"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Uno mismo, el otro, el doble...

Publicado en relatos el 25 de Mayo, 2010, 21:44 por F_Artana

 

 

 

La pequeña isla del yo

 

 

 

Siempre me resultaron atractivas las historias de posesiones demoníacas. Es tal vez el mecanismo más extremo para poner la culpa fuera de uno; salvo, claro está, que realmente existan los demonios.

Por eso cuando en aquella librería de viejos encontré un ejemplar de “Los demonios de Loudun” de Huxley, uno de mis autores preferidos, no dudé en comprarlo. La encuadernación era excelente y estaba en buen estado. Como un presagio me sentí poseído cuando comencé a leerlo y no pude parar hasta haberlo terminado luego de una única sentada.

Los primeros síntomas comenzaron a manifestarse durante esa lectura. Algunos pasajes creí conocerlos desde antes de leerlos. No le di mucha importancia, al fin y al cabo una sucesión de deja vu podía ser muy extraña, pero no tenía porqué entrar en el terreno de lo paranormal. Pero una turbación difícil de definir me persiguió a partir de ese entonces.

Todo se volvió más irreal y aterrador cuando comencé a percatarme de poseer conocimientos que nunca había adquirido. Podía leer y hablar en inglés de corrido. Tenía conocimientos de medicina, de sicología, de historia, de arte...

Ante esas evidencias inexplicables, mi racionalidad se quebró y comencé a creer en los demonios. Los verdaderos demonios de Loudun no estaban alojados en Urbain Grandier, sino en quienes lo condenaron a la hoguera. Es de suponer que esos demonios son imperecederos y de alguna manera sospechaba que habían logrado llegar hasta mí. Ese libro parecía ser el medio más idóneo de perpetuarse que pudieran haber encontrado. Temí que en cualquier momento podría llegar a transformarme en instrumento del mal.

Sin embargo, nada de eso sucedió. Por el contrario me encontré interesado en ideas más trascendentales. El impulso natural de todos los hombres por la autotrascendencia se manifestó en mí con inusitada fuerza.

De a poco fui perdiendo el miedo a las manifestaciones de este intruso en mi mente. Muy por el contrario fui aprendiendo de él. En estado de duermevela conversaba con él. El intruso dice ser el propio Aldous Huxley ¿Será esto posible?

Dice haber encontrado una forma particular y personal de autotrascendencia ascendente.

 

“La mayoría de los hombres y mujeres llevan vidas tan penosas en el peor de los casos y tan monótonas, pobres y limitadas en el mejor, que el afán de escapar, el ansia de trascender de sí mismo aunque sólo sea por breves momentos es y ha sido siempre uno de los principales apetitos del alma. El arte y la religión, los carnavales y las saturnales, el baile y el escuchar la oratoria son cosas que han servido, para emplear la frase de H. G. Wells, de Puertas en el Muro. Y para el uso privado y cotidiano, siempre ha habido los tóxicos químicos.”1

 

 Huxley clasifica las distintas formas de autotrascendencia en ascendente, descendente y horizontal.

 

Después de todo, ante la palpable vivencia de un fenómeno que escapa a lo racional, los conceptos de que los humanos son irremediablemente extinguibles y de que los demonios irremediablemente indestructibles, no tiene mayor peso que los conceptos opuestos.

De alguna manera, ya no sé si a través de sus escritos, a través de sus conversaciones o simplemente por transmisión directa e inconsciente de su memoria hacia la mía, voy adquiriendo sus conocimientos y sus vivencias.

 

“Según las ideas de Bergson, la función del cerebro, el sistema nervioso y los órganos sensoriales es principalmente eliminativa, no productiva. Cada persona, en cada momento, es capaz de recordar cuanto le ha sucedido y de percibir cuanto está sucediendo en cualquier parte del universo. La función del cerebro y del sistema nervioso es protegernos, impedir que quedemos abrumados y confundidos, por esta masa de conocimiento en gran parte inútiles y sin importancia, dejando fuera la mayor parte de lo que de otro modo percibiríamos o recordaríamos en cualquier momento y admitiendo únicamente la muy reducida y especial selección que tiene probabilidades de sernos prácticamente útil. Conforme a esta teoría, cada uno de nosotros es potencialmente Inteligencia Libre. Pero, en la medida que somos animales, lo que nos importa es sobrevivir a toda costa. Para que la supervivencia biológica sea posible, la Inteligencia Libre tiene que ser regulada mediante la válvula reducidora del cerebro y del sistema nervioso.”2

 

¿Habrá podido Aldous Huxley controlar la válvula reducidora del cerebro y encontrado el mecanismo para compartir su memoria con la mía? ¿O simplemente estaré sufriendo un extraño caso de demencia?

El mismo día que asesinaron a John Fitzgerald Kennedy; Huxley murió bajo los efectos del LSD, tal cual fue su voluntad. ¿Habrá podido perdurar su memoria merced al hecho de que su conciencia haya estado fuera de su cuerpo en su momento final?

Como sea, convivimos en paz. Él no hubiera elegido alguien que pensara muy distinto con quien convivir. Discutir posiciones encontradas es enriquecedor, pero para convivir es preferible caer en el aburrimiento de la permanente coincidencia que en la polémica. Si quisiera polemizar buscaría la forma de contactar con Timothy Leary me decía irónico, sabedor que yo ya tenía la memoria de sus anécdotas con Leary.

Estoy perdiendo la noción del yo. A veces confundo a las personas cuando digo “nosotros” en lugar de “yo”. Compartir la mente y la memoria con otro es también una forma de vulnerar la pequeña isla del yo en que cada uno está confinado, y autotrascender fuera de la propia y esclavizadora identidad.

 

 

 

 

FERNANDO   ARTANA

 

 

 

 

 

 

 

1.    “Las puertas de la percepción”. Aldous Huxley

2.    Ídem

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-