"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




30 de Mayo, 2010


relato con subjetividad

Publicado en relatos el 30 de Mayo, 2010, 23:51 por Gabi Rapelli

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CUANDO SE CALLA LA HISTORIA

                                       

Cuando Julieta llegó a Argentina de la mano de sus padres, tenía solamente seis años. Nadie podría haber imaginado cómo alguien tan chiquito iba tener la fuerza para revolucionar un país.

La soledad de inmigrante recién llegado, no la molestaba, ella fue siempre su mejor amiga. Eso ayudó a que sintiera esa necesidad tan fuerte de defender cada uno de sus pensamientos.

Mientras sus compañeras de escuela estaban preocupadas imaginando como conseguirían un marido, una casa, y al poco tiempo un bebé que cuidar, Julieta iba odiando cada vez más esa ignorancia que se escondía detrás de una sonrisa perfecta y estática, que anunciaba "la cena esta lista".

Todos pensaron que ella era una más de esas muñequitas de porcelana, y se sorprendieron el día en que tan orgullosa se inscribía en la Facultad de medicina, algo que hasta entonces no estaba permitido a las mujeres. Ni siquiera evaluado por ellas, tan preocupadas porque el color de las cortinas combine con el piso de la cocina, lugar mágico y sagrado, sobre el cual tenían plena soberanía, y que las obligaba a sentirse satisfechas. Julieta en cambio, sentía una fuerza que la empujaba a cambiar esa realidad. Escuchaba una voz que no se callaba y que le gritaba que siguiera, que ella lo podía lograr.

Cada vez se incrementaba más esa rebeldía, ese odio contra el pensamiento que de chica le habían enseñado. La mujer, apenas una costilla del hombre. Necesitaba despertarlas, reunirlas y gritarles con todas sus fuerzas que era mentira, despertarlas de esa realidad inventada que las sometía. Ese mismo impulso la llevó a terminar la carrera y a convertirse en una de las primeras cinco médicas en recibirse en la Argentina. Entendiendo también que no estaba sola en su lucha.

Era época de elecciones en La Plata, y cada hombre fue convocado a actualizar sus datos en los padrones de votación, resultado de listas de guerra, como todos los grandes inventos producto del egoísmo de la humanidad. Julieta, al advertir que nada impedía a las mujeres votar, concurrió a la iglesia que le correspondía y fue la primer mujer en ejercer ese derecho. Algo que marcaría la historia. Acto que equivalía a miles de guerras que ella sola enfrentaba.

Muchos serán los acontecimientos que cruzarán su vida. Mucha la historia que callarán para no despertar a las mujeres. Después, la tragedia de la mano del hombre, que intentará cerrar esa puerta que ella abrió. Intentarán taparle la boca, pero sus gritos viajarán en la historia y la verán ganar esas miles de guerras que un día enfrentó.

Y ella está ahí, tan chiquita, jugando con las muñecas, sin imaginar su destino, mientras su madre piensa "… se casará con alguien muy importante, un medico tal vez, a quien hará feliz con una cena lista y una sonrisa, mientras sus hijos corren por la casa…"

        

                   

        

                   

        

                   

        

                   

 Julieta Lanteri (1873-1932) - Primera mujer que votó en el país y en Sudaa.

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microdefé

Publicado en relatos el 30 de Mayo, 2010, 23:44 por Nico Aimetti

Cuestión de Fe

 

 

 

Dios nos vive poniendo a prueba. Y desde que elegí caminar a su lado nunca me ha fallado, ni yo le he  fallado a él.

Mi padre siempre decía que si no fuese por el hábito, yo no sería más que un sinvergüenza. Sin embargo, no puedo aceptar de buena gana tal aseveración. En la congregación que dirijo nadie duda de mi sinceridad. Nadie quiere en el púlpito a uno de esos charlatanes que hablan del fuego y nunca se quemaron. Saben que mis consejos, mis sermones, provienen de Dios, pero también de la experiencia.

Nadie ignora el hecho de que me gusta el juego, ni yo lo ando ocultando. Además, si tengo inclinación natural al mismo, es porque Dios así lo quiso, y como explicó San Pablo a los Corintios, no tiene sentido el que un hombre rechace su vocación. Antes he de sufrir mil penurias que ir en contra de la voluntad Divina. Y sépanlo: cada mañana, al abandonar derrotado la mesa de naipes para ir a dar la misa, al doblar la esquina, Dios me espera para darme ánimos, para recordarme que mi triste ejemplo debe de servir de admonición a los creyentes.

Sólo el temor a pecar de vanidad me impide pensar en el sacrificio que hago por el bien de los demás. Y sé bien que Dios así lo quiere. Yo nunca especulo con las cartas. Nunca miento ni trato de correr a nadie. Mi juego siempre es el mismo, manso, tranquilo, a la espera de esa bendita carta, ese as en la última mano que haga torcer la partida, y nunca, pero nunca, sale. Y tanta mala suerte no puede ser casualidad, hermanos... el que esa dichosa carta nunca salga, solo puede obedecer a un designio divino. Dios me quiere desafortunado en el juego, pero asaz en santidad. Sino, aunque sea una vez, tan siquiera una vez, me dejaría ganar. No puede ser de otra manera.

Amén.

 

Nicolás Aimetti

WALTER IANNELLI

Publicado en General el 30 de Mayo, 2010, 18:07 por MScalona

Nene ponéte la camisetita

Si te vas a leer poesía, Nene
ponéte la camisetita.
La poesía es fría Nene.
Ya sé que dicen que calienta el alma
pero qué alma Nene en la parada del colectivo
este invierno a las cinco de la mañana.
Ponete la camisetita Nene.
¿Y los guantes?
Cuidáte de los versos que cortan
cuidáte Nene de esas palomas
de la luna
del viento
del poniente Nene que se desangra sobre las
casas como una marea escarlata.
Nene:
¿No pensaste en la bufanda?
Ya van a venir a soplarte hielo al cuello
a afilar la palabrita
retorcerla como si fuera tu cogote.
Sabés cómo son esos tipos Nene.
Te dan la mano, te aplauden y después
te mandan de vuelta con el estómago vacío.
Y no me comiste nada antes de irte.
Ahí te dejé el guiso de papas y arvejas.
Si al menos te llevaras el anorak de tu difunto padre
o el sobretodo. Pero te vas sin darme un beso
Nene.
Cuántas veces te dije que tenés que encaminarte.
Estudiar abogacía, conseguir una novia que al menos
los domingos no esté borracha.
Pero Nene, vos andás con esos que viven del aire
revoleando las letras.
¿Dónde viste el fulgor del cosmos infinito?
¿Desde cuándo el fuego es una llamarada impúber?
Decíme Nene, no te vayas todavía.
Te hubieras puesto los zapatos con suela de goma
a ver si tanta imantación, si tanto voltaje te electrocutan.
Pero Nene:
¿No viste que estoy sola?
¿Que mamá te necesita más que todo el diccionario?
¿Que ninguno de la academia o de la SADE te va a tapar de noche?
Podemos jugar Buraco, terminarnos el strudel
ver sábados continuados al lado de la estufita de cuarzo.
¿Para qué el doble sentido
la metáfora
la sinécdoque
la metonimia, Nene
si me volvés con un resfrío?
Para qué la paradoja, Nene, el verso libre
La aliteración, la elípsis.
¿De qué sirve la otredad
o el misterio de la muerte?
Si es todo tan simple como que te vas desnudo
porque vivís una realidad hecha en pedazos.
¿A eso le llaman poesía?
Vení, Nene
que mamá te hace una sopa con galletitas Manón
en el té con leche.
No seas tonto
el mundo debería ser chico
el mundo no se conquista agrandándolo de sentido
ni doblándolo, ni pegándolo
ni siquiera tratando de romperlo.
El mundo es, mirá vos Nene lo que te digo,
el mundo es como el cajoncito de tu ropero.
Así, cuadrado, en el fondo de una habitación
en tu propia casa, con todo lo que hace falta.
Vení Nene, que ahí está tu camisetita nueva.
Mirá qué linda.
Se la compré a Don Samuel en dos cuotas.
Ponétela Nene.
No quiero que tomes frío.

                

Walter Iannelli es periodista y escritor, nació en Morón (BsAs) en 1962

relato de humor

Publicado en relatos el 30 de Mayo, 2010, 18:04 por Edu

 

LA PRIMERA NOCHE

 

 

 

 

Era la primera noche en su casa. Existía como una especie de manual por entonces. Después de fracasado el primer matrimonio, ya con hijos y enfocados de una manera determinada ante numerosos aspectos de la vida, cuando una mujer y un hombre se conocían y se interesaban mutuamente, primero había una cita, que según la preferencia de la mujer, y dentro de las opciones que marcaba una especie de manual implícito en las costumbres de la época, consistían en salir a tomar algo, o a cenar. Si la mujer no estaba lo suficientemente convencida de que se había interesado en la persona indicada, elegía tomar algo, ya que el encuentro no duraría demasiado; en cambio, si estaba bastante convencida, (es de manual que jamás, en ningún caso, la mente femenina se puede permitir estar plenamente convencida respecto de un hombre determinado), aceptaba una cena. De la impresión que se hubiese llevado en esa primera cena, podía surgir una nueva salida, que podía consistir en ir al cine y a cenar, con lo cual quedaba poco tiempo para cualquier otra actividad, (al menos así debía interpretarse en esa época). Y entonces, recién en el tercer encuentro, resultaba correcto o más adecuado, tener relaciones sexuales, y así se supone que se demostraban mutuamente que no se sentían atraídos sólo por el sexo, sino también por la personalidad, la forma de ser, de pensar, de sentir, y muchos otros aspectos, con lo cual, siendo el sexo sólo uno de esos tantos factores de interés mutuo, la mujer no pasaba por una atorrantita, el hombre no pasaba por un sexópata que lo único que quería era un buen polvo y cero compromiso afectivo, y ambos demostraban que un matrimonio frustrado no había sido en vano, que habían madurado, al punto de no enredarse con un desconocido por una mera atracción sexual, llegando a acostarse recién después de conocer en profundidad a la otra persona… la costumbre de la época era convencerse de que todo esto funcionaba realmente así. Cumpliendo los pasos preestablecidos por el deber-ser de aquellos días, se estaba en condiciones de vivir responsablemente una buena encamada.

Si el tipo le había encantado a la mujer, en ese tercer encuentro, lo invitaba a cenar a su casa y le cocinaba, lo saciaba por el estómago, y después lo volvía loco en la cama. Si la mujer no sabía cocinar, salían a cenar y después a tomar un café a la casa de uno de los dos, y luego lo volvía loco en la cama. Si apenas le había interesado, lo volvía loco en la cama directamente, y chau.

Este era el tercer encuentro y la primera noche en la casa de ella. Él se produjo lo mejor que podía, se compró un pulóver de lana merino, bien livianito y canchero, y unos zapatos en Zara, combinándolo con el pantalón pinsado y la camisa clarita. Sacó el champagne de la heladera, agarró la botella de vino, y salió. Pasó por el kiosco, un Camel diez que puso en un bolsillo, unos Prime con espermicida en el otro bolsillo, y un chocolate para compartir con el café. Lo invitó a pasar y ponerse cómodo mientras ella iba a preparar algo. Entró al departamento, chiquito pero acogedor, y se quedó mirando los detalles, cuadros, fotos, adornos, se sacó la campera y la puso en el respaldar de una silla, y como estaba un poco fresco, instintivamente se puso las manos en los bolsillos mientras seguía recorriendo lentamente apreciando los detalles. El contacto de la mano con los fasos le dio ganas de encender uno, los sacó del bolsillo y con la otra mano buscó el encendedor mientras miraba una foto de ella en bikini, justo cuando ella pasaba de nuevo hacia la cocina y le decía: “Ahí estoy con mi hija en Brasil”, y él pensó: “¿dónde?”, buscando otra foto, cuando se dio cuenta que además de la bikini había una playa y una nena. Cuando encontró el encendedor, empezó a buscar un cenicero, pero no estaba seguro si alguno de los adornos que había diseminados por ahí, eran realmente un cenicero, y aún así, si ella le daría tal uso, ya que no fumaba, por lo que era posible que de haber un cenicero su función fuera más de adorno que otra cosa, así que tendría que esperar que ella indicara cuál de los adornos estaba dispuesta a ensuciar usándolo como cenicero. Él no era realmente un fumador empedernido, sino más bien un fumador social, y precisamente momentos como ese eran propicios para encender un cigarrillo. Prefirió esperar a que ella volviera y preguntarle si podía fumar, en vez de encender uno directamente, motivo por el cual decidió no abrir los Camel que sostenía en la mano. En aquella época no había, ni se imaginaba, restricción para fumar en los lugares públicos cerrados. Se sentó junto a la mesa redonda del living, se puso cómodo en la silla, medio inclinado en dirección a la cocina, se cruzó de piernas, apoyó su brazo izquierdo sobre el respaldar de la silla y el derecho descansando sobre la mesa, mientras con la mano jugueteaba apoyando alternativamente los distintos costados del atado sobre la mesa, en un movimiento canchero y cadencioso, que en cierto modo sintió como muy propio de Humphrey Bogart, aguardando casi displicente que ella apareciera por la puerta que daba a la cocina. De pronto, ella atravesó la puerta y lo miró, él se sintió un ganador. Con el mismo estilo Bogart que creía haber incorporado con naturalidad le preguntó si tenía un cenicero, y ella le preguntó: ¿para qué?

Le vinieron a la mente varias respuestas de barrio que fue evitando una por una en consideración a que era la primera noche juntos, y con un leve movimiento de cabeza bogartiano en dirección a los cigarrillos, le dijo: “Es que pensaba encender uno, si no te molesta, claro…” (y mentalmente agregó…“baby” ).

Entonces ella, conteniendo la risa y fingiendo estar confundida, dirige la mirada hacia la mano de él, y con asombro le pregunta: ¿Uno de esos…?

Recién ahí él advirtió que el paquete con el que estaba jugueteando tan canchero sobre la mesa, no era el Camel diez sino el Prime. Instintivamente se acordó de la madre de los que dicen con desprecio: ¡Freud es un boludooo…!

Con suma rapidez de reflejos le llovieron en la mente numerosas soluciones para levantar el mal momento por esa conducta que rompía todos los cánones de la época. La primera idea fue fingir un ataque cardíaco o cerebral, o las dos cosas, descomponerse, tirarse al piso, y que se lo llevara Ecco hasta la casa, luego pensaría en algo. Empezó a fingir algunos espasmos, pero rápidamente, en fracción de segundo, cambió por la opción de tirarse por el balcón, así que se levantó de la silla como un rayo mientras ponía la otra mano en el bolsillo y la sacaba con los Camel intentando demostrar que en realidad él tenía intenciones de fumar un cigarrillo, lo cual debía evidenciarse en sus facciones, que por entonces habían mutado el look Bogart por el de Benny Hill. Si bien le llovían ideas a montones, ninguna palabra había acudido en su ayuda, por lo que siguiendo sus instintos, y a fin de no caer en un bache tenebroso, pretendió remontar la situación a lo Chapulín Colorado, como fingiendo que “todos sus movimientos estaban fríamente calculados”, entonces se escuchó a sí mismo diciendo con la mayor naturalidad de la que podía ser capaz en ese momento: “Es por si te molesta el humo, pensaba largarlo dentro de uno de estos contenedores de látex…”

A la frase le siguió un silencio que si bien no duró más de un segundo, le alcanzó para repasar nuevamente las dos primeras opciones (ataque, balcón), hasta que por fin, antes que pudiera elegir una opción, ella no aguantó más la carcajada, y los dos se encontraron ya sin excusas para disfrutar plenamente de la primera noche juntos.

 

 

EDU  OROÑO

micro de humor

Publicado en relatos el 30 de Mayo, 2010, 18:01 por A_Caldo

¿Y Angie… y la moto?

 

La primera vez que llamé a Scalona por teléfono tenía serias dudas de que el tipo, que me había sido recomendado ampliamente por varias personas, me hiciera un lugar en su taller literario, que por otro lado había comenzado la semana anterior.

Luego de unos minutos de charla cordial, accedió a mi inclusión en uno de los dos grupos, anticipándome que iba enviarme por mail ciertos materiales, que yo debía completar al presentarme a la primera clase. Y ahí nomás disparó:

-         Es éste. angie2c@hotmail.com

-         Si, claro – dije mientras apurada garrapateaba en el primer papel que tenía sobre el escritorio la dirección.

-         Así…a-n-g-i-e con dos en número y c- insistiò

Volví a asentir, dando por sentado que esperaba él que yo le enviara allí un correo, para luego mandarme los materiales, situación bastante común en estos tiempos. En ningún momento noté el tono de interrogación en su voz y por ende, no llamó mi atención que no me solicitara mi correo electrónico.

No tardé en percatarme del error. A los pocos días, ya sobre el final de la clase Scalona no entendía como no había recibido ningún mail suyo.

Yo si entendí.

Los dos habíamos mandado sendos correos a “Angie”, vaya a saber Dios quien era ésta. Quizás por su expresión de contrariedad, quizás porque me pareció una bobería aclarar esta nimiedad en aquel momento, sólo le di mi correo auroracaldo@gmail.com, como “alternativo”. Y ahí debería haber terminado el asunto, sino fuera porque tiempo después, alentada por la proliferación de los  “edu-gaby-pao-sole-marce” que mis compañeros usaban para firmar sus notas, me animé a estampar un Lola al final de mis tareas. Este único y muy querido apodo me ha otorgado algo de respiro a las odiosas comparaciones con la  vaca de la famosa historieta, cuyo nombre me impusieran (fíjense ustedes, tener el  nombre de una vaca!!!) y  también al sonido del …Al-taaa en el cieeeeeeeeee-looooo que siempre entonaba algún tierno compañerito bien cerquita mío. Geniales creaciones de Mirco Repetto y Héctor Panizza respectivamente, que sin embargo, tantos dolores de cabeza me han dado.

 

Volviendo al Lola de mis tareas de taller, estando yo la semana pasada a punto de leer mis relatos, dice Scalona en tono divertido:

-         Che Lola, no me hagas la de Pessoa eh? Hoy Lola, ayer Aurora, Angie…

Nooooo…otra vez, Angie, nooo – pensé. Pero me faltó valentía y me uní a las risas generalizadas que coronaron la ocurrencia.

Por un segundo, intuí que aquello podía servirme para probar mis dotes como escritora y así firmar bajo un nombre distinto cada vez. Sólo si conseguía aquel estilo único…el grupete sabría que detrás de esa Felicitas Donovan, Dolores Guerrero o Isabella Pachano, estaba yo. Como si realmente fuera el Gran Pessoa.

Aunque pensándolo bien, también podían saberlo por descarte. Porque leídos los trabajos de todos los edu-moni-gaby-sole-ari, sólo el mío quedaría, así que el método no tenía el menor de los sentidos.

Quizás el día menos pensado si participo en algún certamen o concurso literario necesite un seudónimo. Y Angie parece tener buena estrela, tiene ángel… Si me alzo con una mención le gritaré a Scalona un - ¡Gracias Marce!! …y ahora contame…quién carajos era Angie??

 

                                                       Lola

 

minipolicial

Publicado en relatos el 30 de Mayo, 2010, 18:00 por Paola Pazcel

 

 

La Negra y el Gordo

 

 

 

El patio de su casa estaba siempre a la sombra gracias a la parra que techaba el jardín. Echesortu ya no ez lo que era, eso es al menos lo que opina Rosalía que vivió allí más de 50 años desde que llegó de Sevilla. Puez, antez uno zalía a la caie tranquila, podía tomar frezco y matez (no matez frescoz) en la puerta de zu caza y nadie la molestaba a una. Ahora no ze puede ir ni a la ezquina, si no es ladrón es azesino”.  De manera que se conformaban tomando mates con biscochos en el patio de la casa de la Negra. De fondo se oía la radio de Pivetta, que de a ratos se confundía con el ruido de las máquinas de su carpintería. El verdulero ofrecía papas y calabazas baratas para el puchero y el cobrador de ECCO tocaba a la puerta como todos los días 10 de cada mes.

 

Me va a matar, si se entera me mata, ya me avisó  pero yo no creo que se anime, no tiene los huevos para hacerlo, no es como el Jano, que la quería tanto a la Mary que no pudo vivir sin ella, yo siempre le decía a la Mary, hacéla bien… Porque si el Jano se entera te quema a tiros a vos y después se mata él. Y tal cual, se enteró de los cuernos y la liquidó así en un santiamén y después se clavó dos tiros en la sien. Por lo menos los velaron juntos. En realidad no tiene porqué enterarse ¿cómo hago para sacarlo de casa?  Éste ahora se pega al televisor y no se levanta más. Nunca se lo va a imaginar. Pobre Dani, lo tengo que sacar de ahí, lo tengo encerrado hace más de 5 horas, se debe estar ahogando de calor.

 

- Gordo, vení a tomar unos mates. Rosy te quiere preguntar algo.

- Te compré los bizcochitos de grasa que te gustan a vos, viejo. Vení, dale.

 

Lo tengo que sacar de ahí antes de que la Negra vaya a buscar soda al cuartito. A mi, justo a mi me viene a poner los cuernos la reputísima… ¡Vamos a ver con quién me va a poner las guampas ahora!

 

-         Gordo, ¿no querés ir a comprar unas facturas a lo de la Cata?

-          No, Negra, andá vos que yo tengo que terminar unas cosas del taller…

 

Me tiembla la mano, se va a dar cuenta. ¡Calmáte loca que el gordo no es boludo! Encima se olvidó los lentes… Le voy a decir que son míos, que me los compré en la feria retro porque están usados porque si le digo que son nuevos no me va a creer.

Si se entera, me mata. Encima a este boludo  se le ocurre tomar viagra justo ahora que anda  mal de la presión. Ya veo que algún día le da un ataque cuando estamos haciéndolo, ¡me muero!

 

-         ¡No! ¡Edulcorante no, Negra! ¡Si sabés que me gusta amargo! ¿Qué te pasa, estás bien?

-         Si, Rosy, perdonáme es que anoche no dormí bien. ¡Hicieron un quilombo! Ruidos por todos lados… Los Villegas se la agarraron con todo el barrio porque se fueron a la B. Y encima me escribieron toda la pared con aerosol. ¿Podés creer?

 

 

 

¿Y si lo trozo y se lo doy en bolsitas a los chinos? Que lo usen para los guisos, con arroz. No, muy poco original, sale a cada rato algo de eso en La Capital. Mejor lo tiro al río… No, ¡cómo lo voy a tirar al río! Va a flotar, va a saltar enseguida y le van a hacer la biopsia (¿o era la autopsia? Bueno eso…). ¡Ya sé! lo llamo a Carlitos que se lo lleve a la morgue para que lo usen de fiambre y lo estudien en anatomía. ¡Ni en pedo! Lo voy a meter en problemas porque le van a preguntar de dónde carajo sacó el fiambre. Me parece que estoy viendo demasiado CRÓNICA. Creo que lo mejor va a ser embolsar el cuerpo y tirarlo en el medio del campito de Pavón Arriba, a la noche. Me voy a ir en el Fiat, que tiene patente vieja. Si, voy  a hacer eso.

 

-         Hola Negra, qué haces Tito, ¿la Rosy está con tu jermu?

-         Si, están atrás, en el patio.

-         Rosy, vamos pá’ casa que hace de las 11 que lo ando buscando al Dani y no aparece… Vení ayudame a buscarlo que tenemos que ir a comprar la carne para el asado…

 

 

 

Paola Pazcel

mayo 2010

 

 

microrelato

Publicado en relatos el 30 de Mayo, 2010, 12:33 por P_Mengascini

ENCANTAMIENTOS SUBSECUENTES

              

              

Hace un año recibí un mensaje de una mujer a quien aún no puedo identificar. "Ya no te quiero más", decía.

          

                                                     Pablo

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-