"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




9 de Octubre, 2010


GUILLERMO SEVLEVER. El chino se sentó...

Publicado en Cuentos el 9 de Octubre, 2010, 13:54 por MScalona

El chino se sentó en la cama

con los codos apoyados en las rodillas.

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La casilla tenía olor viciado y rancio de cigarrillos apagados, de ropa sucia, de basura de días acumulada. La luz débil que bajaba desde la bombita colgante le daba al lugar una atmosfera turbia. Al otro lado de la mesa, y recortado por una sombra, estaba el santo, llenando el rincón junto con vasos de whisky, y algunas botellas de cerveza con velas rojas derretidas en sus cuellos. El  Chino se sentó en la mesa improvisada por dos caballetes y una tabla de machimbre, pegoteada con manchas de mate, cerveza, y algunos restos de comida. Tenía un bache mental, no se acordaba de nada. Sabía que antes de salir había prendido las velas que ahora estaban apagadas, y sabía, que le habían dado el dinero con solo mostrar el mango del arma. Lo demás era muy confuso, pero no le importo, el laburo había salido bien y nunca había visto tanta cantidad de guita junta.

 Se puso a contar el dinero, -cien, doscientos, trecientos-. Contaba en voz baja, susurrante, sus manos tenían la agilidad, y la precisión de un crupier. -Cien, doscientos, trescientos, trescien…cien -estaba mareado- doscientos -le latía la cara- cien, cien, cien, -la mancha del billete era un puntito de color ladrillo. Dejó de contar, pero se quedó repitiendo unos segundos, como en trance, concentrado, con las manos en la cabeza, y la vista nublada, el número del billete; como si lo estuviese memorizando en voz alta. -Cien… cien… cien… Vio la imagen mental de unas manos que dejaban caer billetes al aire, mientras unos ojos sin rostro lo miraban. Tuvo miedo, pensó que se estaba volviendo loco. Le echó un vistazo a la casilla: nada había cambiado, todo estaba desordenadamente igual. Trató de dejarlo para más tarde, pero experimentó un deseo impulsivo por contar: -cien, doscientos, trescientos. Las imágenes volvían a imponerse, unas manos levantaban apuradas los billetes entre los yuyos, -trescientos, trescientos-  una idea se le cruzó por la cabeza, los ojos que creyó ver le parecieron conocidos, lo miraron con cierta complicidad irónica. Siguió contando: -cien, doscientos, trecientos-, ahora los números se le iban aclarando, contaba a un ritmo frenético, desbocado, moviendo los dedos aceleradamente y excitados, chistaban ansiosos por saber el total. -Cien, doscientos, trecientos, cuatrocientos, quinientos, seiscientos, setesc… set… : la mancha de ese billete era mas grande; la vio con forma de lágrima, saliendo de los ojos familiares que había visto antes; y mientras caía lenta por una mejilla angulosa, iba formando una cara. Y vio un cuerpo, a punto de caerse con las manos enchastradas en sangre. Unos billetes se esparcían caprichosos por la brisa nocturna como mariposas blancas, y unos ojos ya muertos, parecieron mirarlo escondiendo una sonrisa secreta. Después se vio así mismo, agachado, agarrando  apurado la plata entre los yuyos.

Se quedó un rato tocando el billete con la punta de sus dedos, como si pudiese darle una respuesta o incluso un motivo de lo que había hecho. Pero sintió que le quemaba las manos, que nunca lo iba a poder gastar, que estaba sucio, que él estaba sucio. No pudo contar más; pero siguió escuchando el susurro monótono, y lejano de su voz contando: cien, doscientos, trescientos, cuatrocientos… Afuera empezaron a aullar unos perros como si estuviesen lamentando algo. Agarró el arma: lujosa por los reflejos de la luz artificial. Con la respiración jadeante, la mano ansiosa ponía y quitaba el seguro, emitiendo un ruido mecánico; clinc-clac-clinc-clac,  mientras los ojos vidriosos miraban al techo de chapa, salpicado por algunas telas de araña polvorientas, que mordían los tirantes. Respiró hondo, cortó la respiración, cerró fuerte los ojos,  apretó los dientes, y se llevó rápido el arma a la sien…Un silencio, percibió un silencio bombeante, sanguíneo. Creyó que el pecho se le iba a reventar, mientras se imaginaba el estruendo ensordecedor y el olor amargo de la pólvora flotando, con la bala inconciente ya en su cabeza. Repitió la acción tres veces y cansado, agotado por el miedo y la impotencia, bajó el arma, se refregó los ojos con las manos, como si se hubiese despertado de un mal sueño y agarró el dinero.

Al la madrugada, la policía encontró el cuerpo amarillento tirado al lado de la mesa. El dinero estaba amontonado desordenadamente a los pies del santo, como una ofrenda, bajo un charco de sangre oscuro. Algunas velas estaban encendidas, y proyectaban una sombra ondulante y agrandada de la figura, sobre la pared de ladrillos huecos, confundiendo a los agentes, que al entrar le apuntaron instintivamente. El cuerpo había quedado casi de costado, con las piernas juntas y un poco flexionadas. La boca estaba entreabierta y los ojos esclarecidos, lúcidos, parecían mirar el infinito desde la muerte y entenderlo todo. Tenían la misma expresión que los de su amigo.    

              

GUILLERMO  SEVLEVER

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-