"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Tarea de la Memoria,

Publicado en General el 23 de Junio, 2010, 13:39 por FeliM

FUERA DE LUGAR.

 

Tenía que saber quien era él, el que vivía conmigo inseparable. Seguir río arriba el decurso de mi sangre y llegar al origen del silencio que encerraba mi vida; que en realidad era más que estar aislada, era como querer ser la única en el mundo y librarse de los fantasmas y de las voces de la desaprobación.

“Soy una enorme herida. Es la soledad absoluta” le copio a Alejandra.

 

Estaba ahí, paciente, en una sala de espera y pensé reconocerlo: era Foucault. Conocí sus hombres infames de la salud. Ahora ellos estaban conmigo, los veía, los reconocía a cada paso, ya los olía. Y él y yo nos fundimos en un pensamiento. En la espera sinfín de las enfermedades del nunca jamás, nos encontrábamos y departíamos. Quién poseía a quién?....él me soñaba (sí a Borges…) o yo vivía su letra en carne propia?.

A mí, que nunca estoy segura de ser yo, se me adicionaba este espíritu venido de mi biblioteca o de mis recuerdos. Me conocía mejor que algunos otros desafortunados, seguía la curva de mi codo y llegaba al reverso de mis ojos oscuros y distraídos. Pero era poco, insuficiente para reconocerme.

 

Lo abandoné. Dejé mis laberintos y me  concentré en la tarea de rescatar otras memorias, los rastros de otros en mí. Transité algún espacio de antilocura y un amanecer mantuve un corto diálogo con el dueño de la tristeza y de la nada……

“..pero incluso sabiendo que nada puede llevar a nada, que el universo es solamente un subproducto de nuestra tristeza, porque sacrificaríamos ese placer de tropezar y rompernos la cabeza contra la tierra y el cielo?.Pero existe una dignidad que nos preserva de desaparecer en Dios y es la certeza de la muerte. Porque no reposa sobre nada, porqué carece hasta de la sombra misma de un argumento, es por lo que perseveramos en la vida. La muerte es demasiado exacta, por eso la vida nos inspira mas espanto”. Pero no, Cioran no me leía, no convivíamos, no era él.

 

Y me aferré a los días de los sentidos, y descansando silenciosa en un teatro, pendiente de una sonata, lo encontré.

Siempre estuvo. Lo supe con claridad, lo intuí cómo un dejavú desangelado y persistente. Me llegó la certeza que las fronteras no existen, que el tiempo continuo es invención de los relojeros, que existe un mundo paralelo, un espacio fuera de Rosario o Palestina, donde ambos convivimos.

Territorio inexistente, inexplicable, fuera de lugar, ambos muy fuera de lugar, siempre.

 

Lo que había sido Palestina ahora es Israel, mi segundo pueblo es ahora Egipto, y en la red de pueblos y ciudades donde había vivido mi familia los palestinos viven en este tiempo bajo una muy dura soberanía israelí. En mi pasaporte dice que me marché de Israel, les digo a los funcionarios que cuando me fui aquello era Palestina. Y me encuentro explicando mi vida en países distintos e idiomas diferentes: árabe nacido en Jerusalem. Explicando también como un Said lleva Edward por nombre, pronunciado Edwaad por mi gente. Desplazado fue la palabra que apareció en mi pasaporte hace muchos años, fuera de lugar me dice el funcionario ahora”

 

“Usted está muy fuera de lugar, niña” me dijo, con voz aguda y reprimida,  la rígida monja directora de la escuela de mi infancia. En ese mismo tiempo mi madre, con ira,  un día me sostuvo la cara entre sus manos, me miró a los ojos y me dijo gravemente, sentenciosa,”fuera de lugar, como siempre”. Por años, en mi imaginación infantil, fuera de lugar era el limbo gris y desierto donde se hacía penitencia para no ir al infierno.

Aquellas disparidades entre percepción y realidad me persiguen todavía. Nunca sentí pertenecer realmente a ese sitio bueno y sólido donde vivían mis hermanos, mis padres, los que eran “normales” al decir de mi tía Sara. Eso me hizo dependiente de la aprobación de mi familia, por supuesto nunca conseguida. Sentía ser una decepción para todos.

 

La escuela en El Cairo, aparte de enseñarme a golpes el poder de la autoridad colonial inglesa, marcó mi destino de incorrecto: lo era entre los niños egipcios ricos y también entre los niños ingleses. Ser yo mismo no solamente quería decir no tener nunca razón, sino que mi identidad insegura era siempre atacada; siempre estuve fuera de lugar, así que me invente un yo interior imposibilitado de mostrarse a nadie: no era correcto”.

 

Hay como un destino darwiniano a la inversa que nos marca diferente de la gente que nos hace y que nos manda con la guía de los suyos en la sangre. Y el mandato persiste y abarca, no muy diferente en la baja Palestina a lo que fue en la Chicago argentina. Corrección es la palabra, pertenecer la consigna. Las diferencias se repudian (o se temen), debemos uniformarnos para ser aceptados, ser parejos en lo poco, no pensar más allá de lo permitido y, sobre todo, no desoír los mandatos de la clase.

 

“Por entonces empecé a percibir la separación casi absoluta que existía entre mi vida pública y la compleja pero apenas articulada vida interior. Me convertí en un hombre extraño y diferente, me faltaba algo que, después descubrí, se llamaba actitud correcta; los que la poseían eran siempre elegidos, a mi me faltaba el aura y descubrí que, hiciera lo que hiciera, siempre estaría fuera de lugar”.

 

Y compartimos los químicos que combaten la muerte, y aprendí el “habibi” que ambos quisimos decir a nuestros padres y se quedó en el rechazo.

Coincidimos en pensar y polemizar sobre el destino de dos naciones desquiciadas. Y dando la razón a los agujeros negros del tiempo, hoy lo escucho conversar con su amigo de la música, y me encuentro asintiendo como si estuviéramos en un mismo living, compartiendo quizás un te.

Y la conclusión de las vidas es la misma: aprendimos finalmente a preferir no estar en lo correcto y a sentir la pasión de lo diferente, a gozar de lo que sólo nosotros somos capaces de ver y quedarnos, calmados,  en este fuera de lugar.

 

 

 

 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-