara es el rostro milenario y común de la necesidad, hay sequedad, arrugas y gesto adusto.

Cada minuto deja la vereda, baja a la calle, se mueve casi al medio y mira, entorna los ojos y mira otra vez.

Un silencio perfecto se asienta sobre San Juan un rato largo. Pasa un auto tuneado, pendejo y cumbia a volumen feroz, pero el colectivo no llega.

Algún tipo de ansiedad la hace temblar; tratando de no ser indiscreta miro sus manos, chicas, sucias y callosas, hablan de su vida. Pasa un cuarto de hora, es domingo, los rosarinos de a pie sabemos que los feriados hay que ser paciente, el transporte llega cuando quiere, o cuando puede, siempre larga la espera.

A mí me viene bien, la calle es ese desierto amable de los días en que no se trabaja. Ella, en cambio, se revuelve inquieta, da vueltas sobre si misma en una o dos baldosas, se pasa la mano por la cara, no transpira, sufre. Se distrae un instante mirando una leve línea de tiza azul que resalta en la pared:..”te amo Cari..”…. sabrá Cari que la aman?… luego retoma sus pasos a la calle.

Olvido mi cita, total el hombrecito que me espera no me interesa, me acerco y tratando de no ser insolente, sin invadir, le pregunto:

-La veo nerviosa, apurada….la puedo ayudar?

Me mira desde una distancia que desconozco, me hace sentir que vivo en otro mundo. Sus ojos se desvían en la desconfianza, se oscurecen, la han jodido mucho, eso se ve. Frunce el ceño, baja la vista un segundo y me contesta áspera:

-Mi nieto está preso, dice que le pegaron, tengo que ir a la Terminal, el ómnibus a Coronda sale en una hora.

Y mira el cordón, no espera nada de nadie, no cree que vayan a ayudarla, descree de todos. Me conmueve, la cobardía de los que tenemos poco, casi nada, se borra…. alguna bondad escondida me hace decirle:

-La alcanzo, voy para allá, tomemos un taxi.

No me habla, sigue mirando el cordón pero escucho un leve “gracias”.

El taxista para en la entrada de Santa Fe, ni pregunta por las plataformas de los micros, intuye en el desprecio que no viajamos a ninguna parte.

Ella no ha dejado de retorcer sus manos, se huele el dolor o el abandono; antes de que se baje le pongo en su mano dos billetes y me explico casi con culpa:

-No tengo más.

Se baja, cierro la puerta del taxi, se va, camina dos pasos, vuelve, se asoma a la ventanilla y me dice, bajito, otra vez:

-Gracias doña.

La miro y me sorprendo, hay una casi sonrisa en los ojos, me agarra la mano y me devuelve uno de los billetes.

-Le mentí, quería comer, en el bar de acá me guardan las sobras…. pero usté es buena……

Se va. El tachero me mira por el espejo como diciendo “boluda, te engañaron”.

Pero no, me siento bien, no se porqué…. me voy a casa.

Quedó tortilla de anoche y el tetra que dejó el hombrecito.

Feli.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-