"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




2 de Julio, 2010


Jekyll y nosotros...

Publicado en Fotitos. el 2 de Julio, 2010, 23:57 por MScalona
pretty lat/long

Aid-Nico Aimetti Aid-Mariano Aliau
Nicolás Aimetti                                         Mariano Aliau
 

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Aid-Any LArdone Aid-Ariel Zappa
   Analía  Lardone                                           Ariel  Zappa

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Aid-Ce Rivarola Aid-Claudia Malkovic (1)
   María Cé. Rivarola                                     Claudio Berón

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Aid-Claudia Malkovic Aid-Fer artana
Claudia Malkovic                                     Fernando Artana

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Aid-Gabi Rapelli Aid-Nati Massei
Gabriela Rapelli                                        Natalia Massei

 

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y más, 1º julio...

Publicado en Fotitos. el 2 de Julio, 2010, 23:31 por MScalona
Fiesta 1º jul 2010 006 by you.

Fiesta 1º jul 2010 002 por Taller Literario Marcenomalumbré.

el lugar, JEKYLL y HYDE, Pje Zabala y Mitre, ROSARIO, frente

a la placita del "Che".  Hermoso el ámbito del subsuelo,  el  SUM,

íntimo, cálido, de buen gusto, justo para estas ceremonias...

más de anoche...

Publicado en Fotitos. el 2 de Julio, 2010, 23:28 por MScalona
Fiesta 1º jul 2010 007 by you.

de anoche...

Publicado en Fotitos. el 2 de Julio, 2010, 23:23 por MScalona
Fiesta 1º jul 2010 008 by you.

Fiesta 1º jul 2010 003 by you.
Marce-recita 2 by you.

LOS QUE TENGAN OTRAS FOTOS, por favor, súbanlas o me las envían por

mail y yo las posteo.  Yo filmé todo el recital, voy a hacer unas copias y las

vamos pasando.  Fue una hermosa noche de literatura e integración festiva.

Me gustó mucha la ceremonia de lectura y los textos.

El 9 de agosto, lunes, repetimos en el BAR LA SEDE, en el ciclo

ARTE X LA PAZ, donde somos los invitados a leer...

que leí anoche...

Publicado en Nuestra Letra. el 2 de Julio, 2010, 18:28 por Meli
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Es evidente, al menos para mí. Algo cambió. Estos ojos no son los mismos. Desde hace semanas ese ser está reverberando adentro mío. Traté muchas veces de acallarlo, tapándolo con el pensamiento conciente del quehacer diario; sin embargo, cuando el cansancio me gana, él toma el poder. Mi visión del mundo, de las cosas y actos de mi cotidianeidad, acuerda con esa otra mirada, que no puede ser más que la de él.  Se acomodó.

No nos gustamos en un primer momento, con desgano miré su producción pensando que era una película mal filmada, con personajes que de idiotas no tenían nada: eran unos vagos, gente sin nada que hacer de sus vidas, riéndose de los demás, de nosotros, los que trabajamos y llevamos vidas decentes. Idiotas, si; pero idiotas de los despreciables.

-Ya no hay nada más que hacer… Quedate acá negri ¿te molesta arreglarla un poquito, así yo me cambio y voy a hablar con la familia?  - no, para nada (yo soy la que hace el trabajo sucio, idiota! )

Le saco el tubo, las vías, las sondas y le limpio un poco las comisuras y los ojos.  Plano corto: los ojos ya no parecen de vidrio. Son como esferas gomosas, opacas y con una película viscosa. Y están fijos. Me debato entre suprimir esta escena o no: la película no debe contener ninguna acción superficial (muertos, armas, etc.)

Sigo ordenando la mesa: ampollas y frasquitos en filas perfectas, por tamaño, forma y color, como soldados en un desfile militar.

Hace calooor en la disco subiendo el vapor
(Tú sabes quienes somos, los lideres)
Hace calooor en la disco subiendo el vapor (La revolución)

 Los veo a través del ojo de la puerta. Excelente plano: un pasillo largo y oscuro, y allá en el fondo, un grupo de hombres, cuatro, y una mujer, vestidos de amarillo rabioso, bailando al ritmo de esta música. Válido: la música está presente en la escena que se rueda. Radio FM de la costa te trae todos  los hits que vos queres escuchar.  Ellos son los idiotas. Sin motivos, sin razones. Carcajadas para que no pese tanto.

Alguien los hace callar -che, la familia está afuera! Los van a escuchar!

La cámara  va rodando al ras del piso. Se mueve a la par de los pies. Pasos rápidos, amortiguados por las cámaras de aire de las zapatillas. De repente gira hacia delante y se detiene, como quedando apoyada en el piso. Van apareciendo en escena las piernas, la espalda, un cuerpo se aleja por el corredor, hasta el final y dobla.

Pienso que son las 12:05 y ya es mi cumpleaños. Tengo 27 y estoy sola, fumando un cigarrillo en la escalera de atrás. La iluminación especial no es aceptada: dos fluorescentes alargados, con telas de araña son todo lo que hay. Me suena el teléfono y es un mensaje de texto: muy feliz cumple nenu. Nada más. Sé que es de él sólo por lo de nenu. Hace más de seis meses borré  su número para no caer en la tentación. ¿Qué le diría? Gracias por haberte acordado –o- ¿así que todavía que acordas de mí? Te diría -sabés? Se nos acaba de morir un vieja… sí, se murió, chau. Cuando se fueron todos me quedé un rato largo en el quirófano arreglando la cosas. Tenía la boca bien abierta. Se la cerraba y la mandíbula se volví a caer como en los dibujitos. Le tuve que poner una cinta desde el mentón hasta el occipucio para que le quedara cerrada. Y mientras peleaba con eso su mandíbula se abría y cerraba y parecía que decía bla-bla-bla… Mejor suprimir esto: los cambios temporales y geográficos están prohibidos; mi película es aquí y ahora… y vos no. Siempre dijiste que yo era medio-freak. Yo siempre dije que vos eras un idiota, de los despreciables.

Humo, silencio, tiempo muerto. Estoy tan cansada. Sólo quiero dormir pero la sola idea de levantarme e iniciar el recorrido hasta la pieza parece una terrible odisea. Me quedo ahí, con la mirada fija, sentada en el último escalón. Me prendo otro cigarrillo. No lo quiero fumar, y sin embargo aspiro hondo. El humo caliente, amargo me raspa la garganta.

Silencio y esa voz resonando -La austeridad de la escena es conmovedora, lo sé.

-Dale, que pase algo lindo, un giro de comedia francesa… algo… por favor…

La última escena tendría que ser definitiva, rotunda y efectiva.

Todo se vuelve negro.

El nombre del director no aparecerá en los créditos.

                       

                   

                                                               Melisa Sánchez

Ejercicio SALUZZI

Publicado en Nuestra Letra. el 2 de Julio, 2010, 18:15 por M_C_Faggi

           

Perfumada   de  claveles  y  rosas

Una manada de nubes descendía por las sierras como si estuviera tapando la tierra para esconderla. La bruma, densa y húmeda comenzaba a posarse sobre su cara. Cerró los ojos para sentirla. Respiró nube, extendió los brazos y quiso mirar al sol que apenas dibujaba su perfecto contorno en aquel telón infinito. En cualquier dirección que miraba, se hundó en una espesa cortina de vapor. Nunca había tenido tal sensación, seguridad y miedo; como si nada más en ese mundo existiese, como si cualquier cosa pudiera aparecer al quitar el velo a nuestros ojos. Era mejor no caminar en esos días -decían- era mejor esperar a que el alpa puyo desapareciera.

No podía quedarse muchos días en aquel pueblo, debía seguir su viaje. Así que entró a la casa, y mientras desayunaba, revisó el camino que le habían indicado la noche anterior: eran 4 Km. al norte. Iba a ser fácil de encontrar, estaba sobre la ruta y si se fijaba bien, al costado había un invernadero lleno de claveles y rosas. Buscó las cartas, las metió en el bolso, se anudó la bufanda que le hacía juego con los zapatos rojos y salió.

-Derechito derechito hacia el norte, ¿vio? Bueno, que no se puede perder- sentenció con voz amable aquella señora que la había hospedado durante unos días.

Saludó de lejos a la dueña de casa, que estaba parada en la puerta y sacudía la mano efervescentemente. Se ve que la historia que le había contado de su familia le llegó al corazón y la mujer se sintió un poco protagonista por ser la única que pudo enseñarle donde vivía Manuel.

La neblina se fue descosiendo, como jirones de seda que se esfuman flameando a las alturas. Las sierras quedaron desnudas y los húmedos verdes se mostraban salpicados de flores amarillas y violetas. La cautivó ese verde tan intenso, vivo, tan alegremente verde. Sus zapatos rojos se iban empolvando con la tierra mientras que el ruido alborotado del ripio saturaba el aire. De vez en vez se detenía, y volvía a sentir la fuerza de la inmensidad, la grandeza del silencio. Cuando ya el placer se convertía en inquietud, comenzaba a caminar de nuevo. Así llegó a una casa vieja, con algunas tejas del techo salidas, la pintura de las paredes descuidadas, lo poco que se veía entero era el invernadero, que sí, estaba al costado de la casa. Aplaudió, como veía que hacía la gente de estos lugares para avisar que había llegado; solo el eco le fue devuelto. Abrió la puertita de la verja de madera blanca y pasó. Caminó,  sin saber porqué, en puntitas de pie, hasta llegar a lo que parecía la entrada principal. Golpeó, pero nadie respondió.

 Dio la vuelta a la casa, se asomó por las ventanas, la luz brumosa hacía que ese lugar pareciera mas sólo de lo que estaba. Nadie, ¿nadie? Recorrer distancias incalculables ¿para encontrar a nadie?  Espió por los vidrios del invernadero, vio las rosas y los claveles que le habían comentado casi al pasar. No se dio cuenta de cuando ni como entró, pero sí del aroma dulce que la colmó de repente. Un perfume tan delicado, femenino, amable, tan conocido, intenso, que no pudo saber bien a que recuerdo pertenecía.

-          ¡Don Manuel!- gritó, ya con desesperanza.

-          ¿Quién busca?- se oyó desde el fondo.

La sorpresa se le agolpó en el pecho, respondió mas que por responder, para asegurarse que lo que escuchaba no era su imaginación.

-          Mi nombre es Camila, soy nieta de Amalia Gaitán.

El hombre tomó el bastón, y apareció por uno de los corredores del invernadero. Le costaba caminar, y con el paso del tiempo, los dolores eran cada vez más traicioneros. Camila fue a su encuentro, apretó la mochila, quería volverse a asegurar que había traído las cartas, ahí estaban. Relajó el entrecejo, y sonrió. En el apuro de aquella mañana era capaz de olvidarse justo eso.

-          ¡Don Manuel...!- quiso empezar a hablar, a contarle de su viaje, de lo que había descubierto, sobre todo de su abuela, pero el rostro desfigurado del pobre hombre le supo a insulto -¿Don Manuel…?

-          Creo que soy yo a quien buscas- le contestó con la mirada clavada en sus ojos - Cuéntame porqué estás aquí, así podrás marcharte sin mas demora- su voz todavía había conservado el acento madrileño.

Recién en ese momento, Camila vio, donde estaba parada. Pudo darle real materialidad a lo que hacía poco, sólo era alimento para su imaginación. Iba a cumplirse casi un año de la muerte de su abuela. Quién había sido su compañero durante toda la vida la siguió unos meses después, pero no sin antes torcer un poco la espalda y tirar por la borda algo que lo envenenaba.

-          Cuando mi abuela murió, mi abuelo Luís decidió contarme lo que iba a ser un secreto que terminaría de pudrirse con él. No sé porque confió en mí. Me contó de la guerra en España, la violencia…

Las imágenes comenzaban a pasar delante de los ojos de Manuel. El rostro de Amalia aparecía alejándose, hasta hacerse irreconocible, luego el mar, el barco que lo trajo a la Argentina

-          el miedo, el hambre, el exilio, la miseria humana …

…el desarraigo, la soledad, el mundo se había olvidado de él. De pronto, en frente suyo estaba Amalia, hablando como siempre con las manos alborotadas, haciendo gestos que acompañaban todo lo que decía y hacía

-          pero sobre todo hizo hincapié en los beneficios que tenía por ser parte de la guardia urbana de Santo Domingo…

…Santo Domingo, tantas veces lo escribió, tantos años ya. La casa de Amalia, la ventana, el almacén de ramos generales, la iglesia, el correo, los amigos, las callecitas de tierra, las castañas asadas en invierno, los besos de Amalia… Sus ojos, su perfume, toda ella frente a él…

-          Mi abuela guardó luto durante años, creyendo que Ud. había muerto tratando de escapar. Pero el acuerdo era que cuando Ud. llegara a la Argentina le enviaría la primera carta, y luego, le mandaría el pasaje para empezar de nuevo juntos. ¿No fue así Don Manuel? –

-          Sí, mi querida y así cumplí- murmuró el anciano.

Las arrugas de la cara de Manuel siguieron inmutables en el espléndido ramo de  ensueño que lo abrazaba. Amalia… cuántas cartas le había escrito, cuántas noches pensando en ella. El camino al correo era casi diario, la respuesta siempre nula. Creyó que iba a enloquecer por su ausencia. Los meses pasaban, la angustia le ganó el pecho y el invierno lo encontró para no abandonarlo. Quiso odiarla, aborrecerla, pero no pudo. Quiso desterrarla de sí, pero seguía viva en el perfume de las rosas. Las visitas al correo se hicieron cada vez mas espaciadas y terminó pensando que le había pedido demasiado.

-          Ella esperó esas cartas durante años, y en su desesperación, también le escribió. Mi abuelo nunca pudo perdonarse lo que hizo. Por sus contactos en el Estado él tenía acceso al correo, y sólo guardó las de ella – Entonces Camila abrió la mochila y sacó las cartas.  

Él quiso volver a ver a Amalia, pero esta vez una joven de ojos inmensos lo esperaba impaciente, agachó la mirada:

Don Manuel J. Alcaraz – en perfecta caligrafía dibujada.

Su letra, era la letra de Amalia. Sintió una descarga en el pecho que se adentró hasta explotar en sus ojos. Estiró la mano con una lentitud desesperada, tomó las cartas, leyó el remitente, y las apretó contra él, otra vez le pareció sentir el perfume de claveles y rosas.

            

                  

            

                  

María Clara Faggi

NATACHA-PESCETTI en Funes

Publicado en Sugerencias. el 2 de Julio, 2010, 12:04 por MScalona
Natacha en Funes by you.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-