"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




29 de Junio, 2010


Enrarecido... -figura barthiana-

Publicado en Nuestra Letra. el 29 de Junio, 2010, 12:08 por MScalona

Marcelo Scalona, Edit ROSS, 2008

             Entonces echo a andar mi cóctel libresco, mi propia wikipedia no higiénica de voces de la calle, el inconsciente, mis sueños crónicos con Eurídice que se niega a acompañarme al Hades, escenas y subtítulos de pelis, Reales Academias, pitmans de barrio, mi propio Espasa Calpe 1950, letras de tango, sonsonetes que alargan, neologismos, onomatopeyas e incluso, algunos programas gratuitos que hay en la web para subtitular las pelis hackeadas.

            Enrarecida. Dos puntos, mujer que se la pone difícil, solita. Uno o primero o A). Mujer que solita se la pone difícil. Dos: hay palabras mágicas, palabras valija, palabras boomerangs. Especulares. Esas palabras que uno dice de sí,  sin saberlo, sin querer. Predica lo que necesitas decía el hermano Anselmo del La Salle. Por eso pensé en ella cuando lo dijo. Porque Renata es el mejor sinónimo de enrarecida que conozco. El aire de la sala se adensa cuando llega o se va. A más de lo que fume, no cambia después que se ha ido. Si está o se va es igual. Como morada y mudarse; como lunes, jueves o domingo. Renata sacaría de quicio a los presocráticos, como sacó de esa breve beatitud de recién nacida a sus padres, que luego tardaron dos meses en decidir su nombre. Adela, Inés, Alejandra, Catalina, Julia. ¿Será el origen del esquizo? Una bocanada o ráfaga que empieza como prevención (ni bien llega), un gas lacrimógeno (sabe ser muy cursi a veces) y al rato ya no se sabe si algo va a explotar o quemarse. Lo que es seguro, es que vas a quedar en pelotas, sea por pesimismo, deflagración, onda expansiva o sexo urgente y de pie tras los Anales de Legislación de Rosario, siglo XIX, en la Biblioteca Municipal Juan Álvarez, un lugar donde hace tiempo ni siquiera van las ratas. A comer. Un buen sitio para nosotros. Anales tiene una eufonía inmediata con el córtex. Basta escuchar dos o tres veces sus fonemas para ponerse en fila. Renata la repite mientras lo hacemos, como artículos de la ley, letanía, juego nemotécnico, estribillo o poema de montaje: ese instante en que el sonido sólo da el significado. Un tam tam. Tribal: el origen de la lengua, la palabra recapituladora, de atrás hacia adelante. Y hay como un ruido de tambor en esa pose que recuerda el rumor de la selva. De ese sacrificio sale el poema. Un bello acto de canibalismo. Comer lo robado mientras se está robando. De pie, ahí mismo, en la góndola o en la bolsa de basura del consorcio. Devorar. Zamparse al otro. Y el peligro de ser descubiertos. Figuraríamos en los Anales de la biblioteca: anales sin legislación,  anales rectos. Vaya paradoja. ¿El oxímoron sexual…? Podríamos ponerle ese nombre en un kamasutra melancólico.

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      Y a más de inquieta, como se pone en esas ocasiones, empieza a molestar a todos. Esa clase de chica. Claro que rara. Sí, rara como encendida,  el sintagma de Cadícamo. Perfecto.  Y linda y fatal, también, pero eso es de Afiche, de Homero. Nuestro Homero. Yo sé tararearle los tangos y refuerzo la gola en el verso que dice "y aparecés tú…". Ya dije que es cursi, como antiliteraria curiosamente, le viene del tango, como a mí del cine, las telenovelas de mi vieja, Manuel Puig y todo eso.  El lo enfatizo como un pasacalle, como un tú de Bécquer o Darío y aunque haga poses de superada, minimalista, realista, sucia (sucia, más que todo) y harta de escucharme, yo sé que le gusta. Es más, muchas veces me pide que se lo susurre esas noches que volvemos vencidos de bailar o emborracharnos y no traemos nada para la olla de la madrugada. Los Mareados. Somos los mareados, dice, y aprovecha para corregir el nombre original del tango: Los Dopados, de Enrique Cadícamo –dice- y entonces prende un caño.  Algo doble (canelones de verdura, pensaría mi vieja), y dibuja esas volutas como tirabuzones que se pierden desde su terraza frente al río, hipnotizada por el Monumento a la Bandera, la erección permanente;  el falo convertido en tótem; erguido para siempre, porque el monumento a la guerra se construye acumulando toda la sangre en esa parte del cuerpo. Como una bomba succionadora y mejor si es sangre joven. Y mientras fuma, le da de decir esas cosas y me pide que la abrace y la arrulle y le vaya repitiendo todos sus nombres, Renata, Adela, Catalina, Inés, Julita…   me pide. Y apareces tú, linda y fatal…

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pags.  13-16

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-