"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Ejercicio SALUZZI

Publicado en Nuestra Letra. el 2 de Julio, 2010, 18:15 por M_C_Faggi

           

Perfumada   de  claveles  y  rosas

Una manada de nubes descendía por las sierras como si estuviera tapando la tierra para esconderla. La bruma, densa y húmeda comenzaba a posarse sobre su cara. Cerró los ojos para sentirla. Respiró nube, extendió los brazos y quiso mirar al sol que apenas dibujaba su perfecto contorno en aquel telón infinito. En cualquier dirección que miraba, se hundó en una espesa cortina de vapor. Nunca había tenido tal sensación, seguridad y miedo; como si nada más en ese mundo existiese, como si cualquier cosa pudiera aparecer al quitar el velo a nuestros ojos. Era mejor no caminar en esos días -decían- era mejor esperar a que el alpa puyo desapareciera.

No podía quedarse muchos días en aquel pueblo, debía seguir su viaje. Así que entró a la casa, y mientras desayunaba, revisó el camino que le habían indicado la noche anterior: eran 4 Km. al norte. Iba a ser fácil de encontrar, estaba sobre la ruta y si se fijaba bien, al costado había un invernadero lleno de claveles y rosas. Buscó las cartas, las metió en el bolso, se anudó la bufanda que le hacía juego con los zapatos rojos y salió.

-Derechito derechito hacia el norte, ¿vio? Bueno, que no se puede perder- sentenció con voz amable aquella señora que la había hospedado durante unos días.

Saludó de lejos a la dueña de casa, que estaba parada en la puerta y sacudía la mano efervescentemente. Se ve que la historia que le había contado de su familia le llegó al corazón y la mujer se sintió un poco protagonista por ser la única que pudo enseñarle donde vivía Manuel.

La neblina se fue descosiendo, como jirones de seda que se esfuman flameando a las alturas. Las sierras quedaron desnudas y los húmedos verdes se mostraban salpicados de flores amarillas y violetas. La cautivó ese verde tan intenso, vivo, tan alegremente verde. Sus zapatos rojos se iban empolvando con la tierra mientras que el ruido alborotado del ripio saturaba el aire. De vez en vez se detenía, y volvía a sentir la fuerza de la inmensidad, la grandeza del silencio. Cuando ya el placer se convertía en inquietud, comenzaba a caminar de nuevo. Así llegó a una casa vieja, con algunas tejas del techo salidas, la pintura de las paredes descuidadas, lo poco que se veía entero era el invernadero, que sí, estaba al costado de la casa. Aplaudió, como veía que hacía la gente de estos lugares para avisar que había llegado; solo el eco le fue devuelto. Abrió la puertita de la verja de madera blanca y pasó. Caminó,  sin saber porqué, en puntitas de pie, hasta llegar a lo que parecía la entrada principal. Golpeó, pero nadie respondió.

 Dio la vuelta a la casa, se asomó por las ventanas, la luz brumosa hacía que ese lugar pareciera mas sólo de lo que estaba. Nadie, ¿nadie? Recorrer distancias incalculables ¿para encontrar a nadie?  Espió por los vidrios del invernadero, vio las rosas y los claveles que le habían comentado casi al pasar. No se dio cuenta de cuando ni como entró, pero sí del aroma dulce que la colmó de repente. Un perfume tan delicado, femenino, amable, tan conocido, intenso, que no pudo saber bien a que recuerdo pertenecía.

-          ¡Don Manuel!- gritó, ya con desesperanza.

-          ¿Quién busca?- se oyó desde el fondo.

La sorpresa se le agolpó en el pecho, respondió mas que por responder, para asegurarse que lo que escuchaba no era su imaginación.

-          Mi nombre es Camila, soy nieta de Amalia Gaitán.

El hombre tomó el bastón, y apareció por uno de los corredores del invernadero. Le costaba caminar, y con el paso del tiempo, los dolores eran cada vez más traicioneros. Camila fue a su encuentro, apretó la mochila, quería volverse a asegurar que había traído las cartas, ahí estaban. Relajó el entrecejo, y sonrió. En el apuro de aquella mañana era capaz de olvidarse justo eso.

-          ¡Don Manuel...!- quiso empezar a hablar, a contarle de su viaje, de lo que había descubierto, sobre todo de su abuela, pero el rostro desfigurado del pobre hombre le supo a insulto -¿Don Manuel…?

-          Creo que soy yo a quien buscas- le contestó con la mirada clavada en sus ojos - Cuéntame porqué estás aquí, así podrás marcharte sin mas demora- su voz todavía había conservado el acento madrileño.

Recién en ese momento, Camila vio, donde estaba parada. Pudo darle real materialidad a lo que hacía poco, sólo era alimento para su imaginación. Iba a cumplirse casi un año de la muerte de su abuela. Quién había sido su compañero durante toda la vida la siguió unos meses después, pero no sin antes torcer un poco la espalda y tirar por la borda algo que lo envenenaba.

-          Cuando mi abuela murió, mi abuelo Luís decidió contarme lo que iba a ser un secreto que terminaría de pudrirse con él. No sé porque confió en mí. Me contó de la guerra en España, la violencia…

Las imágenes comenzaban a pasar delante de los ojos de Manuel. El rostro de Amalia aparecía alejándose, hasta hacerse irreconocible, luego el mar, el barco que lo trajo a la Argentina

-          el miedo, el hambre, el exilio, la miseria humana …

…el desarraigo, la soledad, el mundo se había olvidado de él. De pronto, en frente suyo estaba Amalia, hablando como siempre con las manos alborotadas, haciendo gestos que acompañaban todo lo que decía y hacía

-          pero sobre todo hizo hincapié en los beneficios que tenía por ser parte de la guardia urbana de Santo Domingo…

…Santo Domingo, tantas veces lo escribió, tantos años ya. La casa de Amalia, la ventana, el almacén de ramos generales, la iglesia, el correo, los amigos, las callecitas de tierra, las castañas asadas en invierno, los besos de Amalia… Sus ojos, su perfume, toda ella frente a él…

-          Mi abuela guardó luto durante años, creyendo que Ud. había muerto tratando de escapar. Pero el acuerdo era que cuando Ud. llegara a la Argentina le enviaría la primera carta, y luego, le mandaría el pasaje para empezar de nuevo juntos. ¿No fue así Don Manuel? –

-          Sí, mi querida y así cumplí- murmuró el anciano.

Las arrugas de la cara de Manuel siguieron inmutables en el espléndido ramo de  ensueño que lo abrazaba. Amalia… cuántas cartas le había escrito, cuántas noches pensando en ella. El camino al correo era casi diario, la respuesta siempre nula. Creyó que iba a enloquecer por su ausencia. Los meses pasaban, la angustia le ganó el pecho y el invierno lo encontró para no abandonarlo. Quiso odiarla, aborrecerla, pero no pudo. Quiso desterrarla de sí, pero seguía viva en el perfume de las rosas. Las visitas al correo se hicieron cada vez mas espaciadas y terminó pensando que le había pedido demasiado.

-          Ella esperó esas cartas durante años, y en su desesperación, también le escribió. Mi abuelo nunca pudo perdonarse lo que hizo. Por sus contactos en el Estado él tenía acceso al correo, y sólo guardó las de ella – Entonces Camila abrió la mochila y sacó las cartas.  

Él quiso volver a ver a Amalia, pero esta vez una joven de ojos inmensos lo esperaba impaciente, agachó la mirada:

Don Manuel J. Alcaraz – en perfecta caligrafía dibujada.

Su letra, era la letra de Amalia. Sintió una descarga en el pecho que se adentró hasta explotar en sus ojos. Estiró la mano con una lentitud desesperada, tomó las cartas, leyó el remitente, y las apretó contra él, otra vez le pareció sentir el perfume de claveles y rosas.

            

                  

            

                  

María Clara Faggi

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-