"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




24 de Julio, 2010


OTRO NOTICIÓN: Pilar y Tomi

Publicado en General el 24 de Julio, 2010, 15:23 por MScalona

Pilarica by you.

PILAR ALMAGRO PAZ  y

Tomy Boasso by you.

TOMÁS BOASSO

fueron invitados oficialmente a leer sus trabajos en el

FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA

ROSARIO 2010 a celebrarse en septiembre próximo.

Considerando la importancia histórica, internacional 

y permanente del evento, se trata de una enorme

y merecida distinción...  que sigan los hésitos...Marce

Anoche en LA CAPILLA

Publicado en Cuentos el 24 de Julio, 2010, 14:43 por Ale Capo
Caponi by you.

Día de trabajo

Mientras esperaba la bandeja con el desayuno tanteó el sobre en el bolsillo de su campera. Una gordita de camisa bordó, moño negro y visera amarilla no dejaba de preguntarle si deseaba agregar algo a su pedido. Murmuró que no y clavó la mirada a su izquierda, en el cuadrito del empleado del mes. Un rubio muy blanco, bastante feo, cara para la ocasión. Parecía haber hecho las cosas relativamente bien durante los últimos treinta días. Sacó un diario y mientras se cercioraba de su fecha sintió un relativo asco por el que, a esa hora y en la otra punta del mostrador, pedía una hamburguesa doble con pepinos.

Con la llegada de las mañanas tibias, le gustaba desayunar fuera. En el deck y desde los cómodos sillones de madera tenía buena vista de la terminal y los ómnibus que entraban. Hacía mucho tiempo que no viajaba así pero, desde siempre, los colectivos le brindaron la sensación del escape, irse a ninguna parte. El turista nunca sabe dónde estuvo; el viajero nunca sabe donde va [1]. Un Urquiza retrocedía desde su andén, creía escuchar como exhalaban los pulmones de la neumática, imaginó alguien que comenzaba a abrir el envoltorio con el sándwich de miga y alfajor de maicena.

Aún le dolía la cabeza. Durante el fin de semana con unos amigos en la isla había fumado, por primera vez, marihuana en pipa. La amable nebulosa del cannabis terminó de envolverlo en el gomón que lo traía de regreso a la guardería y, grotesco, desarticulado, cayó al río. Su estado inhibió todo el resentimiento que su esposa había ido pertrechando desde su partida, veintinueve horas antes.

A la distancia estudió al grupo de adolescentes, buzos Bariloche con capucha, que admiraban su Transalp gris. El casco sobre la mesa lo ponía en evidencia. No acostumbraba trasladarse hasta el centro en moto, era un hombre de ritos y eso implicaba campera de cuero con la que no podría ingresar a la Bolsa. Allí se exigía saco y corbata, incluso en los mediodías de enero cuando las baldosas de la peatonal se convertían en gelatina bajo sus zapatos. Pero aquel lunes no tenía previsto ir, la temperatura era agradable y aún perduraba cierta alegría lisérgica.

Volvió a tantear el sobre.

El resto del día manejó sus cosas por celular. Un gerente de banco colapsado porque había autorizado el pago de un cheque de trescientos mil pesos contra una transferencia de un exportador que a las tres de la tarde aún no había entrado. Un camión con soja rechazado en algún lugar de Puerto General San Martín por gorgojos, materias extrañas, grano dañado y un par de calamidades más. El gringo que desde el techo de la cosechadora, porque abajo no tenía señal, lo puteaba y le decía que la mercadería era calidad exportación, que eran todos, incluso él, unos conchudos, unos vividores enriquecidos a costa de los que laburaban y él que antes de cortar lo invitaba a que le chupe un huevo. Chicago estaba en baja. Los chinos, preocupados por la escalada nuclear entre Estados Unidos y Corea del Norte, habían comunicado su decisión de recortar compras. Los vendedores esperaban el día siguiente, cuando Chicago iría a la suba porque China calculaba que su producción de cerdos se duplicaría en el próximo semestre, aumentarían sus embarques de maíz desde Estados Unidos y, ya se sabe, el maíz tracciona al alza a la soja. El miércoles todo seguiría subiendo al divulgarse que el huracán Rolando recorrería el cauce del Misisipi barriendo todo desde Louisiana hasta Minnesota. O abajo porque el mismo huracán Rolando torcería bruscamente su rumbo arrasando con toda la población de la India. Poco importaba. En cualquier caso él y sus colegas pondrían, al gringo sobre el techo de la cosechadora, la piel escaldada por el polvillo del kafir, la mejor cara de yo te avisé.

Como a las siete fue al departamento de una puta conocida de otras veces, justo sobre la galería de Remember. Su bronceado perenne y la marca de una bombacha que no dejaba llegar el sol lo excitaban pero más el patético juego de seducción. Bailaron, ella desnuda, él tanteando el sobre en su campera de cuero. La lúgubre luz de la tarde en retirada, exacerbada por las gruesas cortinas que enmascaraban el grisáceo centro de edificio, lo golpeó. Ella, de espaldas a un espejo, se paró en puntas de pie y pasó la lengua por su cuello, por la perilla de ambas orejas. El quiso besarla. Ella lo rechazó con la palma de la mano derecha sobre su boca. Contoneando suavemente sus perfectas caderas se arrodilló. El, desde arriba, miraba lo que le devolvía el espejo. Una mujer le vendía una fabula.

Al regresar a su casa notó la ausencia de su esposa. Unas milanesas se resecaban en el horno apagado. Sobre la mesa del comedor diario un plato y un individual con motivos de frutas, rojo exaltado por efecto de las dicroicas. Sintió frío. En la silla vecina descansaba la mochila de su hija. Abrió el sobre y lo releyó cuidadosamente. Despacio subió la escalera que lo llevaba a los dormitorios. Ella dormía y no se despertó. La quimioterapia, lunes, miércoles y viernes la agotaba. Se sentó en la cama, a su lado y acarició su cabeza, apenas salpicada de unos pocos mechones rubios. Apagó el  monitor de la computadora, ese protector de pantalla, los rasgos idiotas de Robbie Williams. Volvió al comedor diario. Las milanesas todavía estaban tibias.

                                                        ALEJANDRO    CAPONI



[1] Martín Caparrós, La Guerra Moderna.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-