"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




MAYRA RODRÍGUEZ, "Matáme"

Publicado en relatos el 8 de Octubre, 2010, 11:44 por MScalona

MATÁME

 Por MAYRA RODRÍGUEZ

Las ganas de orinar la despertaron. Permaneció en la cama sin siquiera sacar el brazo para ver la hora. A través de la persiana, el día se filtraba en un primer momento soleado. Antes que su vejiga estuviera por estallar, pudo ver como se iba nublando. Mejor, no tendría que dar excusas para no ir al parque.

Frente al espejo del baño, aun con la bombacha en los tobillos, se recogió el cabello con unas pinzas e improvisó algunos estiramientos faciales para sus  patas de gallo.

No quiso cocinar, ni vestirse para recibir al delivery. Calentó la lasagna sobrada de días anteriores. Mientras masticaba, calculó los días que llevaba en la heladera. Si bien no experimentó un sabor agrio ni olor feo, una arcada se adelantó y corrió a escupir el trozo al tacho de basura. Chau almuerzo. Empujó el resto con el tenedor y dejó el plato en la pileta. Vio la pila por lavar. Ahora no.

Se asomó por la puerta para asegurarse de que no era una nube pasajera. Ya se larga, pensó. Se puso una remera y un par de medias. Andar en bombacha por la casa le había enfriado la espalda.

Se echó en el sillón. Puso las piernas sobre una banqueta. En el apoyabrazos acomodó el celular, el teléfono inalámbrico y el control remoto.

Repudió la propaganda de Coca-cola. La madre sirvió la mesa. La  familia esperaba sentada con una sonrisa. Recordó el uso de  la  Coca Cola para aflojar tuercas. Imaginó los dientes de esos niños como tornillos flojos y frágiles. La madre escupiendo tornillos como dientes. El padre atragantándose con uno y todos corriendo a hacer las maniobras para que no se ahogue. Ya no se veían tan felices. Rió amargamente. Casi no existen madres que sirven la mesa, ni los almuerzos son en familia. ¿Qué nos quiere vender esta gaseosa puta? Le dio sed. Abrió la heladera y se prendió del pico de la Coca que estaba en la puerta.

El zapping fue cíclico. A las dos vueltas y media sonó el teléfono.

-                    Nena

-                    ¿Qué hacés?

-                    Acá, recién me levanto.

-                    Está horrible. ¿Vamos al shoping?

-                    Matáme.

-                    Dale, con el día así no se puede hacer nada.

-                    Ni en pedo, debe estar lleno de cochecitos. No podés ni caminar.

-                    Tengo que comprarme zapatos.

-                    Andá en la semana. Ahora llegar es insoportable. Y cuando querés salir del estacionamiento te dan ganas de jugar al bowling con el auto.

-                    ¿Te llamó?

-                    ¿Quién?

-                    El gordo, boluda.

-                    Ah. Sí, el jueves.

-                    ¿Y qué dice?

-                    Lo de siempre, pavadas. Qué dejó a la novia, que quiere estar conmigo, bla, bla, bla.

-                    Y ahora que está solo no le das pelota. No te entiendo.

-                    Se tiraba muchos pedos.

-                    Bueno, pero eso fue al principio.

-                    En la segunda cita, ¿y?

-                    ¡Estuviste más de un año con él!

-                    Necesidades fisiológicas. Nunca le dije que deje a la mina.

-                    El peor defecto del gordo es que no es Martín.

-                    …

-                    Bueno ¿a la noche vas a hacer algo?

-                    No sé, avisame si se juntan.

-                    Bien.

-                    Beso.

Volvió al zapping. Se detuvo en algunos canales de películas. Historias conocidas. Todas. Aburrimiento. Shakira moviendo el culo en MTV. Imaginó a Antonito chupándole la concha y ella descaderándose en un orgasmo. Será por eso que siguen en pareja. Pensó en la lengua del gordo. Lo que más extrañaría.

 El pedo de la segunda noche fue tema de debate. Una de sus amigas afirmaba que eso demostraba confianza, comodidad. Ella concluyó que no necesitaba esa cotidianidad. El gordo empezó a quedarse a dormir. Al tiempo jodió con la cena. Lavar  los platos mientras él miraba televisión se convirtió en una rutina odiosa. Jugar a la casita una vez por semana por veinte minutos de placer no era negocio.

-                    Hola.

-                    Mami.

-                    ¿Qué hacés?

-                    Miro una peli.

-                    ¿Vas al cumple de Manuel?

-                    Matáme.

-                    Pero es tu prima che…

-                    Estoy cansada.

-                    Seguro que recién te levantás.

-                    No tengo ganas de escuchar a las madres de los otros pibes hablar del jardincito.

-                    ¿Qué te cuesta?

-                    Me estoy cagando, chau.

Apretó con fuerza el control remoto. Pasó los canales casi sin mirar. Sin pensar. Setenta y ocho. Uno. Dos. Tres. Se detuvo en Closer, como siempre la siguió hasta el final. En la escena, la  joven  reclama llorando que hay un momento en que uno puede dejarse llevar o resistirse. Luego vuelven a ser más extraños de lo que son.

 Ella también lagrimea. Exacerba el llanto con la canción del final. Piensa en Martín volviéndose, de a poco, un extraño. Sólo le queda esa imagen absurda; Martín pelando una naranja, perfectamente, de un tirón, como si esa virtud bastara.

 Mira la hora. La tarde se pasó entera sin hacer nada. Bosteza. Se siente entumecida. Se pone de pie estirando la espalda y suena el teléfono. Es el gordo. Duda en atender. Se rasca el cuero cabelludo y  huele los dedos. Si viene, se tiene que bañar.

-                    Hola.

-                    ¿Qué hacés?

-                    Por bañarme.

-                    ¿Querés que vaya?

-                    No sé… estoy un poco cansada.

-                    Dale, un rato, mirá como llueve, no da para otra cosa.

-                    Bueno, venite.

-                    En media hora estoy ahí.

-                    Bien.

-                    Ah… cocinate algo así cenamos juntos.

-                    Matáme.

-                    Dale…

-                    Anda a cagar, no vengas.

-                    ¿Por qué sos así?

-                    Ya te expliqué, basta,  ahora se me fueron las ganas.

-                    Conchuda.

-                    Bye.

Después del baño volvió al sillón. Nada en la televisión. Nada en la heladera. Nada en la cama. Se sintió muy cansada, pero sin sueño. No dormiría aunque tomara un clonazepam. Ya no golpeaba la lluvia.

-                    Hola.

-                    ¿Por dónde andás?

-                    De Fabi. Pizzas caseras. Vení que ya las ponemos en el horno.

-                    Dale, llevo una Coca.

               

               

Mayra Rodríguez 7-10-10

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-