"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




otra carta de amor...

Publicado en Nuestra Letra. el 3 de Junio, 2010, 10:39 por Nico Aimetti

Hola, mi amor hermosura,

Acá ando, perdido en las anchurosas entrañas de una noche increada, como diría Milton, con mucho sueño, ya tendría que estar en la cama, pero como dice el Agente Cooper, "Todos los días, sin pensarlo, hágase un regalo", así que me tomo unos minutos para escribirte.

Hoy leí una frase de la Jelinek que me gustó: "Somos demasiado torpes para lo salvaje que hay en nosotros". Quizás sea eso lo que nos pasa. Yo lo relaciono con lo que vos me decías en tu carta, esa cosa que nos pasa a veces de quererse y asfixiarse, como cuando querés abrazar algo demasiado fuerte y terminas... Bueno, igual no me quiero enganchar ahora con eso. Ya está, ya pasó.

Tengo muchas remeras, no sé cómo, porque vos sabes que no soy de los que compra ropa, pero de algún modo se fueron acumulando. Hoy me puse a guardar la ropa limpia y no entraban en el cajón. Y tampoco soy de los que tiran. Un problema. Y esta esa que te pusiste la otra noche, antes de irte, esa no la mandé a lavar. Igual algo voy a tener que hacer antes de que vuelvas, no soy bueno para esas cosas, pero algo se me va a ocurrir.

Te acordás el cuento ese que escribí hace unos meses. El que cada día despertaba en un lugar diferente, como Las Puertitas del Señor López, o la Perfecta Casada de Gorodischer, pero bueno, distinto. El domingo volví a soñar la misma idea. Estaba en un barco que nos llevaba a ver un monumento en el agua, que era como un pontón de tablas apiladas. Entonces, no sé si se podía, pero yo me bajaba al pontón y de repente el barco arrancaba y se iba a dar vueltas. Y yo decía, ya me vendrá a buscar, porque seguía paseando a la gente por ahí, pero el barco nada,  me había olvidado, hasta que vuelve al muelle a dejar a la gente, y alguien me ve y me grita que nade. Y ahí me ponía contento, porque tenía unas ganas locas de nadar, igual estaba todo lleno de boyas, y el monumento ya me estaba empezando a dar miedo, eran todas tablitas unas arriba de otras, de distintos colores, y también tenía miedo de engancharme en las boyas, pero cuestión que nadaba, y cuando llegaba al muelle tenía ganas de seguir  nadando pero subía y me ponía a mirarle las tetas a una chica en bikini. No te enojes, es un sueño. En realidad no le miraba las tetas, sino esa  zona que está debajo de la axila, porque tenía los  brazos levantados y se estaba por tirar de cabeza al agua, y cuando se tiraba yo también estaba en malla ya, y aprovechaba para volver a tirarme al agua.  Y ahí es cuando empieza la cosas, porque al salir del agua el muelle seguía ahí, pero todo el resto había cambiado, ya no había ni chica, ni gente, y era otro el paisaje. Entonces me volvía a tirar y toda la playa estaba nevada, y me tiraba otra vez y había una montaña y el agua era clara como en el caribe, y otra en que el muelle estaba cubierto por un toldo blanco, como un túnel, y así varias veces, todo cambiaba cada vez que me sumergía, hasta que en un momento aparecía de nuevo gente en la playa, y me iba a ver dónde estaba, y ahí ya no me acuerdo bien, y casi me lo olvido todo, pero me lo tenía que acordar, porque quería contártelo. Seguro me hubieras escuchado medio dormido como te contaba todo, porque cuando uno está medio dormido es cuando mejor se cuentan los sueños, y vos te ibas a acordar todo, porque tenés esa memoria que te juro que si no fueras así como tanta belleza junta pensaría que sos un elefante (y acá se me arma el quilombo, no tengo que escribir con sueño). Ojo, no dije que fueras un elefante, eh, ya me vas a venir... aunque para que entre tanta lindura en una persona no sé, la verdad no sé como hacés, algún secreto debes tener ahí guardado.

El tema es que ahora me tengo que ir a dormir y me acuesto y me termino apechugando en un rincón de la cama, todo sólo, no sé, es como que el centro es infranqueable cuando estoy sólo. Cuando vos te levantás lo primero que hago es cruzarme en el medio, pero cuando no estás es como que falta algo,  ese limite no se puede cruzar, termino en contra el costado casi a punto de caerme de la cama, así que volvé, o escribíme más seguido al menos, aunque sea una línea, algo sin sentido, que me tenga que poner a descifrar, lo que sea, pero algo tuyo.

Indigno, pero a tu lado, más allá de la distancia, te mando todos los besos que no te pude dar esta semana, y unos cuantos más también, para que los distribuyas por tu cuerpo a como de lugar y ordenen tus placeres.

Nicolás, que se va a buscar el sueño.

Nico Aimetti

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-