"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




8 de Junio, 2010


FOGWILL

Publicado en De Otros. el 8 de Junio, 2010, 18:54 por MScalona

VIVIR  AFUERA

Ed El Ateneo, p. 65-72

RODOLFO  FOGWILL

      

        

Sintió frío y recordó la época del pescado. Estaba practicando taekwondo en su gimnasio de City Bell y un día así sabón le dijo que tenía un cuerpo privilegiado y que le convenía complementar la práctica con gimnasia de pesas y aparatos para promover más rápido a una categoría superior: el ideal era llegar pronto a competir en torneos y competir el cinturón negro que habilitaba para ubicarse del lado de los profesores en cada sesión de entrenamiento y en la mesa de los jurados en las ceremonias de graduación.

Al comienzo el Pichi pensaba que Sabón era el apellido del tipo. Después supo que era una palabra coreana que, según los taekwondistas, significaba "maestro ejemplar": algo sarmientino, nada que ver con técnicas de combate.

Por la insistencia del sabón y por el entusiasmo de una tipa de City Bell con la que estaba saliendo, durante algunos meses estuvo alternando las clases de taekwondo con sesiones de dos horas de pesas y máquinas de musculación.

El instructor de gimnasia le repitió lo mismo: tenía un cuerpo privilegiado, y le sugirió que tal vez había heredado algo de un antepasado negro.

Efectivamente, en su familia había primos o tíos tucumanos que tenían motas en el pelo y labios gruesos de mulato y a todos los de esa rama los llamaban "los negros".

-Negro… Lo que te falta es un poco más de definición -decía el instructor. Lo mismo repetía siempre aquella piba de City Bell que se pasaba todas las tardes en un gimnasio.

Para conseguir definición le aconsejaron una dieta: tenía que alimentarse solamente de pescado. Pescado asado, hervido, saltado en la plancha, pero nunca con aceite ni salsa. El ideal sería comer sólo pescado y sopa de pescado. Naranjas, limones pomelo podía comer libremente. Zanahoria o banana, sólo una por día pan leche, huevos, galletitas y carne, jamás.

El Pichi obedeció: durante más de un mes siguió la dieta. Al principio tenía siempre hambre y antojos, pero a la semana ya se había acostumbrado y todo el tiempo pensaba en pasar por su casa y tomarse una fuente de sopa de pescado, mientras algún otro pescado -filetes de merluza la mayoría de las veces- se asaba sobre la hornalla.

Consiguió marcación. El instructor, que era un bebedor de cerveza bastante gordo, lo admiraba y le pedía que mostrase los dorsales y los poplíteos a los que llegaban de visita al gimnasio con intenciones de inscribirse.

El sabón no miraba los músculos, pero él también pedía que mostrase cómo había ganado destreza en las medialunas y en los lances de brazo.

La chica de City Bell le regaló remeras nuevas: una Lacaste y otras sin mangas, del tipo llamado "musculosa", con colores flúo y frases en francés, nunca se las puso a andar por la calle, salvo la noche del estreno de la Lacoste en un baile del aeroclub.

Todavía era verano, pero con los primeros fríos del otoño empezó a temblar y a abrigarse como si estuvieran en pleno invierno. Todos le preguntaban si tenía frío y él confesaba que sí, que se cagaba de frío. Había uno en camisa, una mina con remerita y otro con campera liviana de verano y él los acompañaba con pulóver, campera de cuero con forro de piel y cagándose de frío mientras los otros se burlaban diciéndole que también en eso se le notaba que era negro y que el frió le agarraba porque estaba extrañando el África.

A los que en ese momento andaban con el Pichi les bancaba cualquier cosa. Sin embargo, jamás lo burlaron con el tema de las Malvinas.

No banco el frío: no me resfrío, no tengo fiebre, pero por más que me abrigue y me tape paso la noche temblando- se quejó un día en el barrio y una vieja que a veces les hacía las compras dijo que seguro era por el pescado.

-¡Tomate un vaso de leche caliente con mucha azúcar antes de dormir y vas a ver que se te pasa! -recetaba la vieja.

Y fue a tomar esa única leche caliente y dulce y comerse dos paquetes de galletitas de chocolate para olvidarse para siempre del pescado, de la definición de las fibras musculares y de tantas semanas perdidas cagándose de frío.

Se acuerda de la escena del bar del cruce de Varela: dos chabones estaban desde hacía media hora pegados a la compactera. Escuchaban el mismo tema de Sting y cada dos minutos corrían al mostrador a comprar fichas para repetirlo. Unas pibas, novias de ellos, hablaban en una mesa y aunque festejaban cada vez que la máquina volvía a empezar con su Sting, se la pasaban mirándolo solamente a él. El ruido y los gritos en inglés eran insoportables. Él estaba esperando a uno que lo iba a acercar en buggy hasta el  barrio y como ya no aguantaba más el frío se acercó al mostrador, puso las manos sobre la máquina de café para calentarse y le pidió al negrito de la máquina que le preparara una leche caliente. El pibe lo miró asombrado porque él allí siempre pedía cerveza negra, pero obedeció. Como la leche  estaba hirviendo, los tres sobrecitos de azúcar se disolvieron de inmediato. Casi ni tuvo que revolverla y empezó a tomarla de a poco, con la cuchara. Estaba en eso cuando llegó el del buggy y le dijo algo así como:

-¡Pichi, qué mambo debés tener para coparte así con un submarino!

Parece que por la cara que ponía al sentir el sabor de cada cucharada de leche el tipo pensó que estaba tomando chocolate y que venía recolocado de porro o en un trip de ácido.

Él le juró que no había fumado y el otro nunca se lo creyó: lo más rico del mundo es la leche con mucho azúcar cuando hace dos meses que venís comiendo y comiendo pescado, pensaba con cada cucharada, y sentía que la leche caliente le entraba por la sangre como un pico bien hecho: pegaba en la lengua, bajaba como una capa de aceite que se estira despacio en el agua del puerto y cuando, todavía quemante, pasaba desde la garganta al medio del pecho, todo entraba en calor y se pintaba de un color blanco achocolatado que, bien visto, debía ser el verdadero color de lo dulce y de lo caliente.

-¿Y no te da asco la leche cunado se empieza a enfriar  y se le forma la nata gorda arriba?- le preguntó el del buggy y recuerda que le contestó:

-Asco es ser pobre… Todo lo demás viene por añadidura.

Lo recuerda porque esa fue la primera vez que usó esa frase que no era suya. Se la había oído a un tipo del Modín y desde aquella noche de la leche siempre la volvía a decir. Pero en el barrio todos pensaban que era de él, y, aunque lo jurase, nadie lo creería capaz de repetir la frase de otro. Aquí, ni a los más chicos les permiten copiar. Tantas mujeres hay sin trabajo y tanto hablan y chismosean porque les sobra el tiempo,  y porque, menos culear, todo lo hacen a medias con las amigas  o con las mujeres de los lotes de alrededor, que cada palabra nueva que alguien trae -y más si es una frase nueva-, enseguida empieza a usarse y, por lo menos ellas,  cuando la escuchan, deben acordarse de quién la trajo o, más o menos, de qué clase de ambiente viene.

Como "pagano" o "hereje": ¿quién no las conoce desde chico? Ahora que las había empezado a usar el cura y que, contagiados, los pibes las usan como puteadas para reprochar un foul o un gol en contra y las viejas para quejarse de las brigadas de Edesur que cortan las conexiones y las dejan sin electricidad par alas heladeras cuando llega el verano. O como las palabras que traen de Quilmes y La Plata los que estuvieron presos "quilú", "yuta", "piloncho", "guarracera", "lotubo" el vino-, "tranchiar"-dar algo a cambio-, "exfamia" y otras nuevas que alguien copió cuando paso dos noches en la Alcaldía de tribunales o que otro aprendió sin darse cuenta después de tres años en Batán y que por tanto oírlas y repetirlas, ahora hasta las viejas las dicen como si esas palabras hubieran existido siempre.

Y el Pichi, que una vez, hablando de una paraguaya del rancho de los albañiles, discutiéndose  unas que decían que era "más fea que un loro" dijo por primera vez la frase "feo es ser pobre… Todo lo demás viene por la añadidura", al día siguiente empezó a oír que las más jóvenes ya la estaban usando como cualquier pretexto y se enteró que hasta una recién parida en el hospital cuando le preguntaron si el parto le había dado mucho dolor contestó que dolor era ser pobre y que todo lo demás se daba "de añadido".

Por eso ahora, si usa esa frase dice:

-Como decía un viejo del Modín, hijo de puta, "triste es ser pobre… todo lo demás viene por añadidura…"

Porque le daría vergüenza que alguien, creído de que él inventó el dicho, un día descubriera por casualidad que era copiado: copiar es de giles, de pendejitos, o de mina.

El verdadero macho no copia.  

-Dame mimitos, loco, que estamos cagándonos de frío- pedía ahora por teléfono. "Mimitos" quería decir calefacción central en los hoteles, o cargarle el termo con agua a punto para el mate a un preso que se quedó sin querosén para el calentador.

-Ya te doy... Al principió te va a venir un poco fría. ¡Aguántate! -Vibraba el auricular. Después reprochaba-. Pero te aviso que la mina de limpieza se quejó del olor a porro que se siente al pasar por la puerta.

-Y que querés… Si abrimos la ventana nos recagamos de frío. ¿Hay morfi?

-Sí, ¿qué querés?

-Mandá hamburguesa. Mandá cerveza. Mandá hamburguesas con jamón y queso y lechuga y algo dulce.

¡Alfajores! ¿Hay alfajores?

-¿De chocolate o blancos?- Averiguaba el del teléfono.

-De los dos… Mandá de los dos y mandanos café con leche. ¿Che?

¿Qué?

-Ya se prendió… Ya corre el aire… ¿Cuánto más va a tardar en calentar?

-Diez, como más quince minutos. Aguántate y ventila un poco la pieza que si la baranda la llegan a sentir otros clientes se pueden rayar -dijo la voz, antes de cortar. 

     

     

más ecos...

Publicado en General el 8 de Junio, 2010, 14:30 por MScalona
fogwill 002 by you.

GABI RAPELLI y PAOLA PAZCEL demandando sus dedicatorias al maestro

Rodolfo que seguramente no habrá podido evitar la solicitud de "mimitos".

Ver el significado de "mimitos" en  VIVIR AFUERA,  pag. 70-71,

ecos de Fogwill

Publicado en Fotitos. el 8 de Junio, 2010, 14:24 por MScalona
fogwill 003 by you.

cena post-fogwill, buena charla, menú y vino oscuro: el Colo, Mayra, Marce, Pablo,

Flavio, Gerard y Feli.

  
Autores
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