"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




15 de Septiembre, 2010


Arrimando a CARVER

Publicado en relatos el 15 de Septiembre, 2010, 10:34 por D_Fornaso

        

        

         

Promesa

            

            

            

Al terminar la cena, otra vez la misma discusión con su esposa que le pide que vaya a la cama con ella; él trata de explicar que tiene problemas para dormirse, que prefiere mirar un poco de televisión hasta que el sueño, por fin, lo atrape. No tomés mucho por favor, después estás muy inquieto y te levantás mucho al baño, le pide mientras camina hacia ese lugar. No, quedate tranquila, una copa de vino y voy a la cama.

Por fin se queda solo en el living, el departamento está en silencio y en penumbras, apagó todas las luces menos las pequeñas lamparitas de la barra pasaplatos que separa la cocina del comedor diario: mira la soledad que lo rodea y disfruta de ese momento del día. Camina hacia la heladera, la noche es de invierno y cerrada, sin luna. Sabe que no tendría que tomar tanto para poder dormir, pero sin embargo sabe también, que es imposible que esa noche no tome hasta sentir la seguridad que le da el exceso. El antídoto al miedo del insomnio se vende en cualquier supermercado, piensa, y sabe que  mañana pagará el impuesto por escapar así de los trastornos nocturnos que desde hace tiempo lo asaltan contra el sueño: el sudor frío, el corazón que galopa en un cuerpo lleno de miedo a morir; el dolor en la nuca, el fuego espeso que, por la columna vertebral, sube como lava. Que karma la noche, la puta madre, se dice, mientras destapa una botella de vino tinto de doce pesos. Tal vez si pudiera pagar botellas de treinta o cuarenta, el costo, mañana, podría ser más barato, pero su economía no da para dos botellas por día de ese precio. Sabe que va a fumar, le gusta fumar mientras mira televisión. Termina con la ceremonia de descorche y arrima un vaso, toma la botella con la mano derecha y se sirve por primera vez; los dos o tres primeros borbotones de vino que salen desde el pico de la botella realizan un rítmico espectáculo que ya no se repetirá (al menos hasta la próxima botella), ese ruido único le agrada, siempre le presta una atención extra a ese instante para poder disfrutar de la corta melodía que la botella le regala.  Vuelve a pensar como casi todas las noches, que antes del aburrido Clonazepán prefiere esto: soledad, descorche, canción, oscuridad, televisión y una borrachera leve para entrar en el sueño.

Camina despacio hacia el sillón, prepara el terreno para su momento, sobre la mesa ratona que está entre el sillón y la tele deja el vaso, luego va en busca del control remoto y lo apoya al costado, vuelve a la cocina a buscar un repasador que segundos después utilizará de mantel para apoyar el cenicero, los cigarrillos y la copa de vino tinto. Prende la televisión y deambula por los canales como un zombi. Enciende el primer cigarrillo y piensa en su vida, en lo distinta que seria si fuera interesante, si pudiera tener los huevos para patear el tablero y empezar de nuevo. Pero no se siente capaz, no tiene valor para dejar todo y marcharse (qué maravilla) ni para enfrentar la noche sin alcohol. Los minutos que indica el equipo de música que está debajo del televisor pasan a cuenta gotas: no hay un destino en la pantalla que logre entretenerlo, las canales son como hojas de un libro sin leer.

Vuelve a servirse vino y esta vez nadie le regala una canción. Siente melancolía, piensa en sus ex parejas o compañeras de cama, piensa en que tendría que haber disfrutado más con algunas, no dejarlas ir tan rápido. Incluso hay noches que se excita con estos pensamientos recurrentes, pero hoy no es el caso, solo remueve fotos viejas en su cabeza de alguna de ellas, un agridulce en su medida justa.

Vuelve a poner atención en la tele mientras enciende otro cigarrillo, lo hace con culpa, sabe que fumar lo mata, pero también piensa en que no fuma tanto como para hacerse daño, y cree que eso mismo deben pensar todos los fumadores del mundo: que hay alguien que fuma más que uno y todavía anda por ahí, pitando. Seis o siete puchos al día no es tanto, dejate de joder, se dice a sí mismo y descubre que está por empezar la final de la Copa Libertadores y se interesa en la pantalla, dejando de lado los pensamientos culposos y las mujeres que pasaron y siguen volviendo.

Recién al terminar la botella le dan ganas de ir al baño. Abre muy despacio la puerta de la pieza donde ella duerme, sabe que otra vez va a faltar a la promesa de tomar poco y  dormirse temprano, la mira con cariño y envidia, ella no necesita nada para descansar, le dan ganas de besarla, pero si lo hace corre el riesgo de despertarla y que descubra que ya es tarde, que su aliento huele a alcohol y que le pida que vaya a la cama con ella. Cierra la puerta con el mismo cuidado que al abrirla y ahora sí, se dirige al baño, prende la luz, se refleja al pasar por el espejo pero no se presta atención. Mientras mea sabe que va directo a la heladera a abrir la segunda botella, la segunda canción.

Se repite la ceremonia: destapador, descorche, canción, vaso lleno y otra vez al sillón. Empezaba el segundo tiempo del partido y no pasaban demasiadas cosas. Un instante en punto muerto que se multiplica formando un constante presente que se va hacia el pasado sin dejar nada. Él y el televisor se miraban de la misma manera: sin vida, mecánicamente. La noche se iba convirtiendo en madrugada sin dar señales del cambio, mientras él iba sintiendo que sus ojos le pesaban tanto como sus piernas, que se negaban a caminar derechas hacia la cocina. Vació el cenicero en el tacho de basura, le pegó una enjuagada rápida bajo el frío chorro de la pileta, sacó de la heladera una botella de agua que se llevaría a la pieza –como todas las noches- para, al despertarse con ardor en el pecho, pudiera con un trago apagar el fuego. Calibró con la mirada la botella de vino que quedaba en la heladera, un poco más de la mitad vacía, un poco más de lo prometido se había tomado.

Después de mear otra vez apoyado contra la pared y lavarse los dientes enfiló para la pieza, apoyó la cabeza en la almohada y cerró los ojos. Un pequeño meneo de la habitación lo dejó inmerso en un sueño que al otro día no recordaría.

El radio despertador dejaba salir la voz del locutor que anunciaba un poco más de frío (el invierno se ha estirado parece): tenemos otro día invernal y les recomiendo salir abrigado. Otra vez tuviste una noche de mierda, me tenes la bolas llenas, te pusiste agresivo además, cuando te pedí que te corrieras que me estabas tirando de la cama, me puteaste... otra vez la misma mierda... tomás y hacés boludeses de noche. No tomé anoche, fijate, media botella nomás... es que estoy un poco nervioso por el laburo y no puedo descansar bien. La que no pude descansar bien soy yo, dijo y desapareció de la pieza hacia el baño.

Él se quedó en la cama un rato más y la escuchó salir sin saludar, recién ahí se levantó un poco mareado y con mucha sed, se lavó los dientes y luego tomó un largo trago de agua de la pileta del baño; el agua estaba helada, afuera haría frío otra vez y a él le dolería la cabeza hasta pasado el mediodía. Caminó hacia la cocina, abrió la heladera y al ver otra vez la botella de vino medio vacía se prometió que esa misma noche iba a irse a la cama con ella sin tomar una gota de alcohol. Como cada noche.

               

               

               

                                                

                                                

                                                

Pájaro Fornaso

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-