"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




La memoria...

Publicado en relatos el 1 de Junio, 2010, 19:11 por F_Luciani
Macedonio Fernández, BsAs. 1874-1952

                     

Bosquejo del no-irse

        

          

Un monte con dos eucaliptos, una casa de hornero en un poste de luz, el palo de un alambrado flojo. Una alcantarilla con hojas secas y mojadas, una cortada sin nombre, una reja en una ventana de una casa de Morón. Puedo enumerar estos recuerdos y otros, hasta confundirlos con un sueño. No son más que ordinarias diapositivas de lugares o personas; pequeños cuadros sin marco que vagan por el universo sensorial.

Las ideas sobre la reencarnación de las almas, esgrimidas por la tradición brahmánica, me sedujeron una tarde en el bar de Corrientes y Zeballos, donde se discutía una historia. Rodaron sobre la mesa palabras tales como samsara, nirvana, karma. Se invocó a Buda. Se razonó sobre el origen del reconocimiento, sobre mecánica cuántica, sobre metafísica. Se habló todo el tiempo de la muerte.

Resolví consultar con un brujo la génesis de mi memoria, "buscate en los libros" fue la única frase que le pude comprender. Indagué durante semanas cada libro de mi biblioteca, desde Rulfo y Stendhal hasta Beckett y Burton, pero no encontré nada relevante y las grietas temporales siguieron sucediéndose. Volví a aquella pieza mugrosa de zona oeste. El vidente no dudó, "buscá en las fechas, las más importantes de sus vidas se tocan". Decidí empezar por la fecha más importante en la vida de cualquier persona, mi fecha de nacimiento. Supuse que esa fecha aparecería en la hoja de alguno de los libros, o mejor aún, podría tratarse de la fecha de nacimiento de algún autor. Comencé por esta última opción por resultar la menos trabajosa. Y lo encontré. El único escritor de mi biblioteca que había nacido el mismo día de febrero que yo era Borís Pasternák, el poeta discordante. Quién sabe por qué motivo el único libro suyo que poseo, El doctor Zhivago, no logró inquietarme cuando consulté sus páginas en la primera revisión. Sospeché entonces que la dificultad se reducía al campo del idioma. Buena parte de mi tiempo fue dedicado a la investigación y, como no pude conseguir un ejemplar en ruso, tuve que conformarme con algunas páginas sueltas. Al comprender que no era capaz de pronunciar ni siquiera dos palabras, asumí que ese lenguaje me era ajeno.

Escribe Macedonio Fernández en Pose Nº 5, para Sur: "Mi plan, que quizá nunca realizaré, era hacer la novela de lo que les pasa a dos o tres personas que se reúnen habitualmente a leer otra novela, de tal manera que estas personas que leen la novela se vivifiquen intensamente en la impresión del lector en contraposición con las personas protagonistas de la novela leída. Así que los protagonistas de la novela de leyentes parecen seres vivientes, por la constante figura debilitada de las actitudes de los protagonistas de la novela leída". Esto constituye el andamiaje de la concepción de un lector como sujeto involucrado, como un constante generador de percepciones. El simple argumento de que alguien inventa un mecanismo en el que alguien lee una novela sobre alguien que lee una novela inventada tiene, en cierta medida, puntos de contacto con la idea de creación. La creación primigenia, a imagen y semejanza, de un espacio igual pero imperfecto, de una simple distorsión a través del espejo. Suelo divertirme los domingos escribiendo un cuento sobre alguien que escribe un cuento y encuentra groseras dificultades.

Tener el pasado de otro, poseerlo, es de alguna manera ser ese otro. ¿Qué otra cosa somos sino pasado? En La memoria de Shakespeare, Borges aborda esta problemática de un modo general y preciso. Pero a diferencia de Soergel, el personaje del cuento que acepta la memoria de Shakespeare, yo no recuerdo haber aceptado la memoria de Macedonio Fernández ni de ningún otro. Quizá ese recuerdo haya sido obstruido por un recuerdo suyo, tal vez, el de una noche de invierno en una esquina oscura de avenida Las Heras. En definitiva, considero a aquél un gran argumento, es decir, el argumento de las dos memorias en un cuento es mucho más ambicioso y extraordinario, por ejemplo, que el de la resolución de una trama mediante una conversación oída al pasar, la aparición de un hermano gemelo del personaje en un momento crítico de la historia o la interpretación de pistas que un brujo deja entrever en un antro de zona oeste.

La escritura de Macedonio no es compleja como suele definirse; sí es desordenada, abstracta, metafísica, intensa, fragmentaria, absurda, lírica. De esta manera puede uno adentrarse en un texto suyo por cualquiera de sus lados; y eso no es más que la exposición cabal del pensamiento humano, que tiene un carácter irregular, no lineal, como si se tratara de un conjunto de flechas trasversales que cruzan una hoja en distintas direcciones pero que siempre responden a un mismo núcleo, el razonamiento original y permanente.

A veces pienso que poseo los recuerdos de alguien a quien no le conozco la cara, nunca lo recuerdo (o me recuerdo) frente al espejo. No obstante, creo que por simple repetición puedo reconocer la cara de Elena. Presumo, también, de haber aprendido a recordarla cada vez que toco otra piel o me acarician despacio.

La idea de eternidad desvelaba a Macedonio, quien tuvo una fe desmedida por la continuidad de la vida después de la muerte. De allí que la palabra eterna lo persiguiera sin pausa, hasta desembocar en El museo de la novela de la eterna, "la primera novela buena". Eterna siempre será para él Elena de Obieta, la amada, la esposa, la muerta, la llave y el quiebre absoluto de su conexión con el mundo.

En Historia de la Eternidad, Borges estudia el tema de la permanencia. En Elena Bellamuerte Macedonio la defiende y la desea. Condenados al insomnio, ambos admiraron a Quevedo (también yo lo elogio a veces). Consideraron a la rima como el aspecto más débil del verso clásico, o del verso modernista de Lugones, sin embargo, quiso el destino que a Macedonio, a mí, también a Borges, nos rimasen palabras decisivas. Elena es rima asonante de Estela y consonante de Jimena. Todas ellas son rimas asonantes de Eterna.

El secreto de cómo di con Macedonio Fernández no es para nada casual o simbólico. El brujo no me había mentido, fui yo quien equivocó el rumbo. Cuando me sugirió que revisara las fechas más importantes de nuestras vidas no fue mezquino. Después de descartar al escritor ruso pensé el asunto de la manera inversa. La fecha de mi nacimiento es la más importante para mí, simplemente, porque aún no he muerto. Pero para un escéptico como yo, la fecha más importante de alguien que ha muerto, es su fecha de muerte. Y aunque Macedonio prefiriera que ese acto fuera el más natural y nulo para el ser humano, se ha constituido en la sombra que me sigue. Mi nacimiento y su muerte, el mismo día del mes de febrero.

Me consagré al estudio de su obra y de su vida; no tardé en encontrar similitudes, aunque creo mentirme cuando digo que no forcé ninguna. Una madrugada leí una frase suya, que pertenece al texto del gatito y la arañita, en la que se refiere a la vida después de la muerte "…la memoria perdurará pero sin esperanza de reconocimiento", concluye a mitad de un párrafo. Esta expresión me condujo a pensar que todos mis recuerdos (sus recuerdos) eran falsos, que el que se lanza en busca de coincidencias las justifica, y que esas coincidencias no son más que un puente entre la realidad y mi ficción. Pero la razón es débil. De tanto en tanto fantaseo con que Macedonio pudo haber estado equivocado y que mi memoria, aunque sea a relumbrones fugaces, sufre cierto reconocimiento por defecto, y que existen fallas como ocurre con los milagros o las casualidades, que son pliegues del pasado y del presagio, arrugas del tiempo, badenes de su decurso. Y así me vienen, cada vez con menor frecuencia, las que me parecen ser sus imágenes. Y soy él, por lapsos pequeños, y no hago otra cosa que luchar para no olvidarme de ella. La ella y su encanto. Su ella y la muerte. Mi ella con sombra. La Eterna.

     

Flavio Luciani

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-