"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




3 de Junio, 2010


Tarea de memorias.

Publicado en Nuestra Letra. el 3 de Junio, 2010, 16:37 por Sandra

 

 

 

 

 

FRACTALES

 

Más que libres “de” es libres “para”.

                                                         (F. Nietzsche)

 

 

Pasé de ser actriz a autora cuando me encontré con él.

En el diálogo se me hizo carne eso de que “la verdad no existe”, me dejé un poco en suspenso, él hizo lo mismo, y aparecimos como nosotros. Sin determinismos. Fue como decir existo, existe, luego: pensamos. Pero en unidad.

Raro.

Eso de ver cómo lanzo una bola de criquet al aire y  la recojo, mientras manejo de vuelta a casa después de haber llevado a mi hijo al colegio. El primer síntoma.

O confirmar que el sueño de anoche está ubicado en Worcester, que el desierto polvoriento con ranchos en las lomas de montes poco prominentes es el interior de Sudáfrica.

Lo descubrí vendiendo paquetes turísticos para el mundial de football. Ví las fotos de las zonas que podrían recorrer mis pasajeros y allí estaba la imagen de la que era mi casa. Fue la segunda evidencia.

Después del sueño, tuve la sensación de barba crecida en mi rostro, el impulso de orinar de pié.

 

Me dijeron los chicos (como los llamaba ella) que mañana creman a Martha y a Dani. Que llegarán las cenizas el lunes, al cementerio local. Entonces mantuve un diálogo interior efusivo con el recuerdo de lo que opino sobre los hornos, la temperatura para convertirlo todo en cenizas, los huesos, incluso los dientes. Y los pensamientos sobre el cuerpo, no en abstracto, sino con relación a una persona concreta. El cuerpo de Martha que ya no servía para nada. Apareció la idea ajena que hice propia en ese mismo instante de que “tal vez esté en la naturaleza de la muerte que todo lo que le atañe, hasta la última cosa, nos parezca inapropiada”. Hace días que sostengo que es un final inapropiado para esos dientes que ella odiaba. A pesar de que ella los odiara.

 

Vengo hablando con mi médico sobre cómo tejer las dos fuentes de recuerdos, las dos memorias, las dos mentes. Él me dice: ubiquesé en el medio, yo respondo que finalmente lo estoy logrando.

Que voy a tener en cuenta las probabilidades de que esa mente se fusione  con la mía, que corro el riesgo, prefiero el encuentro. Porque (y esto me lo dice su memoria) “¿quién dice que una vida en la que se corren riesgos no es (probablemente) mejor que una vida que se atiene a las reglas?” *. Correré el riesgo de abarcar la mente de Coetzee.

 

Veo en el programa de noticias a una mujer de 80 años cantar como los dioses, con una voz que no envejeció como su cuerpo. Pienso en las profundidades del tórax, la voz saliendo de los pulmones pasando por el corazón, proyectada hacia fuera, pienso en el contraste entre el cuerpo físico de esa mujer y la voz que emerge de él. Y ya no sé si es mi recuerdo o el de él, la canción  que desde el cuerpo nace como alma. La canto.

Martha bailaba como alma igual que esa mujer que canta. Es mi recuerdo, quizás forzado, contagiado de las observaciones de tantas danzas rituales en los festejos del fin del apartheid.

 

Y lo que finalmente me convenció de que lo había logrado fue la experiencia con el erotismo.

Gyula sostenía que lo nuestro era más “Rolls Royce” que lo de Mariana y Tomás. Ellos se tocan. Cogen. Tengo 25 años menos que Gyula.

Él estaba convencido de la fuerza del amor ideal pero en el plano sensual.

(Era seguramente una salida, una solución, al problema del erotismo en su vejez). Yo al principio pensaba lo mismo. Una relación plagada de libros que compartíamos, música y la observación mutua de lo gestual. Cómo respiraba hondo en la primera bocanada de humo, cómo se sacaba el sobretodo y lo colgaba en el respaldo de su silla, esas cosas mínimas. Imperceptibles para el ojo apurado. El uso de la voz, barítono irrevocable. Qué timbre, qué color.

Él hacía lo mismo conmigo. Miraba el modo en cómo me ataba las sandalias, el movimiento del cuello sacudiendo el cabello cuando me ponía los pendientes en la oreja…

Todo mesa de por medio o a dos cuerpos de distancia.

Yo sentía, los primeros tiempos de la relación, que la experiencia emocional, era igual a la de Mariana y Tomás, el éxtasis podía ser verdaderamente intenso…

Pero un amor mental, le dije un día, ¿podía ser una relación auténtica en el más elemental de los sentidos?. Discutí esta idea con él. Me sorprendí de mis argumentos.

La mente de John Maxwell empezaba a ser mía.

Abrí mi libro favorito de él y antes de leer ví su mano tipeando esta frase: “porque sin lo real perecemos, como si muriésemos de sed”.

Después de ver los dedos masculinos escribiéndola letra por letra, la leí en la página 198.

 

*

Estuve meditando sobre las probabilidades. Al respecto veo (memoria fotográfica ajena)  lo siguiente: “Las proposiciones probabilísticas constituyen un pequeño mundo en sí mismas. Lo que se afirma desde un ángulo probabilístico solo puede interpretarse desde un ángulo probabilístico. Si no piensas ya en términos probabilísticas, las predicciones que surgen del mundo probabilístico te parecerán vacuas. ¿Puede uno imaginar a la Esfinge prediciendo que Edipo probablemente matará a su padre y se casará con su madre? ¿Puede uno imaginar a Jesucristo diciendo que probablemente vendrá de nuevo?”

…La expresión coloquial para decir que no se tienen en cuenta las probabilidades es “correr riesgos”…    Diario de un mal año.

 

 

Sandra     Arroyo Seco   Mayo 2010

 

CONCURSO DE RELATO BREVE

Publicado en General el 3 de Junio, 2010, 12:42 por MScalona
JUSTO ANOCHE ME PEDÍAN DATOS DE CONCURSOS ACCESIBLES
Y A LA VEZ INTERESANTES, para empezar su "carrera literaria".
Acá tienen uno IDEAL... es de relato breve,
lo organiza la MUNICIPALIDAD DE ROSARIO, 
con motivo del BICENTENARIO DE LA PATRIA...

Aquí están las bases:

http://www.rosario.gov.ar/sitio/verArchivo?id=4423&tipo=objetoMultimedia

otra carta de amor...

Publicado en Nuestra Letra. el 3 de Junio, 2010, 10:39 por Nico Aimetti

Hola, mi amor hermosura,

Acá ando, perdido en las anchurosas entrañas de una noche increada, como diría Milton, con mucho sueño, ya tendría que estar en la cama, pero como dice el Agente Cooper, "Todos los días, sin pensarlo, hágase un regalo", así que me tomo unos minutos para escribirte.

Hoy leí una frase de la Jelinek que me gustó: "Somos demasiado torpes para lo salvaje que hay en nosotros". Quizás sea eso lo que nos pasa. Yo lo relaciono con lo que vos me decías en tu carta, esa cosa que nos pasa a veces de quererse y asfixiarse, como cuando querés abrazar algo demasiado fuerte y terminas... Bueno, igual no me quiero enganchar ahora con eso. Ya está, ya pasó.

Tengo muchas remeras, no sé cómo, porque vos sabes que no soy de los que compra ropa, pero de algún modo se fueron acumulando. Hoy me puse a guardar la ropa limpia y no entraban en el cajón. Y tampoco soy de los que tiran. Un problema. Y esta esa que te pusiste la otra noche, antes de irte, esa no la mandé a lavar. Igual algo voy a tener que hacer antes de que vuelvas, no soy bueno para esas cosas, pero algo se me va a ocurrir.

Te acordás el cuento ese que escribí hace unos meses. El que cada día despertaba en un lugar diferente, como Las Puertitas del Señor López, o la Perfecta Casada de Gorodischer, pero bueno, distinto. El domingo volví a soñar la misma idea. Estaba en un barco que nos llevaba a ver un monumento en el agua, que era como un pontón de tablas apiladas. Entonces, no sé si se podía, pero yo me bajaba al pontón y de repente el barco arrancaba y se iba a dar vueltas. Y yo decía, ya me vendrá a buscar, porque seguía paseando a la gente por ahí, pero el barco nada,  me había olvidado, hasta que vuelve al muelle a dejar a la gente, y alguien me ve y me grita que nade. Y ahí me ponía contento, porque tenía unas ganas locas de nadar, igual estaba todo lleno de boyas, y el monumento ya me estaba empezando a dar miedo, eran todas tablitas unas arriba de otras, de distintos colores, y también tenía miedo de engancharme en las boyas, pero cuestión que nadaba, y cuando llegaba al muelle tenía ganas de seguir  nadando pero subía y me ponía a mirarle las tetas a una chica en bikini. No te enojes, es un sueño. En realidad no le miraba las tetas, sino esa  zona que está debajo de la axila, porque tenía los  brazos levantados y se estaba por tirar de cabeza al agua, y cuando se tiraba yo también estaba en malla ya, y aprovechaba para volver a tirarme al agua.  Y ahí es cuando empieza la cosas, porque al salir del agua el muelle seguía ahí, pero todo el resto había cambiado, ya no había ni chica, ni gente, y era otro el paisaje. Entonces me volvía a tirar y toda la playa estaba nevada, y me tiraba otra vez y había una montaña y el agua era clara como en el caribe, y otra en que el muelle estaba cubierto por un toldo blanco, como un túnel, y así varias veces, todo cambiaba cada vez que me sumergía, hasta que en un momento aparecía de nuevo gente en la playa, y me iba a ver dónde estaba, y ahí ya no me acuerdo bien, y casi me lo olvido todo, pero me lo tenía que acordar, porque quería contártelo. Seguro me hubieras escuchado medio dormido como te contaba todo, porque cuando uno está medio dormido es cuando mejor se cuentan los sueños, y vos te ibas a acordar todo, porque tenés esa memoria que te juro que si no fueras así como tanta belleza junta pensaría que sos un elefante (y acá se me arma el quilombo, no tengo que escribir con sueño). Ojo, no dije que fueras un elefante, eh, ya me vas a venir... aunque para que entre tanta lindura en una persona no sé, la verdad no sé como hacés, algún secreto debes tener ahí guardado.

El tema es que ahora me tengo que ir a dormir y me acuesto y me termino apechugando en un rincón de la cama, todo sólo, no sé, es como que el centro es infranqueable cuando estoy sólo. Cuando vos te levantás lo primero que hago es cruzarme en el medio, pero cuando no estás es como que falta algo,  ese limite no se puede cruzar, termino en contra el costado casi a punto de caerme de la cama, así que volvé, o escribíme más seguido al menos, aunque sea una línea, algo sin sentido, que me tenga que poner a descifrar, lo que sea, pero algo tuyo.

Indigno, pero a tu lado, más allá de la distancia, te mando todos los besos que no te pude dar esta semana, y unos cuantos más también, para que los distribuyas por tu cuerpo a como de lugar y ordenen tus placeres.

Nicolás, que se va a buscar el sueño.

Nico Aimetti

carta de amor

Publicado en Nuestra Letra. el 3 de Junio, 2010, 10:29 por P_Mengascini

Carta para P.

 

 

 

Me atreví a escribirte porque supe que tu marido está en un largo viaje de negocios y que esta carta podía llegar a tu casa sin que él sospechara o sintiera curiosidad por lo que yo tuviera para contarte. Desde la única (en todo sentido) noche que compartimos pasaron años y seguramente habrás estado sabiendo de mí por el trágico escándalo que se armó y que, por cierto, duró más de lo que debió haber durado. Es verdad: medio que la cosa se extralimitó… pero bueno… todo eso, por suerte, ya está terminando. Te habrás enterado por las noticias que circulan. ¡Todo el mundo se enteró! Podés confiar en ellas porque son bastante verosímiles, aunque eso de que dejé mi ciudad por amor es mentira: me fui para tener una aventura, porque mi matrimonio me aburría y, sobre todo, porque las personas impulsivas y liberadas de prejuicios no tenemos lugar entre gente como la de mi ciudad, donde no hay familia que no tenga varios militares. Sé que vos vivís en una población más tranquila, o menos agobiante; y, a pesar de que nunca fui por allí, tengo la convicción de que los agricultores saben disfrutar mejor la vida que los militares. Ahora estoy volviendo, con un poco de vergüenza y mucho odio, a mi ciudad y a mi matrimonio, pero, lo juro, para terminar con él y huir definitivamente de ella. ¿Hacia dónde? No sé. Te escribo para invitarte a vivir conmigo, para siempre, en alguna parte. ¿Te parece una locura? A mi también, porque siempre es una locura rechazar toda la realidad que nos envuelve y pretender otra totalmente diferente. Pero, ¿no es el mundo el que está loco? ¿Qué pensabas cuando te llegaban las noticias de lo que provoqué? ¿Verdad que no era para tanto? ¿No te parece que mi comportamiento fue sólo la excusa que necesitaban para concretar el horror que ya tenían planeado y después echarme todas las culpas? Entonces, ¿es locura querer salir de un mundo de locos? Lo único que deseo ahora es paz y tranquilidad junto a vos, porque nunca viví tan feliz como durante esa noche que compartimos en la isla donde nos conocimos. ¿Volviste a ella? Yo no. Yo mantuve nuestra promesa de jamás volver, porque sus playas eran espantosas. Vos fuiste lo mejor de esa isla. Y también lo mejor de mi vida. Todavía recuerdo tu timidez, tu indecisión y tu deseo encarcelado, atado como Prometeo: desafiante, luchando por desatarse y, al fin, desencadenado. Te amé cada segundo de todos estos años y te sigo amando. Como si aquella noche calurosa se hubiera eternizado en mí, aún siento tus abrazos que me abrasan, las cosquillas de tus pelos lloviendo verticales sobre mi cara, tus tetas que me punzaban como si estuvieran coronadas con almendras, el sudor de tu espalda y todas tus humedades, principalmente la de tus lágrimas cuando tu barco zarpó al mediodía siguiente marcando el fin de tus vacaciones en ese islote al que llegamos en soledad geográfica, dejando a distancia nuestras parejas, y en el que deseamos que nuestras soledades fueran absolutas para que se complementaran para siempre. Pero no podía ser… “no por ahora”, dijimos.

Necesito que me cuentes sobre vos, y verte y tenerte conmigo, aunque sea por una sola noche, siempre que sea como aquella, como aquella única (en todo sentido). Pero no me escribas apasionadamente como yo no puedo evitar hacerlo. Tengo que aprender a dominar mis impulsos, que tanto daño han hecho, y preciso tu serenidad. Hablame de cosas banales, simples, cotidianas. Quiero que me hables como si nunca nos hubiéramos separado, como si estuviéramos desayunando una mañana, cumpliendo con la rutina agradable que tendríamos si todos estos años hubiéramos convivido felices y contentas. Te ayudo a responderme: hablame de tu hijo. Ya debe ser todo un hombrecito Telémaco.

 

Tuya. Únicamente tuya. Con la incondicionalidad brutal y la bestial sumisión de una perra. Eternamente tuya, Elena.

 


Pablo Mengascini

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-