"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




23 de Mayo, 2010


Tarea de "Memorias"

Publicado en relatos el 23 de Mayo, 2010, 12:33 por Caro-Musa
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Desconsuelo en el almacén

Pero los días son una red de triviales miserias,

¿y habrá suerte mejor que la ceniza

de que está hecho el olvido?

J. L. Borges[1]

                             

            

          

Pero los días son una red de triviales miserias,

¿y habrá suerte mejor que la ceniza

de que está hecho el olvido?

J. L. Borges[1]

                             

            

          

vido?

En el hipotético caso en que fuera obligada a entrar en un almacén de memorias, yo seguramente descartaría el pasillo de los escritores. Caminaría hasta el estante de los constructores de pagodas chinas, de los grumetes de barcos piratas (probablemente el Plenitude, de Almeida de Souza), de los aviadores de principios del siglo XX, de los criadores de gallos de riña, de los médium umbanda y de las niñas aparecidas muertas por su propia mano en 1892, a la edad de siete años (cfr. Ma. Antonia Clémini, Laferrere, Bs. As.) También se me antoja el horizonte de la memoria de un torrero del Faro del Fin del Mundo, el encierro de la memoria de un preso (sus barrotes) y el desarraigo de un exiliado (su añoranza).

En el aún más absurdo caso en que fuera obligada a escoger una memoria célebre, yo seguramente tampoco consideraría el pasillo de los escritores. Iría sin dudar al de los pintores. Me debatiría malhumorada entre la memoria de Toulouse-Lautrec, Picasso y Huntherwassen; y al final, irresponsable, compulsivamente tomaría de un trago la memoria de Leonardo Da Vinci (tendría el cuidado de llevar, por cierto, papel y lápiz, y alguna cantidad de utensilios triviales como clavos, tazas y espumaderas).

No obstante, sopesemos el penoso caso en que me obligaran a hurgar en el pasillo de los escritores. Otearía con desazón, luego terror, la memoria de Borges, la de Joyce, la de Shakespeare. Sostendría en mi mano sucesivamente la memoria de Chéjov, la de Hemingway, la de Katherine Mansfield (le daría, creo, un beso antes de devolverla a su sitio). Después de esta mística deudora (no sin abrazar a Cortázar, a Calvino y a Bolaño) recorrería cabizbaja ida y vuelta varias veces el estante de los poetas. Abriría el frasquito de Juan L. Ortiz, cerraría los ojos y respiraría hondo (memoria de pasos arrastrados en el follaje y río, pájaros, insectos), abriría el frasquito de Paco Urondo (memoria de whisky y corridas de madrugada, de tiros), abriría el frasquito de César Vallejo (memoria de puna descorazonada, de París), abriría el frasquito de Neruda (memoria de mil memorias), desesperadamente abriría las memorias de Whitman, de Pound, de Huidobro, de González Tuñón, de Pizarnik, de Marull, de Juarróz y de Rubén Darío (no creo que pudiera resistirme), de Sor Juana Inés de la Cruz, de Alfonsina Storni, de Elizabeth Bishop, de Pavese y Kavafis, de Quevedo y de Lorca, desesperadamente, me sentaría en un rincón a respirar esa espesura (Carver, Bukowski, Lamborghini) y lloraría con total desconsuelo -como sólo he visto llorar a una niña que fui, una indecible rotunda tarde en que dejó de serlo.

Entonces elegiría un frasco azul al azar, sería un frasco delicado con etiqueta borrosa, y bebería sin pensar la memoria de un poeta menor, desconocido, húngaro o marroquí.

                                                                     CARO  MUSA



[1] "A un poeta menor de la antología", en: El otro, el mismo (1964)

FACUNDO MARULL x Seba Riestra

Publicado en Aguafuerte el 23 de Mayo, 2010, 12:22 por MScalona

 

 

 

Facundo

 

 

En este húmedo viernes de otoño, la peatonal Córdoba entera adora al dios consumo.
“Verde y negro combinan”, le dice una adolescente a otra en el corazón del Paseo del Siglo.
“Ahora voy por las zapatillas”, le informa una muchacha de largo cabello rubio a su madre también rubia, pero no natural.
“Apurate que ya cierra”, le contestan.
Más allá, detrás de las estatuas de plaza Pringles, una sombra melancólica las mira. Es la del poeta Facundo Marull.
Nadie sabe dónde está Facundo. Si vive (algo improbable, porque nació en 1915) o si murió lejos de la ciudad que amaba, y a la que le escribió textos maravillosos que recién ahora han comenzado a ser leídos.
Nadie sabe dónde está, nadie contesta. Pero tampoco hace falta, porque lo que escribió vive.

“Ya no tengo mi casa en Rosario.
Ya no sabría dónde volver con mi mal humor
ni en qué sitio dejar la moto;
ya no tengo ni una silla en Rosario,
ni perro que me ladre,
ni el umbral de una puerta para sentarme a lamentarlo.
Ya no existe el hombre que odié
y que me odiara;
ni la esquina, ni el farol, ni la pared
que me amaba”.

La ciudad que recorrió Facundo Marull ya no existe. Plaza Pringles, la misma donde amó a una tal María Luisa a quien le dedicó un misterioso poema, asiste al triunfo de la superficialidad y el dinero. Tal vez alguien contemple todavía los altos plátanos cuando se vuelven color cobre antes que sus hojas tapicen las veredas. Pero esta tarde no los mira nadie: todos miran las vidrieras. Todos compran, compran, compran.

“Ya nadie me envía una carta, ni recorre los almacenes buscándome, ni me espera con la boca pintada, ni lamenta haberme conocido. Ya no recuerdo qué tranvía pasaba por el túnel de Sunchales, ni la casa de Arroyito, ni a Katouchka, ni el perfume de su cama, ni en qué balde enfriaba el vino, ni qué mentiras dije junto a su cuello hace tantos años que ni recuerdo...”.

La ciudad no sabe todavía quién fue Facundo. Los que caminan por plaza Pringles sin ver las estatuas no lo saben. No lo saben los jóvenes, lo ignoran los viejos. La ciudad sigue olvidándose de sí misma. En las aulas universitarias citan a teóricos franceses y releen por enésima y aburrida vez a Borges.

“Habrá llovido mucho en mi ausencia y en las alfombras
que se olvidan en el patio,
habrán colgado nuevos luminosos,
habrán nacido generaciones de poetas, de talabarteros,
de chiquilines sin porvenir que juegan en la misma calle
donde solía caer borracho junto al árbol que abrazaba y a veces veló mi sueño
y ahora sobrevive a la pena de nuestra separación...”.

Ya es casi de noche. Las hordas de consumidores comienzan a ralear y la oscuridad cubre con su manto generoso la calle sin rostro, el paisaje sin pasado, los hombres sin nombre, las mujeres sin alma. Facundo estará buscando un bar. Tal vez lo encuentre.

“...puedo no volver pero el viento que aúlla en las esquinas llorándome perdido y el barrilete que instaura su osadía en el azul del cielo y la pequeña que deshoja una flor silvestre y el chico que apedrea una vidriera y el pájaro de la plaza Pringles están poblados de mi ausencia.
Esa ausencia es como si yo hubiera regresado, como si estuviera de vuelta en cada rincón donde dejé un poco de amor”.

Yo también voy por una copa. La ciudad que amo ha retrocedido hace mucho. En el fragor, en el cambio incesante que destruye sin sentido, los refugios más tibios fueron canjeados por el progreso. La derrota es lo único que tenemos, pero no arriamos la bandera. Vamos por otro cielo.

“Cuando lo haya perdido todo, regresaré.
Quiero decir, ya no volveré a mi casa de Rosario que no tengo, ni al corazón de sus muchachas, ni a la casa de los amigos que me olvidan; miraré desde el insomnio de las estatuas a los nietos de sus hijos y al bisnieto del hombre que me odiaba, comentando el infortunio de los poetas de Rosario.
(Como si yo fuera otro Facundo Marull, descanso el brazo sobre los hombros del que soy y los dos –Facundo Marull y yo– escuchamos llenos de compasión al Facundo Marull que ya no tiene su casa en Rosario).
Y es triste en verdad, es triste”.

Tal vez Facundo no lo sepa, pero estamos haciendo su casa en Rosario.

 

 

SEBASTIÁN  RIESTRA

 

 

 

www.lacapital.com.ar

 

 

Nota:   está a punto de salir el 1º número de la REVISTA LITERARIA “Facundo”, cuyo hnombre es justamente en homenaje a MARULL, dirigida por Seba Riestra, Eduardo D’Anna y Andrea Ocampo.

En el 1º número hay textos y análisis de los trabajos de LORENA AGUADO.-

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-